Fotos CC BY-SA Osiliab
Va la primera de la plaza de los Carros a la calle de la Morería; la segunda, de la calle de los Mancebos a la de Bailen. En ambos casos, Distrito 1 (Centro). Barrio de Palacio.
Nos encontramos con el único caso que queda en la villa en la que dos calles del mismo nombre se distinguen por su anchura. Y en ambas los nombres han mutado a lo largo del tiempo. La calle de los Mancebos en su día se conoció como de los Dos Mancebos. Y la Angosta también se llamó del Estudio Vieja, como atestiguan los planos de Espinosa (1769) y Tomás López (1785).
Hay dos tradiciones que pretenden dar explicación al nombre de estas calles. La primera indica que aquí estuvieron presos, en el palacio de Pedro Lasso de Castilla, dos mancebos que lanzaron en Palencia una teja a la cabeza del rey Enrique I, lo cual le provocó la muerte. (Algo absolutamente legendario, pues el rey, que apenas contaba trece años cuando murió, lo hizo de forma accidental, eso sí, a causa de una pedrada mientras jugaba con otros críos de su edad). La segunda, más prosaica pero, según Peñasco y Cambronero, más verosímil, dice que el caballero antes mencionado hospedaba en las estancias de su palacio que daban a esta calle a los pajes o mancebos que lo servían.
Répide, que considera “vulgar” esta segunda explicación, cuenta una divertida historia sobre la Angosta protagonizada por él mismo. Dice que pocos años antes de escribir sus artículos sobre las calles de Madrid se encontró, paseando por esta zona, que el cartel que indicaba el nombre de la vía se había rotulado como “Calle de Angosta de los Mancebos”. Con su habitual retranca, se dio prisa en publicar un artículo en el que se preguntaba “quién era ese señor Angosta a que parecía referirse el letrero”. Apenas tardó unas horas en recibir una carta del entonces alcalde de Madrid, Alberto Aguilera, lamentándose de tal “desafuero gramatical” e informando de que había dado orden de subsanarlo, algo que, otra vez según Répide, ocurrió aquel mismo día.
Al comienzo de la calle de los Mancebos, aún con la portada de la iglesia de San Andrés a la vista, se puede apreciar, tras una reja, un pequeño fragmento de la muralla cristiana de la villa.
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