29.5.26

Manuela Malasaña (Calle de)

(Foto CC BY-SA Osiliab)

Entre las calles de Fuencarral y de San Bernardo. Distrito 1 (Centro). Barrio de la Universidad. 

Se abrió esta calle en lo que fue la huerta del antiguo parque de artillería, el célebre cuartel de Monteleón que tan importante papel tuvo en la resistencia de los madrileños contra el invasor francés en mayo de 1808. Precisamente de ahí viene el nombre de la calle, dado por el Ayuntamiento el 3 de mayo de 1869 para conmemorar, en principio, a un héroe y una heroína de aquellos hechos. Sin embargo, en aquel momento, por un lado, la denominación fue de Malasaña, a secas, y, por otro, el tramo que va desde la calle de Fuencarral a la de San Bernardo se llamó calle de la Peninsular, como se puede ver en el plano de Ibáñez de Ibero (1875). Répide nos explica que esto se debía a que el terreno pertenecía a una sociedad de ese nombre. Poco duró esta duplicidad, pues un acuerdo municipal del 28 de abril de 1897 las fusionó manteniendo el nombre de la primera. 

Un nombre que suscitó varias polémicas. La primera, que cuentan Peñasco y Cambronero, debida al desconocimiento por quienes allí vivían de la “alta significación patriótica que encierra” tal apellido, ya que en 1879 pidieron al Concejo que cambiasen su denominación. La segunda, propiciada por estos propios cronistas, al asignársela a cierto Juan Manuel Malasaña, un chispero que presuntamente se destacó en la defensa del parque de Monteleón frente a los franceses. Al menos mencionan a su hija Manuela, que cayó víctima de los disparos del invasor cuando ayudaba a su padre. 

Répide, por su parte, nos dice que en realidad Manuela, de diecisiete años de edad, huérfana de padre (cierto Jean Malasagne, panadero de origen francés y fallecido unos años antes de los hechos) y residente en la calle de San Andrés, murió al ser detenida por los franceses, que la registraron y encontraron unas pequeñas tijeras -algo nada extraño, ya que era costurera- y, al considerar que se trataba de un arma fue fusilada. 

Lo que sí es cierto es que figura en los archivos que registran los muertos en aquella memorable jornada. Fue enterrada en el cementerio de la Buena Dicha (véase la calle de los Libreros); hasta el 11 de octubre de 1961 el Ayuntamiento no decidió darle su nombre a la calle para deshacer ambigüedades. Con posterioridad, ha denominado a todo un barrio que para algunos es símbolo de cierta manera de ver la vida, no compartida por todo el mundo, ya sea por no poder aspirar a ella o por no estar de acuerdo en absoluto con sus premisas. 

Répide menciona el teatro Maravillas, levantado en nuestra calle poco antes de que él empezase a escribir sus artículos, y del que nos dice que fue el último escenario que pisó en Madrid la mítica Sarah Bernardt.

22.5.26

Manuel Silvela (Calle de)

Manuel Silvela

Entre las calles de Sagasta y de Luchana. Distrito 7 (Chamberí). Barrio de Trafalgar. 

Se encuentra nuestra calle en el paraje que se conoció como la Era del Tío Mereje, que se urbanizó un poco más tarde que su entorno. Fue el 27 de febrero de 1895 cuando ingresó oficialmente en el nomenclátor municipal, con el nombre que aún conserva. 

Su edificio más significativo es el convento de los padres redentoristas, que ocupa gran parte de la manzana que hay entre esta calle, la de Covarrubias, la de Manuel Silvela y Nicasio Gallego. Ahí está la iglesia parroquial de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, levantada entre 1892 y 1897 según un proyecto de Juan Bautista Lázaro. 

Está dedicada a Manuel Silvela y de Le Vileleuze, un abogado, político, periodista y escritor nacido en París el 9 de marzo de 1830. Vuelto a España de niño, empezó estudios de derecho en Valladolid, que terminó en la Universidad Central de Madrid. Varias veces diputado y senador, ministro con Prim durante la regencia de Serrano y con Cánovas en la Restauración, se hizo popular con el pseudónimo de “Velisla”, un anagrama de su apellido, con el que firmó su obra literaria. Murió en Madrid el 25 de mayo de 1892.

15.5.26

Manuel González Longoria (Calle de)

Manuel González Longoria
(Foto obtenida en su ficha de la página del Senado)

Entre las calles de Manuel Silvela y de Santa Engracia. Distrito 7 (Chamberí). Barrio de Trafalgar. 

Se encuentra nuestra calle en los terrenos en los que estuvo la fábrica de tapices antes de su traslado a su ubicación actual. Aunque en los planos de Facundo Cañada (1900) y de Núñez Granés (1910) aparece trazada, no se le dio nombre hasta el 1 de enero de 1920. Entonces fue el de Manuel Longoria; el 1 de enero de 1947 se le añadió el primer apellido. ¿A quien recuerda? A un personaje un tanto esquivo, del que no hay mucha información disponible en los canales habituales. Juan Manuel González-Longoria y Cuervo, asturiano, hizo fortuna en Cuba y al volver a la Península entró en política: fue diputado y senador vitalicio. En Madrid dejó su impronta al hacer levantar, entre 1888 y 1889 la casa-palacio que lleva su nombre, ubicada en el barrio de los Jerónimos y que hoy es sede del Colegio Notarial de Madrid. Murió en nuestra villa el 23 de noviembre de 1912.

8.5.26

Manuel Fernández y González (Calle de)

Manuel Fernández y González, caricatura de Ramón Cilla (1880)

Entre las calles del Príncipe y de Ventura de la Vega. Distrito 1 (Centro). Barrio de las Cortes. 

Hacen hincapié nuestros cronistas en que nuestra calle debió de ser una de las pocas que, en la segunda mitad del siglo XIX, estaba cerrada al tráfico de carruajes gracias a unos “marmolillos” instalados en 1846 en sus entradas. Una calle que tenía un nombre ancestral, el de la Visitación, debido a que aquí se fundó un convento así llamado, de la Visitación de Nuestra Señora a Santa Isabel. Peñasco y Cambronero aclaran que no se trataba de un convento propiamente dicho, sino unas casas en las que se alojaban las religiosas, de ahí que fuesen conocidas como casas de la Visitación, lo cual dio nombre a la vía. Répide también aclara que las monjas se marcharon de aquí a instancias de la reina Margarita de Austria, dada su cercanía al corral de comedias que había donde hoy se alza el Teatro Español (cuya fachada lateral da a nuestra calle), sin duda una fuente de pecado y depravación. Don Pedro opina, a la hora de hablar del nuevo nombre de la vía, sobre el “desacierto y la ineficacia que ha solido presidir estos cambios de denominación”, ya que en su época, un cuarto de siglo después del cambio, la gente la seguía llamando de la forma tradicional. 

No sé si esto ocurre hoy, más de cien años después de los artículos de Répide; fue el 13 de mayo de 1898 cuando el Ayuntamiento decidió dedicársela al novelista Manuel Fernández y González, nacido en Sevilla el 6 de diciembre de 1821. Estudió Filosofía y Letras, aunque su talento literario fue precoz. Igual de precoz fue su traslado a la capital, recién licenciado. Aquí se quedó el resto de su vida, con excepción de una estancia en Granada y otra en París. Cultivó diversos géneros, como la poesía o el teatro, pero donde destacó fue en la novela por entregas, la mayor parte de carácter histórico y hoy casi totalmente olvidadas. Murió en Madrid el 6 de enero de 1888.

1.5.26

Manuel Fernández Caballero (Calle de)

Busto de Manuel Fernández Caballero, por Luis Gilabert
(Archivo de la familia Gilabert)

Entre el paseo del Quince de Mayo y la calle de Armengot. Distrito 11 (Carabanchel). Barrio de San Isidro. 

No se formó nuestra calle hasta las primeras décadas del siglo XX; en el plano de Núñez Granés (1910) aún no aparece, sí en el parcelario de 1929. El primer nombre que se le impuso, el 8 de mayo de 1918, fue el de calle de los Herederos. Casi seis años después, el 23 de marzo de 1924 fue dedicada al compositor murciano Manuel Fernández Caballero, nacido en la capital huertana el 14 de marzo de 1835. Estudió primero en su ciudad natal y luego en Madrid, donde llegó a ser primer violín del Teatro Real. Después de pasar algunos años en Cuba regresó a la capital, donde se convirtió en uno de los compositores de zarzuelas más reconocidos. Entre sus piezas de este tipo cabe mencionar Los sobrinos del Capitán Grant (1877), Chateaux Margaux (1887), El dúo de La Africana (1893), La viejecita (1897) y, sobre todo, Gigantes y cabezudos (1898). Murió en Madrid el 26 de febrero de 1906.