4.3.22

General Martínez Campos (Paseo del)

El general Martínez Campos, por Madrazo
(Palacio del Senado, Madrid)

Entre las plazas del Pintor Sorolla y de Emilio Castelar. Distrito 7 (Chamberí). Barrio de Almagro. 

El 3 de septiembre de 1852 entró esta vía en el nomenclátor municipal. Si bien al principio había sido conocida como Paseo Novelesco, en la fecha indicada pasó a llamarse paseo del Obelisco. Esto fue así porque en el lugar donde acaba, la plaza de Emilio Castelar, se erigía por entonces el obelisco conmemorativo del nacimiento de Isabel II, que más adelante se trasladaría a la plaza de Manuel Becerra y hoy se puede ver en el parque de la Arganzuela, muy cerca de Madrid Río. El 11 de marzo de 1914 decidió el Ayuntamiento darle su denominación actual, aunque hubo un paréntesis, entre el 23 de junio de 1931 y el 26 de abril de 1940, en que estuvo dedicada a Francisco Giner, una acción bastante lógica, como en seguida veremos. 

El edificio que albergó la Residencia de Señoritas
(Foto: CC BY-SA Luis García, Zaqarbal)

Como nos hallamos en la parte de Chamberí más cercana al paseo de la Castellana es lógico que por aquí abunden los edificios de aspecto noble y monumental. Entre ellos hay varios colegios religiosos, pero, en vivo contraste, también algunos que estuvieron relacionados con una de las organizaciones educativas más importantes e influyentes de nuestra historia: la Institución Libre de Enseñanza. De hecho, su sede estuvo en el número 8 y allí murió uno de sus impulsores, Francisco Giner de los Ríos (de ahí lo adecuado del cambio de nombre con el advenimiento de la república). También fueron de la benemérita Institución las casas que están en los números 31 –hoy ocupado por el British Council– y 46. Esta última es una de las joyas del racionalismo madrileño, una obra de Carlos Arniches Moltó construida entre los años 1932 y 1933, la época dorada de este estilo. Fue la Residencia de Señoritas de la Institución, más tarde Colegio Mayor y hoy tiene ahí su sede el Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset.

Interior del Museo Sorolla
(Foto: Inés López Martín)

Pero retrocedamos un poco y cambiemos de acera para visitar el que quizá sea el punto más interesante de nuestra calle. Está en el número 37 y es la casa que ocupó en su día el pintor Joaquín Sorolla y en la actualidad alberga el museo que lleva su nombre. Fue su arquitecto Enrique María Repullés y Vargas, que contó con la ayuda del gran artista en su diseño. Hoy encajada entre edificios modernos mucho más altos que ella, en esta casa se muestra una extraordinaria colección de pinturas del valenciano además de enseres y muebles originales magníficamente conservados. 

Arsenio Martínez Campos nació en Segovia el 14 de diciembre de 1831. Estuvo a las órdenes de Prim en la guerra de Marruecos de 1859-60 y en la expedición a México de 1863. Tras la Revolución Gloriosa, marchó a Cuba, donde pasó los tres primeros de la llamada Guerra de los Diez Años. Vuelto a la Península, participó en la Tercera Guerra Carlista en la zona de Cataluña y Levante. Después del pronunciamiento de Pavía que disolvió las Cortes republicanas en enero de 1874 fue partidario de la restauración de los Borbones en oposición al gobierno de Serrano. Sabedor de que se preparaban represalias contra él, marchó de incógnito a Sagunto, donde se sublevó proclamando rey a Alfonso XII el 29 de diciembre de 1874. Con ello dio fin a la Primera República y al Sexenio Revolucionario. Después de esto contribuyó a la liquidación de los últimos focos carlistas. Tras un fugaz paso por las Cortes como diputado por Sagunto retornó a Cuba, donde logró el final de la guerra de los diez años con la paz del Zanjón (1878).

Arsenio Martínez Campos en 1891
(Foto de Zenón Quintana)

 A su regreso de Cuba fue senador, ministro de la Guerra y presidente del Gobierno durante unos meses en el año 1879 a instancias de Cánovas. Desencantado con él, se pasó al partido de Sagasta con quien repitió cargo como ministro de la Guerra entre 1881 y 1883; durante su mandato se creó la Academia General Militar, cuya sede fue el Alcázar de Toledo. Vuelto a la actividad militar, fue capitán general de Cataluña (en esta época sufrió un atentado sin consecuencias) y luego mandó tropas españolas en Marruecos y de nuevo en Cuba tras la reanudación de la guerra en 1895. Solo duró un año allí dada su incapacidad de lograr un nuevo acuerdo de paz como el de 1878; fue sustituido por Valeriano Weyler y retornó a la Península. Murió en Zarauz el 23 de septiembre de 1900.

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