14.9.07

Ángeles (Costanilla de los)

Doña Leonor de Mascareñas hacia 1575
Entre la calle del Arenal y la plaza de Santo Domingo. Distrito 1 (Centro). Barrio del Palacio.

De los Ángeles, siempre. Eso sí, subida, bajada, calle o costanilla, que de las cuatro formas se ha denominado. Debe su nombre a un convento de monjas que en ella existió, el Real de Santa María de los Ángeles, funda­do en 1564 por doña Leonor de Mascareñas, dama de Isabel de Portugal que vino a España cuando su señora casó con el Emperador Carlos I. Las prime­ras monjas que lo ocuparon vinieron del convento de Santa María de Jesús de Ávila, y en él se alojó Santa Teresa. Sufrió un gran incendio en 1617, y la comunidad quedó en un estado tan precario que debieron recibir ayuda del vecino monasterio de Santo Do­mingo. Para ello, se derribó el muro que los separaba. El convento de los Ángeles fue exclaustrado tras la desamorti­za­ción, y en 1838 fue derribado. En su solar se edificaron viviendas particu­lares.

En el número 3 vivió el infante Enrique de Borbón, que fue protago­nista de un trágico episodio dentro de las luchas que hubo tras la Revolución de 1868 por el vacante trono. Una carta escrita por él, dirigida a los segui­dores de Antonio de Orleans, duque de Montpensier, provocó que éste le retase a duelo, y el 12 de marzo de 1870, en las ventas de Alcorcón, el infante fue muerto por el duque. Esto le valió al de Orleans la excomunión, y por lo tanto la automática exclusión al trono de una monarquía que aún era católica.

Y en la manzana que hoy ocupa el Real Cinema, hubo un palacio edificado por don García Barrionuevo de Peralta, que muchas veces habrá de ser nombrado en estas páginas, miembro que fue del Consejo de Carlos I. Algunas décadas después, en esas mismas casas vivió el presidente del Consejo de Castilla Pedro Manso. Allí ocurrió un hecho que tuvo relación directa con el famoso proceso que acabó con la vida de don Rodrigo Calde­rón, marqués de Sieteiglesias. El marqués, junto con el cardenal de Trejo, el teniente de la Villa Juan de Velasco y Bernardino González, capellán de Pedro Manso, sacó de allí a un alguacil llamado Agustín de Ávila, y entre todos le asesinaron y le enterraron en una huerta cercana al monasterio de Atocha. El día que Calderón fue ejecutado, su último viaje hacia la plaza Mayor pasó por esta costanilla, quién sabe si por casualidad o por escar­miento.