16.6.17

Descargas (Cuesta de las)


Foto: CC BY-SA 4.0 Malopez 21

Entre la Ronda de Segovia y la calle de Algeciras. Distrito 1 (Centro). Barrio de Palacio.

Varias explicaciones hay para el nombre de esta cuesta. Desde la de Peñasco y Cambronero (para ellos, cuesta de la Descarga), que es “ignoramos la tradición del nombre con que se designa” hasta la de Répide, que sitúa aquí el punto en el que se efectuaban las descargas de pólvora que habitualmente acompañan a los acontecimientos importantes (corroborado esto por la imagen que ilustra el azulejo que indica su nombre). Bravo Morata da dos soluciones, la primera muy relacionada con lo que precede, pero mucho más puntillosa. Resulta que el siempre levantisco y reacio pueblo de Madrid protestaba por la pavimentación de ciertas calles que Carlos III había ordenado. Las turbas se acercaban al palacio Real y los guardias de Corps debieron efectuar una serie de descargas para disolver la manifestación. Y, ¿a qué no saben donde fueron dispersados los alborotadores? Aquí, a media milla del palacio, fuera de la cerca y en una empinada ladera. Por eso lo más verosímil de todo (aunque sin pasarse) es lo que dice Don Federico en segundo lugar, y es que los labriegos que traían sus hortalizas a la villa efectuaban la descarga de sus carros en esta cuesta aprovechando su declive.

Y ya que se ha nombrado la cerca, hay que decir que en esta cuesta se encuentra uno de los pocos restos de la tapia que colocó Felipe IV en torno a Madrid, concretamente haciendo las veces de pretil del parque de la Cornisa. Este jardín se encuentra en el solar del que fue cuartel del Rosario, vecino de San Francisco el Grande.

9.6.17

Descalzas (Plaza de las)


El monasterio de las Descalzas Reales
(Foto CC BY-SA 3.0 Luis García)


Entre el Postigo de San Martín, la calle de la Misericordia, la calle del Maestro Victoria, la calle de San Martín y la plaza de San Martín. Distrito 1 (Centro). Barrio de Sol.

El monasterio de las Descalzas Reales preside y da nombre a esta plaza. Se trata de uno de los edificios religiosos más importantes de la capital, repleto de historia y de obras de arte. Ocupa el lugar que tenía un palacio que en su día fue utilizado por Carlos I y que su hija doña Juana de Austria quiso convertir en convento cuando, viuda del heredero de Portugal, regresó a Madrid desde el país vecino dejando allí a su hijo, el futuro rey son Sebastián. Las monjas, franciscanas reformadas, habrían de venir de Gandía –no en vano el santo levantino Francisco de Borja tuvo también su papel en la fundación. Participaron en la transformación de palacio a convento los arquitectos Antonio Sillero, Juan Bautista de Toledo y Juan Gómez de Mora. Sufrió al menos dos grandes incendios, uno a mediados del siglo XVIII, tras lo cual fue reformado por Diego de Villanueva, y otro en 1862 que hizo desaparecer las pinturas de la bóveda, que databan de la época de la intervención de Villanueva, y el retablo de Gaspar Becerra, que era de 1565. Para sustituir este último se trajo uno que perteneció al antiguo noviciado de los jesuitas, sito en la calle de Fuencarral y entonces ya utilizado por la Universidad Central.


Retrato de Sor Ana Dorotea de Austria, por Rubens
(Monasterio de las Descalzas Reales, Madrid)

Muchas mujeres de la realeza y la más alta nobleza profesaron aquí como monjas, como la infanta doña Margarita, hija de doña María, emperatriz del Sacro Imperio y sobrina de Felipe II, quien quiso desposarla, a lo que ella se negó. También (citando a Répide) habría que mencionar a la infanta Ana Dorotea, hija del emperador Rodolfo, la infanta María, hija de los príncipes de Módena y también sor Margarita de la Cruz, nieta de Felipe IV y de José de Ribera, el Españoleto. No es de extrañar, por ello, que Felipe V decretase en 1715 que la abadesa del convento ostentase el título de Grande de España.

De entre las muchas obras de arte del convento cabe destacar su rica colección de tapices flamencos urdidos según bocetos de Rubens y también la estatua orante de la princesa doña Juana, obra de Pompeo Leoni. Albergó también en su momento la Anunciación de Fra Angelico, hoy en el Prado. A diferencia de otros edificios religiosos de Madrid, fue muy cuidado durante la guerra civil, sin duda a causa de ese extraordinario conjunto de obras de arte, y los desperfectos que sufrió se debieron antes a la artillería franquista que a hordas incontroladas de milicianos.

Uno de los capellanes del convento, el padre Francisco Piquer, fue el fundador en 1702 del Monte de Piedad de Madrid, que tuvo aquí su sede, en unas casas que pertenecían al convento (antes eran de don Juan de Borja) e incluso estuvieron unidas a él por un pasadizo que pasaba por encima de la calle de la Misericordia. Aún se conserva la portada de su capilla, obra de Pedro de Ribera, ejemplo típico del barroco madrileño, en el edificio moderno que hoy pertenece a la entidad bancaria sucesora de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Madrid.


La Plaza de las Descalzas, grabado de 1860.
Se aprecia la portada de la capilla del Monte de Piedad (a la izquierda), que es la que aún se conserva.
En primer plano, la fuente de la Mariblanca

En la plaza de las Descalzas, formando parte de una fuente, estuvo la célebre estatua conocida como la Mariblanca tras su destierro de la Puerta del Sol; también fue desterrada de aquí para que ocupase su lugar la estatua de Francisco Piquer, obra de José Alcoverro, que hoy se puede ver allí aunque despojada de su pedestal original. A su lado, la de José Vizcaíno, marqués viudo de Pontejos, fundador en 1838 de la Caja de Ahorros de Madrid. Su escultor fue Medardo Sanmartí y, como la del padre Piquer, data de 1889.

26.5.17

Desamparados (Costanilla de los)


Foto CC BY-SA 4.0 Malopez 21


Entre las calles de las Huertas y de Atocha. Distrito 1 (Centro). Barrio de las Cortes.

El nombre de esta pequeña calle deriva del colegio de Niños Desamparados del que se trató con profusión en el artículo dedicado a la calle de Atocha y allí remito a quien tenga curiosidad.

19.5.17

Delicias (Calle y Paseo de las)


El Paseo de las Delicias a finales del siglo XVIII
(Pintura de Francisco Bayeu, Museo del Prado, Madrid)

Va la calle del paseo de Santa María de la Cabeza a la calle de Méndez Álvaro. Distrito 2 (Arganzuela). Barrio de Palos de Moguer. El paseo comienza en la glorieta del Emperador Carlos V y termina en la plaza de Legazpi. El distrito es el mismo. Barrios de Palos de Moguer, Delicias, Chopera y Legazpi.

Como el nombre de la calle se debe a su proximidad al paseo, nos vamos a referir a este para hablar de su significado. Es el Paseo de las Delicias rama de uno de los “tridentes” que en el siglo XVIII se crearon al sur de la villa para su expansión. Idílico paraje debió de ser por entonces, tal y como lo retrató Bayeu, en un cuadro en el que se puede ver a majos y majas, caballeros y damas de paseo, respirando el aire puro de lo que entonces era campo, e incluso sentados a tomar el fresco o un refrigerio a la sombra. A finales del siglo, hacia 1794, había una casa de vacas, propiedad de un tal Damián Martínez que debía de ser célebre a decir de los cronistas, que se sienten obligados a hacer mención de ella. Ya en el siglo XIX empezaron a proliferar las casas y así se formaron los barrios que, según Répide, se conocieron como del Sur y del Perchel. Mediada la centuria, los planes del Ensanche de Castro destinaron a zona fabril estos parajes, algo que sin duda fue alentado por la presencia del “ferrocarril de cintura”, aún existente hogaño en el subsuelo. Las Delicias del Río (como empezó a llamarse cuando se abrió el paseo de la Castellana, cuyo nombre primitivo fue el de paseo de las Delicias de Isabel) dejaron de ser tan deliciosas, pues se trocaron en zona llena de fábricas y también de chabolas, creadas de la nada por la masa proletaria que llegó a la ciudad expulsada del campo, en busca de un medio de vida.


La Estación de las Delicias en la época de su inauguración
(Foto: Laurent)

Junto al paseo de las Delicias se levantó la primera estación de ferrocarril permanente que tuvo Madrid. Fue la línea de Madrid a Cáceres y Portugal la impulsora del proyecto, encomendado al arquitecto francés Émile Cachelievre, discípulo de Gustave Eiffel. Su estructura metálica se fabricó en Francia y se montó en Madrid bajo la supervisión de otro ingeniero francés, de apellido Vasille. Se inauguró el 30 de marzo de 1880. La estación de Delicias, como se conoce desde siempre, funcionó con pasajeros hasta el año 1969 y con mercancías hasta 1978, cuando se clausuró de forma definitiva. Ya sabemos que en estos casos se cierne siempre la sombra de la desaparición para dar paso a la especulación inmobiliaria, pero en este caso se impuso la cordura –o hubo suerte– y desde 1984 alberga el Museo del Ferrocarril, que antes tenía su sede en el Palacio de Fernán Núñez, lo cual lo incapacitaba para poder mostrar material rodante, algo que se hizo posible gracias al “reciclado” de la estación. La presencia de viejos vagones restaurados ha hecho que la estación de Delicias se utilice con profusión como plató televisivo o cinematográfico. Una curiosidad: la Guía del COAM indica que popularmente se conocía a Delicias como la “estación de las Pulgas”. Lejos de mi intención contradecir a tan docta institución, pero yo también he oído llamar así a la desaparecida estación de Goya.

12.5.17

Daoíz (Calle de)


El monumento a Daoíz y Velarde ante el arco de Monteleón
(Foto: dominio público)

De la plaza del Dos de Mayo a la calle de San Bernardo. Distrito 1 (Centro). Barrio de la Universidad.

En los terrenos que pertenecieron al antiguo parque de artillería de Monteleón –del que se tratará cuando lleguemos a la calle que lleva su nombre-, donde tuvieron lugar encarnizados combates en la gloriosa jornada del 2 de mayo de 1808, encontramos varias calles dedicadas a los protagonistas de aquellos hechos. Desde el nombre del barrio en el que nos encontramos, Malasaña, que alude al apellido de Juan y Manuela, padre e hija, héroes de aquel día –aunque el padre está “exiliado” en el callejero de la antigua villa de Vallecas-, hasta los homenajes a los militares que allí se distinguieron en su lucha contra el invasor francés. Uno de ellos fue el capitán Luis Daoiz y Torres, a quien siempre se cita relacionado con su compañero Velarde (ya hablaremos de él). Nacido en Sevilla el 10 de febrero de 1767, ingresó en el cuerpo de Artillería a los 15 años gracias a su origen noble (su padre descendía de una linajuda familia de origen navarro, en concreto de la villa de Aoiz, y su madre era hija de los condes de Miraflores de los Ángeles). Permaneció en el colegio de Artillería, cuya sede era el Alcázar de Segovia, hasta 1787, año en que fue destinado al Puerto de Santa María, localidad en la que su familia poseía fincas. Sirvió en Ceuta, Orán, el Rosellón (campaña en la que fue hecho prisionero por los franceses) y también en diversos buques de la Armada. Estando en Cuba se enteró de su ascenso a capitán y, tras su vuelta a la Península, fue destinado a Sevilla, donde se dedicó más bien a cuestiones científicas para mejorar la eficacia de la artillería. En 1807 parte de su regimiento se trasladó a Madrid y a él se le asignó el mando de batería del Parque de Monteleón. Murió tras su heroica y tenaz defensa del parque tras el asalto francés del 2 de mayo de 1808. Parece ser que, ofendido porque el general Lagrange le había llamado “traidor” atacó al francés con su sable y de inmediato los soldados invasores lo cosieron a bayonetazos. Fue enterrado en la iglesia de San Martín aquel mismo día. En 1814 sus restos, junto con los de Velarde, fueron trasladados a la colegiata de San Isidro y en 1840 al monumento de la plaza de la Lealtad, hoy dedicado a todos los caídos por España.

Se da la circunstancia de que uno de los leones que flanquean la puerta del Congreso de los Diputados recibe su nombre, en concreto el que vemos a la derecha si nos situamos frente a la fachada.

5.5.17

Cuenca (Calle de)


Catedral de Cuenca
(Foto del autor)


Entre las calles del Orden y de Cicerón. Distrito 6 (Tetuán). Barrio de Cuatro Caminos.

Nuestra callecita, apenas un pasaje en el que destaca la fachada de ladrillo visto de la finca que ocupa la mayor parte de la acera de los pares, está dedicada a la provincia de Cuenca, en cuyos 17.141 kilómetros cuadrados vivían con fecha 1 de enero de 2016 201.701 personas. Entre sus poblaciones, destaca la preciosa capital, en la que se encuentra una de las cuatro grandes catedrales góticas de España, con 55.102 habitantes, además de Tarancón, con 14.750, Quintanar del Rey, con 7.447, San Clemente, con 7.220 y Las Pedroñeras, con 6.716.

28.4.17

Cuchilleros (Calle de)


Arco de Cuchilleros
(Foto CC BY-SA 3.0 Tamorlan)


Entre la Cava de San Miguel y la plaza de Puerta Cerrada. Distrito 1 (Centro). Barrios de Palacio y Sol.

Comienza nuestra calle frente al célebre Arco de Cuchilleros, una de las entradas de la Plaza Mayor, donde prendió el terrible incendio que casi la arrasó por completo en 1790. Recibe el nombre porque aquí se asentó el gremio de cuchilleros y espaderos, en un lugar oportuno, pues estaba cercano a las carnicerías de la plaza. Peñasco y Cambronero señalan que en tiempos también se conoció como calle de la Cuchillería. Muy típica y turística es esta calle, que en la juventud de quien esto escribe estaba plagada de mesones donde los universitarios solíamos ir a celebrar el fin de nuestros exámenes con tortillas y chorizos a la sidra regados con enormes jarras de cerveza. Hoy en día apenas queda ninguno. Tampoco existe ya una tasca contigua al arco que exhibía un gracioso cartel: “Hemingway never ate here”, o lo que es lo mismo, “Hemingway nunca comió aquí”. Lo que sí se conserva es el célebre restaurante Botín, el más antiguo del mundo, ya que fue fundado en 1725 por un francés llamado Jean Botin, con su esposa, de origen asturiano. A su muerte fue un sobrino de ella quien se hizo cargo del negocio, de ahí el rótulo de “Sobrino de Botín” que podemos leer en él.

21.4.17

Cuatro Caminos (Glorieta de)


La Glorieta de Cuatro Caminos, con la antigua fuente de la Puerta del Sol en el centro


Entre las calles de Bravo Murillo, Artistas, Raimundo Fernández Villaverde y Santa Engracia y la avenida de la Reina Victoria. Distritos 6 (Tetuán) y 7 (Chamberí). Barrios de Bellas Vistas, Cuatro Caminos, Ríos Rosas y Vallehermoso.

Recibe su nombre esta plaza, una de las más conocidas de Madrid hoy en día, porque cuando la zona no era más que las afueras de la villa y empezaron a proliferar casas a la vera de la carretera de Francia, esto es, de la calle de Bravo Murillo, aquí se cruzaban cuatro caminos: la susodicha carretera, el paseo de Ronda y la calle de Santa Engracia, cuyo trazado rectilíneo unía y une nuestra glorieta con lo que hoy es la plaza de Alonso Martínez y en tiempos fue la puerta de Santa Bárbara. En realidad, el paseo de Ronda solo estaba trazado en los mapas, pues en lo que hoy es la avenida de la Reina Victoria lo que estaba era el llamado camino de los Aceiteros; la calle de Raimundo Fernández Villaverde tampoco existía. Hubo de pasar un tiempo hasta que desapareciera el edificio de un fielato que allí había y que la Sociedad del Metropolitano, la misma que construyó el metro, terraplenara la zona para que nuestra glorieta adquiriese una forma semejante a la actual.

Tan importante cruce de vías no tardó en verse visitado por otras, la de los tranvías de la Ciudad Lineal, que desde allí partían hacia el benemérito proyecto de don Arturo Soria, y también los que iban a la Dehesa de la Villa. Todo esto, unido al fuerte incremento de la población del barrio durante las primeras décadas del siglo XX, hizo exclamar a Répide que la glorieta de Cuatro Caminos se había convertido en una “sucursal de la Puerta del Sol”. Muchos motivos había: su animación, su bullicio, sus paseantes desocupados, los que iban de paso camino de la plaza de toros de Tetuán de las Victorias, los habitantes de la villa que venían aquí en busca de merenderos, muchos de ellos utilizando el flamante ferrocarril metropolitano, cuando aún se podía decir que casi era el campo… Otro buena razón sería haber heredado la fuente que hubo en la misma Puerta del Sol y que, antes de su emplazamiento allí, fue de la que manaron las primeras aguas del Canal de Isabel II en la calle de San Bernardo, un 24 de junio de 1858. Con el tiempo, la fuente también desapareció del centro de la glorieta de Cuatro Caminos. Es muy posible que aún se conserve y sea la que hay en la entrada de la Casa de Campo, frente al palacete de los Vargas y cerca de la puerta que lleva al puente del Rey.

Se quitó la fuente y cuando surgió la moda de los pasos elevados hubo uno que afeó bastante nuestra plaza pero que, por suerte, fue sustituido por otro subterráneo, que permitió que en su centro volviese a haber un jardín circular.

No siempre se conoció así la plaza; durante un tiempo fue dedicada a Joaquín Ruiz Giménez –así era en los tiempos en que Répide escribió su magna obra sobre el nombre de nuestras calles-, que fue alcalde de Madrid en cuatro ocasiones y de quien hablaremos más cuando lleguemos a la glorieta que se le dedicó en los Bulevares una vez fue desterrado de estos parajes.

Pocos hechos históricos relevantes se pueden narrar en relación con la glorieta de Cuatro Caminos, si bien es también Répide, como buen cronista, quien nos cuenta que en ella tuvieron lugar algunos enfrentamientos violentos durante la huelga general revolucionaria de 1917.

31.3.17

Cruzada (Calle de la)


(Foto del autor)


Entre la plaza de Santiago y la calle de San Nicolás. Distrito 1 (Centro). Barrio del Palacio.

El nombre le viene a esta calle por el Tribunal de la Cruzada, del que algo comentamos al hablar de la calle de Cervantes, cuya sede estaba aquí. Subsiste la antigua casa-palacio de Domingo Trespalacios que en tiempos sirvió de residencia para su comisario, que extiende su fachada a la plaza de Ramales y a la calle de Santiago. En los años 40 del siglo pasado se convirtió en un edificio de viviendas. Hay en sus muros un par de placas que recuerdan, la una, que en su momento allí estuvieron las casas de la familia Guzmán, a la que perteneció el conde-duque de Olivares, que allí vivió, y la otra que allí falleció, el 9 de junio de 1903, el escritor y político vallisoletano Gaspar Núñez de Arce.

24.3.17

Cruz Verde (Plaza de la)



Entre las calles del Rollo, de Segovia y de la Villa. Distrito 1 (Centro). Barrio del Palacio.

Nuestra plaza, que tuvo el honor de contar entre sus vecinos al gran arquitecto Ventura Rodríguez, debe su nombre al mismo hecho que la anterior: aquí la Inquisición hizo de las suyas y, cuando dejó de hacerlo, una cruz de color verde lo recordó quién sabe con qué propósito. Lo más significativo que tiene es la monumental fuente que hay en su parte septentrional, en la que destaca una estatua de Diana que fue aquí trasladada en 1850, procedente de la fuente que hubo en Puerta Cerrada. La fuente se apoya en una pared que linda con la huerta del desaparecido convento del Sacramento.

17.3.17

Cruz Verde (Calle y Travesía de la)


(Imagen: CC BY-SA 3.0 Asqueladd)

Entre las calles de la Luna y del Pez. Va la travesía de la calle de las Tres Cruces a la de San Bernardo. Distrito 1 (Centro). Barrio de la Universidad. 

Estrecha, rectilínea y un tanto destartalada es nuestra calle, que debe su nombre al ominoso hecho de haber sido un paraje en el que daba cumplimiento la Inquisición sus sentencias; si bien se dejó de hacer esto durante el reinado de Felipe II, al trasladarse el quemadero más al norte, fuera de la puerta de Fuencarral, en tiempos fue recordado por una cruz de madera pintada de verde que permaneció bastantes años por aquí. 

Peñasco y Cambronero nos dicen que antes de ostentar su nombre actual se denominó calle de las Tres Cruces. La travesía, un brevísimo espacio que en su día tuvo una fuente, se llamó en tiempos calle del Nabo, pues en esta zona se estableció el punto de venta de esta hortaliza dentro de un mercado de frutas y verduras al aire libre que se mantenía a lo largo de la calle Ancha de San Bernardo. Cuando esta práctica desapareció, se decidió que tomase el nombre, ya como travesía, de su calle vecina.

3.3.17

Cruz (Calle de la)



Entre las plazas de Canalejas y de Jacinto Benavente. Distrito 1 (Centro). Barrios de las Cortes y de Sol.

A nuestra pobre calle, que ostenta su nombre desde el siglo XVII, le suelen desear la desaparición los cronistas de cabecera de esta obra. Ya en el siglo XIX debía de sufrir esta zona una gran congestión de tráfico y así Peñasco y Cambronero se lamentan de que cuando se ensanchó el barrio al derribarse el coliseo que da nombre a la vía –y del que pronto hablaremos- no se hubiese llevado a cabo un proyecto más ambicioso, con más derribos, que “evitara la aglomeración de gente” que se solía producir por estos pagos. Treinta años después, Répide no es más misericordioso, pues nos dice que la calle es demasiado estrecha para la circulación que soporta y que más valdría que hubiese desaparecido para que se hubiese prolongado la calle de Sevilla hacia el suroeste.

Pero no pasó nada de esto y la calle sigue ahí. Le viene el nombre de un corral de comedias que hubo por aquí, que era regentado por una de las muchas cofradías religiosas que tuvo la villa, en concreto la del Cristo de la Piedad o de la Cruz. La hermandad hacía representar en ese corral, en principio un recinto alquilado, obras teatrales durante la Pascua y destinaba la recaudación a sufragar los gastos de la procesión del Jueves Santo. Répide nos hace un detallado relato de la historia de tal Hermandad y del motivo por el que se disolvió; a los más curiosos remito a la imprescindible obra de D. Pedro para ilustrarse. Lo que más nos interesa aquí es que en el siglo XVIII el concejo madrileño adquirió el solar y sobre él edificó un teatro que fue conocido como de la Cruz. Poco duró, pues fue derribado hacia 1860. No sintieron mucha pena por ello Peñasco y Cambronero, ya que el arquitecto había sido su “odiado” Pedro de Ribera. La desaparición del teatro permitió que prolongase la calle de Espoz y Mina creando así una comunicación directa entre la plaza del Ángel y la Puerta del Sol.

También D. Hilario y D. Carlos hacen constar la afirmación de Fernández de los Ríos, según la cual en el solar del que hemos hablado en los párrafos anteriores hubo en tiempos ancestrales un cerrillo coronado por una cruz que dio su nombre a corral, teatro y calle.

24.2.17

Cristóbal Bordiu (Calle de)

Entre las calles de Bravo Murillo y de Agustín de Betancourt. Distrito 7 (Chamberí). Barrio de Ríos Rosas. 

Esta calle del Ensanche norte fue dedicada en un principio a la Beata María Ana de Jesús, como ya comentamos en la plaza dedicada a esta religiosa madrileña. Allí también hablamos de la discrepancia existente entre Répide, que dice que el cambio de nombre se llevó a cabo el 11 de octubre de 1875, y Peñasco y Cambronero, que en su obra, escrita en 1889, aún llaman de la Beata María Ana a esta calle. 

Sea cual fuere la fecha, el caso es que ahora está dedicada al político zaragozano Cristóbal Bordiú y Góngora, nacido en 1798, ingeniero de minas, canales y puertos de formación, hidrógrafo de vocación, que fue diputado por Almería (ciudad en la que se había establecido) y por Calatayud y, una vez trasladado a Madrid, director general de Agricultura, de Industria, de Comerico y de Obras Públicas y ministro de la Gobernación. A él se debe la Ley de Minas de 1849 y a eso atribuye Répide el honor, ya que la Escuela de Minas se halla cerca. Bordiú murió en Madrid en 1872.

17.2.17

Cristo (Calle del)


Entre las calles de Amaniel y del Limón. Distrito 1 (Centro). Barrio de la Universidad. 

Se trata de una calle, corta y peatonal, que debe su nombre a una imagen de Cristo crucificado que había en las tapias de la quinta de don Juan de Azmiscueta, que por aquí andaba (esto según Répide, pues Peñasco y Cambronero hablan de un cierto “consejero Contreras” como dueño de la finca). Répide hace venir por aquí al rey Felipe IV en compañía de don Luis de Haro –heredero de su tío el conde-duque de Olivares como valido– para comprobar que en la susodicha finca se reunían algunos conspiradores contra su persona. Dicen nuestros cronistas que cuando desapareció la quinta del caballero que fuese –Azmiscueta o Contreras–, el crucifijo se llevó a la iglesia de las Maravillas, aunque en la descripción que de sus joyas –y no tan joyas– artísticas hizo Elías Tormo muy poco después de la publicación de los artículos de Répide no se hace mención alguna de él.

10.2.17

Cristino Martos (Plaza de)


Entre las calles del Conde Duque, del duque de Osuna, de la Princesa y del duque de Liria. Distrito 1 (Centro). Barrio de la Universidad. 

Durante muchos años se conoció este paraje como plaza de los Afligidos, ya que aquí se encontraba el convento de San Joaquín (de padres premostratenses, como el que hubo en lo que hoy es la Gran Vía), donde se veneraba una imagen de la Virgen de los Afligidos. El monasterio fue fundado en 1610 y perduró hasta finales del siglo XIX, si bien Répide comenta que en su época (los años 20 del siglo pasado) aún se conservaba la fachada principal. Hoy en día la plaza está, en tres de sus cuatro lados, ocupada por edificios más o menos modernos y el cuarto lado, abierto, da a la calle de la Princesa, situada un poco más abajo. 

Desde el 27 de febrero de 1895 la plaza lleva el nombre de Cristino Martos y Balbi, abogado y político español nacido en Granada el 13 de septiembre de 1830. Participó en varias de las diversas revoluciones y pronunciamientos que salpican la mitad del siglo XIX en España, lo cual le supuso una condena a muerte y el exilio y, más adelante, un nombramiento político, en concreto la presidencia de la Diputación Provincial de Madrid, en 1868. Diputado desde 1869, fue ministro de Estado entre 1869 y 1870. Dos veces más ocupó este cargo durante el reinado de Amadeo de Saboya y también fue ministro de Gracia y Justicia durante la Primera República. Asimismo ocupó el cargo de presidente del Congreso de los Diputados en dos ocasiones, entre febrero y marzo de 1873 y entre mayo de 1886 y junio de 1889. Murió en Madrid el 17 de enero de 1893.

27.1.17

Covarrubias (Calle de)


Diego de Covarrubias, por El Greco
(Museo del Greco, Toledo)

Entre las calles de Sagasta y Luchana. Distrito 7 (Chamberí). Barrio de Trafalgar. 

Nos dice Répide que estos parajes se llamaron en su momento el “campo del tío Mereje”, denominación un tanto castiza que cuadra poco con las casas muy burguesas que hoy encontramos en las aceras de nuestra calle, que está dedicada a un importante jurista y eclesiástico español del siglo XVI. Diego de Covarrubias y Leyva nació en Toledo el 25 de julio de 1512, aunque pronto se trasladó a Salamanca, donde estudió leyes y en cuya Universidad obtuvo una cátedra en 1540. Fue oidor en la Real Chancillería de Granada entre 1548 y 1559 y ocupó dos sedes episcopales: Ciudad Rodrigo (1560-64) y Segovia (1560-77). Tuvo una importante participación en el Concilio de Trento y, como jurista, se destacó como antiesclavista en relación con los indígenas americanos. En septiembre de 1577 fue nombrado obispo de Cuenca, pero no llegó a tomar posesión, pues murió en nuestra villa el día 27 de ese mes.

20.1.17

Coruña (Calle de La)


Foto: CC BY-SA Edmar Lastra Castillejos

Entre las calles de Bravo Murillo y de la Infanta Mercedes. Distrito 6 (Tetuán). Barrio de Cuatro Caminos.

Poca historia podemos contar de esta calle, la mayoría de cuyos edificios son bastante modernos. Está dedicada a la provincia de La Coruña, o A Coruña, que es su nombre oficial, que el 1 de enero de 2016 tenía 1.122.799 habitantes, según el INE. En su capital, la ciudad del mismo nombre, residen 243.978 almas. Hay que citar otras dos importantes poblaciones de la provincia, Ferrol, con 68.308 habitantes y base naval de primer orden y Santiago, con 95.966 vecinos y no solo importantísimo lugar de peregrinación cristiano, sino capital de Galicia.

13.1.17

Cortes (Plaza de las)


Palacio de las Cortes, sede del Congreso de los Diputados
(Foto CC BY-SA Paco López)

Entre la Carrera de San Jerónimo y la plaza de Cánovas del Castillo y las calles de Fernanflor, del duque de Medinaceli, de San Agustín y del Prado. Distrito 1 (Centro). Barrio de las Cortes.

Este amplio espacio que desembocaba en el Salón del Prado proveniente de la Puerta del Sol ya aparece con una forma muy semejante a la actual en el plano de Texeira, pero carece de nombre. De varias maneras se denominó hasta que a mediados del siglo XIX, levantado en ella el edificio de las Cortes, pasó a ser conocida como hoy en día. Calzada del Espíritu Santo, plaza de Santa Catalina, de Cervantes, del Estamento de Procuradores… Diferentes edificios –o los usos que a ellos se dieron- han marcado la nomenclatura de este paraje situado como frontera entre dos marañas de calles.

El primero de los nombres citados hace alusión al convento del Espíritu Santo, que desde finales del siglo XVI ocupaba el espacio de la actual sede del Congreso de los Diputados. Su iglesia, que databa de 1648, quedó casi destruida durante un incendio en 1823, lo cual no impidió que once años después, muerto Fernando VII, se eligiese como lugar de reunión del Estamento de Procuradores previsto por el Estatuto Real de 1834 –y que le dio el último de los nombres que antes se han citado. Mesonero Romanos, un tanto airado, critica que posteriormente se eligiese este mismo emplazamiento para levantar el edificio actual. Según él, el gobierno progresista de 1841 que tomó la decisión lo hizo sólo para eliminar la memoria tanto del convento como de ese Estamento de Procuradores y por lo tanto se perdió una buena oportunidad de situar una institución tan importante en un lugar mucho más vistoso y adecuado –Mesonero menciona los lugares donde hoy se hallan el Hotel Ritz o el jardín del palacio de Buenavista, en la esquina entre Alcalá y Recoletos, como buenas alternativas.

Sea como fuere, en 1842 la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando convocó un concurso para levantar el edificio, que ganó Narciso Pascual y Colomer. Se construyó entre 1843 y 1850 y el 3 de noviembre de este último año se celebró solemnemente la primera sesión. En el frontón, bajo el relieve de Ponciano Ponzano, durante mucho tiempo apareció, como ahora, el rótulo “Congreso de los Diputados”, con la salvedad de las dictaduras de Primo de Rivera, cuando ahí se podía leer “Asamblea Nacional” y la franquista, en la que se cambió por “Cortes Españolas”. En los años 80 del siglo pasado se añadió un nuevo edificio hacia la carrera de San Jerónimo, de factura muy moderna y sobre el cual casi prefiero reservarme la opinión.

Unas líneas más arriba se ha mencionado que esta plaza también se llamó en tiempos de Santa Catalina, y ello es así porque aquí hubo un convento de monjas dominicas con este nombre. Se trata de una institución muy viajera, ya que se fundó hacia 1510 en una casa situada en lo que hoy es la plaza de Oriente. En 1574 se trasladaron por primera vez, a la plaza de los Mostenses, de donde se marcharon, por orden del duque de Lerma, en 1610 para ocupar lo que hasta entonces había sido el Hospital General, en la actual plaza de las Cortes. El monasterio perduró aquí hasta que en 1808 fue derribado por los franceses y sustituido por una manzana de casas –las monjas se volvieron a trasladar. Actualmente hay en su lugar, entre otras cosas, un hotel de lujo, además del Consejo General del Colegio de Médicos y, en la misma manzana pero dando ya a la Carrera de San Jerónimo, la embajada de México.


La estatua de Cervantes en la plaza de las Cortes
(Foto: CC BY-SA Paco López)


En este espacio triangular, algo más ancho, de la plaza, se encuentra la estatua de Cervantes, que en su momento también le dio nombre. Fue erigida por iniciativa de Manuel Fernández Varela, Comisario General de Cruzada, a quien también vimos costeando la placa de la casa en la que vivió el Príncipe de los Ingenios españoles (véase la calle de Cervantes). Obra de Antonio Solá, situada sobre un pedestal de Isidro Velázquez con relieves de Isidro Piquer, se levantó en 1834. En el año 2005 se acometieron unas obras de reforma de toda la plaza que, como siempre en el casco antiguo, implicaron una prospección arqueológica que dio como resultado, el 5 de diciembre de 2009, el hallazgo, bajo el pedestal de la estatua, de una caja de plomo que contenía una edición del Quijote en cuatro tomos publicada en 1819, una biografía de Cervantes, monedas de la época, un ejemplar del Estatuto Real, periódicos, láminas y otros documentos. Se trata del típico conjunto de materiales contemporáneos que se colocan en un monumento o edificio en el acto de poner la primera piedra, aunque la prensa se apresuró a ponderar ampulosamente el hallazgo de esa “cápsula del tiempo”.

Ya al final de la plaza, junto al Prado, nos encontramos, por un lado, el edificio del Hotel Palace, uno de los más lujosos de Madrid, que fue levantado entre 1910 y 1913 según un proyecto de Eduardo Ferrés y Puig que fue posteriormente modificado por el belga Leon Monnoyer y por ingenieros pertenecientes a la empresa propietaria, también belga. Ocupa el terreno en el que a finales del siglo XVII levantó su palacio el duque de Lerma; fue heredado después por el de Medinaceli y se convirtió en una de las posesiones más grandiosas y lujosas de la villa. Su decadencia comenzó con la ocupación francesa, durante la cual los invasores se incautaron de él y provocaron numerosos destrozos. Desde mediados del siglo XIX, además, empezó a perder terreno, ya que a través de la finca se abrieron las prolongaciones de las calles de Lope de Vega y Cervantes y la apertura de la calle que justo lleva el nombre del duque de Medinaceli. Lo último que subsistió fue el palacio, que fue derribado poco antes del comienzo de las obras del hotel.

Por otro lado, y enfrente del Palace, está el palacio de Villahermosa, que alberga el Museo Thyssen y que por estar su entrada por el Paseo del Prado se hablará allí de él.