16.2.18

Doctor Piga (Calle del)



Entre las calles del Salitre y de Argumosa. Distrito 1 (Centro). Barrio de los Embajadores.

Todavía en tiempos de Répide llevaba esta calle el nombre de Travesía de San Lorenzo, sin otra explicación que su cercanía a la iglesia parroquial del mismo nombre, cuya fachada principal da a la calle del Salitre. Hoy en día, por su proximidad al antiguo Hospital General, recuerda a Antonio Piga y Pascual, nacido en Madrid el 6 de enero de 1879. Especialista en Medicina Legal, fue catedrático de esa disciplina en Valladolid, Cádiz y Madrid. Miembro de numerosas sociedades médicas españolas y extranjeras, ingresó en la Real Academia de Medicina en 1941. Creó el primer gabinete radiológico que hubo en Madrid y fue presidente de la Sociedad Española de Radiología Médica entre 1935 y 1936. Murió el 23 de agosto de 1952.

9.2.18

Doctor Mata (Calle del)


Entre las calles de Atocha y de Santa Isabel. Distrito 1 (Centro). Barrio de los Embajadores.

Aparece rotulada nuestra calle con el nombre de Jasas o algo semejante en el plano de Texeira, lo cual daría que pensar si en tiempos se llamó de Jesús, pero ninguno de nuestros cronistas de cabecera se refieren a ella de tal modo y solo consideran como tal la calle que aún lleva ese nombre y de la que hablaremos en su momento.

El caso es que ya en 1898 llevaba el nombre de un médico, como muchas otras de las calles de esa zona de las que ya hemos hablado. Algo lógico por su cercanía al Hospital General y al Real Colegio de San Carlos. Pedro Mata y Fontanet, el homenajeado aquí, fue uno de esos galenos cuyos intereses excedieron con mucho su vocación, pues además fue periodista, escritor y político. Nació en Reus el 14 de junio de 1811. Hijo de médico, realizó sus estudios en su tierra natal. Desde muy joven compaginó medicina y política y ya en 1837 hubo de exiliarse por sus ideas progresistas. Vuelto a España, tras nuevas peripecias políticas que llegaron a dar con él en la cárcel, fue alcalde de Barcelona y diputado. Poco después decidió abandonar la política por un tiempo y sentó las bases de la medicina forense en España. El resto de su vida fue un constante ir y venir entre la política, la literatura, el pensamiento y la medicina, en una actividad incansable que solo la enfermedad pudo atenuar. Murió en Madrid el 27 de mayo de 1877.

2.2.18

Doctor Marañón (Plaza del)


Entre el paseo de la Castellana y las calles de María de Molina, Salas y José Abascal. Distritos 4 (Salamanca), 5 (Chamartín) y 7 (Chamberí). Barrios de Castellana, El Viso, Almagro y Ríos Rosas.

Carecía de nombre este cruce de calles (en un principio ni siquiera llegaba aquí la de María de Molina) hasta que, a la muerte del personaje que es homenajeado en ella –quien vivía en la esquina de la Castellana con José Abascal- el Ayuntamiento decidió ponerle su nombre. Es muy difícil resumir en un espacio como este la vida y, sobre todo, la obra de una figura como la de Gregorio Marañón y Posadillo, uno de los intelectuales más importantes de la España del siglo XX. Nacido en Madrid el 19 de mayo de 1887, se licenció en Medicina en 1908 y alcanzó el grado de doctor en 1910. Fue médico de Alfonso XIII, a quien acompañó en su célebre viaje a Las Hurdes en 1922. Represaliado por la dictadura de Primo de Rivera, formó junto a José Ortega y Gasset y Ramón Pérez de Ayala la “Agrupación al Servicio de la República” que contribuyó al cambio de régimen el 14 de abril de 1931. Salió de España al poco de estallar la guerra civil, momento en que cambia por completo su actitud hacia los gobiernos republicanos. Se le concedió permiso para volver en 1942; ejerció su profesión en principio de forma liberal, aunque en 1944 volvió a ocupar un puesto en el Hospital Provincial de Madrid, del que había sido desposeído por los franquistas en 1939. Desde entonces no hizo más que seguir acumulando honores y nombramientos, como le había sucedido antes de la guerra, algo de lo que se aprovechó el régimen de Franco con fines propagandísticos. Murió en Madrid 27 de marzo de 1960.

Marañón no solo destacó como galeno, especializado en endocrinología, rama de la medicina a cuyo desarrollo en España contribuyó decisivamente, sino también como historiador (su biografía de Antonio Pérez, aparecida en 1947, es aún considerada canónica) y como pensador. Fue miembro de cinco de las Reales Academias (Lengua, Historia, Bellas Artes, Medicina y Ciencias Exactas).

En el centro de la plaza se encuentra la estatua ecuestre dedicada al marqués del Duero (personaje del que se hablará más al llegar a la calle que lleva su nombre). Fue allí erigida en el año 1885 y es obra de Andres Aleu; los relieves del pedestal se deben a su alumno Pablo Gibert. Como suele ser habitual en estos casos, su bronce procede de cañones que fueron fundidos en Sevilla para darle forma.

26.1.18

Doctor Letamendi (Calle del)


Entre la plaza del Cordón y la calle de Segovia. Distrito 1 (Centro). Barrio del Palacio.

Varios nombres ha ostentando a lo largo de su historia esta breve y empinada calle. Primero se llamó de Tentetieso, seguro que por esa gran pendiente. Más adelante se conoció como costanilla de San Justo, por la cercanía a la calle del mismo nombre de la que se hablará en su momento.

Aquí se encontraba la casa solariega de Juan de Vargas (al que, sigo ignorando el porqué, todo el mundo llama “Iván”. Bueno, no lo ignoro, pero es tan absurdo que no merece la pena ni comentarlo). Ya en tiempos de Répide se podía ver una placa que así lo recordaba; los entonces propietarios del edificio tenían algún vínculo con quien luego dio nombre a la calle. Hoy en día alberga la biblioteca pública municipal que se llama así, “Iván de Vargas”.

Haciendo esquina con la calle de Segovia se puede ver la historiada decoración de la fachada del Dispensario Azúa, especializado en enfermedades venéreas, que allí lleva desde 1924 aunque ahora es el Centro de Salud Segovia.

Como antes se ha mencionado, quienes eran propietarios de la casa solariega de los Vargas en la época de Répide eran parientes del doctor Letamendi y parece ser que lograron que se pusiera el nombre de su deudo a la vía, lo cual hizo comentar al gran cronista que sus méritos bien le habrían valido una “más amplia… en la parte moderna de la villa”. José de Letamendi y Manjarrés nació en Barcelona el 11 de marzo de 1828. Doctor en Medicina en 1853, en 1857 se convirtió en catedrático de Anatomía de la Universidad de Barcelona. En 1872 pasó a la Universidad Central de Madrid como catedrático de Patología General, una disciplina que hasta entonces estaba muy verde y que Letamendi consiguió llenar de contenido y prestigio. En 1881 fue elegido miembro de la Real Academia de Medicina. Sus inquietudes no se pararon en su trabajo como galeno, sino que además fue músico (con alguna obra estrenada), poeta, pintor, escritor y también político. Murió en Madrid el 6 de julio de 1897.

19.1.18

Doctor Jiménez Díaz (Calle del)


La Fundación Jiménez Díaz
(Foto: J. L. de Diego)

Entre la plaza de Cristo Rey y la calle de Manuel Bartolomé Cossio. Distrito 9 (Moncloa). Barrio de la Ciudad Universitaria. 

Debe su nombre esta calle al fundador de la clínica de la que hace de espalda. Carlos Jiménez Díaz nació en Madrid el 9 de febrero de 1898. Se doctoró en medicina en 1920, tras de lo cual optó a numerosas cátedras por oposición, sin gran éxito. Marchó a Alemania para completar sus estudios y por fin a la vuelta, en 1922, consiguió una cátedra en Sevilla. Dos años después volvió a Madrid tras superar una nueva oposición y ya ejercería siempre en nuestra villa su profesión. Creó en 1935 un Instituto de Ciencias Médicas cuyo funcionamiento se vio truncado por la guerra civil. Puesto en marcha de nuevo tras la contienda, en 1955 pasó a ocupar el edificio que hoy conocemos, levantado sobre las ruinas del Instituto Rubio. Por cierto, lo de “clínica de la Concepción” viene del nombre de la esposa del fundador. Jiménez Díaz fue miembro de la Academia de Medicina, recibió numerosos honores en España y en el extranjero y escribió varios libros muy reconocidos en su campo. Murió el 18 de mayo de 1967.

12.1.18

Doctor Fourquet (Calle del)


Entre las calles de Santa Isabel y de Valencia. Distrito 1 (Centro). Barrio de los Embajadores. 

Nuestra calle tiene dos partes. Una, la más antigua, la que bordea el convento de Santa Isabel, fue conocida en tiempos como calle de la Yedra. Esto era así, según una tradición recogida por Peñasco y Cambronero y citada por Répide, por las que allí había, pertenecientes a la finca de Gaspar de Quiroga, arzobispo de Toledo entre 1577 y 1594. Parece ser que el cardenal gustaba de tomarse un respiro en aquel lugar, rodeado de sus capellanes, a quienes decía: “Sentémonos aquí, como el profeta Jonás, a la sombra de la yedra”. Felipe II, al que llegó a desesperar la longevidad de Quiroga, pues deseaba conceder el trono arzobispal a otra persona, dispuso de la finca tras la muerte del prelado y, junto con la que fue de Antonio Pérez, que también anduvo por aquí, fueron utilizadas como solar para el Hospital General y el susodicho convento de Santa Isabel. 

El caso es que en 1871 se abrió una calle que iba desde la de la Valencia a la de Argumosa, que fue dedicada al doctor Fourquet y que absorbió la antigua calle de la Yedra. Como muy bien dice Répide, “en realidad se podía haber dado el nombre de Fourquet a la vía nuevamente abierta… y dejar a la anterior su denominación tradicional”. Está claro que las decisiones extrañas de los ayuntamientos no son solo fruto de nuestra época. 

Y eso no quita que el personaje al que se dedicó la calle tuviera méritos suficientes, además de lógica espacial al encontrarse tan cerca del Hospital General y del antiguo Colegio de San Carlos. Juan Fourquet y Muñoz nació en Madrid en 1807 y se doctoró en el Colegio antes citado en 1846. Catedrático de la flamante Facultad de Medicina en 1847, fue un médico eminente, de labor callada, pionero en el uso de la microscopía e inventor de utensilios como la “bocina de cordón”, una especie de estetoscopio. Su obra, ingente, procuró ser original y no una mera traducción de tratados extranjeros. Su muerte prematura le impidió ver publicados sus abundantes escritos, tarea de la que se encargaron sus discípulos, sobre todo Juan Calleja, que sacó a la luz un Tratado de Anatomía basado en ellos entre 1869 y 1877. Una tuberculosis se llevó al doctor Fourquet el 12 de julio de 1865.