22.3.19

Eduardo Benot (Calle de)


Eduardo Benot en una foto de 1907

Entre el paseo del Rey y la calle de Irún. Distrito 9 (Moncloa). Barrio de Argüelles. 

Nuestra breve calle, sita en las faldas de la montaña del Príncipe Pío, está dedicada desde el 23 de junio de 1911 a uno de esos hombres del Renacimiento redivivos que en el siglo XIX se dedicaron a la política, cuando esa noble arte no era, como ahora, una disputa para descubrir quién es el más mediocre. Eduardo Benot, nacido en Cádiz el 26 de noviembre de 1822, fue lingüista, filólogo, matemático, literato y lexicógrafo y, además, un conspicuo republicano federalista. Ministro de Fomento en el primer gobierno republicano de 1873, durante su mandato creó el Instituto Geográfico y Estadístico, del cual derivaron, con el tiempo, el Instituto Geográfico Nacional y el Instituto Nacional de Estadística. Benot sucedió a Pi y Margall a la cabeza del Partido Republicano Federal. Murió en Madrid el 27 de junio de 1907.

15.3.19

Eduardo Adaro (Calle de)


Entre las calles de Alejandro Fernández y de La Rábida. Distrito 6 (Tetuán). Barrio de Bellas Vistas.

Esta breve calle no debe de conservar hoy en día el aspecto que mostraba en época de Répide, el cual nos informa que antes de llevar el nombre actual se llamó del Peral. Desde el 1 de enero de 1898 está dedicada a Eduardo Adaro, arquitecto nacido en Gijón el 6 de febrero de 1848. Formado en Madrid, se le deben obras importantes como el edificio del Banco de España en Cibeles o la sede del antiguo Banco Hispano Americano, en la plaza de Canalejas, hoy en día convertida en centro comercial. Murió en Madrid el 27 de febrero de 1906.

1.3.19

Edison (Calle de)


Thomas Alva Edison con el segundo modelo de su fonógrafo
(Abril de 1878)

Entre la calle de Pedro de Valdivia y la glorieta de López de Hoyos. Distrito 5 (Chamartín). Barrio de El Viso. 

Poca historia tiene esta breve calle, que no se formó hasta bien entrado el siglo XX como tronco común creado por la convergencia en su extremo de las calles de Núñez de Balboa y de Castelló. Sí que la tiene, y mucha, el gran visionario a quien está dedicada desde el 30 de noviembre de 1931. Thomas Alva Edison, nacido el 11 de febrero de 1847 en la localidad de Milan (Ohio), fue tal vez el más importante inventor de los muchos que han surgido en los Estados Unidos de América. Apodado el “mago de Menlo Park”, a él se deben, entre otros muchos, los inventos del fonógrafo, de varios relacionados con el cine (pugnó con Eastman por la patente de la película de celuloide y con los hermanos Lumière por la del cinematógrafo) y la bombilla incandescente. Cuando murió, el 18 de octubre de 1931, había registrado cerca de 1100 patentes.

22.2.19

Écija (Calle de)


La iglesia de la Santa Cruz, en Écija
(Foto CC BY-SA Varpaijos)

Entre la calle de Ferraz y el paseo del Pintor Rosales. Distrito 9 (Moncloa). Barrio de Argüelles. 

En la actualidad esta calle tiene solo la mitad de su longitud original, pues antes llegaba hasta la desaparecida plaza de la Justicia, que se hallaba a las espaldas de la antigua Cárcel Modelo. Precisamente ese trozo que hoy no existe aún no estaba bien formado en época de Répide. Peñasco y Cambronero aún no recogen la calle en su obra, que, recordemos, es de 1889, pero a finales del siglo XIX ya llevaba este nombre, que es el de una de las localidades más importantes de la provincia de Sevilla. La antigua Astigi turdetana, Colonia Augusta Firmi en tiempo de los romanos, Asichcha en los musulmanes, tenía 40.087 habitantes el 1 de enero de 2017, según el padrón municipal. Esta ciudad, de la que destacan sus numerosas torres, es a veces conocida como “la sartén de Andalucía” por las elevadas temperaturas que se dan en lo más riguroso del verano.

15.2.19

Echegaray (Calle de)


Billete de mil pesetas con la efigie de José Echegaray

Entre la Carrera de San Jerónimo y la calle de las Huertas. Distrito 1 (Centro). Barrio de las Cortes.

El nombre tradicional de esta vía era el de calle del Lobo y va ligado a una de esas leyendas madrileñas tan piadosas. Se cuenta que cuando esto eran las afueras de la pequeña villa había por aquí una casa de un cazador que hacía ostentación de su oficio con numerosos trofeos, uno de ellos una piel de lobo rellena de paja. Cierto día un niño que vivía cerca rompió la piel de modo que quedó fláccida y toda su paja por el suelo. El cazador, que debía de ser más bestia que aquellas a las que perseguía, no tuvo mejor idea que dar una cuchillada al muchacho, al que dejó por muerto. Su madre –a la que Répide convierte en una menesterosa que se ocupaba en buscar leña mientras ocurrían los hechos– tomó a su hijo en sus brazos y lo llevó a una casa cercana, donde residía un escultor que tenía una imagen de la virgen conocida como de las Maravillas (véase la calle de Arlabán). Por supuesto, se obró el prodigio, el chico sanó milagrosamente y la imagen fue trasladada al convento de las Carmelitas, donde hubo otro hecho sobrenatural, la aparición de una paloma que dio su apelativo final a la imagen, que no es otra que la de la Virgen de la Paloma. 

El 18 de enero de 1888 el Ayuntamiento decidió dedicársela a José Echegaray y Eizaguirre, ilustre hijo de nuestra villa, en la que nació el 19 de abril de 1832. Hombre polifacético, fue matemático, ingeniero, economista, político y escritor. Los que peinamos unas cuantas canas sin duda recordaremos su efigie en cierta serie de billetes de mil pesetas, lo cual no ha de extrañar a nadie, ya que don José fue el creador del Banco de España. Fue profesor universitario y miembro de la Real Academia de Ciencias Exactas; se le puede considerar como el introductor del cálculo diferencial en España. También intervino en política y fue ministro de Fomento y de Hacienda; en el segundo de estos cargos estableció el monopolio del Banco de España en la emisión de dinero. 

Su vocación literaria fue tardía. Fue sobre todo dramaturgo; la primera de sus obras que se estrenó fue El libro talonario, en 1874. De sus otras 66 piezas quizá la que más pueda sonarnos sea El gran galeoto (1881), pero su teatro, hijo de su tiempo, está en gran parte olvidado hoy en día. Sin embargo, sus contemporáneos lo consideraron uno de los primeros escritores de España, lo cual llevó a que se le concediese el premio Nobel de literatura en 1904, compartido con Frédéric Mistral. Este hecho provocó una oleada de protestas entre los literatos más jóvenes, que hoy en día parece más que justificada. Murió, también en Madrid, el 14 de septiembre de 1916. 

No es que la vieja calle del Lobo contenga edificios dignos de mención, pero no me resisto a citar una anécdota que cuenta Répide sobre don Benito Pérez Galdós, relacionada con el Teatro Español. Sus accesorias traseras daban a esta calle y el propio Répide se presenta como testigo para decirnos que Galdós, cuando era director de ese teatro, gustaba de salir por allí mientras decía a sus acompañantes “vamos a bajar por la escalera de Moratín”. 

Según nos indican Peñasco y Cambronero, esta calle fue una de las primeras donde se instaló, a título de experimento, el alumbrado de gas en el año 1847. 

Y un apunte más, recogido asimismo por Peñasco y Cambronero como confidencia del gran músico Francisco Asenjo Barbieri. En la esquina con la calle de las Huertas hubo una taberna perteneciente a un tal Juan Lepre que es citada por Francisco de Quevedo en su jácara titulada Desafío de dos jaques. Así empieza: 

A la orilla de un pellejo, 
en la taberna de Lepre, 
sobre si bebe un poquito 
y sobre si sobrebebe, 
Mascaraque el de Sevilla, 
Zamborondón el de Yepes 
se dijeron mesurados 
lo de sendos remoquetes.

8.2.19

Duque de Sesto (Calle del)


El futuro Alfonso XII con quien era su tutor, el duque de Sesto

Entre las calles de Antonio Acuña y del Doctor Esquerdo. Distrito 4 (Salamanca). Barrio de Goya.

El primitivo nombre de esta calle, abierta dentro del Ensanche Este, fue calle de la Elipa, ya que su dirección apunta a lo que era el caserío de La Elipa o La Lipa, antigua casa rural aislada que hoy designa todo un barrio de Madrid. Durante mucho tiempo la única construcción que tuvo la calle fue el gran edificio de las cocheras pertenecientes al duque de Sesto, a quien está dedicada la calle desde el 14 de agosto de 1896. José Osorio y Silva nació en 1826 en el palacio de su familia, cuyo solar hoy en día está ocupado por el Banco de España, institución que compró la magnífica vivienda por algo más de tres millones de pesetas de finales del siglo XIX, bonita cantidad que el duque hubo de invertir en saldar sus numerosas deudas. 

El duque de Sesto fue alcalde de Madrid entre 1857 y 1864, y fue el suyo un mandato muy fructífero para la villa, ya que en esos años se llevó a cabo la reforma de la Puerta del Sol, se consiguió al fin la traída de aguas del Lozoya a la capital, se construyó el alcantarillado y se fundaron las Casas de Socorro, entre otras cosas. También en su época como alcalde se instalaron en Madrid algunos urinarios públicos, a la vez que se castigó con multa el hacer aguas menores en la calle, y como a muchos pareciese excesiva la sanción por aliviar las necesidades fisiológicas, rápidamente surgió la escatológica copla (disculpas anticipadas por las posibles palabras malsonantes):

¡Ocho reales por mear! 
Señores, qué caro es esto. 
¿Qué llevará por cagar 
el señor duque de Sesto? 

Independientemente de estos chascarrillos y de su importante labor como alcalde, el duque de Sesto fue tutor del rey Alfonso XII y también una persona que llevó una vida intensa en la que incluso llegó a tener devaneos con Eugenia de Montijo, futura emperatriz de los franceses. Murió en su palacio del paseo de Recoletos el 30 de diciembre de 1909.

26.1.19

Duque de Rivas (Calle del)


Ángel Saavedra, III duque de Rivas, por Gabriel Maureta
(Museo del Prado, Madrid)

Entre las calles de la Concepción Jerónima y de la Colegiata. Distrito 1 (Centro). Barrio de los Embajadores. 

Hasta el año 1890, cuando se derribó el convento de la Concepción Jerónima, no era nuestra calle sino un pequeño entrante que se conocía como plaza de la Concepción Jerónima. Desaparecido el convento y abierta la vía, el 26 de junio de 1895 decidió el Ayuntamiento dedicársela al duque de Rivas. Como no podía ser de otra manera y a pesar de los méritos del personaje, el motivo no fue otro que la presencia aquí del palacio que fue de su propiedad y luego del marqués de Viana, por lo cual se conoce como palacio de Viana. Ya hablamos de él en el artículo correspondiente a la calle de la Concepción Jerónima y ahí remitimos

Ángel Saavedra y Ramírez de Baquedano, tercer duque de Rivas, nació en Córdoba el 10 de marzo de 1791. Participó en la guerra de la Independencia y, una vez abandonado el ejército, entró en política. Liberal en principio, apoyó el pronunciamiento de Riego y, por tanto, hubo de exiliarse tras la intervención francesa de 1823. Muerto Fernando VII, regresó a España y empezó a defender posturas más conservadoras. Fue varias veces ministro, fugaz presidente del Consejo, embajador en Nápoles y París y director de la Real Academia Española. Como literato es reconocido como uno de los adalides del Romanticismo, en especial por su obra teatral en verso y prosa Don Álvaro o la fuerza del sino (1835), que inspiró a Giuseppe Verdi su ópera La forza del destino. Murió en Madrid el 22 de junio de 1865.

18.1.19

Duque de Osuna (Calle del)


Hasta la plaza de los Cubos llegaba antaño nuestra calle
(Foto: CC BY-SA Tamorlan)

Entre la calle de la Princesa y la plaza de Cristino Martos. Distrito 1 (Centro). Barrio de la Universidad. 

La que hoy se conoce así fue en su día parte de la calle de Leganitos, que, antes de regularizarse los terrenos hoy correspondientes a la plaza de España y la calle de la Princesa, llegaba hasta aquí. La antigua calle del duque de Osuna era el primer tramo de la actual calle de la Princesa, más o menos hasta la escalinata que salva el desnivel que hay hasta la plaza de Cristino Martos

Y, para no variar, el nombre proviene de que aquí estuvo uno de los palacios que la casa ducal de Osuna tuvo en nuestra villa. A principios del siglo XIX los duques se trasladaron al que se acababan de construir en las Vistillas y el caserón que dejaron aquí se utilizó para diversos fines hasta que lo ocuparon los misioneros de San Vicente de Paúl, para quienes Isabel II compró la casa. Allí estuvieron hasta que en 1868 fueron obligados a abandonarla. Cuatro años después fueron las Adoratrices, la fundación de la vizcondesa de Jorbalán, quienes vinieron aquí desde la casa que tenían en la calle de Atocha. A finales del siglo XIX se derribó este edificio y se construyó uno nuevo, que siguieron habitando las monjas hasta que en los años 70 del siglo XX desapareció para dar paso a la celebérrima “plaza de los Cubos”.

14.12.18

Duque de Nájera (Calle del)


El palacio de Cañete. A la izquierda, nuestra calle.
(Foto CC BY-SA Luis García)

Entre las calles Mayor y del Sacramento. Distrito 1 (Centro). Barrio del Palacio. 

Estrecha calle peatonal encajada entre la Casa de la Villa, antigua sede del Ayuntamiento, y el palacio de Cañete o de Camarasa. Como cabe deducir de algunos de los artículos anteriores, debe su nombre a que allí estuvieron las casas de los duques de Nájera, título que data de la época de los Reyes Católicos.

30.11.18

Duque de Medinaceli (Calle del)


Retrato de Francisco de Sandoval y Rojas (Rubens)

Entre las plazas de las Cortes y de Jesús. Distrito 1 (Centro). Barrio de las Cortes.

Francisco de Sandoval y Rojas, primer duque de Lerma, mandó construir por esta zona un suntuoso palacio a principios del siglo XVII, una auténtica villa dentro de la villa que era casi autosuficiente. Más adelante fue heredado por la casa de Medinaceli, de donde le viene el nombre a nuestra calle. La ocupación francesa hizo estragos en el palacio y el Ayuntamiento fue, desde mediados del siglo XIX, haciendo uso de su solar para prolongar las calles de Lope de Vega y Cervantes hasta el paseo del Prado. Lo propio hizo con la calle de Jesús, aunque en este caso a su prolongación hasta la plaza de las Cortes se le dio el nombre del duque de Medinaceli. Los restos del palacio ducal desaparecieron en 1910 para que su sitio lo ocupara el hotel Palace.

16.11.18

Duque de Liria (Calle del)


El palacio de Liria
(Foto CC BY-SA 3.0 Luis García)

Entre la plaza de Cristino Martos y la calle de la Princesa. Distrito 1 (Centro). Barrio de la Universidad. 

Esta es la segunda calle que se denomina así, pues antes se llamó de esta forma la que ahora conocemos como de la Princesa, aunque su trazado no era el mismo que el actual. En ambos casos el origen del apelativo está claro, pues pasa por delante del palacio de Liria, actual sede de la casa de Alba. 

Fue el tercer duque de Liria, Jacobo Fitz-James Stuart, quien encargó al arquitecto francés A. Guilbert la construcción de su palacio; insatisfecho con este primer proyecto, encomendó uno nuevo a Ventura Rodríguez, que contó con la colaboración de Francisco Sabatini. El edificio, que tiene ecos de La Granja y el Palacio Real, fue levantado entre 1762 y 1783. En 1773 se realizó una permuta de terrenos con el Ayuntamiento para construir el jardín delantero. Dañado durante la guerra civil, fue reconstruido en 1940 y desde 1972 es monumento nacional. Al contener el legado de la casa de Alba (título que pasó en 1802 al duque de Berwick y Liria al morir sin descendencia su tía, la duquesa de Alba que retrató Goya), alberga una importantísima pinacoteca.

5.10.18

Duque de Fernán Núñez (Paseo del)


Entre las calles de Alfonso XII y de Alcalá. Distrito 3 (Retiro). Barrio de los Jerónimos. 

El célebre Paseo de Coches, como es más conocido, que cruza en un curioso recorrido casi todo el parque del Retiro, nació como un despropósito que ya en su día causó polémica. Varias veces se había intentado abrir una vía para carruajes en el gran parque de Madrid y siempre se había rechazado tal idea, hasta que las 55.000 pesetas que aportó el duque de Fernán Núñez convencieron al Ayuntamiento de 1874 para destruir los muchos árboles que ocupaban en parte el trazado del antiguo canal que salía del estanque y se conocía como del Mallo. El 23 de octubre de ese año de 1874 se abrió al tráfico y así siguió durante más de un siglo. Quien esto escribe aún atravesó varias veces el Retiro en automóvil por esta vía y no olvida ese semáforo colgante que regulaba el tráfico en su desembocadura con la calle de Alcalá.

28.9.18

Duque de Fernán Nuñez (Calle del)


Manuel Falcó y d'Adda, duque de Fernán Núñez

Entre las calles de Atocha y de Santa Isabel. Distrito 1 (Centro). Barrio de los Embajadores.

El nombre primitivo de esta calle fue del Tinte, según dice la tradición porque en ella hubo un establecimiento de tintorería cuyo propietario era el teniente corregidor Carlos Gutiérrez de la Peña. Tal vez por la cercanía del palacio que fue de su propiedad (en el que estuvo el Museo del Ferrocarril hasta que se trasladó a la estación de Delicias y del que hablaremos más cuando lleguemos a la calle de Santa Isabel) el Ayuntamiento decidió dedicársela el 29 de noviembre de 1901 al duque consorte de Fernán Núñez, Manuel Falcó y d’Adda, nacido en Milán el 26 de febrero de 1828. Criado en Italia, al venir a España participó en política, primero como concejal del Ayuntamiento de Madrid y luego como senador, cargo que ocupó desde 1871 hasta su muerte, acaecida en Madrid el 24 de mayo de 1892. También fue diplomático; Peñasco y Cambronero mencionan que a finales de 1881 entregó sus cartas credenciales como embajador al presidente de la República Francesa. En octubre de 1852 se había casado con María del Pilar Osorio y González de los Ríos, duquesa de Fernán Nuñez, por cuyo título es más conocido aunque el que él ostentaba en realidad era el de marqués de Almonacid de los Oteros.

14.9.18

Duque de Alba (Calle y plaza del)


El Gran Duque de Alba, por Antonio Moro

Entre la calle de los Estudios y la plaza de Tirso de Molina. Distrito 1 (Centro). Barrio de los Embajadores. 

No sorprenderá a nadie que esta calle, que ya lleva el mismo nombre en el plano de Texeira, se llame así porque en ella tuvo su palacio el duque de Alba. Fue el III duque, Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel (el “Gran Duque de Alba”), quien mandó levantarlo durante el reinado de Carlos V. Además de servir como su residencia y la de sus descendientes, tuvo ilustres huéspedes, como Santa Teresa de Jesús o San Luis Gonzaga y también otros algo menos “luminosos”, como Tadeo Calomarde, figura destacada de la “década ominosa”, esto es, los últimos diez años de reinado de Fernando VII. En la década de 1860 el edificio sufrió una reforma tan profunda que casi lo hizo desaparecer para convertirlo en un armonioso palacio clasicista; ha llegado hasta nuestros días, pero dividido en pisos y con su planta baja llena de locales comerciales. 


La entrada más mínistérica de Madrid
(Plaza del Duque de Alba)

La plaza, de la que no se indican sus linderos porque no es más que un ensanchamiento sito en la acera de los pares de la calle, se ha hecho muy famosa en los últimos tiempos por el edificio cuya entrada principal da a ella. Llamado la Casa de las Temporalidades por nuestros cronistas de cabecera, fue en principio una dependencia del Colegio Imperial de los Jesuitas, fundado por la emperatriz María de Austria (Répide dice que durante un tiempo la calle del duque de Alba fue llamada de la Emperatriz por esta causa). Más adelante, a finales del siglo XVIII, fue habitado por Godoy y su esposa, María Teresa de Borbón y Vallabriga, condesa de Chinchón y duquesa de Sueca (protagonista de un célebre retrato de Goya), por lo cual hoy en día se conoce como palacio de la duquesa de Sueca. En la época de Peñasco y Cambronero (1889) estaba ocupado por un cuartel de la Guardia Civil y en nuestros días, este edificio, propiedad del Ayuntamiento de Madrid tras una tormentosa expropiación, se está restaurando. La fama le ha llegado porque fue elegido por los creadores de la célebre y magnífica serie El Ministerio del Tiempo como sede de ese organismo. Qué mejor que la vetusta puerta de un palacio abandonado para dar acceso a un ministerio secreto que se ocupa de mantener la Historia tal cual sucedió frente a quienes quieren alterarla…

7.9.18

Dulcinea (Calle de)


Representación de Aldonza Lorenzo, esto es, Dulcinea del Toboso
en el monumento a Cervantes de la Plaza de España.
Escultura de Federico Collaut-Valera
(Foto: Luis García. Dominio Público)

Entre la calle de Raimundo Fernández Villaverde y la avenida del general Perón. Distrito 6 (Tetuán). Barrio de Cuatro Caminos. 

No ha mucho tiempo que hablamos por estos pagos de una calle de Don Quijote y su Dulcinea no podía andar muy lejos; tan cerca que ambas son, más o menos, paralelas. Sin más historia, aunque cabe suponer que, como en el caso del caballero enamorado platónicamente de ella, fuesen los vecinos quienes empezaran a llamarla así y luego el Ayuntamiento diese su visto bueno.

31.8.18

Dos de Mayo (Plaza del)


El monumento a Daoiz y Velarde, ante el arco de Monteleón
(Foto: J. L. de Diego. Dominio Público)

Entre las calles de Ruiz, de San Andrés, de Velarde, del Dos de Mayo y de Daoiz. Distrito 1 (Centro). Barrio de la Universidad. 

Tal y como se ha dicho en el artículo anterior, esta plaza se abrió en 1868 en terrenos que pertenecieron al palacio de Monteleón. Construido a finales del siglo XVII, fue lujosa residencia de los duques de Monteleón, descendientes de Hernán Cortés, además de dar cobijo a importantes personajes de la realeza hispana (como Isabel de Farnesio, ya viuda de Felipe V, con sus hijos los infantes Luis y María Antonia) a pesar de que en 1723 fue afectado por un terrible incendio. Se convirtió después en parque de artillería. En la jornada del 2 de mayo de 1808 estaba ocupado por un destacamento francés cuando los capitanes Daoiz y Velarde y el teniente Ruiz lo tomaron junto con una muchedumbre que pedía armas para expulsar al invasor. No tardaron en llegar refuerzos franceses que se estrellaron contra la feroz resistencia de los madrileños. Y también de las madrileñas, pues heroínas hubo asimismo aquel glorioso día, como Manuela Malasaña (por ella recibe su otro nombre este barrio), Clara del Rey (que corrió la misma suerte que su marido y uno de sus hijos defendiendo el Parque), Benita Pastrana (de quien se dice que sustituyó al teniente Ruiz en su cañón cuando cayó o bien que murió cuando llevaba munición a los defensores) y María Beano (amante del capitán Velarde, que murió al acudir al Parque al oír los primeros tiros).


Placa en honor de Clara del Rey situada junto a la calle que lleva su nombre
(Foto CC BY-SA 4.0 Phillo)

Como cabe imaginar, todo fueron ruinas tras la refriega. En años posteriores parte de los terrenos quedaron como un erial y parte se aprovechó para otros menesteres, en concreto como fundición. Fue en 1868 cuando se decidió el derribo para urbanizar la zona, aunque conservando el antiguo arco de entrada en memoria de los héroes que allí murieron. Si bien en principio se pensó en hacer uno nuevo utilizando las piedras del anterior, Ángel Fernández de los Ríos consiguió que se conservase el original, que es el que hoy podemos ver. Delante, las esculturas que representan a Daoiz y Velarde, obra de José Sola, que es uno de los monumentos más viajeros de nuestra villa, pues antes de llegar a su ubicación actual (que data de poco después del final de la guerra civil) pasó por las fachadas del Museo del Prado, el Retiro, la calle de Carranza (que por entonces no era tal y era un paraje conocido como la Era del Mico), otra vez el Prado, Moncloa y, por fin, la plaza del Dos de Mayo, pero situado un poco más lejos del arco.

24.8.18

Dos de Mayo (Calle del)


Alegoría de la villa de Madrid, por Goya
(Museo Municipal, Madrid)

Entre la calle de San Vicente Ferrer y la plaza del Dos de Mayo. Distrito 1 (Centro). Barrio de la Universidad. 

Esta calle, que en el plano de Texeira no está rotulada, más adelante se conoció como de San Pedro Nueva. En tiempos estuvo aquí un convento de carmelitas que se llamaba de Nuestra Señora de las Maravillas, el cual acabó dando uno de los nombres con los que se conoce este barrio (el otro es Malasaña). Derribado el convento en 1868 para formar la plaza de la que hablaremos a continuación, quedó su iglesia, que data del siglo XVII como parroquia de los Santos Justo y Pastor y cuya entrada principal está en la calle de la Palma. Nuestra calle tomó su nombre de la gesta del 2 de mayo de 1808, que tuvo por esta zona uno de sus principales focos, como veremos en el siguiente artículo.

6.7.18

Dos Hermanas (Calle de las)


(Tomado de Pedroreina.net)

Entre las calles del Mesón de Paredes y de los Embajadores. Distrito 1 (Centro). Barrio de los Embajadores. 

No hay que forzar mucho la imaginación para deducir que el nombre de esta calle proviene de dos hermanas que anduvieron por allí en algún momento de la historia de nuestra villa. En concreto, fueron las piadosas hermanas Ocampo (dice Répide que por este motivo llevó en tiempos el nombre de calle de Ocampo), quienes a principios del siglo XVII consiguieron, no sin dificultades, fundar en aquellos terrenos, que eran de su propiedad, un convento de capuchinas. Llegadas las religiosas del reino de Aragón en 1618, no tardaron en surgir serias disensiones entre las monjas y las fundadoras que llevaron a la expulsión de las capuchinas, bendecida por el arzobispo, al que habían apelado las Ocampo. Las hermanas allí permanecieron, personajes misteriosos, cubiertos por oscuros capuces, solo acudiendo a iglesias y caridades, pero con buen recuerdo entre la gente por su generosidad con los más necesitados.

29.6.18

Dos Amigos (Calle de los)


(Foto: CC BY-SA 3.0 Asqueladd)

Entre las calles de San Bernardino y del Maestro Guerrero. Distrito 1 (Centro). Barrio de la Universidad. 

Cuenta Répide que existía a finales del siglo XIV por esta zona una finca, propiedad de un tal Aparicio Guillén. Cuando murió, parece ser que llamaron como plañideros de las exequias a un grupo de judíos, algo que estaba castigado por un edicto de las Cortes de Castilla primero con la obligación de que el sacerdote oficiante se marchase y no acompañase el cortejo fúnebre y segundo, y más grave, con la pérdida de una parte de la hacienda para los herederos del finado. De este modo adquirió la décima parte de la posesión una señora viuda que tenía un hijo llamado Gabino, el cual se crió junto con el de Aparicio. Y estos son los dos amigos que dieron nombre primero a la finca, la hacienda de los Dos Amigos, y más tarde a la calle, cuando ya no quedó sino el recuerdo de ella. Parece ser que un incendio la devastó y, aunque el capellán de la cercana capilla de los Mártires de Alcalá, a la que solían acudir juntos a misa, se apiadó de ellos y les dio cobijo y ayuda, no tuvieron tiempo de volverla a disfrutar. Primero murió Gabino y Guillen no tardó en seguirlo, de pura pena. Al no haber herederos, la finca pasó a la jurisdicción del prior de San Martín, pero quedó el recuerdo de Gabino y Guillén, los “dos amigos”.

15.6.18

Doña Urraca (Calle de)


Entre las calles de Saavedra Fajardo y de Santa Úrsula. Distrito 10 (Latina). Barrio de la Puerta del Ángel. 

Paralela a la anterior, en tiempos se llamó de Mendizábal porque el célebre político decimonónico tuvo aquí una casa de campo, cercana a la de Goya. 

Y también recuerda a una importante dama del Medievo, primera reina de León. Doña Urraca de León nació en esa ciudad el 24 de junio de 1081; era hija de Alfonso VI y de Constanza de Borgoña. Casó en 1095 con Raimundo de Borgoña y ese mismo año su padre le concedió el reino de Galicia. Muerto en 1108 su hermano Sancho, único varón entre los hijos de Alfonso VI, su padre decidió que fuese ella quien lo sucediera, algo casi impensable en la época. Urraca, viuda desde el año anterior, se encontró de pronto con numerosos pretendientes, de los cuales el que al final la desposó fue Alfonso I el Batallador, rey de Aragón. Numerosas facciones se alzaron contra el matrimonio, que también sufrió serias desavenencias conyugales; ya sabemos que en esa época eso implicaba guerras continuas. En estas aparece como figura prominente la del obispo de Compostela Diego Gelmírez. Ni siquiera el que fuese repudiada por Alfonso en 1114 terminó con los conflictos, que se prolongaron hasta su muerte, acaecida en el castillo de Saldaña el 8 de marzo de 1126.

1.6.18

Doña Berenguela (Calle de)


Entre las calles de Saavedra Fajardo y de Santa Úrsula. Distrito 10 (Latina). Barrio de la Puerta del Ángel.

Otra de las calles que se trazó, en el siglo XIX, muy cerca de donde tuvo Francisco de Goya su quinta, en cuyas paredes estuvieron las célebres Pinturas Negras.

Doña Berenguela de Castilla, nacida en Segovia en 1179 o 1180, era hija de Alfonso VIII y Leonor Plantagenet. Se casó en 1197 con Alfonso IX de León en la época en la que ambos reinos volvían a estar separados tras el reparto de 1157. Ella se encargó de reunificarlos en la persona de su hijo, Fernando III. Proclamada reina de Castilla en 1217 tras la muerte de su hermano Enrique I –de quien había actuado como regente-, renunció en favor de Fernando. Y cuando en 1230 murió Alfonso IX, consiguió que las hijas que este había tenido con Teresa de Portugal –el matrimonio de Alfonso y Berenguela había sido anulado en 1204 por el papa Inocencio III a causa de su parentesco- renunciasen al trono leonés. Así se reunificaron León y Castilla. Pero no quedó ahí su gran labor como política y diplomática, pues fue un puntal importante en el reinado de su hijo y en especial de sus campañas de conquista por Andalucía. Murió en Burgos el 8 de noviembre de 1246.

25.5.18

Donoso Cortés (Calle de)


Entre las calles de Bravo Murillo y de Isaac Peral. Distrito 7 (Chamberí). Barrios de Gaztambide y Arapiles. 

Esta zona noroeste del Ensanche fue de las que más tiempo tardó en formarse. Así, el comienzo de nuestra calle estuvo durante mucho tiempo ocupado por los restos del cementerio de la Patriarcal, que allí se mantuvieron todo el primer tercio del siglo XX. También en su final se veía interceptada por la finca que perteneció al duque de Granada e incluso después de su desaparición, hasta que se formó la calle de Isaac Peral. 

La calle lleva el nombre de Juan Donoso Cortés, filósofo y político nacido en la localidad pacense de Valle de la Serena el 6 de mayo de 1809. Estudio leyes en Salamanca y Sevilla y en 1832 se instaló en Madrid, donde, tras ejercer de periodista, empezó su actividad política en 1833. Diputado en 1837 y partidario de la reina regente María Cristina, marchó con ella a Francia cuando fue depuesta y no regresó hasta que Espartero abandonó la regencia, en 1843. Aunque siempre había sido conservador en lo político, tras su estancia en el país se acentuó aún más su giro hacia posturas tradicionalistas, llegando a hacer apología de un gobierno autoritario en escritos como Discurso sobre la Dictadura (1848), aunque la obra en la que despliega sus ideas filosóficas es el Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo (1851). También fue diplomático y durante su estancia en París como embajador murió, el 3 de mayo de 1853.

18.5.18

Donados (Calle de los)


(Foto: CC BY-SA 4.0 Discasto)

De la calle del Arenal a la plaza de Santa Catalina de los Donados. Distrito 1 (Centro). Barrio de Sol.

Esta minúscula cuestecilla, al igual que la plaza en la que acaba, debe su nombre a una fundación llamada de Santa Catalina de los Donados que tiene una historia curiosa. Por aquí andaban, a mediados del siglo XV, las casas de Pedro Fernández de Lorca, que fue tesorero de Juan II y Enrique IV. Este caballero decidió en 1460 que en ellas se diese albergue a “doce hombres honrados a quienes la demasiada edad quitó la fuerza para ganar el sustento”, en palabras de Mesonero Romanos. Dice el mismo don Ramón que el apelativo de “donados” les vino por el curioso atuendo que debían vestir: becas o caperuzas de paño pardo. Desaparecida la fundación, subsistió, aunque reedificada, la capilla, que hoy se llama del Santo Niño del Remedio. Cuando lleguemos a la plaza hablaremos algo más sobre el albergue y su historia.

4.5.18

Don Ramón de la Cruz (Calle de)


Busto de Ramón de la Cruz Cano y Olmedilla, en el monumento 
a los saineteros madrileños (C/ Luchana), obra de Lorenzo Collaut Valera.
(Foto:  CC BY-SA 3.0 Basilio)

Entre la calle de Serrano y la plaza de Manuel Becerra. Distrito 4 (Salamanca). Barrios de Recoletos, Goya, Lista y Castellana. 

Es nuestra calle una de las más largas del Ensanche por la zona del barrio de Salamanca, ya que es de las que está más al sur, en concreto la que llega al vértice que la actual plaza de Manuel Becerra suponía para el Foso del Ensanche. Allí quebraba y de estar en sentido noroeste-sureste pasaba a tomar el norte-sur. Durante mucho tiempo, desde que se desplegó el plan Castro, estuvo sin urbanizar, lindando en su primera parte con la quinta de Finat, una gran finca que abarcaba el espacio que hay entre las calles de Lagasca y Velázquez y llegaba hasta la de Alcalá. 

Ningún vestigio queda de esta finca, ni tampoco de los hotelitos y palacetes que menciona Répide: el de la marquesa de Monasterio, que hacía esquina con Conde de Peñalver o el que fue la última morada de la gran actriz Balbina Valverde, que allí murió en febrero de 1910. 

Ramón de la Cruz Cano y Olmedilla, el dramaturgo madrileño a quien con gran merecimiento se honra en esta vía, nació en nuestra villa el 28 de marzo de 1731. Aunque provenía de una familia acomodada, siempre se movió en ambientes aristocráticos y empezó su carrera imitando los modelos de Racine o Voltaire, pasó a la historia de la literatura española por sus sainetes, obras de carácter popular en los que retrataba a las clases más bajas de la villa y de los que escribió varios centenares. El Prado por la noche, Las castañeras picadas, La pradera de San Isidro o Las tertulias de Madrid son los títulos de algunos. Tuvo una enorme fama en su tiempo y gran influencia en los gustos teatrales de la Corte, pues en su mejor época era él quien decidía qué se representaba en los escenarios del Príncipe y de la Cruz. Una pulmonía contraída en 1793 acabó llevándolo a la tumba tras varias recaídas el 5 de marzo de 1794. Murió en su casa, que estaba en la calle de Alcalá; Répide nos cuenta que en el centenario de su fallecimiento se colocó una lápida en el edificio que había allí por entonces, pero en la fachada que daba a la calle de Cedaceros. Esto es un error porque la vivienda de D. Ramón daba solo a la calle de Alcalá y no hacía esquina; más adelante se derribó la casa contigua para ensanchar la calle de Cedaceros. Con el tiempo desapareció la lápida aludida por Répide; en 1991 el Ayuntamiento puso una de sus placas en forma de rombo persistiendo en el error, pues está en el número 3 de la calle de Cedaceros

27.4.18

Don Quijote (Calle de)


Litografía de Cyprián Majerník (1909-1945)


Entre las calles de Raimundo Fernández Villaverde y de la Reina Mercedes. Distrito 6 (Tetuán). Barrio de Cuatro Caminos.

Poca historia tiene esta calle, dedicada a uno de los personajes de ficción más conocidos de todos los tiempos. No anda muy lejos su amada Dulcinea. La única mención que hacen nuestros cronistas se debe a Répide, que nos aclara que en sus tiempos la designación no era oficial. Así que, como en otros muchos casos, lo que hicieron los vecinos por su cuenta luego lo bendijo el Ayuntamiento. Aunque seguro que el bueno de don Alonso Quijano se merecía mejor homenaje.