16.10.20

Fernández de los Ríos (Calle de)


Entre la calle de Bravo Murillo y la plaza de la Moncloa. Distritos 7 (Chamberí) y 9 (Moncloa). Barrios de Gaztambide, Arapiles, Argüelles y Ciudad Universitaria. 

Larga calle que se proyectó en el Ensanche Norte de Castro, pero que hasta bien avanzado el siglo XX no se pudo acabar dado que su tramo inicial estaba ocupado por el cementerio de San Ginés y San Luis, teóricamente clausurado en 1884 pero que no desapareció totalmente hasta muchos años después. Como ya se dijo en el artículo dedicado a la calle de Bravo Murillo, esta zona era la “pariente pobre” del ensanche, pues ocupaba los terrenos con menor valor debido principalmente a la presencia de los cementerios y de las instalaciones del Canal de Isabel II. De modo que su primitivo uso sería militar, carcelario y como lugar de aislamiento de enfermos infecciosos (no muy lejos de aquí estuvo el hospital de epidemias del Cerro del Pimiento). Pero al ir creciendo la villa, toda esta zona quedó en el centro y subió su nivel social. 

Ángel Fernández de los Ríos nació en Madrid el 27 de julio de 1821 y murió en París el 18 de junio de 1880. Periodista, fundó importantes revistas que dieron gran impulso a la prensa gráfica en sus albores. Como político, fue siempre un hombre progresista que participó activamente en las revoluciones de 1854 y 1868. Entre las muchas obras que escribió dos son especialmente significativas por lo que se refiere a Madrid. En 1868 publicó El Futuro Madrid, donde propone al Ayuntamiento revolucionario una serie de reformas para la capital algunas de las cuales son un poco exageradas, pues casi pidió que se derribaran todos los conventos e iglesias de Madrid, no para descongestionar el apelmazado caserío de la villa, sino para que los solares doblasen su valor una vez despejados. Guía de Madrid se llama la otra, aparecida en 1876, obra fundamental donde da numerosas noticias sobre la villa y corte; una de sus partes se dedica precisamente a explicar el origen del nombre de nuestras calles. A pesar de los pesares, Fernández de los Ríos deseó lo mejor para Madrid, y eso se ha de reconocer aunque el que esto escribe no esté de acuerdo con muchas de sus propuestas, y es necesario colocar a D. Ángel como uno de los autores de necesaria consulta para bucear en la historia de nuestra villa y uno de sus mejores cronistas.

9.10.20

Fernández de la Hoz (Calle de)

 


Entre la calle de Zurbarán y la plaza de San Juan de la Cruz. Distrito 7 (Chamberí). Barrios de Almagro y Ríos Rosas. 

Cuando se abrió esta calle, cuya existencia data el Ayuntamiento en 1859, se denominó de Chamartín por su cercanía al camino que llevaba a ese antiguo pueblo. Desde el 29 de diciembre de 1893 lleva el nombre de José María Fernández de la Hoz, político y jurisconsulto nacido en Madrid el 19 de marzo de 1812. Inició su carrera política como diputado por Madrid en 1844, cargo que revalidó en varias ocasiones; también lo fue por las circunscripciones de Ciudad Real y Pontevedra. Fue ministro de Gracia y Justicia en 1858 con Francisco Javier de Istúriz y senador vitalicio. Répide, en su reseña de esta calle, no escatima ironías para comentar los bandazos de Fernández de la Hoz, que fue tanto “puritano” como ministro en el gobierno del “liberal exaltado” Istúriz, tanto miembro de la Unión Liberal como revolucionario de 1868, tanto canovista como, al final de su vida, sagastino. Murió en nuestra villa el 27 de enero de 1887.

2.10.20

Fernán González (Calle de)

 

Estatua de Fernán González en la plaza de Oriente
(Foto: Luis Garcia, Zaqarbal)

Entre las calles de Alcalá y del Doce de Octubre. Distritos 3 (Retiro) y 4 (Salamanca). Barrios de Ibiza y Goya. 

Estamos en la zona oriental del Ensanche, en una calle que a finales del siglo XIX aún salía al campo –lo cual fue cierto hasta bien entrado el siglo siguiente. Desde el 21 de julio de 1880 está dedicada a Fernán González, típico personaje del que son más populares las leyendas que los crudos hechos, protagonista de romances y cantares de gesta como el Poema de Fernán González, escrito casi trescientos años después de su muerte. 

Nació en Lara hacia 910, hijo de Gonzalo Fernández, conde de Burgos, y una dama llamada Muniadona. Logró reunir algunos feudos más y es probable que a finales de 931 o comienzos de 932 el rey Ramiro II de León lo convirtiera en primer conde de Castilla. En ese mismo año participó en la expedición que llegó a lo que entonces era nuestra villa, la aldea musulmana de Magerit, y la conquistó para abandonarla poco después. Desde entonces participó en numerosas acciones guerreras y actuó de forma cada vez más autónoma con respecto al rey, su señor. Se casó en primeras nupcias con Sancha, hija del rey de Navarra, con quien tuvo siete hijos; tras enviudar desposó a Urraca, también hija de (otro) rey de Navarra, que le dio un vástago más. Cuando Fernán González murió, hacia 969 o 970, había convertido su pequeño condado en un gran estado casi independiente que heredó su hijo García Fernández. Poco menos de cien años después de su muerte, en 1065, su descendiente Sancho II se convertiría en el primer rey de Castilla.

25.9.20

Felipe el Hermoso (Calle de)

 

Felipe el Hermoso
(Anónimo flamenco, c. 1500)

Entre las calles de Balmes y del marqués de la Romana. Distrito 7 (Chamberí). Barrio de Trafalgar.

Ínfima calle, a la que Répide consideraba en peligro de desaparición pero que, según este mismo cronista y otros anteriores (Peñasco-Cambronero) tenía prevista su salida a la calle de Viriato. Hoy no es sino uno de los lados del cuadrado que rodea la Sinagoga de Madrid y al que se abre la fachada de la Biblioteca Municipal “José Luis Sampedro”. 

Quizá sea una venganza para recordar a un personaje que no suele despertar muchas simpatías por estos pagos. Felipe de Habsburgo, nacido en Brujas el 22 de julio de 1478, se convirtió en rey consorte de Castilla por su matrimonio en 1496 con Juana, la hija de los Reyes Católicos. Es, por tanto, nuestro Felipe I, padre del emperador Carlos V. Enemistado con su suegro Fernando al querer desempeñar un papel muy diferente al del simple consorte, se llegó a rumorear que su prematura muerte, acaecida en Burgos el 25 de septiembre de 1506 había sido un envenenamiento promovido por el Rey Católico.

18.9.20

Felipe V (Calle de)

 

La familia de Felipe V, por Van Loo. Nótese quién ocupa el centro de la imagen.
(Museo del Prado, Madrid)

Entre la calle de Arrieta y la plaza de Oriente. Distrito 1 (Centro). Barrio del Palacio. 

Se creó esta calle en la gran explanada que dejaron los derribos de José Bonaparte cuando se edificó el Teatro Real, a mediados del siglo XIX. Así se llama desde el 31 de marzo de 1848, aunque tras la revolución de 1868 fue conocida durante algún tiempo como calle de Sorolla, recordando al tejedor Guillem Sorolla, una de las cabezas visibles del alzamiento de las germanías contra Carlos I. 

Felipe V fue el primer rey de la casa de Borbón, que se hizo con el trono después de una guerra que fue civil en España y casi mundial fuera de aquí. Muerto Carlos II sin descendencia, designó como heredero a Felipe de Anjou, que era sobrino-nieto suyo y nieto de Luis XIV de Francia. Había nacido Felipe en Versalles el 19 de diciembre de 1683; muerto Carlos II el 1 de noviembre de 1700, el 16 de noviembre aceptó la corona de España. Llegó a nuestro país el siguiente enero y su entrada en Madrid tuvo lugar el 18 de febrero de 1701. Siguieron doce años de guerra para dilucidar si Felipe conservaría el trono o si se haría con él el archiduque Carlos. El tratado de Utrecht puso fin a la contienda y también al dominio español en Europa. Perdimos todos los territorios que nos quedaban, además de Gibraltar, que aún conservan los británicos. Tras la paz pudo Felipe poner en marcha sus reformas, de corte francés y, por tanto, centralizador, acabando con fueros y privilegios regionales, lo cual para algunos fue el germen de conflictos que aún hoy vivimos. 

Felipe V nunca tuvo muy bien amueblada la cabeza y, tal vez consciente de ello, abdicó en su hijo Luis el 10 de enero de 1724 y se retiró al palacio de La Granja, ese “pequeño Versalles” que sin duda le recordaría su tierra natal. Sin embargo, Luis I murió de viruelas el 31 de agosto de ese mismo año y Felipe volvió a ocupar el trono. En lo que le quedaba de reinado logró “recuperar” los territorios italianos perdidos por el tratado de Utrecht al poner allí como rey a su hijo Carlos, el futuro Carlos III de España. Pasó sus últimos años minado por la enfermedad y por la demencia; murió en Madrid el 9 de julio de 1746.

11.9.20

Felipe IV (Calle de)

Felipe IV, por Velázquez (hacia 1631-32)
(National Gallery, Londres)

Entre el paseo del Prado y la calle de Alfonso XII. Distrito 3 (Retiro). Barrio de los Jerónimos.

Es la nuestra una de las calles que discurre en sentido este-oeste en el señorial barrio de los Jerónimos y, como todas las demás, surgió en el siglo XIX, cuando se urbanizó esta zona, antes ocupada por el palacio del Buen Retiro. Precisamente los dos únicos restos que quedan de aquel complejo están junto a ella: el Salón de Reinos (del que se hablará cuando lleguemos a la calle de Méndez Núñez) y el Casón del Buen Retiro.

La sede de la Real Academia Española
(Foto: J. L. de Diego)

Pero vayamos por orden. El comienzo de la calle tiene dos compañeros excepcionales: el hotel Ritz y, sobre todo, el Museo del Prado, cuya entrada norte da al jardín que está presidido por la estatua de Goya, que da la espalda a la calle que nos ocupa. Un poco más allá nos encontramos con el edificio donde tiene su sede la Real Academia Española. Fue fundada esta institución durante el reinado de Felipe V, que de Francia se trajo esas ideas. Fue su primer mandatario el marqués de Villena y desde su establecimiento en 1713 ocupó un edificio en la calle de Valverde. Con la urbanización de esta zona se pensó en el traslado, ya en 1884. Sin embargo, hasta 1891 no empezaron las obras, que concluyeron tres años más tarde siguiendo un proyecto de Miguel Aguado de la Sierra. Desde entonces se reúnen ahí nuestros académicos, en los últimos tiempos considerados por gente de pocas luces responsables de todas las maldades del mundo, por ejemplo por “permitir” ciertas definiciones en el Diccionario, sin que esa gente parezca saber que la Academia se limita a reflejar los usos que del idioma hacen sus hablantes, los bonitos y los feos, sin imponer nada.

Sigamos avanzando por la calle; antes de llegar al Casón nos encontraremos con el monumento a María Cristina de Borbón, última esposa de Fernando VII y primera regente durante la menor edad de Isabel II. Fue inaugurado en 1893 y es obra de Mariano Benlliure.

El monumento a María Cristina de Borbón y el Casón del Buen Retiro
(Foto CC BY-SA Discasto)

Y, enfrente, tenemos el Casón. Como ya hemos dicho, es uno de los restos del magnífico palacio que hubo por aquí, aunque se construyó más tarde que el complejo principal. Se comenzó en 1637, pero hasta finales del siglo no llegó a estar terminado del todo. Su primer destino fue el de salón de baile, pero hasta que el Estado se incautó del edificio después de la Revolución Gloriosa tuvo muchos y variados usos: sede de una de las cámaras legislativas, gabinete topográfico, picadero, gimnasio y, por fin, Museo de Reproducciones Artísticas y de Arte del siglo XIX. Poco queda de su traza original, ya que todas sus fachadas son del siglo XIX. La que hemos visto a espaldas de la estatua de la Reina Gobernadora hubo de ser reconstruida después de que un ciclón acabase con la original en 1886.

Hoy forma parte del complejo del Prado. Como tal, fue el lugar donde primero se expuso el Guernica de Picasso una vez fue devuelto a España. Recuerdo, en mi época de adolescente, hacer repetidas visitas a este anexo del museo, no tanto para ver la gran obra del malagueño cuanto para disfrutar de los magníficos frescos de Lucas Jordán encargados por Carlos III que adornan el techo. Hoy en día alberga el Centro de Estudios del Museo del Prado.

Felipe IV, el rey galán, nació en Valladolid el 8 de abril de 1605. Si con su padre comenzó la decadencia del imperio español, durante su reinado, que comenzó el 31 de marzo de 1621, se consumó. Al igual que su predecesor dejó el gobierno en manos de un valido, el conde-duque de Olivares, y él se dedicó a “vivir como un rey”, de fiesta en fiesta y de galantería en galantería, con nuestra villa como protagonista de la mayor parte de sus correrías. Entre tanto, España tuvo una desastrosa participación en la guerra de los Treinta Años (ahí ocurrió el desastre de Rocroi, donde los hasta entonces invencibles Tercios fueron derrotados por los franceses) y se produjeron los levantamientos de Portugal y Cataluña de 1640. Portugal obtuvo su independencia y Cataluña cayó en manos de los franceses hasta que Felipe la recuperó en 1652. En 1643 destituyó y desterró a Olivares e inició un periodo de mayor participación en los asuntos de gobierno, pero eso no impidió que la cuesta abajo siguiera. Eso en lo político, porque la cultura española siguió floreciendo en sus siglos de oro: Calderón, Tirso de Molina o Velázquez desarrollaron sus carreras artísticas en esta época y el gran pintor sevillano disfrutó de la protección del rey, al cual retrató en numerosas ocasiones.

Felipe IV murió en Madrid el 17 de septiembre de 1665 dejando como heredero un enfermizo hijo que aún no había cumplido cuatro años y tenía un futuro poco prometedor. El fin de una dinastía.

28.8.20

Felipe III (Calle de)

Estatua de Felipe III, en la Plaza Mayor
(Foto CC BY-SA Luis García, Zaqarbal)

Entre la calle Mayor y la plaza Mayor. Distrito 1 (Centro). Barrio de Sol. 

Nos encontramos en uno de los nueve accesos que tiene la plaza Mayor (diez si contamos el pasadizo que hay bajo la Casa de la Panadería), que ha tenido diversos nombres a lo largo del tiempo. Uno de ellos fue de tipo gremial; cuando se llamaba calle de los Boteros era porque aquí tenían sus establecimientos estos fabricantes de recipientes para vinos. Este gremio solía organizar en el día de Pascua un espectáculo frente a nuestra calle; tras sacar en procesión a su patrón, el Cristo de la Resurrección, montaban un patíbulo en el que ahorcaban y quemaban a una efigie de Judas. 

Una vez los boteros se marcharon con sus tiendas a otros emplazamientos, no le pareció oportuno al Ayuntamiento mantener tal denominación y en 1851 se la dedicó al rey cuya estatua ecuestre preside la aledaña plaza, aunque en 1854 también fue conocida como de la Milicia Nacional a causa de los hechos del 7 de julio de 1822 y de los que se hablará cuando se llegue a la muy cercana calle de tal nombre. 

Felipe III, el monarca con el que empezó la decadencia española, nació en Madrid el 14 de abril de 1578, hijo de Felipe II y de Ana de Austria. Aunque durante su reinado, que comenzó el 13 de septiembre de 1598, llegó la máxima expansión del imperio español, su poca afición por el gobierno permitió que validos corruptos e interesados (los duques de Lerma y Uceda) dirigieran por muy mal camino la política española. Mal recuerdo tiene para nuestra villa el traslado de la capitalidad a Valladolid entre 1601 y 1606 ya que el duque de Lerma estaba más cerca de sus posesiones en la localidad cuyo título ostentaba. El duque también se dedicó a lo que hoy en día llamaríamos “especulación inmobiliaria”, aprovechándose de ambos traslados. 

A pesar de esto, no se puede negar que durante su reinado comenzó el punto más alto de la expansión cultural que conocemos como los Siglos de Oro. Cervantes, Lope, Góngora, Quevedo escribieron muchas de sus obras durante este reinado y Velázquez empezó su carrera como pintor, eso por citar solo a unos pocos. Felipe III murió en nuestra villa el 31 de marzo de 1621.

21.8.20

Felipe II (Avenida de)


La antigua plaza de toros, recién terminada.
(Foto: Laurent, 1874)

Entre las calles de Alcalá y la plaza de Salvador Dalí. Distrito 4 (Salamanca). Barrio de Goya. 

Durante muchos años esta avenida, casi plaza, fue conocida como de la Plaza de Toros, ya que finalizaba en la que hubo entre 1874 y 1934 donde hoy se encuentra el Palacio de los Deportes. Se levantó esta plaza para substituir a la que estaba junto a la Puerta de Alcalá (véase calle de Serrano), y la fecha de su inauguración, el 4 de septiembre de 1874, tuvo un cartel difícilmente superable: Manuel Fuentes Bocanegra (que fue quien mató el primer toro), Rafael Molina Lagartijo, Francisco Arjona Currito, Vicente García Villaverde, José Lara Chicorro, Ángel Machío y Ángel Fernández Valdemoro, con toros de Veragua, Miura, Antonio Hernández, Puente López, Núñez de Prado, Anastasio Martín y López Navarro. Fue ésta la plaza de la edad de oro de la tauromaquia, y en ella se vieron los grandes triunfos y también los grandes fracasos de los diestros arriba mencionados y además de otros tan importantes como Frascuelo, Gordito, Mazzantini, Guerrita, El Espartero, Joselito, Belmonte, Rafael el Gallo, Rodolfo Gaona, Sánchez Mejías, Granero, Vicente Pastor, Marcial Lalanda... Y en ella encontraron la muerte también varios toreros, desde el que inauguró la macabra lista, Manuel Canet Llusio, banderillero al que mató el Miura Chocero en la primera corrida de Beneficiencia celebrada en esta plaza el día 23 de mayo de 1875, hasta Gitanillo de Triana, que fue el último, el 14 de agosto de 1931 tras ser cogido el 31 de mayo, pasando por El Espartero, el 27 de mayo de 1894, Florentino Ballesteros, el 24 de abril de 1917 o Manuel Granero, el 7 de mayo de 1922. 

Al parecer, en los años veinte, cuando Répide escribía sus artículos sobre las calles de nuestra villa, la plaza de la carretera de Aragón, como así era conocida, ya estaba amenazada de desaparición. La culpable era la Diputación Provincial, propietaria del coso, que ya la veía pequeña y obsoleta aunque todavía no había cumplido cincuenta años. Lo cierto es que el edificio tenía valor arquitectónico y era muy bello. Era una obra neomudéjar diseñada por Emilio Rodríguez Ayuso y Lorenzo Álvarez Capra, con capacidad para 13.000 espectadores. Es verdad que en la nueva plaza caben 23.000, pero no era esa una excusa para derribar la antigua. Además, la construcción de la nueva se demostró precipitada, pues aunque fue inaugurada oficialmente en 1931 (y eso a pesar de que en su fachada dice Año 1929), la lejanía del centro y lo inhóspito que entonces era el entorno del Puente de Ventas impidieron que empezase a funcionar hasta 1934. Y ese año fue derribada la vieja plaza de Goya, aunque la puerta quedó durante un tiempo en el solar, como testimonio de lo que allí hubo antes. Y, a pesar de los temores de Répide sobre el posible uso que la Diputación fuese a dar al solar, la verdad es que estuvo largo tiempo vacío, hasta que en 1960 se inició la construcción del Palacio de los Deportes, obra de los arquitectos García-Barbón y Soleras Mauri y del ingeniero Briones. A mediados de la década de 1990 se volvió a hablar de la demolición de este nuevo local de espectáculos para dejar su sitio a la construcción de viviendas, es decir, a la especulación. Era un disparatado proyecto de algún arquitecto municipal con vocación de constructor inmobiliario que rápidamente fue desmentido por los políticos de turno, pero quizá no con la rotundidad que se podía esperar, así que lo que pasase con el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid quedaba con un resquicio de incógnita. La desgracia pareció haberse aliado con los promotores de la desaparición del Palacio de los Deportes el 28 de junio de 2001, día en que un incendio prácticamente lo destruyó. Las especulaciones sobre su futuro se disiparon cuando el presidente de la Comunidad de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, informó de que se había decidido su reconstrucción, ya que la estructura no había sufrido daños irreversibles. Hoy ya no se llama Palacio de los Deportes y su nombre varía según la marca publicitaria que lo patrocine, aunque casi todo el mundo lo sigue conociendo por la denominación tradicional.

(Foto CC BY-SA Carlos Ramón Bonilla)

Actualmente, como no hay ya plaza de toros, la avenida está dedicada a Felipe II, rey de España que curiosamente no tenía antes ninguna calle en Madrid. Felipe II es un monarca muy importante en la historia de nuestra villa, a la que trajo la corte en 1561. Nació Felipe de Habsburgo y Portugal en Valladolid el 21 de mayo de 1527, hijo de Carlos V y de Isabel de Portugal. Siendo niño, sanó de unas fiebres gracias al agua de la milagrosa fuente que hizo brotar San Isidro, y su madre la emperatriz, en agradecimiento, hizo levantar la primera ermita en 1528, cuando Isidro no era aún ni beato. Esta sea quizá una de las razones por las que el rey tenía un gran cariño por Madrid y que más tarde le hizo instalar aquí la corte. 

Felipe II, por Sofonisba Anguissola
(Museo del Prado, Madrid)

No es este el lugar adecuado para contar siquiera brevemente los numerosos hechos que sucedieron en el largo reinado de Felipe II, que se inició tras la cesión de la corona de España por su padre el 16 de enero 1556. Me limitaré a indicar que Madrid le debe no sólo la capitalidad, sino también la fundación del desaparecido convento de San Felipe el Real, la reorganización del caótico sistema de hospitales que había en la villa, y ya fuera de ella, la construcción de esa maravilla que es el Monasterio de El Escorial, donde murió el 13 de septiembre de 1598.

24.7.20

Feijoo (Calle de)

Benito Jerónimo Feijoo, por Palomino
(Grabado del siglo XVIII)

Entre las calles de Bravo Murillo y del General Álvarez de Castro. Distrito 7 (Chamberí). Barrio de Trafalgar. 

Desde el 6 de febrero de 1860 está dedicada esta vía al religioso ilustrado Benito Jerónimo Feijoo y Montenegro. Nacido en Casdemiro, en Orense, el 8 de octubre de 1676, en el seno de una familia hidalga, fue muy pronto dedicado a la vida monástica, en la orden benedictina. Impartió clases en varias ciudades del noroeste de España hasta que en 1709 se convirtió en catedrático de Teología de la Universidad de Oviedo, ciudad donde pasó el resto de su vida y donde murió el 26 de septiembre de 1764. Gran erudito, introductor del género del ensayo en la literatura española, sus dos obras más importantes son el Teatro crítico universal (1727-39) y las Cartas eruditas y curiosas (1742-60). Sus obras disfrutaron de una difusión inusitada para la época y fueron traducidas a varios idiomas.

17.7.20

Fe (Calle de la)

(Foto: CC BY-SA Osiliab)

Entre la plaza de Lavapiés y la calle del Salitre. Distrito 1 (Centro). Barrio de los Embajadores. 

Se conoce hoy Lavapiés como el “barrio multicultural” de Madrid, donde, mejor o peor, conviven personas venidas de muchos sitios que tienen usos y costumbres de lo más variopinto. Sin embargo, no siempre fue así. Hay quien sostiene que Lavapiés fue la judería de Madrid; esta calle era uno de sus centros, como vía de acceso a la sinagoga, que estaba donde hoy se alza la iglesia de San Lorenzo. Expulsados los judíos por los Reyes Católicos, pasó la calle como reacción a denominarse como se llama hoy en día, muestra del ejercicio de tal virtud teologal por los monarcas. 

Lo anterior lo recogen cronistas como Peñasco-Cambronero y Répide y aquí se hace constar dada su autoridad; hoy en día hay quien cuestiona tal explicación, pues se hace notar que el barrio se formó tras la expulsión de 1492 (Mesonero Romanos, en su Antiguo Madrid, dice que a mediados del siglo XVI “ya existía numeroso caserío más allá de la cerca que […] corría desde la puerta de Antón Martín hasta la calle de Toledo”, pero no es más explícito en cuanto a las fechas), con lo cual difícil era que hubiese judíos (de no ser conversos) y judería por la zona. Cada cual que saque sus conclusiones.

10.7.20

Farmacia (Calle de la)

La Real Academia de Farmacia
(Foto CC BY-SA Luis García)

Entre las calles de Fuencarral y de Hortaleza. Distrito 1 (Centro). Barrio de la Justicia. 

Esta era la calle de San Juan o de San Juan Bautista hasta que allí se establecieron los estudios que hoy le dan nombre. Aunque farmacia y medicina no eran disciplinas independientes, ya en 1736 se creó un Real Colegio de Boticarios que concedía ciertas prebendas a los ejercientes de tal profesión. Cuando en 1799 Carlos IV abolió el Protomedicato establecido por los Reyes Católicos, los estudios de Farmacia lograron separarse de los de Medicina y, antes de recalar en esta calle, la primitiva facultad peregrinó por varios lugares de Madrid (las cercanías del Real Colegio de San Carlos, el convento del Carmen Descalzo en la calle de Alcalá, la calle del Barco…) Al final, entre los boticarios del reino se hizo una colecta que sirvió para comprar los terrenos de nuestra calle, en la que el arquitecto Pedro de Zengotita levantó el edificio de la nueva Facultad entre 1827 y 1830. Hoy en día es la sede de la Real Academia de Farmacia.

3.7.20

Factor (Calle del)

La catedral de la Almudena, desde la calle del Factor
(Foto CC BY-SA Luis García)

Entre las calles Mayor y de Noblejas. Distrito 1 (Centro). Barrio del Palacio. 

Varios nombres ha tenido esta vía; en el plano de Texeira se llama algo así como calle de las Pereas. Dado lo que ha cambiado el caserío por esta zona, hubo una porción algo más ancha, cerca de su final, que en su momento se conoció como plaza de Esquilache, pues por ahí andaba el palacio de los Borja, donde nació el poeta, militar y virrey del Perú Francisco de Borja y Aragón, príncipe de Esquilache. La denominación actual se debe a que aquí vivió Fernán López de Ocampo, que fue factor (esto es, recaudador de impuestos) de Felipe II. 

El final de nuestra calle se alza sobre un talud desde el que hay unas preciosas vistas sobre la catedral de la Almudena.

26.6.20

Extremadura (Paseo de)

La iglesia de Santa Cristina, en el Paseo de Extremadura
(Foto CC BY-SA Asqueladd)

De la glorieta del Puente de Segovia al límite del término municipal. Distrito 10 (Latina). Barrios de la Puerta del Ángel, Lucero, Aluche, Campamento, Cuatro Vientos y Las Águilas. 

De siempre este fue el camino que iba hacia Extremadura, si bien en un principio se conoció como camino de las Ventas de Alcorcón o de Móstoles, como se rotula en el plano de Texeira. Mucho tiempo fue conocido como carretera de Extremadura, hasta que el Ayuntamiento decidió convertirla en paseo el 8 de noviembre de 1912. 

Y desde el principio, al menos en estos tiempos modernos, no se caracterizó por ser una vía muy cuidada por el consistorio, quién sabe si por dudas sobre su jurisdicción. ¿Es vía pública municipal? ¿Es carretera radial y, por tanto, depende de otra administración? El caso es que ya hace un siglo Répide se lamentaba de la dejadez municipal haciendo hincapié sobre todo en el hedor que desprendían sus cunetas. Hoy en día su intenso tráfico no es plato de gusto para quienes viven en sus orillas y, a medida que nos alejamos del centro, vemos la decadencia de los antiguos barrios que surgieron a su vera, cerca de los numerosos acuartelamientos, la mayoría de los cuales están ya abandonados y darán lugar a futuros desarrollos urbanísticos. 

Al comienzo de la vía se hallaba la ermita del Ángel, levantada a principios del siglo XVII y desaparecida en 1783, en la que estuvo la imagen del Ángel de la Guarda que coronó la ancestral Puerta de Guadalajara. Desaparecida la ermita, quedó su nombre para la que tal vez sea puerta más famosa de la Casa de Campo. También al comienzo de esta larguísima vía se halla un edificio digno de mención, la iglesia de Santa Cristina, que en su día lo fue de un asilo del mismo nombre, fundación de la reina madre doña Cristina de Habsburgo, y que hoy es parroquia con la misma advocación. Es obra de Enrique María de Repullés y Vargas y se levantó en 1904; constituye un buen ejemplo del estilo neomudéjar en reacción a la “rutina gótica” imperante en la época (también en opinión de Répide).

19.6.20

Evaristo San Miguel (Calle de)

Evaristo San Miguel, por Madrazo
(Museo del Prado, Madrid)

Entre la calle de la Princesa y la plaza del Marqués de Cerralbo. Distrito 9 (Moncloa). Barrio de Argüelles. 

Cuando se formó el barrio de Argüelles se dio a esta calle el nombre de Don Evaristo, cabe suponer que porque en aquella época (octubre de 1865) todo el mundo tendría claro a qué personaje se refería. Pero el tiempo corrió y el Ayuntamiento prefirió no dejar lugar a la duda; el 31 de octubre de 1902 cambió el nombre por el actual, por el que fue conocido Evaristo Fernández de San Miguel. Este militar y político nació en Gijón el 26 de octubre de 1785. Aún estudiante, entró en las milicias que se oponían al invasor francés. Fue hecho prisionero y su cautiverio duró hasta 1814. Vuelto a España, se opuso siempre a Fernando VII y, siendo teniente coronel, apoyó el pronunciamiento de Riego en 1820. Tras el fin del trienio liberal fue cautivo de nuevo de los franceses y posteriormente se exilió en Inglaterra. De regreso tras la muerte del rey felón, se destacó en la primera guerra carlista en el bando isabelino. Una vez terminada la contienda, entró en política y fue varias veces diputado y senador vitalicio, aunque su participación no fue muy activa hasta que no surgieron las diversas algaradas revolucionarias que marcaron el reinado de Isabel II. Con estas credenciales, no es de extrañar que sea sobre todo conocido por ser el autor de la letra del Himno de Riego, que escribió en la época del pronunciamiento. Murió en Madrid el 29 de mayo de 1862.

12.6.20

Eugenio Sellés (Calle de)

Eugenio Sellés (1908). Foto de Kaulak.

Entre las calles de Jaime el Conquistador y Fernando Poo. Distrito 2 (Arganzuela). Barrio de la Chopera. 

El 30 de noviembre de 1953 decidió el Ayuntamiento nombrar así esta calle abierta no mucho antes. Eugenio Sellés y Ángel, nacido en Granada el 8 de abril de 1842, fue periodista, político y escritor. Estudió Derecho en Granada y Madrid y llegó a ostentar el puesto de fiscal en Extremadura. Tras la Revolución Gloriosa se dedicó al periodismo, desde posiciones cercanas a Sagasta. En política, ocupó los cargos de gobernador civil de Sevilla, Soria, Canarias y Granada. Durante la Restauración fue cuando se dedicó más a la literatura, en especial al teatro. Se le consideró discípulo de Echegaray, aunque la obra de ambos poco tiene que ver, a decir de los expertos. Ingresó en la Real Academia Española en 1895; su discurso se tituló El periodismo en España. Murió en Madrid el 12 de octubre de 1926.

29.5.20

Eugenio Caxés (Calle de)

Encuentro ante la Puerta Dorada, de Eugenio Caxés
(Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid)

Entre la avenida del Manzanares y la calle de Antonio López. Distrito 12 (Usera). Barrio de Moscardó. 

Desde el 26 de marzo de 1924 la vía antes conocida como Arroyo del Torero está dedicada al pintor madrileño Eugenio Caxés (o Cajés). Nacido en 1574 o 1575, era hijo de un pintor italiano, Patricio Cascese, que se estableció en Madrid en 1564. Estudió con su padre y probablemente en Roma. Es uno de los artistas más característicos del Madrid de su época; fue pintor del rey y participó en la decoración al fresco de algunas dependencias del Palacio del Pardo. Su fama fue tal que Lope de Vega lo cita en su Laurel de Apolo. Eugenio Cajés de la Fuente murió en Madrid el 15 de diciembre de 1634.

20.3.20

Esta vez sí que saldremos de esta


¡Madrid, Madrid!, ¡qué bien tu nombre suena,
rompeolas de todas las Españas!
La tierra se desgarra, el cielo truena,
tú sonríes, con plomo en las entrañas.

Antonio Machado (Madrid, 7 de noviembre de 1936)

13.3.20

Estudios (Calle de los)


Entre las calles de Toledo y del Duque de Alba. Distrito 1 (Centro). Barrio de los Embajadores.

Varios nombres ha ostentado esta calle a lo largo de la historia: del Estudio, de San Dámaso y de los Estudios de San Isidro. El segundo nombre citado perduró aun después de ser renombrado este tramo, ya que era uno de los laterales del “tapón del Rastro”, derribado en 1905 para formar la actual plaza de Cascorro.

Viene el apelativo de una llamada “Casa de los Estudios”, aneja al Colegio Imperial fundado en 1569 en terrenos cedidos por la emperatriz María de Austria y que, aunque mantenido por la villa de Madrid era regido por los jesuitas. En ella se daban clases gratuitas de latín y retórica a alumnos externos. En 1625 Felipe IV lo amplió y unificó, de modo que ambas instituciones, la Casa y el Colegio pasaron a conocerse como “Colegio Imperial de la Compañía de Jesús” o Colegio de San Pedro y San Pablo. Los jesuitas siguieron aquí hasta su expulsión en el reinado de Carlos III (dos años después de este hecho, que acaeció en 1767, la iglesia del colegio, hasta entonces dedicada a San Francisco Javier, se convirtió en la colegiata de San Isidro, pero de esto hablaremos más cuando lleguemos a la calle de Toledo, a la cual abre su fachada). El colegio quedó abandonado durante tres años, hasta que en 1770 el rey lo reabrió como “Real Instituto de San Isidro”. Fernando VII restituyó a los jesuitas en 1815 y allí siguieron hasta la desamortización de 1835, con el breve paréntesis del trienio liberal. Poco antes, en 1834, la terrible matanza de frailes que se produjo a raíz de la epidemia de cólera que asoló la villa comenzó aquí y aquí fue donde hubo más víctimas. 

Durante el paréntesis liberal, en 1822, tuvo lugar en este edificio el acto fundacional de la entonces llamada Universidad Central, que fue suprimida al año siguiente, con la vuelta del rey felón. En 1850 fue restituida y fundida con la Universidad Complutense, cuya sede se había trasladado en 1836 de Alcalá de Henares a la capital. 

En la actualidad se encuentra aquí el célebre instituto de San Isidro, creado como tal en 1845, que en su momento fue el único en que se podía obtener el bachillerato en la provincia de Madrid. En tiempos compartió el edificio con la escuela de Arquitectura de la Universidad Central, para lo cual sufrió una reforma cuyas obras fueron dirigidas por un arquitecto muy activo en nuestra villa, Francisco Jareño.

6.3.20

Estrella (Calle de la)

(Foto CC BY-SA Malopez 21)

Entre las calles de Silva y de San Bernardo. Distrito 1 (Centro). Barrio de Universidad. 

En el siglo XV esta zona era remota afuera de la villa y se alzaba aquí un cerro que fue elegido por los astrónomos de la época para observar la aparición de un cometa que llegó por los años de 1445 y se tomó como presagio de la peste. El cometa se mantuvo muchas noches en el cielo de Madrid, y ello hizo que el cerro se llamase de la Estrella y ese nombre pasase a la calle cuando la villa alcanzó estos contornos. 

No es la anterior una tradición muy verosímil, y aún menos cuando se sabe que en esta calle tuvo sus casas Ambrosio de Spínola, marqués de Leganés, que hizo adornar con una estrella dorada el remate de una de las torres de su palacio. Es, por tanto, más fácil que el apelativo venga por ese ornato de la vivienda del marqués y no por las actividades astronómicas que aquí se desarrollaron.

28.2.20

Estanislao Figueras (Calle de)


Entre las calles de la Ilustración y de Irún. Distrito 9 (Moncloa). Barrio de Argüelles. 

Esta calle pertenece a un grupo que fue creado como consecuencia de la construcción de la Estación del Norte y fue durante mucho tiempo habitada principalmente por empleados de los Ferrocarriles del Norte. Está dedicada al político demócrata y republicano Estanislao Figueras, que nació en Barcelona el 13 de noviembre de 1819. Fue primero miembro del partido progresista y después del demócrata. Desde 1851 fue varias veces diputado y en las Cortes defendió la República como mejor forma de gobierno para España. En 1855 se instaló en Madrid, y tras la revolución de 1868 fundó el periódico La Igualdad y fue dirigente del partido republicano federal. Cuando el 11 de febrero de 1873 abdicó Amadeo I y las Cortes proclamaron la República, Figueras asumió la presidencia del poder ejecutivo tras la negativa de Cristino Martos. Las críticas de Pi y Margall y la poca unión de los miembros de su propio partido le obligaron a dimitir el 8 de junio de 1873. (Es probablemente apócrifa la historia que cuenta que muy poco antes de este hecho se levantó de una reunión política pronunciando la rotunda frase: “Señores, voy a serles franco: estoy hasta los cojones de todos nosotros”.) Desde 1880 su distancia con los republicanos federales de Pi y Margall fue cada vez mayor. Murió en Madrid el 11 de noviembre de 1882.

21.2.20

Esquilache (Calle de)

El motín de Esquilache

Entre las avenidas de Pablo Iglesias y de la reina Victoria. Distrito 7 (Chamberí). Barrio de Vallehermoso. 

Répide se pregunta por qué un personaje de tan ingrata memoria para nuestra villa y también para toda España tiene una calle en Madrid. Hoy quizá se pueda responder que más que una calle es una venganza. En realidad son dos callejones sin salida cortados por las cocheras del metro de Cuatro Caminos. Hace poco más de un siglo, si se hace caso al plano de Núñez Granés, el proyecto de calle era más ambicioso, pero actualmente ha quedado en eso, en dos mezquinas callejuelas dignas de tal personaje. 

Nació Leopoldo de Gregorio, marqués de Vallesantoro y de Squillace, en Mesina el 23 de diciembre de 1699. Lo de nació en Mesina es un decir, porque lo cierto es que sus orígenes son más que oscuros. Su carrera comenzó cuando Carlos VII reinaba en Nápoles; en 1759, al ocupar el trono de España como Carlos III, vino con él. Acaparó numerosos cargos, y aunque llevó a cabo medidas reformistas que incluso pudieron ser bienintencionadas, la verdad es que rápidamente fue ganando enemigos no sólo entre las clases dirigentes, sino también en el pueblo llano, que se amotinó contra el ministro italiano en marzo de 1766. Este famoso Motín de Esquilache supuso su caída y destierro de España, a la que no volvió nunca a pesar de ser rehabilitado. Fue nuestro embajador en Venecia, donde murió el 15 de septiembre de 1785. La musa popular dedicó una décima al ministro de Carlos III, en la que se observa claramente qué era lo que se pensaba del marqués:

Yo, el gran Leopoldo Primero, 
marqués de Esquilache augusto, 
rijo la España a mi gusto 
y mando en Carlos Tercero. 
Hago en los dos lo que quiero, 
nada consulto ni informo, 
al que es bueno le reformo, 
y a los pueblos aniquilo, 
y el buen Carlos, mi pupilo, 
dice a todo: ¡Me conformo!

14.2.20

Espronceda (Calle de)


Entre las calles de Ponzano y Zurbano. Distrito 7 (Chamberí). Barrio de Ríos Rosas. 

Mucho tardó en urbanizarse esta calle de la parte norte del Ensanche, que desde el 21 de julio de 1880 lleva el nombre de uno de los más importantes representantes del romanticismo literario español. José de Espronceda y Delgado nació en Almendralejo el 25 de marzo de 1808. Su origen era, sin embargo, navarro y su nacimiento en aquella localidad pacense se debió a que su padre, militar, se dirigía a la capital de la provincia junto con la familia cuando se produjo el alumbramiento. No tardaron en trasladarse a Madrid, donde estudió en el colegio de San Mateo, fundado por Alberto Lista y clausurado al final del trienio liberal. Participó en sociedades secretas como la de “los Numantinos”, formada por antiguos alumnos de Lista (en ella estuvo también Patricio de la Escosura, de quien no hace mucho hablamos en estas páginas), y conspiró contra el régimen absolutista de Fernando VII, lo cual le valió el destierro de la capital. Desde entonces viajó por Portugal, Inglaterra, Bélgica y Francia. En París participó en la revolución de 1830; muerto el rey felón, volvió a España y participó en la política además de enrolarse en la Milicia Nacional, en la que llegó a ser teniente. Asimismo desempeñó puestos diplomáticos, fue diputado y ejerció como periodista. Sin embargo su faceta más conocida es la de escritor; aunque se le deben novelas y piezas teatrales lo que más destacan son sus poesías (gran parte de las cuales se publicaron reunidas en 1840), algunas tan célebres como la Canción del pirata (¡quién no ha recitado alguna vez aquello de “Con cien cañones por banda…”!) y, sobre todo, sus poemas narrativos El estudiante de Salamanca (1839) y el inacabado El diablo mundo (1841). Murió en Madrid el 23 de mayo de 1842.

7.2.20

Espoz y Mina (Calle de)


Entre la Puerta del Sol y la plaza del Ángel. Distrito 1 (Centro). Barrio de Sol. 

Es la nuestra una calle que se podría decir formada a partir de retales. Su primer tramo, hasta la calle de Cádiz, se abrió al derribarse el convento de la Victoria. Desde ahí era parte la antigua calle Angosta de Majaderitos, que en tiempos hacía escuadra y abarcaba también la de Cádiz. (Para la explicación de esto de los “majaderitos” os remito a los artículos dedicados a las calles de Cádiz y Barcelona). El último tramo, desde la calle de la Cruz, también apareció tras un derribo, en este caso el del teatro de la Cruz. Hasta 1861 no se verificó esta última ampliación. 

Desde el 17 de marzo de 1840 está dedicada a una de las figuras más importantes de la guerra de la Independencia y la primera guerra carlista. Francisco Espoz Ilundain, que así se llamaba en realidad, nació en la localidad navarra de Idocin el 17 de junio de 1781. A los diecisiete años se enroló para luchar contra el invasor francés. Formó parte de una partida guerrillera que estaba encabezada por su sobrino Francisco Xavier Mina (más tarde héroe de la independencia mexicana); cuando los franceses lo capturaron asumió tanto el mando del grupo como el apellido de su sobrino. De ideas liberales, hubo de exiliarse una vez acabada la guerra; tras el pronunciamiento de Riego volvió y ocupó altos cargos militares en Galicia y Cataluña. Estuvo al frente del ejército que fue derrotado por los Cien Mil Hijos de San Luis y de nuevo hubo de marchar al exilio en 1823. Regresó tras la muerte de Fernando VII y durante la guerra carlista encabezó campañas poco exitosas en el norte y en Cataluña. Murió en Barcelona el 24 de diciembre de 1836, cuando de nuevo se estaba preparando para salir de España.

31.1.20

Espíritu Santo (Calle del)

Foto CC BY Carmen Voces

Entre la Corredera Alta de San Pablo y la calle de San Bernardo. Distrito 1 (Centro). Barrio de la Universidad. 

Nuestra calle, que en tiempos se llamó de la Cruz del Espíritu Santo, como así lo atestigua el plano de Texeira, debe su nombre a una típica tradición piadosa madrileña enmarcada en la época de la expulsión de los moriscos. Quiere esta leyenda que por estos pagos hubiese unas casuchas o tiendas propiedad de moriscos sobre las que cayó un rayo el tercer día de pascua del Espíritu Santo. Como es lógico, las redujo a cenizas. Tomó el pueblo este accidente natural como señal divina, y en su conmemoración se erigió una cruz de piedra con una paloma que representaba al Espíritu Santo, monumento que tal vez perduró hasta la segunda década del siglo XIX. De esa cruz le vino el nombre a la calle. 

Répide nos cuenta que en la época en la que él escribía sus artículos sobre las calles de Madrid se acababa de abrir el espacio que hoy en día se conoce como plaza de Juan Pujol, de la que hablaremos en su momento, y allí se celebraba una suerte de rastrillo.

24.1.20

Espino (Calle del)

Foto CC BY-SA Osiliab

Entre las calles de Provisiones y de Miguel Servet. Distrito 1 (Centro). Barrio de los Embajadores.

Calle breve y estrecha, de muy mala fama en época de Répide, hace unos cien años, cuando era “refugio del hampa, sucio cobijo de torpes amores de arroyo, guarida frecuente de gentes fuera de ley”. Hoy en día eso queda muy lejos, por suerte para quienes allí viven. 

No es difícil imaginar que el nombre le viene de un espino que anduvo por aquellos andurriales, recuerdo de cuando la zona estaba ocupada por el barranco de Embajadores. También había en las cercanías una casa de campo, propiedad de cierto don Gaspar Sanz. Era este un generoso individuo oriundo de Aragón, el cual fundó un hospital para sus paisanos más necesitados que tuvieran la mala fortuna de caer enfermos en la villa y corte. Hablamos del Hospital de Montserrat, cuyo primer emplazamiento se hallaba por aquí cerca. También una ermita dedicada a la Virgen del Pilar, enfrente de la cual estaba el espino al que se recuerda en esta calle.