14.2.20

Espronceda (Calle de)


Entre las calles de Ponzano y Zurbano. Distrito 7 (Chamberí). Barrio de Ríos Rosas. 

Mucho tardó en urbanizarse esta calle de la parte norte del Ensanche, que desde el 21 de julio de 1880 lleva el nombre de uno de los más importantes representantes del romanticismo literario español. José de Espronceda y Delgado nació en Almendralejo el 25 de marzo de 1808. Su origen era, sin embargo, navarro y su nacimiento en aquella localidad pacense se debió a que su padre, militar, se dirigía a la capital de la provincia junto con la familia cuando se produjo el alumbramiento. No tardaron en trasladarse a Madrid, donde estudió en el colegio de San Mateo, fundado por Alberto Lista y clausurado al final del trienio liberal. Participó en sociedades secretas como la de “los Numantinos”, formada por antiguos alumnos de Lista (en ella estuvo también Patricio de la Escosura, de quien no hace mucho hablamos en estas páginas), y conspiró contra el régimen absolutista de Fernando VII, lo cual le valió el destierro de la capital. Desde entonces viajó por Portugal, Inglaterra, Bélgica y Francia. En París participó en la revolución de 1830; muerto el rey felón, volvió a España y participó en la política además de enrolarse en la Milicia Nacional, en la que llegó a ser teniente. Asimismo desempeñó puestos diplomáticos, fue diputado y ejerció como periodista. Sin embargo su faceta más conocida es la de escritor; aunque se le deben novelas y piezas teatrales lo que más destacan son sus poesías (gran parte de las cuales se publicaron reunidas en 1840), algunas tan célebres como la Canción del pirata (¡quién no ha recitado alguna vez aquello de “Con cien cañones por banda…”!) y, sobre todo, sus poemas narrativos El estudiante de Salamanca (1839) y el inacabado El diablo mundo (1841). Murió en Madrid el 23 de mayo de 1842.

7.2.20

Espoz y Mina (Calle de)


Entre la Puerta del Sol y la plaza del Ángel. Distrito 1 (Centro). Barrio de Sol. 

Es la nuestra una calle que se podría decir formada a partir de retales. Su primer tramo, hasta la calle de Cádiz, se abrió al derribarse el convento de la Victoria. Desde ahí era parte la antigua calle Angosta de Majaderitos, que en tiempos hacía escuadra y abarcaba también la de Cádiz. (Para la explicación de esto de los “majaderitos” os remito a los artículos dedicados a las calles de Cádiz y Barcelona). El último tramo, desde la calle de la Cruz, también apareció tras un derribo, en este caso el del teatro de la Cruz. Hasta 1861 no se verificó esta última ampliación. 

Desde el 17 de marzo de 1840 está dedicada a una de las figuras más importantes de la guerra de la Independencia y la primera guerra carlista. Francisco Espoz Ilundain, que así se llamaba en realidad, nació en la localidad navarra de Idocin el 17 de junio de 1781. A los diecisiete años se enroló para luchar contra el invasor francés. Formó parte de una partida guerrillera que estaba encabezada por su sobrino Francisco Xavier Mina (más tarde héroe de la independencia mexicana); cuando los franceses lo capturaron asumió tanto el mando del grupo como el apellido de su sobrino. De ideas liberales, hubo de exiliarse una vez acabada la guerra; tras el pronunciamiento de Riego volvió y ocupó altos cargos militares en Galicia y Cataluña. Estuvo al frente del ejército que fue derrotado por los Cien Mil Hijos de San Luis y de nuevo hubo de marchar al exilio en 1823. Regresó tras la muerte de Fernando VII y durante la guerra carlista encabezó campañas poco exitosas en el norte y en Cataluña. Murió en Barcelona el 24 de diciembre de 1836, cuando de nuevo se estaba preparando para salir de España.

31.1.20

Espíritu Santo (Calle del)

Foto CC BY Carmen Voces

Entre la Corredera Alta de San Pablo y la calle de San Bernardo. Distrito 1 (Centro). Barrio de la Universidad. 

Nuestra calle, que en tiempos se llamó de la Cruz del Espíritu Santo, como así lo atestigua el plano de Texeira, debe su nombre a una típica tradición piadosa madrileña enmarcada en la época de la expulsión de los moriscos. Quiere esta leyenda que por estos pagos hubiese unas casuchas o tiendas propiedad de moriscos sobre las que cayó un rayo el tercer día de pascua del Espíritu Santo. Como es lógico, las redujo a cenizas. Tomó el pueblo este accidente natural como señal divina, y en su conmemoración se erigió una cruz de piedra con una paloma que representaba al Espíritu Santo, monumento que tal vez perduró hasta la segunda década del siglo XIX. De esa cruz le vino el nombre a la calle. 

Répide nos cuenta que en la época en la que él escribía sus artículos sobre las calles de Madrid se acababa de abrir el espacio que hoy en día se conoce como plaza de Juan Pujol, de la que hablaremos en su momento, y allí se celebraba una suerte de rastrillo.

24.1.20

Espino (Calle del)

Foto CC BY-SA Osiliab

Entre las calles de Provisiones y de Miguel Servet. Distrito 1 (Centro). Barrio de los Embajadores.

Calle breve y estrecha, de muy mala fama en época de Répide, hace unos cien años, cuando era “refugio del hampa, sucio cobijo de torpes amores de arroyo, guarida frecuente de gentes fuera de ley”. Hoy en día eso queda muy lejos, por suerte para quienes allí viven. 

No es difícil imaginar que el nombre le viene de un espino que anduvo por aquellos andurriales, recuerdo de cuando la zona estaba ocupada por el barranco de Embajadores. También había en las cercanías una casa de campo, propiedad de cierto don Gaspar Sanz. Era este un generoso individuo oriundo de Aragón, el cual fundó un hospital para sus paisanos más necesitados que tuvieran la mala fortuna de caer enfermos en la villa y corte. Hablamos del Hospital de Montserrat, cuyo primer emplazamiento se hallaba por aquí cerca. También una ermita dedicada a la Virgen del Pilar, enfrente de la cual estaba el espino al que se recuerda en esta calle.

17.1.20

Esperanza (Paseo de la)

Paseo de la Esperanza esquina a Moratines
(Foto CC BY Concepción Amat Orta)

Entre los paseos de las Acacias y de Santa María de la Cabeza. Distrito 2 (Arganzuela). Barrio de las Acacias. 

Nuestro paseo, trazado a finales del siglo XIX en un sector por entonces fabril y ferroviario y cercano al poblado marginal de Las Injurias, recibe sin embargo su nombre, a decir de Peñasco y Cambronero, por la cercanía a cierta quinta llamada así, de la Esperanza, de la que pocos años después no quedaba ni rastro. Mucho tiempo estuvo el paseo partido en dos por el ferrocarril de cintura, hasta que los grandes cambios producidos en su entorno (soterramiento de las vías del tren, desaparición de la estación de las Peñuelas) lo han convertido en una vía amplia, con viviendas modernas, arbolada e incluso agradable.

10.1.20

Esperanza (Calle de la)


Entre las calles del Ave María y de la Torrecilla del Leal. Distrito 1 (Centro). Barrio de los Embajadores. 

Había por estos pagos una finca cuya propietaria se llamaba Mari-Esperanza o María Esperanza, en la que estuvo hospedado el caballero bretón Betrand du Gesclin. Ya sabemos que este personaje intervino en la guerra que enfrentó a Pedro II el Cruel con su hermano Enrique de Trastamara. Lo hizo de forma artera, ayudando a que su señor cometiese el fratricidio que lo convirtió en el rey Enrique IV. Madrid era una villa en la que se prefería a don Pedro, de ahí que cuando se supo que el traidor mercenario estaba en la casa de María Esperanza esta fue asaltada e incendiada. Aunque el rey Enrique compensó a la dueña por este desaguisado, ella no quiso volver allí y se marchó a otra posesión suya. Cuando, desaparecidas casa y posesión, se empezó a edificar por aquí, quedó el nombre de Esperanza para la calle. Hay que decir que la otra finca también dio origen a un nombre en nuestro callejero, el de la calle de Esperancilla, hoy conocida como del Marqués de Toca, de la que hablaremos cuando toque.

20.12.19

Espejo (Calle del)

(Foto: CC BY-SA 3.0 Basilio)

Entre las calles de Santiago y de la Independencia. Distrito 1 (Centro). Barrio del Palacio. 

Estrecha e irregular callecita que en tiempos fue más larga, como lo demuestra el plano de Texeira. Las reformas hechas en tiempos de José Bonaparte la redujeron a su trazado actual. 

La explicación de su nombre proviene de unas atalayas o specula que levantaron los árabes por estos andurriales después de que el rey Ramiro II conquistase Madrid por primera vez y hubiera de abandonarla, no sin antes arruinar las fortificaciones existentes. En eso Peñasco-Cambronero (y Répide, que los cita sin nombrarlos) siguen a Capmany, a pesar de su escepticismo ante otras explicaciones de D. Antonio. Hay que decir que los contradicen los azulejos de Ruiz de Luna que ilustran el nombre de la calle, donde se muestra un enorme espejo.

(Como siempre, aprovecho esta última entrada del año para desearos a quienes tenéis la amabilidad de seguir estos textecillos sobre las calles de Madrid unas muy felices fiestas y un excelente año 2020).

13.12.19

Esparteros (Calle de)

(Foto CC BY-SA 2.0 Brian Snelson)

Entre la calle Mayor y la plaza de la Santa Cruz. Distrito 1 (Centro). Barrio de Sol. 

En los planos antiguos, como el de Texeira, se llama a nuestra calle de Santa Cruz o Subida a Santa Cruz, sin duda por la plaza a la que va a terminar, donde en tiempos se alzó la desaparecida iglesia de tal advocación. Répide nos indica que en épocas remotas, cuando esto era campo, aquí había un viñedo que pertenecía al pueblo de Fuencarral. Más adelante empezaron a establecerse artesanos del esparto, muchos de origen valenciano, y de ahí viene el gremial nombre de la calle

29.11.19

Españoleto (Calle del)

José de Ribera, el Españoleto:
La mujer barbuda

Entre las calles de Santa Engracia y de Zurbano. Distrito 7 (Chamberí). Barrio de Almagro. 

Calle tranquila y señorial, como el barrio en que está, con muchos edificios de aspecto palaciego y dedicada a uno de los más importantes pintores españoles de los Siglos de Oro. José de Ribera nació en Játiva el 17 de febrero de 1591, en el seno de una familia relativamente acomodada. No siguió los pasos de su padre, zapatero, sino que, decidido a dedicarse a la pintura, marchó a Italia a aprender el oficio. Allí recibió la influencia de Caravaggio y sus seguidores y, tras recorrer varias ciudades, se instaló en Nápoles. Allí fue donde le dieron el apodo de lo Spagnoletto, por el que es universalmente conocido. Partió del tenebrismo de Caravaggio para ir poco a poco incorporando mucha más luz a sus obras. Entre sus cuadros más destacados está un San Andrés, el Martirio de San Bartolomé o la Magdalena penitente, el muy curioso La mujer barbuda (todos en Museo del Prado) y El patizambo (en el Louvre). Aunque mostró deseos de volver a España y jamás olvidó su tierra natal, siguió viviendo en Nápoles, donde murió el 3 de septiembre de 1652, y allí está enterrado.

22.11.19

España (Plaza de)


Entre las calles de la Princesa, de los Reyes, Gran Vía, Leganitos, Cuesta de San Vicente, Ferraz, Juan Álvarez Mendizábal, Martín de los Heros y la plaza de Emilio Jiménez Millas. Distritos 1 (Centro) y 9 (Moncloa). Barrios del Palacio, de la Universidad y de Argüelles.

Cuando esto eran las afueras de la villa aquí se encontraban las conocidas como Huertas de Leganitos. Huertas y prados a los que solían acercarse los habitantes de Madrid a tomar el fresco y a disfrutar de las aguas de su célebre fuente, citada en el Quijote. Parece mentira que quien estropease la hermosura de este Prado Nuevo fuese Carlos III, un rey al que siempre relacionamos con mejoras y embellecimientos de la villa de Madrid. Fue él quien mandó construir justo aquí un convento para los religiosos de San Gil. Poco después, con el convento aún vacío, empezó a conocerse este paraje como plaza de San Marcial, en conmemoración de la batalla que tuvo lugar el 31 de agosto de 1813 durante la guerra de la Independencia, apelativo que el Ayuntamiento hizo oficial en 1835. El caso es que los frailes no llegaron a ocupar el edificio, que se convirtió en cuartel en tiempos de José Bonaparte. Era el célebre cuartel de artillería de San Gil, donde tuvo lugar la algarada revolucionaria del 22 de junio de 1866. En aquella memorable jornada, los sargentos del cuerpo salieron del cuartel y recorrieron las calles de Madrid con diversas piezas de artillería. Sin embargo, las tropas leales al Gobierno los fueron rechazando hasta que, recluidos de nuevo en el cuartel sito en nuestra plaza, fueron derrotados por completo al día siguiente. La represión fue feroz y el movimiento fracasó, pero ya se había sembrado la semilla de la revolución que un par de años más tarde daría lugar al derrocamiento de Isabel II. Casi medio siglo después de esta algarada, en 1910, fue demolido para formar la que hoy conocemos como plaza de España.

Detalle del monumento a Cervantes

El solar estuvo mucho tiempo sin urbanizar y se aprovechó para celebrar en él la verbena de Santiago; hay que indicar que esta explanación se llevó por delante la calle de José Cañizares (dedicada a un escritor madrileño de comienzos del siglo XVIII, antes llamada de San Gil). Sin embargo, muy pronto se planteó la instalación en el centro de la futura plaza un monumento dedicado a Miguel de Cervantes. Se convocó a tal fin un concurso nacional y el proyecto ganador, que data de 1915, estaba firmado por el arquitecto Rafael Martínez Zapatero y el escultor Lorenzo Collaut Valera. Catorce años se tardó en empezar la obra, que estuvo dirigida por Pedro Muguruza y concluyó en 1930. En el reciente proyecto de reforma de la plaza, se previó que el monumento cambiase de posición y pasase a mirar hacia el Edificio España, decisión que causó no poca polémica y se zanjó al declarar la Comunidad de Madrid Bien de Interés Patrimonial al conjunto, lo que hacía imposible moverlo. Así que don Miguel y sus criaturas más inmortales, don Quijote y Sancho Panza, seguirán dando la espalda al magno edificio del que pronto hablaremos.



En la esquina con la calle de Bailén se alza el elegante edificio de la Real Compañía Asturiana de Minas, de estilo muy francés. Fue construido entre 1896 y 1899 según un proyecto firmado en 1891 por Manuel Martínez Ángel. Una de las placas en forma de rombo del Ayuntamiento nos recuerda que allí residió el célebre historiador Elías Tormo, pues además de la sede de la compañía citada el edificio albergaba algunas viviendas.



En la plaza de España se sitúan los dos primeros rascacielos que tuvo Madrid (si excluimos el edificio de Telefónica en la Gran Vía). Cronológicamente hablando, el primero es el Edificio España, que fue levantado entre 1947 y 1953. Fueron sus autores Joaquín y Julián Otamendi; aunque en su concepción se tuvieron en cuenta modelos norteamericanos, se quiso dejar una impronta local mediante el uso de elementos barroquizantes en la entrada principal. Ha estado muchos años vacío y abandonado y hace muy poco estuvo a punto de ser objeto de una muy polémica reforma que lo puso al borde de la demolición (nada más que se quería dejar en pie la fachada en un proceso harto complicado de realizar). Solventados los problemas, ha renacido como hotel y sigue siendo uno de los referentes de nuestra villa.



Como lo es su vecina, la Torre de Madrid, que se alzó allí, a su lado, entre 1954 y 1957. Se encargó de ello la misma empresa, la Compañía Inmobiliaria Metropolitana, y los arquitectos fueron los mismos que los del Edificio España. Sin embargo aquí utilizan un lenguaje mucho más cosmopolita. En uno de sus últimos pisos, en los que se supone una inmejorable vista de Madrid, vivió el historiador Fernando Díaz-Plaja.

Actualmente está en proceso una reforma a la que hemos aludido de pasada unas líneas atrás, que supondrá más espacio para los peatones, la plantación de más árboles y la mejora y acondicionamiento de los subterráneos comerciales anejos al aparcamiento que hay bajo la plaza. Unas obras que se están topando con sorpresas como la aparición en la calle de Bailén de restos que se creyeron de las caballerizas de Felipe II pero que en realidad corresponden a algunas estancias del palacio que disfrutó Godoy en aquellos pagos.

Entre mis recuerdos de niñez están los numerosos carteles indicadores que había adheridos a una farola en la esquina con la Gran Vía, que señalaban el camino que había que seguir para llegar a numerosas capitales españolas.

(Ay España, nuestra Españita, tan querida, tan odiada, mucho más maja -y mucho menos- de lo que te pintan y de lo que te hacen, de lo que te hacemos... Cuántas veces se ha usado tu nombre en vano, sobre todo por esos que pretenden quererte tanto... A veces madre y siempre madrastra, como dijo el uno, el país más fuerte del mundo ya que llevas siglos intentando autodestruirte y no lo consigues, como dijo el otro...)

15.11.19

Espalter (Calle de)


Entre la plaza de Murillo y la calle de Alfonso XII. Distrito 3 (Retiro). Barrio de los Jerónimos.

Estamos en la más meridional de las calles del elegante barrio de los Jerónimos, que nace al abrigo del Museo del Prado y el Jardín Botánico y va a morir frente al Retiro. Desde el año 1887 está dedicada al pintor catalán Joaquín Espalter y Rull, que nació en Sitges el 30 de septiembre de 1809. Aunque destinado al comercio, acabó estudiando pintura en Francia. Luego vivió en Italia, donde formó parte de un grupo de pintores catalanes que recibió la influencia de los “nazarenos” alemanes. Establecido en Madrid en 1842, llegó a ser pintor de cámara de Isabel II y el retratista preferido de la alta sociedad de la villa y corte. También realizó pinturas murales, como las bóvedas del Congreso de los Diputados o del antiguo Paraninfo de la Universidad Central. Desde 1843 fue académico de San Fernando. Murió en Madrid el 16 de enero de 1880.

8.11.19

Espada (Calle de la)

Escuela Infantíl Rosalía Rendú
(Foto CC BY-SA Asqueladd)

Entre la plaza de Tirso de Molina y la calle de la Esgrima. Distrito 1 (Centro). Barrio de los Embajadores. 

Tampoco es muy difícil deducir que el nombre de esta calle estará muy relacionado con la anterior, a la cual va a morir. Resulta que el primer emplazamiento de la escuela de esgrima estuvo aquí y su dueño utilizó como reclamo una espada. Peñasco y Cambronero, con su contenida ironía, indican que la gran cantidad de detalles que se dan de ella (que si perteneció a un Par de Francia, que si luego fue de un duque de Alba), “en lugar de garantía, sirve para hacer dudar de su verosimilitud”. 

Répide menciona que en la esquina con la calle de Soler y González estuvo el primer consultorio para lactantes de la villa, en el mismo edificio de estilo modernista que hoy ocupa la escuela infantil municipal Rosalía Rendú.

25.10.19

Esgrima (Calle de la)


Entre las calles de Jesús y María y del Mesón de Paredes. Distrito 1 (Centro). Barrio de los Embajadores. 

Ya no es esta calle un lugar de lenocinio, como parecía ser hace casi cien años, en la época en la que Répide la describió. Esas casas “con farolillo” que mostraban que eran “techos propicios a todo lo cobijable” han dejado paso a bazares, tiendas de ropa y espacios de ocio que muestran en sus carteles plurilingües la torre de Babel en que se han convertido estos barrios. 

No es difícil deducir de dónde le viene el nombre. En tiempos hubo aquí un corralón en donde un maestro de esgrima daba sus clases. Célebre debió de ser y tumultuoso, pues su entrada, al principio pública, hubo de ser limitada a los alumnos a causa de los escándalos. Répide se limita a incluir entre sus alumnos a los pajes del duque de Lerma, pero Peñasco y Cambronero van más allá y sitúan aquí el lugar donde aprendió a manejar la espada nada menos que Lope de Vega.

18.10.19

Escuadra (Calle de la)

(Foto CC BY-SA Malopez21)

Entre las calles de la Torrecilla del Leal y de la Primavera. Distrito 1 (Centro). Distrito 1 (Centro). Barrio de los Embajadores. 

Cual Evangelios sinópticos repiten Peñasco-Cambronero y Répide su explicación para el nombre de esta calle. Lo más seguro es que se deba a su trazado quebrado, pero siempre hay lugar para la tradición, ya sea que en ella vivieran un par de capitanes que tomaron parte en la desdichada expedición de la malintencionadamente llamada Armada Invencible o que allí se exhibió un cosmorama con escenas de la trágica expedición de la Grande y Felicísima Armada que asombró durante bastante tiempo al vecindario.

11.10.19

Escosura (Calle de)


Empieza en la calle de Fernando el Católico y termina como callejón sin salida después de cruzar la de Donoso Cortés. Distrito 7 (Chamberí). Barrio de los Arapiles. 

Azarosa vida la de esta calle, si atendemos a la localización que dan nuestros cronistas de cabecera. En la época de Peñasco y Cambronero comenzaba en la desaparecida calle de San Rafael, paralela a la de Rodríguez San Pedro e iba al campo. O más bien a los camposantos, pues en su trazado se cruzaban los ya clausurados por entonces cementerios Sacramental de San Ginés y San Luis y de la Patriarcal. Treinta y tantos años después Répide nos indica como su inicio la calle de Alberto Aguilera y como obstáculo añadido las cocheras de tranvías que allí hubo hasta la segunda mitad del siglo pasado. Una vez desaparecidos cementerios y cocheras, la calle no recuperó lo proyectado, pues en la que hubo de ser su primera parte hoy tenemos la plaza del conde de Valle Súchil y acabó interceptada por el enorme edificio del Parque Móvil del Estado, cuando tenía que haber llegado hasta el paseo de Ronda… 

No menos azarosa fue la vida del personaje a quien está dedicada desde el 21 de julio de 1880. Patricio de la Escosura Marrogh, nacido en Madrid el 5 de noviembre de 1807, fue militar, político, periodista y escritor. Como militar del arma de Artillería participó en la primera guerra carlista, donde sirvió al lado del general Fernández de Córdova y dejó la milicia a la par que su jefe. La política le sirvió para sufrir exilios y gozar del poder. Formó parte de la conspiración llamada de “los Numantinos”, junto a Espronceda, y tras su fracaso hubo de marchar a Francia y luego a Inglaterra. Más adelante, llegaría a ser ministro de la Gobernación con Narváez y Espartero. Prácticamente se retiró de la política tras la Revolución de 1868. Como periodista y escritor es una de las figuras del Romanticismo español. Entró en la Real Academia en 1847 y escribió numerosas obras dramáticas, poéticas y narrativas. Quizá de todas ellas la más conocida sea la novela Ni rey ni Roque. Sin embargo, la que más gracia me hace a mí (meramente por su título) es el poema narrativo El bulto que viste negro capuz. Como periodista, dirigió diarios como El Universal y El Progreso. Murió en nuestra villa el 22 de enero de 1878.

27.9.19

Escorial (Calle de El)


Entre la Corredera Baja de San Pablo y la calle de Jesús del Valle. Distrito 1 (Centro). Barrio de la Universidad. 

En tiempos en que la villa terminaba aquí se abrió esta calle. Se dice que fue al poco de acabarse el Monasterio de San Lorenzo del Escorial y que desde la primera casa que se edificó aquí se podía ver esa octava maravilla del mundo. Tal casa pertenecía al célebre Mateo Vázquez de Leca (célebre por la epístola que le escribió Miguel de Cervantes y que se convirtió en objeto de vivas controversias literarias a cuenta de su autenticidad), secretario de Felipe II. 

Nos cuenta asimismo Répide que en esta calle vivía en 1808 María Beano, a quien contamos entre las madrileñas muertas heroicamente en la jornada del Dos de Mayo. Amante de Velarde, acudió al Parque de Monteleón cuando empezó la refriega y fue muerta en el camino por una bala francesa.

20.9.19

Escalinata del Fotógrafo Alfonso

Gente de Madrid refugiada en el metro durante los bombardeos franquistas (1937)
Una de las fotos más famosas de Alfonso

Entre las calles Mayor y de Segovia. Distrito 1 (Centro). Barrio de Palacio. 

Esta empinada escalera, que salva el gran desnivel existente entre el palacio de los Consejos y la base del Viaducto, fue abierta dentro de la reforma que sufrió el tramo de la calle Segovia en el que se encuentran sus últimas edificaciones. El 29 de noviembre de 1991 se dedicó a Alfonso Sánchez Portela, Alfonso, fotógrafo que llenó gran parte del siglo XX madrileño con sus imágenes. Nació en Madrid el 16 de noviembre de 1902, y era hijo de otro gran fotógrafo, primero de los que fue conocido simplemente por Alfonso, el manchego Alfonso Sánchez García (1880-1953). Fotógrafo por vocación, Alfonsito, con dieciséis años ya trabajaba como reportero gráfico para varios periódicos y fue el corresponsal más joven que fue a la guerra de Marruecos, donde consiguió retratar a Abd-el-Krim y a sus prisioneros españoles, reportaje que causó una gran conmoción en la opinión pública española. Pero su vida profesional está íntimamente ligada a la villa que lo vio nacer y famosas fueron sus fotografías del desastre del teatro Novedades o de la hazaña del torero Fortuna, que estoqueó en plena Gran Vía un toro que había huido. Amigo de Ramón Gómez de la Serna, colaboró con él ilustrando los artículos que en la sección Ángulos de Madrid del periódico Luz escribía el genial Ramón. El haber sido nombrado Caballero de la Orden de la República en 1935, y su obra durante el sitio de Madrid en la guerra fueron causa de su apartamiento de la profesión periodística, y desde 1939 se dedicó a la fotografía de estudio. Pero no fue este último un periodo estéril, ya que se dedicó a dar conferencias, realizó exposiciones de su obra, participó en tertulias y creó un museo fotográfico. Le fue concedida la Medalla de Oro de la Villa de Madrid en 1984 y en 1989 fue elegido miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Falleció en Madrid el 11 de marzo de 1990.

13.9.19

Escalinata (Calle de la)

(Foto CC BY-SA Luis García)

Entre la calle del Mesón de Paños y la plaza de Isabel II. Distrito 1 (Centro). Barrio del Palacio. 

El nombre primitivo de esta calle fue de los Tintes (aunque en el plano de Texeira se denomina de Tintoreros). Desde hacía mucho tiempo había un fuerte desnivel con la calle del Arenal, que en principio se aseguró con una empalizada. Con el tiempo, se construyó una escalinata que permitiera la unión de ambas calles y de ahí vino el nombre actual. Hoy en día una rampa permite (o, mejor dicho, permitía) el tráfico rodado. 



Como curiosidad, indicaremos que en la acera de los impares, a la altura del número 13 más o menos, donde hay una entrada de garaje, se puede ver un edificio que se construyó siguiendo la forma de uno de los cubos de la antigua muralla de la villa.

6.9.19

Escalerilla de Piedra

Foto: CC BY Concepción Amat Orta

Entre la plaza Mayor y la calle de Cuchilleros. Distrito 1 (Centro). Barrio del Palacio. 

Más que calle y como su nombre indica, esto no es más que la escalera que, por dentro del arco de Cuchilleros, comunica la calle de este nombre con la plaza Mayor. Un espacio bastante pequeño pero con alguna cosa que contar, a decir de nuestros cronistas de cabecera. Aquí empezó el terrible incendio que casi destrozó por completo la plaza el 16 de agosto de 1790 y aquí estuvo la célebre taberna del “Pulpitillo”, que abrió en el último tercio del siglo XVIII y aún existía en época de Répide. Hoy está en su lugar un no menos célebre restaurante cuyo portero recibe a los clientes en atuendo de bandolero, remedando a los compinches del Luis Candelas que le da nombre. 

Gran importancia tienen estos pagos en la obra de Galdós. Hace el gran escritor que uno de sus personajes más característicos, el usurero y tacaño Torquermada, protagonizase una travesura juvenil en esta escalera, cuyos pasos untó de jabón para ver resbalar a la gente. “Bajaban como balas, y algunos iban disparados hasta la calle de Cuchilleros… Este se rompía una pierna, aquel se descalabraba, y mujer hubo que rodó con las enaguas envueltas en la cabeza. En mi vida me he reído más…” (Torquemada y San Pedro, III, cap. VIII).

30.8.19

Ercilla (Calle de)

Alonso de Ercilla, por El Greco
(Museo del Hermitage, San Petersburgo)

Entre los paseos de las Acacias y de Santa María de la Cabeza. Distrito 2 (Arganzuela). Barrio de las Acacias. 

A mediados del siglo XIX se abrió y se rotuló esta calle en la incipiente zona industrial de las Peñuelas, dedicada a un eminente literato y hombre de acción madrileño. Alonso de Ercilla y Zúñiga nació en nuestra villa el 7 de agosto de 1533. Al servicio del futuro rey Felipe II desde niño, viajó por Europa siguiéndolo. En Londres se encontraba cuando conoció a Jerónimo de Alderete, a quien acababan de nombrar adelantado de Chile. Allí marchó con él en 1556 y en los seis años que duró su estancia en las Indias participó en numerosos hechos de armas y expediciones de exploración, durante los cuales se fue empapando de la historia tanto de la conquista como de los hechos pretéritos de aquellas tierras. Fruto de ese trabajo fue su poema épico La Araucana, en realidad la única obra que escribió y que publicó en tres partes entre 1569 y 1590. A la vez siguió sirviendo a su rey en diferentes misiones diplomáticas. Murió en Madrid el 29 de noviembre de 1594 y sus restos fueron trasladados al convento de San José de Ocaña, donde está enterrado.

23.8.19

Encomienda (Calle de la)


Entre las calles del Mesón de Paredes y de los Embajadores. Distrito 1 (Centro). Barrio de los Embajadores. La travesía va de las calles de Juanelo a la de la Encomienda. Iguales distrito y barrio que la calle.

Cuando no había llegado aún la villa a estos pagos, hubo por aquí una casa de campo que perteneció a Pedro Núñez, maestre de la Orden de Santiago. A su muerte, la donó a una de las encomiendas de la Orden. Sin embargo, el condestable Álvaro de Luna se hizo con finca y casa de campo y, cuando cayó en desgracia, fue desposeído de ellas. La casa, abandonada, se arruinó, aunque se conservó su puerta, con el escudo de Santiago sobre ella. Más tarde los hermanos Abad (véase la calle de los Abades) compraron el terreno, aunque conservaron la heráldica fachada. Cuando mucho tiempo después el terreno se parceló para ser urbanizado, la calle que se abrió aquí recibió el nombre con el que la conocemos, que ya aparece en el plano de Texeira.

Répide nos señala que en esta calle estuvo uno de los primeros cines de la villa de Madrid, a comienzos del siglo XX. Quizá ya no es una «de las más animadas e importantes» de la zona, pero conserva el encanto que le da su cercanía al Rastro. Quien esto escribe recuerda además casa Cayetano, que allí estaba, donde se consumían las cervezas según calificación: «notable», «sobresaliente» y «matrícula de honor», en función de la capacidad de la jarra. Borriquerías de jóvenes…

Sobre la travesía dicen Peñasco y Cambronero que en tiempos se llamó del Sacramento, sin que den más explicaciones sobre ello salvo que así está rotulada en el plano de Espinosa.

5.7.19

Encarnación (Plaza de la)

El Real Monasterio de la Encarnación
(Foto CC BY-SA 3.0 Luis García)

Entre las calles de la Encarnación, de la Bola, de Arrieta y de San Quintín. Distrito 1 (Centro). Barrio de Palacio. 

Como está dicho en el artículo anterior, el nombre de nuestra plaza se debe al convento de la Encarnación, uno de los más bellos e importantes de la villa de Madrid, cuya fachada se abre a ella. Según Répide, la ocasión que propició la fundación del convento fue la expulsión de los moriscos por Felipe III; su esposa, la reina Margarita de Austria fue quien ideó la creación del monasterio para conmemorar tal hecho. Se puso su primera piedra en 1611 y tardó cinco años en terminarse. No hay certeza absoluta, pero se supone que su traza, herreriana, se debe a Juan Gómez de Mora, aunque es probable que su ejecutor fuese fray Alberto de la Madre de Dios. El rey no reparó en gastos para adornar la fundación de su esposa, que murió al poco de iniciadas las obras, y fueron grandes los fastos en el momento de su inauguración, el 2 de julio de 1616; lo ocuparon monjas agustinas descalzas, que aún hoy son sus moradoras. Entre 1755 y 1767 la iglesia sufrió una reforma a cuyo cargo estuvo Ventura Rodríguez.

Cúpula de la iglesia del Monasterio, con los frescos de Bayeu
(Foto CC BY-SA 3.0  Håkan Svensson)

Fue el de la Encarnación uno de los conventos afectados por la desamortización de Mendizábal en 1836. Desocupado por las monjas, se empezó a demoler, pero en 1844 se decidió que no desapareciera; el mismo arquitecto que se estaba encargando de su derribo, Narciso Pascual y Colomer, fue quien proyectó su recuperación. Se reedificó la parte destruida y en 1847 regresaron las religiosas. Entre 1984 y 1986 sufrió una nueva restauración. 

Quizá este convento no sea tan conocido como debiera (lo cual no sé si es tara o virtud en estos tiempos de sobreexplotación turística), pero es una de las visitas obligadas para cualquiera que venga a Madrid, ya que alberga un espléndido museo que fue abierto al público en 1965. Incluye pinturas y esculturas de Lucas Jordán, Pedro de Mena o Gregorio Hernández. Destaca en especial su impresionante relicario, entre cuyas piezas se halla la sangre de San Pantaleón, que se licua todos los años cada 27 de julio. También los frescos de la iglesia, firmados por Bayeu.

21.6.19

Encarnación (Calle de la)

Foto CC BY-SA Asqueladd

Entre la calle de la Bola y la plaza de la Marina Española. Distrito 1 (Centro). Barrio de Palacio.

Lleva esta calle su nombre por el convento del que hablaremos en el próximo artículo, el dedicado a la plaza, que es uno de los monumentos más bellos y espectaculares de Madrid. Hasta llegar (o volver, como ahora veremos) a esta situación ha pasado por varias etapas, es decir, a tener diversos nombres. No lo lleva en planos de referencia, como el de Texeira, y Peñasco y Cambronero nos dicen que, según la tradición, en tiempos se llamó del marqués de las Pozas, pues allí tenía este personaje sus casas. Répide lo llama “marqués de Poza” y nos recuerda que Schiller hace de él un protagonista de su tragedia Don Carlos (es el “Posa” de la ópera de Verdi). Felipe III compró estas casas y allí fundó el convento de la Encarnación; ahí tenemos el primer cambio de nombre. 

El 4 de agosto de 1933 hubo otro; pasó a llamarse calle de Amadeo Vives. Poco duró esta situación, pues tras el final de la guerra civil, el 26 de abril de 1940, volvió al original. Pero no había de acabar ahí el trasiego; al año siguiente fue dedicada a dos personajes del régimen franquista de cuyo nombre no quiero acordarme y así fue hasta que el 25 de enero de 1980 recuperó definitivamente (esperemos) la denominación actual, calle de la Encarnación.

14.6.19

Emperador Carlos V (Glorieta del)


Grabado del siglo XIX que muestra la puerta de Atocha y la fuente de la Alcachofa

Entre los paseos del Prado y de la Infanta Isabel, la calle de Claudio Moyano, la avenida de la Ciudad de Barcelona, la calle de Méndez Álvaro, los paseos de las Delicias y de Santa María de la Cabeza, la Ronda de Atocha y las calles de Santa Isabel y de Atocha. Distritos 1 (Centro), 2 (Arganzuela) y 3 (Retiro). Barrios de Embajadores, Cortes, Palos de Moguer, Atocha y Jerónimos. 

Nos hallamos en uno de los cruces de caminos más importantes de la villa de Madrid, que en tiempos fue uno de sus confines. Aquí estuvo la puerta de Atocha, cuyo emplazamiento primitivo fue la plaza de Antón Martín. Desapareció incluso antes que la cerca que constreñía la villa y a decir de los cronistas la pérdida no fue de lamentar, dado su escaso valor artístico. Así que de Atocha se llamo primero esta glorieta, hasta que el 27 de junio de 1941 el ayuntamiento decidió dedicársela al emperador, aunque el decir popular sigue conservando el otro nombre. 

Antes del derribo de la puerta de Atocha estuvo frente a ella la fuente de la Alcachofa, parte del plan original de Ventura Rodríguez para todo el Salón del Prado. Allí se colocó en 1782; en 1880 fue trasladada al Retiro, donde aún sigue. Más adelante volveremos sobre ella. No muy lejos de su emplazamiento se puso en 1899 la estatua de Claudio Moyano que ya mencionamos en la entrada dedicada a la calle que lleva su nombre


Así era nuestra glorieta hace cien años, más o menos

En las fotos antiguas se puede ver el espacio anchuroso y despejado de la glorieta, surcado por las líneas de tranvía que venían del Prado y se dirigían hacia el paseo de la Infanta Isabel y hacia Pacífico, con una primitiva salida de la estación del metro en su centro. En los años sesenta del siglo pasado alguien tuvo la feliz idea de colocar una maraña de puentes situados a diferentes niveles con la pretensión de mejorar el tráfico. Fue el célebre “escalextric”, que, por supuesto, no mejoró el tráfico y afeó terriblemente la glorieta desde el mismo día de su inauguración, el 16 de mayo de 1968. Diecisiete años después se inició su desmontado, que culminó en 1987 con la colocación de una réplica en bronce de la fuente de la Alcachofa en el centro de la nueva glorieta. En la zona del paseo del Prado más cercana a nuestra glorieta hay unos troncos de columna que alguien señaló como una suerte de recuerdo del nefasto complejo de pasos elevados.


El “escalextric”, de infausta memoria.

Aquí se situó el primer “embarcadero” ferroviario de Madrid, cabecera de la línea que iba a Aranjuez. Aunque los trenes empezaron sus viajes en 1851 no fue hasta 1858 cuando se abrió tal edificio, que era bastante modesto. Su cubierta de madera se quemó en 1863, año en el que se empezó a planear una nueva estación. Sin embargo, lo que en realidad ocurrió es que se puso una nueva cubierta, esta vez metálica, que subsistió hasta 1891, cuando se derribó el “embarcadero” para dar paso al edificio que hoy conocemos, obra del arquitecto Alberto del Palacio Elissague. Además del primitivo apeadero, en este proyecto de ampliación desaparecieron varios edificios administrativos de la compañía MZA, entonces propietaria de las instalaciones, salvo uno, que fue desmontado y reconstruido en el número 4 de la avenida de la Ciudad de Barcelona, donde aún sigue. 


La antigua estación de Atocha, hoy sede de un jardín tropical
(Foto CC BY Felipe Gabaldón)

Con la llegada del AVE, el edificio de la vieja estación de Atocha perdió su uso ferroviario; los trenes se trasladaron a la nueva y moderna terminal llamada “Puerta de Atocha” y aquí se creó una suerte de jardín tropical. Cada cual que opine según sus gustos. 

Y bien, ya sabemos que el ayuntamiento, para evitar tantas “atochas” en el callejero madrileño homenajeó aquí a Carlos I de España y V de Alemania, rey de Castilla, Navarra y Aragón y emperador del Sacro Imperio, además de otros muchos títulos. Nacido en Gante el 24 de febrero de 1500, era hijo de Juana, futura reina de Castilla, y nieto de los Reyes Católicos, quienes con una hábil política matrimonial hicieron que la herencia de Carlos fuese fabulosa. Muerto Fernando el Católico, Carlos vino a España a tomar posesión del reino, aunque se encontró con la oposición de los nobles castellanos, que deseaban respetar la dignidad de doña Juana I, la legítima reina. Además, venía sin hablar apenas castellano y rodeado de numerosos consejeros extranjeros. Varios años le costó ser reconocido por todos los reinos peninsulares; en el entretanto y tras la muerte de Maximiliano I fue proclamado emperador del Sacro Imperio en junio de 1519. 


Carlos V, por Juan Pantoja de la Cruz (1605)
(Museo del Prado, Madrid)

Desde entonces empezó una incesante sucesión de conflictos como las guerras de las Comunidades en Castilla y de las Germanías en Valencia, la interminable rivalidad con Francia, la represión del naciente protestantismo en el Imperio, la lucha con los otomanos en expansión por el este de Europa… Como compensación, la conquista de América, que convirtió el español en el imperio más grande de la época. Cansado y avejentado, en 1556 Carlos abdicó en su hijo Felipe II (España y las Indias) y su hermano Fernando (el Sacro Imperio) y se retiró al monasterio de Yuste. Allí murió de paludismo el 21 de septiembre de 1558.

7.6.19

Emilio Castelar (Glorieta de)


Monumento a Emilio Castelar, en la glorieta de su nombre
(Foto: Luis García)

Entre los paseos de la Castellana y del general Martínez Campos y la calle del general Oráa. Distritos 4 (Salamanca) y 7 (Chamberí). Barrios de Castellana y Almagro. 

Hallábase por estos pagos la Fuente Castellana que dio nombre primero a un arroyo y luego a la calle más elegante de nuestra villa. Con la formación del paseo, se creó aquí una glorieta en cuyo centro se colocó un obelisco como coronación de una fuente monumental, todo para conmemorar el nacimiento de quien se acabaría convirtiendo en Isabel II. Corría el año 1833 y fue su autor Francisco Javier de Mariategui, el mismo al que se deben las “pirámides” de la glorieta de ese nombre. De ese modo, el nombre primitivo de este cruce de caminos fue el de Glorieta del Obelisco. Allí permaneció nuestra fuente monumental hasta que en julio de 1908 fue inaugurada en su sustitución una estatua dedicada a Emilio Castelar, obra de Mariano Benlliure y que aún preside la glorieta. El obelisco fue trasladado primero a la plaza de Manuel Becerra y luego al parque de la Arganzuela, donde aún sigue.

Curiosamente, no se impuso su nombre actual a la glorieta hasta el 13 de diciembre de 1940, cuando pasó a llamarse de Emilio Castelar, para honrar al homenajeado en el monumento sito en su centro. Emilio Castelar y Ripoll, nacido en Cádiz el 7 de septiembre de 1832, periodista y político, fue, a decir de los testigos, uno de los más prodigiosos oradores que dio la tribuna española. Siempre opuesto a la monarquía isabelina, lo cual le supuso una condena a muerte y un exilio, también se situó frente al gobierno revolucionario surgido de la Gloriosa y a la nueva monarquía, la de Amadeo I. Llegada la República en febrero de 1873, fue ministro de Estado y presidente del Congreso antes de hacerse con el mando del Poder Ejecutivo el 7 de septiembre de ese año. Fue el último que lo hizo. Republicano unitario, se opuso a la mayoría federal de la cámara, que le presentó una moción de censura. En el transcurso de las votaciones se produjo la célebre entrada de Pavía en la cámara que acabó con la República propiamente dicha el 3 de enero de 1874 (lo de Serrano, que vino después, sería otra cosa). Tras la Restauración alfonsina se volvió a exiliar, pero no tardó en regresar y continuó participando en la política, ahora en las filas del Partido Demócrata, que dirigió. En 1893 se retiró de la política; murió en San Pedro del Pinatar el 25 de mayo de 1899. Su cuerpo fue trasladado a Madrid, donde tuvo un sepelio multitudinario.