12.2.16

Claudio Moyano (Calle de)


Monumento a Claudio Moyano, al comienzo de la calle de su nombre.

Entre el paseo del Prado y la calle de Alfonso XII. Distrito 3 (Retiro). Barrio de los Jerónimos.

La cuesta de Moyano, que así es como la conoce todo el mundo, es lugar ineludible de cita de todos los amantes de los libros de nuestra villa, ya que, pegadas a la verja del Jardín Botánico, se encuentran las casetas de libreros que desde 1925 nos muestran, en los 15 metros cuadrados que ocupa cada una de ellas, sus tesoros. Se discutió mucho sobre su emplazamiento, antes y después de la fecha indicada, pero finalmente han quedado allí y, a pesar de reformas, obras y otras vicisitudes, allí siguen.

Pero no siempre fue así. La calle se abrió a finales del siglo XIX y en la época de Répide, un cuarto de siglo después, era un paraje poblado por un “mundo equívoco”, en palabras del propio cronista, que hacía no muy recomendable el paso por la zona a según qué horas del día –o, más bien, de la noche- y que había despojado a la estatua del prócer que le da nombre de su verja y de los bronces del pedestal.

Se trata, claro está, de la estatua de Claudio Moyano que allí se puso en 1899, fue más adelante trasladada y restituida a su lugar original en marzo de 1982, siendo alcalde Enrique Tierno Galván. Moyano nació en 1809 bien en Fuentelapeña o bien en Bóveda del Toro (municipios vecinos de la actual provincia de Zamora). Estudio Derecho, Latín y Filosofía, fue catedrático y rector de las universidades de Valladolid y Madrid. También participó en política, siendo diputado y ministro de Fomento. Se le recuerda especialmente por la llamada “Ley Moyano”, que supuso una importante reforma del sistema educativo español. Se promulgó en 1857 y fue la base de nuestra instrucción pública hasta la aprobación en 1970 de la Ley General de Educación. Claudio Moyano murió en Madrid el 7 de marzo de 1890.

Desde el 19 de abril de 2007, fecha en la que se reabrieron las casetas tras una importante obra que supuso, entre otras cosas, la peatonalización de la calle, preside su entrada desde la calle de Alfonso XII una estatua de Pío Baroja –entusiasta, por cierto, de las casetas de nuestra cuesta- que anteriormente se hallaba en el Retiro.

5.2.16

Claudio Coello (Calle de)

Entre las calles de Alcalá y de María de Molina. Distrito 4 (Salamanca). Barrios de Recoletos y Castellana.

Fue nuestra calle la segunda que se formó en el Ensanche por esta zona; en sus comienzos aún subsisten dos de las primitivas manzanas, que se pensaron con un jardín en su interior y que concretamente son las que dan a nuestra calle, a la paralela de Serrano y a las de Villanueva, Jorge Juan y Goya. Ya Répide se lamenta de que no se siguiera este modelo en las siguientes que se construyeron.


Sede de la Fundación Carlos de Amberes
Foto CC BY-SA 3.0 Luis García

Varios edificios singulares son dignos de mención aquí, todos de carácter religioso. Yendo por orden, hemos de empezar por la antigua iglesia de San Andrés de los Flamencos, que ocupa el número 99 y actualmente es la sede de la Fundación Carlos de Amberes. Fue este caballero, oriundo de aquella ciudad flamenca, el que fundó la institución del Hospital de San Andrés en 1591 para atender a sus paisanos necesitados y enfermos, primero sin sede; finalmente la obtuvo en la calle de San Marcos, en el año 1606, dos después de la muerte del fundador. Subsistió allí hasta 1884, cuando se abrió un nuevo hospital en nuestra calle, en un edificio proyectado por Agustín Ortiz de Villajos en estilo ecléctico. Las obras duraron de 1877 a 1884; fue la primera iglesia que se construyó en el Ensanche. Con el paso del tiempo, la obra que hacía la institución debió de perder su sentido y el edificio quedó en desuso; a mediados de los años 80 del siglo pasado, la Guía del Colegio de Arquitectos de Madrid nos dice que la institución “se encuentra cerrada y abandonada, siendo incierto su futuro”. Sin embargo, en 1988 el Hospital de San Andrés de los Flamencos solicitó convertirse de organismo asistencial y de caridad a fundación privada cultural sin ánimo de lucro y así nació la institución que sigue ocupando este edificio, cuya restauración acabó en 1992. En noviembre de 2014 se inauguró el Museo Carlos de Amberes, dedicado sobre todo a exposiciones temporales con obras prestadas, ya que la Fundación en sí no posee tesoros de ese tipo, excepción hecha de un excelente Martirio de San Andrés de Rubens. (El museo cerró de forma indefinida en agosto de 2015).

En el número 112 se halla un edificio de ladrillo visto en el que encontramos el ancestral convento de Santo Domingo el Real. El original fue fundado en 1212 por Santo Domingo de Guzmán en la cuesta del mismo nombre y perduró hasta 1868; tras su demolición, las monjas se trasladaron primero a una casa de la calle del Mesón de Paredes y luego a esta, que fue construida por el arquitecto Vicente Carrasco en 1879. En el viejo convento habían recibido sepultura numerosos personajes de la realeza, entre ellos el rey Pedro I, cuya estatua orante se encuentra ahora en el Museo Arqueológico Nacional. La pila bautismal, que sí continúa en el “nuevo” convento del barrio de Salamanca, es la que ha sido utilizada para cristianar a todos los miembros de la familia real desde la época de Felipe IV.

Cabe citar un tercer edificio, pero no por sí mismo sino por lo que junto a él ocurrió el 20 de diciembre de 1973. Se trata de las espaldas de la Casa Madre de los jesuitas en Madrid; el día citado estalló una bomba de ETA en el subsuelo de nuestra calle al paso del coche del entonces presidente del Gobierno, el almirante Luis Carrero Blanco. La explosión fue tan fuerte que el vehículo saltó por los aires y fue a parar al patio del edificio. Murieron Carrero Blanco, el conductor del coche y un policía de escolta. Precisamente salía el almirante de oír misa en la iglesia de San Francisco de Borja, que pertenece al complejo. Este hecho supuso el principio del fin de la dictadura franquista.


Claudio Coello: El triunfo de San Agustín (1664)
(Museo del Prado, Madrid)

Claudio Coello fue un pintor madrileño, de origen portugués, nacido en 1642. Estudió con su padre y con Francisco Rizi, antes de marchar a Italia. Dejó su obra en lugares de nuestra villa como el convento de San Plácido o la Casa de la Panadería, y también en el monasterio de El Escorial, en otras localidades de Madrid y también en Zaragoza, Toledo, Salamanca o Santiago. Asimismo se dedicó al retrato, entre ellos muchos de la familia real, ya que en 1686 fue nombrado pintor de cámara. Murió en Madrid el 20 de abril de 1693.

En el actual número 25 de la calle murió, el 22 de diciembre de 1870, el gran poeta sevillano Gustavo Adolfo Bécquer.

29.1.16

Ciudad Rodrigo (Calle de)


Plaza Mayor de Ciudad Rodrigo
(Foto CC BY 2.0 del autor de esta bitácora)

Entre la plaza Mayor y la calle Mayor. Distrito 1 (Centro). Barrio de Sol. 

Cualquier observador atento que mire el mapa de Madrid verá que esta calle es prolongación de las de Atocha y Gerona, interrumpida la línea por el limpio cuadrilátero de la plaza Mayor. Esto es así porque desde tiempos ancestrales formaba parte del camino que, bifurcándose desde el de Alcalá, partía hacia Atocha y Vallecas frente a la puerta de Guadalajara. A lo largo de este camino se fue formando en el siglo XIV el arrabal de Santa Cruz que, cuando se unió al resto de la villa, ya bien entrado el siglo siguiente, creó una gran explanada que se dio en llamar plaza del Arrabal, donde tiempo después se edificó la susodicha plaza Mayor. Quedó entonces nuestra callecita como una breve salida hacia la calle Mayor, conocida como calle Nueva, que así es como se llama en el plano de Texeira. En 1834 se le dio el nombre de la ciudad salmantina que ahora ostenta, no para honrar a la población en sí, sino para conmemorar un hecho de armas que tuvo lugar durante la guerra de la independencia. Uno de los varios –de los muchos- que protagonizó Ciudad Rodrigo, que por su proximidad a la raya de Portugal siempre ha sido lugar estratégico. El 19 de enero de 1812, tras diez días de sitio, el general Wellesley, entonces vizconde de Wellington, al frente de un ejército angloportugués tomó la ciudad a los franceses, que la ocupaban desde 1810. Esto le valió un nuevo honor, el ducado de Ciudad Rodrigo, que aún ostentan sus descendientes. 

Habla ya Répide de las “buñolerías” que se cobijaban en las características arcadas de esta calle; muchos años después se hicieron famosos locales de aspecto un tanto tugurial pero que producían largas colas de jóvenes con poco dinero y mucha gana de diversión –uno de ellos pudo ser perfectamente quien esto escribe- que buscaban obtener algunos de sus míticos y exquisitos bocadillos de calamares para llenar algo el estómago antes –o después- de la fiesta.

22.1.16

Ciudad Real (Calle de)


Plaza Mayor de Ciudad Real
Foto: CC BY 2.0 kyezitri


Empieza en el paseo de las Delicias y acaba como calle sin salida. Distrito 3 (Arganzuela). Barrio de Palos de Moguer.

Poca historia tiene esta calle, que en su día terminaba en la actual glorieta de Santa María de la Cabeza y que está dedicada a esta capital manchega, la cual, el 1 de enero de 2015, contaba con 74.427 habitantes. Fue fundada en 1255 por Alfonso X el Sabio y de ella se puede decir que en su momento estuvo ligada a nuestra villa, ya que en 1382 fue dada en señorío, junto con Madrid y Andújar, a León V de Armenia por Juan I de Castilla. Las tres plazas volvieron a ser parte de Castilla en 1391 y a la Villa Real se le dio el título de ciudad en 1420, reinando Juan II, con lo cual es desde entonces conocida como Ciudad Real.

15.1.16

Ciudad de Plasencia (Paseo de la)


Vista de Plasencia

Entre la cuesta de la Vega y el paseo de la Virgen del Puerto. Distrito 1 (Centro). Barrio del Palacio.

No es nuestra calle sino una especie de límite entre el Campo del Moro y el Parque de Atenas. Primero se consideró parte de la cuesta de la Vega y así aparece en el plano de Núñez Granés (1910); luego, durante mucho tiempo llevó el nombre de paseo de la Infanta María Teresa, pero desde los años 70 del siglo pasado lleva el nombre de la ciudad de Plasencia, situada en la provincia de Cáceres, fundada a finales del siglo XII por Alfonso VIII de Castilla y que según el padrón tiene 40.755 habitantes con fecha 1 de enero de 2015.

22.12.15

Ciudad de Barcelona (Avenida de la)


Fuente Lámina de agua en el antiguo cuartel de Daoíz y Velarde
Foto: CC BY-SA 3.0 Luis García

Entre el paseo de la Infanta Isabel y la avenida de la Paz. Distrito 3 (Retiro). Barrios del Pacífico y las Adelfas. 

Antes de ser calle, fue la nuestra camino de Vallecas y carretera de Valencia, que bordeaba el ancestral olivar de Atocha antes de dejar atrás la villa en dirección este. Y no dejó de ser camino hasta que se construyó la estación de Atocha, ya que en sus inmediaciones se crearon unos docks, esto es, “muelles”, seguramente pensados para desde allí distribuir las mercancías que llegasen en el novedoso medio de transporte, el “ferro-carril”. Pero la cosa no fue bien y las instalaciones acabaron en manos del Estado, que las destinó a cuartel, primero conocido, obviamente, como Cuarteles de los Docks y, más adelante, como de Daoíz y Velarde.

Precisamente fue frente a estos cuarteles en donde empezaron a construirse las primeras viviendas de la zona, casas baratas “para dar ensanche á la población por aquel punto, proporcionando cómodo y económico albergue á las clases que cuentan con escasos recursos” (Peñasco y Cambronero). Toda la zona quedaba dentro del plan Castro, que había previsto aquí, en principio, parques y zonas deportivas como prolongación del Retiro, pero en 1863 se solicitó un cambio de uso y ya al año siguiente José Luis Retortillo (1830-95), entonces presidente de la Diputación, promovió las viviendas que hoy abarcan los portales 47 a 53 de nuestra calle que, por cierto, recibió en 1865 el nombre de calle del Pacífico, en conmemoración de las extrañas e insensatas acciones navales españolas en aquel océano, de las que ya nos hemos hecho eco alguna que otra vez en estas páginas.


Antigua sede de la compañía MZA (década de 1920)

Pero nos hemos adelantado un poco; si queremos hablar de algunos de los sitios singulares de nuestra calle hemos de volver a su comienzo. En la acera de los pares nos encontramos con cuatro grandes edificios que hoy están ocupados por oficinas de Renfe y ADIF, pero que en su día pertenecieron a la compañía MZA, la que construyó la estación de Atocha y fue su primera propietaria. Se trata de imponentes construcciones de influencia francesa, levantadas entre 1885 y 1890, todas salvo el edificio más pequeño, el que ocupa el número 4, que tiene una historia peculiar. El primer emplazamiento de los edificios administrativos de la MZA estaba donde más o menos hoy se encuentra la antigua estación, allí se construyeron entre 1858 y 1862; cuando se amplió esta, se decidió su demolición, con la excepción del que tratamos, que fue desmontado y vuelto a montar en el lugar que hoy ocupa. Los cuatro edificios están unidos por pasarelas elevadas metálicas. Como curiosidad, mencionemos que el último es el número 8 de la avenida, pero el siguiente portal, en lugar de ser el 10, como correspondería, es el… ¡108!

Si no cambiamos de acera y nos damos una pequeña caminata, llegaremos al lugar donde estuvo el antes mencionado Cuartel de Daoíz y Velarde, cuya puerta, ahora aislada y exenta, sigue ostentando sobre su dintel el título de “Maestranza y parque de artillería”. Ya sabemos que primero tuvo carácter comercial y que en 1880 se convirtió en cuartel de artillería e infantería, al que en 1916 se dio el carácter de maestranza, es decir, no solo de acuartelamiento sino también de taller en el que se construían y montaban las piezas de artillería. En 1981, ya en desuso, pasó a ser propiedad del Ayuntamiento, que en 1988 dota de protección especial a sus edificios. En estos terrenos se instaló la Junta Municipal de Retiro y se estaba construyendo un polideportivo cuando el 11 de marzo de 2004 el terrible y criminal atentado terrorista que mató a 192 personas en varios trenes de cercanías lo convirtió en improvisado centro de emergencias. Hoy una placa recuerda aquel tremendo acontecimiento y reconoce la labor de quienes ayudaron y atendieron a los heridos.

Cambiamos otra vez de acera y avanzamos un poco hacia el Puente de Vallecas para encontrarnos con otro edificio singular, una magnífica obra en ladrillo visto cuyo jardinillo delantero está delimitado por una vistosa verja, hoy ocupado por una residencia de ancianos. En su día fue un asilo para ciegos fundado por Catalina Suárez, marquesa de Vallejo, que tiene dedicada una de las calles que lo bordean. La construcción data de 1907 y fue su arquitecto Eugenio Jiménez Corera.

A mediados del siglo XX, el Ayuntamiento decidió dedicar la antigua calle del Pacífico a la ciudad de Barcelona, la segunda más grande de España, capital de Cataluña, puerto de primer orden, lugar cosmopolita y dinámico como pocos. Según el padrón, el 1 de enero de 2013 vivían allí 1.611.822 personas.

11.12.15

Ciegos (Cuesta de los)


Fuente de la Cuesta de los Ciegos
Foto: CC BY-SA 3.0 Tamorlan

Entre las calles de Segovia y de la Morería. Distrito 1 (Centro). Barrio del Palacio.

Hay discrepancia entre nuestros cronistas a la hora de explicar el nombre de esta empinada cuesta que sube por la antigua ladera del arroyo que un día fue la calle de Segovia. Peñasco y Cabronero, que nos recuerdan que en el plano de Texeira allí no hay calle ni cuesta sino un cerro pelado, dicen que por aquí en el siglo XVIII se hallaban unas casuchas donde vivían varios ciegos que se dedicaban a pedir limosna. Répide, no sin cierta retranca, reprocha la parquedad de la explicación de sus antecesores, relata una “tradición bellísima” en la que San Francisco de Asís devuelve milagrosamente la vista a dos ciegos que por allí andaban limosneando cuando la zona era el límite de un bosque de madroños y duda de que haya que esperar al plano de Espinosa para buscar el nombre, puesto que la cuesta de los Ciegos es citada ya por Quevedo.

Una curiosidad de esta calle está en la fuente que tiene muy cerca de la calle de Segovia. Es, junto a la que ya mencionamos al hablar de la calle de Cabestreros, la única que queda en Madrid con el escudo de la villa ornado con la corona mural republicana, ya que data de 1932.

4.12.15

Cid (Calle del)


Estatua del Cid en Burgos
Foto: CC BY-SA 2.0 ElCaminodeSantiago092006

Entre las calles de Recoletos y de Villanueva. Distrito 3 (Salamanca). Barrio de Recoletos.

En 1862 se creó esta calle, en terrenos que hasta poco antes formaban parte de la huerta de la Escuela de Veterinaria. De la calle que Répide califica simplemente de “corta y sombría” hoy se podría decir que es tranquila y señorial.

Rodrigo Díaz de Vivar nació en una fecha no determinada, entre 1045 y 1050, en un lugar tampoco determinado, aunque la tradición dice que fue en Vivar, muy cerca de Burgos. Acaso perteneció a la pequeña nobleza y muy joven entró al servicio de la corte de Fernando I, en concreto al del infante don Sancho, que al subir al trono como Sancho II otorgó su favor al burgalés. En las guerras que mantuvo Sancho con sus hermanos Alfonso VI de León y García de Galicia es donde pudo obtener Rodrigo su apodo de “el Campeador”.

Finalmente Alfonso sucedió a Sancho y en los primeros tiempos de su reinado tuvo una buena relación con Rodrigo, al que buscó un buen casamiento con una dama noble, biznieta del rey Alfonso V, Jimena Díaz. Los problemas comenzaron cuando el Campeador hizo una incursión en la taifa de Toledo, cuyo rey era un protegido de Alfonso. Ello le supuso un primer destierro, hacia 1080. Primero ofreció sus servicios a los condes de Barcelona; al ser rechazado hizo lo propio con el rey de la taifa de Zaragoza, donde permaneció hasta 1086.

La invasión almorávide hizo que Rodrigo tuviese que abandonar Zaragoza y, tras reconciliarse, volvió al servicio del rey de Castilla y León. Pero no duró mucho la cosa: en 1088 hubo un nuevo destierro, esta vez con expropiación de sus bienes, algo que solo se hacía en casos de traición. Desde ese momento actuó como caudillo independiente. Sus correrías se extendieron por todo el Levante peninsular, región de la que se convirtió en el personaje más poderoso. En 1094 conquistó Valencia y se proclamó su “príncipe”, de lo cual posiblemente derive el apodo de “Cid”, del árabe “sidi”, señor. Allí murió entre mayo y julio de 1099. Su esposa Jimena consiguió mantenerse en la ciudad hasta 1102.

El Cid ha dado lugar a innumerables leyendas, cantares, romances, historias, novelas, óperas y películas. Sin duda lo más importante de todo es el Cantar de Mío Cid, escrito alrededor de 1200 y que es la primera gran obra narrativa que se escribió en lengua castellana.

13.11.15

Cibeles (Plaza de)


Fuente de Cibeles
Foto: CC-BY-SA Carlos Delgado

Entre la calle de Alcalá y los paseos de Recoletos y del Prado. Distritos 1 (Centro), 3 (Retiro) y 4 (Salamanca). Barrios de Cortes, Justicia, Jerónimos y Recoletos.

¿Plaza de Cibeles o plaza de la Cibeles? ¿Lo correcto o lo castizo? En Madrid, Cibeles es la Cibeles, y por eso he tenido tentaciones de encabezar este artículo con un flamante Cibeles (Plaza de la). Hace ya unos cuantos años, fue portada de un diario un cartel que se instaló a su entrada y en el que se leía Plaza de la Cibeles, motivo para una crítica no exenta de sarcasmo al Ayuntamiento, cuyo signo político no coincidía con el del prestigioso diario.

Yendo al grano, la plaza que nos ocupa era una parte del camino de Alcalá de Henares y el caserío de Madrid no lo alcanzó hasta el siglo XVI. No había nada aquí, éste era el extremo del Prado Viejo y el inicio del Prado de Recoletos. Pero en la época de Carlos III se instaló la fuente que representa a la diosa Cibeles en un carro tirado por dos leones, obra de Ventura Rodríguez que en principio estaba destinada para los jardines de La Granja. Su primitivo emplazamiento estaba en una esquina de la actual plaza, junto a la verja del jardín del Palacio de Buenavista; la diosa miraba entonces hacia Atocha, cruzando la vista con su vecino Neptuno.

Y una encrucijada de cuatro calles era el paraje hasta que en 1895 se reforma, se hace más o menos circular, y se coloca la estatua donde hoy en día está. Como la plaza formada no tenía nombre, se designó como Plaza de Madrid y, posteriormente, Plaza de Castelar, aunque al final su nombre terminó siendo el que todos los madrileños le daban, Cibeles.

Cuatro esquinas ocupadas por edificios públicos. En una, el Palacio de Cibeles, hasta 2011 Palacio de Telecomunicaciones, obra de Antonio Palacios que ocupa el hueco de los Jardines del Buen Retiro, lugar de recreo preferido de los madrileños hasta su desaparición en 1905; es la actual sede del Ayuntamiento de Madrid. Se construyó entre 1905 y 1917 y se inauguró oficialmente el 14 de marzo de 1919; el pueblo de Madrid, siempre dado a lo chocarrero, de inmediato empezó a llamarlo, por su aspecto catedralicio, “Nuestra Señora de las Comunicaciones”.


Palacio de Cibeles, sede del Ayuntamiento de Madrid
Foto: CC-BY-SA Carlos Delgado.

Durante casi cien años fue el centro neurálgico del servicio postal en Madrid. Muy característicos son los buzones postales que aún aparecen en la fachada que da al Paseo del Prado. Y muy características eran también las colas que los aficionados a la filatelia hacían el día que salía una nueva emisión de sellos para conseguirlos y si era posible sacarlos con el matasellos del primer día de circulación, aún mejor.

Pero como sabemos el correo postal ha ido decayendo imparablemente desplazado por la tecnología. Por tanto, un edificio tan grande ya no tenía mucho sentido para acoger un servicio que, por desgracia, se iba haciendo residual. Ya desde 2003 empezaron a trasladarse algunas dependencias municipales al Palacio de Telecomunicaciones, que en 2011 se convirtió definitivamente en sede de la Alcaldía y del pleno del Ayuntamiento. El traslado no estuvo exento de polémica por su elevado coste, pero eso es otra historia a la que no quiero dar cabida aquí.

En otra esquina, el Palacio de Murga o de Linares, actual sede de la Casa de América y de azarosa existencia. Proyectado hacia 1863, probablemente se trate de un diseño de origen francés que llevó a la práctica Carlos Colubí, entonces arquitecto municipal. Las obras comenzaron en 1873 y no acabaron hasta 1900, aunque sus dueños, los marqueses de Linares, lo ocuparon desde 1884.


El Palacio de Linares
Foto: J. L. de Diego

Con el tiempo pasó a ser propiedad y sede de la Compañía Transmediterránea y de la Confederación de Cajas de Ahorros; estuvo largo tiempo abandonado y solo la declaración como monumento histórico-artístico en 1976 lo libró del derribo. Finalmente, fue comprado por el Estado para el fin con el que actualmente se utiliza.

Al tiempo de tal adquisición se hizo famoso por sus supuestos moradores de ultratumba, no se sabe si reales o creados por determinada señora que quería vender muchos libros sobre la pobre Raimunda (que así se llamaba una de las almas en pena).

La siguiente esquina la ocupan los jardines del Palacio de Buenavista, que por estar su entrada por la calle de Prim, allí se hablará de él. En la cuarta y última nos encontramos con el edificio del Banco de España.


Sede del Banco de España
Foto CC-BY-SA Luis García

Cuando en 1880 se decidió que fuese el Banco de España el único que emitiese billetes en todo el país, se tuvo claro que había que cambiar su sede, que en aquel momento se encontraba en la Casa de los Cinco Gremios, en la calle de Atocha. Por tanto, el Estado compró una serie de solares y edificios con el fin de situar el Banco en el corazón de la villa. Desaparecieron, pues, el palacio de Alcañices, la antigua iglesia de San Fermín de los Navarros, además de algunos trozos de jardín, para dar paso a la majestuosa sede, obra de Eduardo Adaro y Severino Sáinz de la Lastra. Comenzaron las obras en 1882 y se inauguró el 3 de marzo de 1891.

Desde entonces ha sufrido varias ampliaciones a costa de los inmuebles contiguos: primero a lo largo de la calle de Alcalá, en 1927-30 y después por las del marqués de Cubas y los Madrazo, entre 1969 y 1975. Si bien la primera ampliación, firmada por José Yarnoz Larrosa, se hizo de modo que fuese indistinguible lo antiguo de lo moderno, no fue así con la segunda, obra de Javier Yarnoz Orcoyen –hijo del anterior-, que guarda poca relación con el resto del edificio.

En los últimos tiempos es Cibeles un lugar de celebración de victorias futbolísticas, baño incluido, pero durante el Mundial de fútbol de Estados Unidos, en 1994, la celebración consistió en amputar la mano izquierda de la diosa y hacer desaparecer dicha extremidad, que luego dos cívicos ciudadanos devolvieron en comisaría, aunque no entera. Desde entonces, cada vez que el Real Madrid o la selección española ganan un partido importante u obtienen títulos, la pobre diosa necesita protección policial. Lo que no pasó en la guerra civil gracias a su búnker, sucedió en una noche de fútbol.

6.11.15

Churruca (Calle de)


La muerte de Churruca, por Eugenio Álvarez Dumont
(Museo del Prado, Madrid)

Entre las calles de Barceló y Sagasta. Distrito 1 (Centro). Barrio de la Justicia.

Al hablar de las calles de Apodaca y de Barceló ya se comentó que esta zona se urbanizó poco después del derribo de la Cerca y que tres de sus calles están dedicadas a grandes marinos españoles. El tercero, por orden alfabético, que no por gloria, es Cosme Damián Churruca y Elorza, que nació en Motrico el 27 de septiembre de 1761. Aunque en principio pensó dedicarse a la Iglesia, pronto surgió en él la vocación marinera, la cual le llevó a Cádiz como guardiamarina en 1776. No tardaría mucho en entrar en combate, donde siempre mostró impresionantes arrojo y valentía. En 1783 empezó a estudiar matemáticas en la Academia de Ferrol dando así principio a su carrera científica. Se embarcó en varias expediciones científicas a América y desde 1789 estuvo agregado al Observatorio de la Marina en San Fernando. La participación en esas expediciones no impidió que siguiese participando en hechos de armas, de igual modo que cuando desde 1798 recibió el mando de diversos buques ello no fue óbice para que siguiese desarrollando sus actividades científicas, que incluso despertaron la admiración del Primer Cónsul de Francia, Napoleón Bonaparte. Su último mando fue el del navío San Juan Nepomuceno, en el que sucumbió heroica y gloriosamente en la batalla de Trafalgar, el 21 de octubre de 1805.

26.10.15

Chueca (Plaza de)


Entre las calles de San Gregorio, Gravina y Barbieri. Distrito 1 (Centro). Barrio de la Justicia.

Hasta la década de 1860 no existía esta plaza, que estaba ocupada por una manzana, concretamente la número 318, que al ser derribada dejó un espacio que desde entonces pasó a conocerse como plaza de San Gregorio, aunque no recibió numeración propia, de modo que Répide ni siquiera la considera independiente de la calle que le dio nombre –cuya explicación, por tanto se dará cuando lleguemos a la calle de San Gregorio.

Desde 1943 recuerda al compositor madrileño Federico Chueca y Robres, nacido en plena plaza de la Villa, en la Torre de Lujanes, el 5 de mayo de 1846. A pesar de empezar a familiarizarse con la música desde niño, sus padres le obligaron a estudiar Medicina, carrera que de todos modos acabó dejando por la musical aconsejado por Barbieri. Se le recuerda sobre todo por las numerosas zarzuelas que nos dejó, entre las que destacan La Gran Vía (1886), El año pasado por agua (1889), El chaleco blanco (1890), Agua, azucarillos y aguardiente (1897), La alegría de la huerta (1900) y El bateo (1901). Falleció en Madrid el 20 de junio de 1908.

La plaza de Chueca ha dado nombre a todo un barrio, el cual se ha convertido en una especie de símbolo de la tolerancia hacia todo aquel que lleve su vida de una manera diferente, de que lo distinto no es malo sino que enriquece y, sobre todo, de la libertad para amar a quien cada cual quiera.

19.10.15

Chinchilla (Calle de)


Foto CC BY 2.0 Peter Trimming

Entre la calle de la Abada y la Gran Vía. Distrito 1 (Centro). Barrio de Sol.

En esta calle tuvo sus casas Francisco Chinchilla, alcalde de corte y rastro que adquirió fama de magistrado severo. No en vano fue uno de los que votó a favor de la muerte de don Rodrigo Calderón, marqués de Sieteiglesias. El mismo rigor exigía a la hora de cumplir las disposiciones que para mejor policía de la villa dictaba, como por ejemplo prohibir que se abandonasen animales muertos en la calle. La respuesta del a veces ingrato pueblo de Madrid fue llenar la calle de Chinchilla de todo tipo de inmundicias. Un día se encontró el magistrado a dos mujeres pelando aves cerca de su casa y cuando las preguntó dónde las habían conseguido respondieron que en su basurero, que no era otro sino su calle, e incluso apostillaron que el día anterior vieron allí una lechuza que las sirvió de alimento. Aunque Chinchilla encarceló a las mujeres, esto no evitó que al día siguiente alguien clavase una lechuza en su puerta. Y así la calle de Chinchilla se llamó durante un tiempo de la Lechuza.

Y Chinchilla, personaje que no debió de ser muy querido en Madrid, incluso dio origen a un dicho: Hasta los perros le conocen, ya que ordenó dar muerte a todo perro vagabundo, y fue fama que al verlo pasar los canes huían aullando de pánico.

El caso es que hoy la calle de Chinchilla es una triste bocacalle de la Gran Vía, hasta hace muy poco con un basto adoquinado y muy empinada, con alguna de sus casas sin guardar alineación con las demás. ¿Venganza? No, porque usted tampoco se ha creído demasiado todas estas leyendas, ¿verdad...?

9.10.15

Chamberí (Plaza de)


CC BY-SA 3.0 Museo8Bits

Entre las calles de Santa Engracia y Luchana y el paseo de Eduardo Dato. Distrito 7 (Chamberí). Barrios de Trafalgar y Almagro. 

Decir Chamberí es decir Madrid. Hoy nadie lo duda, pero esto no fue así hasta bien entrado el siglo XIX. Peñasco y Cambronero nos indican que aunque había construcciones desde finales del siglo XVIII, la barriada no empezó a crecer hasta 1837 y no fue sino en 1847 cuando se empezaron a rotular oficialmente las calles que habían ido surgiendo. No tienen claro estos cronistas el origen del peculiar nombre del barrio, que en un principio se había llamado de Los Tejares. Répide sí que parece estar seguro de que proviene de la primera esposa de Felipe V, María Luisa Gabriela de Saboya, a quien estos parajes, con la sierra de Guadarrama al fondo, le recordaban a la antigua capital de su tierra, Chambéry, hoy en Francia, muy cerca de los Alpes.

Cuando se fue formando el barrio quedó nuestra plaza como su centro. Répide también menciona que durante mucho tiempo los vecinos la conocieron como la plaza Vieja. Es hoy en día, como era en tiempos de Répide, una especie de remanso de paz, con sus jardines, su quiosco de música, un lugar para que jueguen los niños y descansen los mayores.


Junta Municipal del Distrito de Chamberí
(Foto: CC BY-SA 3.0 Luis García)

Destacan dos edificios en ella. El primero es el ocupado por la Junta del Distrito, levantado entre 1886 y 1890 según proyecto de Enrique Sánchez Rodríguez posteriormente modificado por José López Salaberry. En su solar, cuando aquello era aún campo, estuvo la llamada casa de las Columnas, dentro de la finca que poseía el marqués de Santiago. En esa antigua casa pernoctó Napoleón viniendo de Chamartín y fue lo más cerca que estuvo de entrar en Madrid. Era entonces propiedad de Saturio Ángel de Velasco, que a su muerte la dividió, junto con la posesión, entre Tomás Andrés Serrano y José Sagristá Nadal, que, según Répide, se han de considerar como los verdaderos fundadores del barrio de Chamberí, ya que parcelaron la enorme finca y promovieron las primeras construcciones.

El segundo edificio es la gran mole de ladrillo del convento y colegio de las Siervas de María, proyectado por el marqués de Cubas y levantado entre 1880 y 1883. Era entonces superiora de la orden Santa María Soledad Torres Acosta, madrileña que junto con otras seis compañeras la había fundado en 1851 precisamente con la guía de un sacerdote de Chamberí, Miguel Martínez y Sanz, que buscaba un grupo de monjas que cuidaran de enfermos sin recursos.

También podemos admirar en esta plaza el monumento dedicado a la actriz Loreto Prado, obra de Mariano Benlliure. Su aspecto un tanto extraño, con la efigie de la actriz parapetada tras una imagen de la Virgen, tiene su explicación en que en principio estaba concebido como monumento funerario, erigido por suscripción popular, para ser colocado en su tumba del cementerio de Santa María. Sin embargo, finalmente se puso aquí, en la plaza de Chamberí, donde se inauguró el 8 de octubre de 1944. Lo que vemos hoy es una copia del original, que hubo de ser retirado en 1989 a causa de su deterioro.


La estación de Chamberí
(Foto: CC BY 2.0 Antonio Tajuelo)

En la plaza de Chamberí hubo una parada de metro, perteneciente a la primera línea, que hubo de ser clausurada en mayo de 1966 cuando se amplió la longitud de los andenes de la línea 1, ya que quedaba demasiado cerca de sus vecinas. Durante mucho tiempo fue la “estación fantasma”, que muchos niños nos esforzábamos en vislumbrar cuando los trenes la atravesaban. El 25 de marzo de 2008 se reabrió, pero no como estación sino como museo que nos muestra cómo era el primitivo metropolitano.

25.9.15

Cervantes (Calle de)


Entre la calle del León y la plaza de Cánovas del Castillo. Distrito 1 (Centro). Barrio de las Cortes.

Nada extraño tiene que en pleno barrio de las Letras nos encontremos con una calle dedicada al príncipe de nuestros ingenios. Menos aún si tenemos en cuenta que la casa en la que vivió y probablemente murió daba a esta calle, aunque su entrada principal estaba por la del León.

Pero antes de proseguir, digamos que desde tiempos ancestrales esta calle se llamaba de Francos, y como tal aparece en el plano de Texeira. Esto era así porque en ella se encontraba la casa de la familia de tal apellido al menos desde los tiempos del rey Juan II de Castilla, en la primera mitad del siglo XV. Fue el primero Pedro Suárez Francos, regidor de la villa en aquel entonces.

Pues hete aquí que en la casa que hace esquina con la del León vivió, como hemos dicho, Miguel de Cervantes los últimos años de su vida. Perduró el edificio hasta 1833, cuando fue derribado por ruinoso. Se hizo eco de tal fechoría Mesonero Romanos, que publicó el 23 de abril de ese año (en el aniversario de la muerte del gran escritor) un artículo titulado precisamente “La casa de Cervantes” en la Revista Española. Llegó su eco hasta el propio rey Fernando VII, que intentó que el Estado comprase el nuevo inmueble que el dueño, Luis Franco (¿acaso descendiente de aquellos Francos que poblaron la calle?), empezó a levantar en el solar con el fin de que se instalase en él alguna institución pública de carácter literario. Sin embargo, el propietario se negó y como el rey felón parece que el único derecho que respetaba era el de la propiedad privada, desistió y acabó conformándose con emitir una Real Orden, el 4 de mayo de 1833, en la que mandaba se colocasen un gran medallón y una placa sobre la puerta que da al número 2 de nuestra calle en conmemoración de su ilustre morador, que aún subsisten. Dice su leyenda:

AQUÍ VIVIÓ Y MURIÓ
MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA
CUYO INGENIO ADMIRA EL MUNDO
FALLECIÓ EN MDCXVI



Mucho tuvo que ver en esto el que entonces era comisario general de la Cruzada(*), Manuel Fernández Varela, que asumió los gastos. Tanto el medallón, obra de Esteban de Ágreda –escultor riojano que entonces era director general de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando- como la placa fueron inaugurados el 13 de junio de 1834. Poco después, durante la alcaldía del marqués viudo de Pontejos, cuando se emprendió la revisión de la nomenclatura del callejero madrileño, se decidió que la calle dejase de llamarse de Francos y pasase a recordar al gran escritor complutense.

En 2005 la Real Academia Española colocó otra placa a la derecha de la puerta, esta vez conmemorando el cuarto centenario de la publicación de la primera parte del Quijote, la obra más inmortal de Cervantes.

Curiosamente, si avanzamos un poco más en la calle y llegamos al número 11 nos encontraremos con la casa que fue de Lope de Vega, esta sí conservada y convertida en museo. La compró el dramaturgo en septiembre de 1610 y la habitó hasta su muerte, en 1635. Después tuvo numerosos dueños; alguno fue el responsable de hacer desaparecer la piedra con la inscripción “Parva propria magna, magna aliena parva” que hizo poner Lope en su dintel. Hoy ha sido vuelta a colocar; la casa es un museo propiedad de la Real Academia Española, que la posee desde 1931 al morir sin herederos su última dueña, Antonia García de Cabrejo, que había creado en ella una fundación para enseñar a hacer encajes a niñas huérfanas. Ha sufrido diversas restauraciones, la última de las cuales terminó en 1992.


Casa de Lope de Vega

A medida que se acerca a su final, los edificios de la calle se van aburguesando, hasta culminar en el lateral del hotel Palace. Durante muchos años terminó en la plaza de Jesús. A principios del siglo XX se abrió una calle que atravesaba los que fueron terrenos del palacio del duque de Medinaceli; al principio se denominó del duque de Alburquerque, pero no pasó mucho tiempo antes de que fuese incorporada a la calle de Cervantes.

Resulta difícil hacer un breve resumen de la azarosa vida de Miguel de Cervantes Saavedra. Nació en Alcalá de Henares el 29 de septiembre de 1547. Aunque pronto tuvo veleidades literarias, fue primero soldado. Tras marchar a Italia, sirviendo al cardenal Acquaviva, se alistó en los tercios, con los que recorrió gran parte de la Península Itálica. En 1571 actuó heroicamente en la batalla de Lepanto, en la que quedó inútil de la mano izquierda y se ganó el apelativo de “el Manco de Lepanto”. Siguió, no obstante, participando en hechos de armas y cuando en 1575 regresaba a España en la galera Sol fue apresado por piratas berberiscos y sufrió cinco años de cautiverio en Argel. Rescatado por frailes mercedarios, en 1580 volvió a España, en concreto a nuestra villa, y empezó a dedicarse a su vocación verdadera, la literatura. Pero en el teatro reinaba Lope y hubo de buscar otros medios de vida. Marchó a Sevilla, donde ejerció de comisario del acopio de víveres para la flota de las Indias y también como recaudador de impuestos, lo cual le permitió viajar por España y conocer a muchos tipos que luego reflejó en su inmortal novela. Estuvo también en la cárcel por problemas con las cuentas y durante esa estancia en prisión, según su propio testimonio, concibió el Quijote. En 1603 marchó a Valladolid siguiendo a la corte y allí vivió tres años. Pasó el resto de su vida en Madrid, escribiendo sin parar pero sin obtener grandes beneficios por ello. Murió el 23 de abril de 1616, en la misma fecha pero no el mismo día que Shakespeare, ya que en Inglaterra aún regía el calendario juliano.

Aparte de su Quijote, obra genial que le sitúa en la cumbre de la literatura española y universal, cuya primera edición imprimió Juan de la Cuesta en su establecimiento de la calle de Atocha en 1605, escribió otras novelas como La Galatea o Los trabajos de Persiles y Sigismunda (cuya dedicatoria firmó en su lecho de muerte), también las Novelas ejemplares, que entrarían en el género que hoy conocemos como relatos cortos. Para el teatro nos dejó comedias (Los baños de Argel, El gallardo español) y entremeses (La elección de los alcaldes de Daganzo, El retablo de las maravillas). También escribió mucha poesía, aunque apenas se conserva nada salvo los muchos poemas incluidos en otras obras y el Viaje del Parnaso. No se consideraba a sí mismo un buen poeta, para él era una “gracia que no quiso darme el cielo”.

El cuerpo de Cervantes fue depositado en el convento de las Trinitarias Descalzas, cerca de su casa, pero hasta hace poco no se sabía dónde estaba enterrado con exactitud, ya que diferentes cambios en el convento implicaron el traslado de los restos de las personas allí sepultadas. Tras vencer las reticencias de las religiosas, se llevó a cabo una minuciosa investigación encaminada a localizarlos, que culminó, en marzo de 2015, con la identificación de restos pertenecientes a Cervantes, a su esposa y a otras 14 personas con las que se hallan irremediablemente mezclados. El 11 de junio de ese mismo año se inauguró, con los honores militares que corresponden a un soldado-poeta, una lápida detrás de la cual se guardan tres pequeños ataúdes que contienen esos despojos. En ella se puede leer: “Yace aquí Miguel de Cervantes Saavedra” y, siguiendo a los años de su nacimiento y muerte, hay una cita de su novela Persiles y Sigismunda:

El tiempo es breve,
las ansias crecen,
las esperanzas menguan,
y, con todo esto,
llevo la vida sobre el deseo
que tengo de vivir.

(*) La Comisaría General de Cruzada era una institución que se encargaba de gestionar tres impuestos o “gracias” que la Santa Sede había cedido en 1561 a la monarquía católica española para sufragar su lucha contra los infieles, los conocidos como “bula de Cruzada”, “subsidio” y “excusado”. Desapareció en 1851.

24.7.15

Cenicero (Calle de)


Cenicero (La Rioja); Iglesia de San Martín
Foto CC BY-SA Pigmentoazul

Entre las calles del Gobernador y de Atocha. Distrito 1 (Centro). Barrio de las Cortes.

Al comienzo de nuestra calle se encuentra desde 2008 el centro cultural Caixa Forum Madrid, hoy una de las visitas obligadas de nuestra villa, ocupando lo que fue Central Eléctrica de Mediodía. Se trata de una obra arquitectónica moderna, que ha respetado parte de las fachadas de ladrillo visto del antiguo centro fabril. A pesar de que aquí nos hacemos eco de él, se indica que su entrada está por el paseo del Prado, sin duda para no quedar descolgado de otros importantes centros culturales que hay en esa gran avenida, como los museos del Prado y Thyssen. Allí nos volveremos a referir a él, pero quede constancia de que en realidad se halla en la calle de Cenicero.

Una calle que está dedicada a la ciudad muy humanitaria de Cenicero, en La Rioja, que según el padrón tiene 2.050 habitantes con fecha 1 de enero de 2013. Ostenta su curioso título por su comportamiento ejemplar ante un terrible accidente ferroviario ocurrido en sus cercanías el 27 de junio de 1903, que provocó 43 muertos y más de 80 heridos. Pero lo que hizo que Madrid le dedicase una calle fue su heroica resistencia, en defensa de Isabel II, ante el cerco de las tropas de Zumalacárregui en octubre de 1834, durante la primera guerra carlista.

Antes de homenajear a la humanitaria ciudad riojana se llamó calle de la Redondilla y así figura en el plano de Espinosa; en el de Texeira aparece, pero sin nombre. Capmani, que la llama de Ceniceros, cuenta una historia no recogida más tarde por nuestros cronistas habituales: según él, en esta zona hubo unos corrales en los que vivían ciertas personas que se dedicaban a recoger la ceniza de los hornos de Villanueva, la llevaban a sus corrales y luego la vendían en los lavaderos como útil de limpieza. Al parecer, también hacían la operación en los quemaderos de la Inquisición, una vez el viento se había llevado las cenizas de los ejecutados; por ello eran repudiados por la sociedad y se llegó a crear el dicho “parece que viene del corral de Ceniceros” cuando se quería despreciar a alguien. No parece muy consistente la historia, y el propio Capmani añade, como queriendo curarse en salud: “en la rotulación moderna se lee de Cenicero, que parece tenga hoy ese nombre por la acción dada durante la guerra civil en la minoría de la reina doña Isabel II.”

17.7.15

Celenque (Plaza de)


Foto:  CC BY-SA Osiliab

Entre las calles del Maestro Victoria, Tetuán y Arenal. Distrito 1 (Centro). Barrio de Sol.

La plaza en la que nos hallamos, un simple ensanchamiento final (o, mejor dicho, inicial) de la calle del Maestro Victoria, recibe su nombre porque aquí se encontraban las casas que pertenecieron al mayorazgo de un caballero llamado Juan de Córdoba Zelenque o Celenque, que vivió en el siglo XV a caballo de los reinados de Enrique IV e Isabel la Católica y fue alcaide de la casa real del Pardo. Mesonero Romanos, que es en este caso nuestra fuente, llama de Zelenque a la plaza, e indica que en tiempos se conoció como de don Juan de Córdoba. En el plano de Texeira está rotulada como plaçuela de Selenque y se muestra mucho más espaciosa que en la actualidad.

Ya menciona Répide que el Monte de Piedad había construido un edificio aquí, de igual aspecto –dice- que los que ya tenía por entonces en las cercanas plazas de las Descalzas y de San Martín. Y es que, efectivamente, durante mucho tiempo tuvo su entrada por esta plaza la sede central de la Caja de Madrid; hoy se encuentra allí su Fundación, reducida casi a la nada por los últimos y desgraciados cambios que ha sufrido esa entidad.

Muy cerca de una de sus esquinas con la calle del Arenal se puede apreciar una placa que desde 1984 recuerda que Claudio Sánchez Albornoz pasó su infancia y juventud aquí, “en la casa materna de la plaza de Celenque”.

10.7.15

Cedaceros (Calle de los)


Cedazo para harina de trigo
CC-BY Tamorlan

Entre la calle de Alcalá y la carrera de San Jerónimo. Distrito 1 (Centro). Barrio de las Cortes.

Calle de nombre gremial; aquí hubo, en tiempos, muchos artesanos que fabricaban cedazos, esto es, herramientas para separar lo sutil de lo grueso. No debía de ser muy buena esta zona hace unos 150 años, ya que Mesonero Romanos, en su Antiguo Madrid, se refiere a ella y sus callejas como “verdaderos albañales de inmundicia social, dignos en todo de sus menguados nombres y reputación”, todo ello en agudo contraste con las “elegantes” y “espléndidas” Alcalá y carrera de San Jerónimo. Habla el insigne cronista de las calles de los Gitanos (hoy Arlabán), de Sevilla y de Hita (esta última desaparecida al ampliarse la anterior); de nuestra calle solo indica que es, como las otras, estrecha, pero “habilitada para el tránsito de carruajes” y que por entonces estaba empezando a renovar un poco su caserío.

Cabe mencionar que en el número 4, hoy ocupado por un hotel, se halla un edificio, construido entre 1926 y 1928, de cuya fachada dice la Guía del Colegio de Arquitectos de Madrid que es “un ejemplo insólito de la arquitectura holandesa de los años 20 en Madrid”. Y eso que sus arquitectos fueron Luis Ferrero Llusía y Francisco Javier Ferrero, poco sospechosos por sus nombres de provenir de los Países Bajos.

3.7.15

Cebada (Calle y Plaza de la)


Antiguo mercado de la Plaza de la Cebada

Entre la plaza de la Cebada y la calle del Humilladero. Se encuentra la plaza entre las calles de Toledo, Cebada y Humilladero y las plazas del Humilladero y de la Puerta de Moros. Distrito 1 (Centro). Barrio de Palacio.

En pleno corazón del Madrid más castizo, lugar es éste eminentemente comercial desde sus más remotos orígenes. En principio terreno de la orden de Calatrava, la plaza recibe el nombre al menos desde finales del siglo XVI. Sitio de venta de productos alimenticios, el apelativo le vino, según Répide, porque aquí se separaba la cebada destinada a los caballos del rey de la que iba a manos de diversos párrocos de la zona en concepto de diezmo y también servía en parte para recompensar al sacristán de San Pedro porque era el encargado de tocar a nublado.

Pero además para otros menesteres sirvió el paraje. León Pinelo, cuyos Anales son citados por Peñasco y Cambronero y también por Répide, aunque éste no indica la fuente, dice que en la plaza de la Cebada se instaló un gran jardín con un retrato de San Isidro el 19 de junio de 1622, con motivo de la canonización del patrón de nuestra villa. Y durante el siglo XVIII fue el punto en que se celebraban las ferias de Madrid. También fue elegida para otros asuntos más trágicos, pues desde principios del siglo XIX sucedió a la Plaza Mayor como lugar de las ejecuciones públicas, y aquí, entre otros, fueron ajusticiados Rafael de Riego y Luis Candelas (con éste último hay discrepancias, como se contará en el artículo referido a la glorieta de la Puerta de Toledo). Fue además escenario de la lucha de barricadas en la revolución de 1854 y después de otra revolución, la de 1868, mudó por poco tiempo su ancestral nombre por el de Riego y aunque rápidamente las cosas se pusieron en su sitio, no hubo agravio para el paladín constitucional, que recibió una calle en compensación.


La plaza de la Cebada en el siglo XIX. En el centro, la iglesia de Nuestra Señora de Gracia

Dos edificios significativos han desparecido en esta plaza. La iglesia de Nuestra Señora de Gracia, levantada en el siglo XVII sobre un antiguo humilladero que allí había, fue demolida en 1903 dentro de la gran reforma que sufrió la zona a principios del siglo XX. En esta iglesia era donde se guardaban varios de los pasos de Semana Santa que recorrían Madrid en procesión.

Y el caso de Mariano Calvo Pereira es uno de verdadera mala suerte. Dos magníficas obras de la construcción en hierro levantó este arquitecto en Madrid y las dos han desaparecido. Eran los mercados de los Mostenses y de la Cebada. El primero fue engullido por el tercer tramo de la Gran Vía y el de la Cebada pereció víctima de la codicia especuladora de un Ayuntamiento sin escrúpulos. Calvo Pereira se inspiró nada menos que en el mercado de Les Halles de París para levantar esta magnífica obra entre 1870 y 1875. En 1953 el Ayuntamiento firmó su sentencia alegando que estaba en ruinas, lo cual no era cierto, y sí que esperaba embolsarse una buena cantidad aprovechando el solar para construir viviendas y otras cosas y levantar un mercado más pequeño (ya en los años veinte Répide se quejaba de que su tamaño no era suficiente para Madrid y estaba desbordado). Y dicho y hecho, en 1956 fue derribado y en su lugar se levantó algo de lo que solo me atrevo a decir que más feo imposible y ni siquiera oso hacer comparaciones con su antecesor. En cualquier caso, tiene sus días contados; ya desde hace tiempo se decidió realizar una importante reforma de la zona. Aunque estaba paralizada desde el año 2006 (solo habían desaparecido las piscinas municipales que había entre el mercado y la calle de Toledo), el 20 de junio de 2014 la Comunidad de Madrid decidió dar vía libre a un proyecto que cambiará radicalmente la fisonomía del lugar. Ya veremos si se lleva a efecto.

26.6.15

Cea Bermúdez (Calle de)


Entre la calle de Bravo Murillo y la plaza de Cristo Rey. Distrito 5 (Chamberí). Barrios de Gaztambide, Arapiles y Vallehermoso.

Estos parajes del Ensanche Norte de la villa estaban aún sin urbanizar bien entrado el siglo XX y no es de extrañar, ya que casi hasta entonces (y aún después de la guerra civil) estaban dominados por los cementerios que mandó construir extramuros José Bonaparte más los que se añadieron en la primera mitad del siglo XIX. Al norte del trazado de la calle se hallaba el Sacramental de San Martín, San Ildefonso y San Marcos y al sur estaban los de la Patriarcal, el Sacramental de San Ginés y San Luis y algo más abajo el General del Norte. Si bien en 1884 se clausuraron todos estos camposantos, siguió habiendo enterramientos hasta décadas después y sus ruinas perduraron en algunos casos hasta los años 50 del siglo XX. Yerra Répide cuando dice que el cementerio de la Patriarcal interceptaba esta calle, la realmente afectada era la de Donoso Cortés y allí hablaremos algo más del asunto.

Hoy en día es nuestra calle una vía principal, una importante arteria en dirección este-oeste para el tráfico que llega desde la zona de Moncloa y se dirige hacia la Castellana.

Francisco Cea Bermúdez, político y diplomático, nació en Málaga el 28 de octubre de 1779. Inició su carrera en 1810, con un destino en Rusia, y sirvió tanto al más absolutista Fernando VII como a los liberales en su breve gobierno de los “tres mal llamados años”. En 1824 fue llamado por Fernando VII para ser secretario de Estado (el precedente del presidente del Gobierno), cargo que ocupó durante poco más de un año antes de volver a la diplomacia en Sajonia e Inglaterra. Nuevamente secretario de Estado en 1832, tomó una serie de medidas que favorecieron a los liberales, como la reapertura de diversas universidades, amnistías, depuración del ejército… Tras la muerte de Fernando VII, en septiembre de 1833, fue confirmado en el cargo e intentó emprender un camino de gobierno que equidistase tanto de los absolutistas, cuya bandera habían enarbolado ahora los carlistas, como de los liberales, pero no pudo ser y en 1834 abandonó el cargo. Esta postura fue interpretada por Peñasco y Cambronero como un intento de implantar el “despotismo ilustrado”, algo que Répide recoge y que le lleva a preguntarse si el hecho de dedicarle una calle en Madrid no sería “una confusión municipal y a quien se quiso dar el nombre de una vía fue al verdaderamente ilustre [Juan Agustín] Ceán Bermúdez” (un pintor, crítico e historiador del arte casi contemporáneo del personaje del que aquí hablamos).

Tras abandonar el gobierno, Cea Bermúdez emigró a Francia y en París murió el 6 de julio de 1850. Hay que recordar que fue durante su segunda etapa al frente del Gobierno, en 1833, cuando se realizó la actual división provincial de España, obra de su secretario de Estado de Fomento, Javier de Burgos.

16.6.15

"El cerro de Garabitas": novela madrileña


Madrid vista desde la Casa de Campo
By Untipografico from Madrid (Spain). (Flickr) [CC BY 2.0], via Wikimedia Commons

¿Qué tienen en común la Puerta del Sol, la Plaza Mayor, la Plaza de Oriente, la plaza de Ramales, la calle de la Cruzada, la plaza del Biombo, la plaza de la Prosperidad, el Puente de Vallecas, el barrio de Zarzaquemada, el barrio de Santa Eugenia, Getafe, la calle de Francos Rodríguez, el cementerio de San Isidro o el paseo del Pintor Rosales? ¿Que son lugares de Madrid y alrededores? Claro que sí, pero hay otra cosa: todos esos parajes salen en mi novela El cerro de Garabitas. Porque sí, hoy voy a romper la secuencia alfabética de las calles de nuestra villa y, como dijo Francisco Umbral, "vengo a hablar de mi libro".

Pues sí, he escrito una novela así titulada, El cerro de Garabitas, y la editorial Libros.com ha tenido a bien aceptarla para su posible publicación. Y digo "posible publicación" porque para lograrlo se ha de culminar con éxito una campaña de "crowdfunding" o micromecenazgo en la que, en el plazo de 30 días, he de reunir 100 apoyos individuales.

Cada persona que apoye este proyecto ha de aportar una pequeña cantidad de dinero, que va desde los 6 euros en adelante y siempre implica una recompensa. Quien lo haga, independientemente de la suma, verá su nombre en una de las páginas de cortesía del libro como uno de los mecenas que lo ha hecho posible, además de recibir, cuando se edite, el propio libro, bien en formato electrónico, bien en papel, bien en ambos formatos, según la cantidad donada... Incluso se puede obtener un ejemplar firmado y dedicado por el autor, o sea, servidor de ustedes.

Si queréis colaborar en esta empresa, entrad en esta dirección: http://libros.com/crowdfunding/el-cerro-de-garabitas/ Allí tendréis la oportunidad de ver un vídeo en el que doy más explicaciones sobre el libro y sobre su trama, además de leer sus primeros párrafos.

Os doy las gracias anticipadas.

Pero no me voy a limitar a hacer propaganda aprovechando este medio. Unas palabritas sobre el título y el lugar al que se refiere. Un amigo me ha aconsejado cambiarlo, porque dice que parece el de una "novela costumbrista". Eso es lo que él ha pensado al leerlo, pero ¿qué más cosas nos podría sugerir un libro titulado El cerro de Garabitas?

Este cerro es el más alto de la Casa de Campo y es conocido por los corredores ya que en sus inmediaciones hay un circuito que frecuentan. Pero también lo es por otras cosas que nos podrían venir a la mente al citar su nombre. Por ejemplo, la guerra civil, ya que por su altura fue uno de los más importantes emplazamientos elegidos por la artillería franquista que machacó la villa durante su largo asedio. También puede que haya alguien que recuerde una vieja película de 1960, titulada El cerro de los locos, en la que un grupo de jóvenes con veleidades artísticas se reunían aquí para mostrar sus destrezas y acaso esperar que algún agente los descubriese. (Hay un "Cerro de los Locos", sin relación con este, en la Dehesa de la Villa, que tuvo su importancia precisamente en la guerra civil y donde se hallan todavía muchos restos de la contienda). Pero hay aún otra cosa, que es la que más relación tiene con mi novela, y es una bonita tradición madrileña según la cual este cerro es el lugar donde se reúnen las almas de los madrileños antes de subir juntas al cielo. Dado el apego que tenemos por la villa que nos vio nacer, nos cuesta marcharnos y, por el camino, estas almas abren un hueco en las nubes para volver a contemplar Madrid antes de la partida definitiva. De ahí el dicho: "De Madrid al cielo, y un agujerito para verlo". 

12.6.15

Cavanilles (Calle de)


Estatua de Cavanilles en el Jardín Botánico de Madrid
CC BY Marc Ryckaert (MJJR)

Entre la plaza de Mariano de Cavia y la calle del Doctor Esquerdo. Distrito 3 (Retiro). Barrio del Pacífico.

Esta amplia cuesta abajo que en su día acabó en el campo y se conoció como Cabanilles (así lo reflejan Peñasco-Cambronero y Répide) está dedicada al botánico e ilustrado valenciano Antonio José Cavanilles y Palop, nacido en la ciudad del Turia el 16 de enero de 1745. Estudió Filosofía y Teología y se ordenó sacerdote. En 1777 se trasladó a París y allí fue donde conoció la ciencia botánica. A su vuelta a España, en 1789, empezó a estudiar lo que habían traído las célebres expediciones botánicas a América realizadas unos años antes y también viajó por la Península para analizar la flora autóctona; en estas investigaciones empleó, por primera vez en nuestro país, las ideas taxonómicas de Linneo. En 1801 fue nombrado director del Real Jardín Botánico de Madrid en sustitución de quien fue su primer director, Casimiro Gómez Ortega. Cavanilles murió en Madrid el 5 de mayo de 1804.

En el número 56 tiene sus oficinas centrales la Compañía del Metropolitano de Madrid, muy cerca de la antigua Nave de Motores de Pacífico, de la que hablaremos al llegar a la calle de Valderribas, ya que por allí tiene su entrada.

5.6.15

Cava de San Miguel


La Cava de San Miguel

Entre las calles Mayor y de Cuchilleros. Distrito 1 (centro). Barrios de Palacio y Sol.

Nuestra calle era otro foso, prolongación de los anteriores, y seguía la muralla entre las puertas de Guadalajara y Cerrada. El nombre de San Miguel le viene de la cercanía a la antigua iglesia de San Miguel de los Octoes, cabecera de una de las parroquias primitivas de la villa, que fue una de las derribadas por orden de José Bonaparte en 1810; en su lugar se abrió la actual plaza de San Miguel.

Calle de mesones es esta, frecuentados por quien esto escribe en su época universitaria. Algunos han cambiado de nombre, pero allí están todavía. Otros, como el de la Tortilla, siguen tal cual.




29.5.15

Cava Baja


«Calle de la Cava Baja (Madrid)1» CC BY-SA  Pedro Reina 

Entre las plazas de Puerta Cerrada y del Humilladero. Iguales distrito y barrio que la anterior.

Vale para la explicación del nombre lo dicho en la calle anterior; añadamos que también se llamó Cava Baja de San Francisco. Los cronistas coinciden en dar un valor especial a la Cava Baja, de la que Peñasco y Cambronero indican que es “la calle Mayor de un pueblo de Castilla la Nueva”. Y es que en su época abundaban las posadas donde se alojaban gentes venidas de cualquier punto de España para participar en mercados y ferias de ganado y a realizar todo tipo de transacciones comerciales, formando un batiburrillo en el que se veían –según dicen los mismos autores- “confundidos diariamente desde la barretina catalana al zagalejo de Burgos, desde la boina de Guipúzcoa a la mantilla de Salamanca”. Répide, aunque recoge la misma idea, añade que nuestra calle “es, sin embargo, tan madrileña que, si faltara, no les parecería que habían llegado a Madrid” a las muchas personas que por allí pasaban, porque además de tener posadas y paradores fue durante mucho tiempo el punto de partida y llegada de las diligencias y otros carruajes que iban y venían de localidades como San Martín de Valdeiglesias, Illescas, Segovia o Villaviciosa de Odón. Eso en los tiempos de Peñasco y Cambronero (1889), en los de Répide, más de 30 años después, aún seguía siendo así; lo que había cambiado era la fuerza motriz: de las mulas o caballos al motor de explosión.


La Posada del Dragón 

De las muchas posadas que citan nuestros cronistas (del León de Oro, de la Villa, del Dragón, del Galgo, de la Merced, de San Isidro, de San Pedro o mesón del Segoviano, de las Ánimas, del Pavo Real, de Vulcano, del Portugués…) subsisten, al menos nominalmente, las tres primeras, en los números 12, 13 y 14, respectivamente. La de la Villa ostenta una placa en su fachada que reza “Casa fundada en 1642” y la del Dragón ocupa un edificio que fue levantado por el marqués de Cubas en 1868; el dragón de esta última posada se dice que se inspiraba en el que hubo esculpido en la Puerta Cerrada y que sirvió para que algunos afirmasen que Madrid había sido fundada por los griegos, que, como todo el mundo sabe, llevaban dragones en sus estandartes... En el número 30, donde se hallaba el Parador de la Merced, hoy tiene el célebre Lucio una taberna (su restaurante, que ocupa el antiguo lugar del mesón del Segoviano, está en el número 35).

22.5.15

Cava Alta


By Photographer, Pedro Reina (Placas de calles en Madrid)
[CC BY-SA 3.0], via Wikimedia Commons

Entre la calle de Toledo y la plaza del Humilladero. Distrito 1 (Centro). Barrio del Palacio.

Una cava es el foso que rodea a una muralla. Y eso es lo que aquí hubo en tiempos. La línea de la muralla pasaba por aquí, como ya vimos al tratar de la calle del Almendro. Cuando la fortificación perdió su sentido, se terraplenó la cava para favorecer el crecimiento urbano y surgió esta calle, que en el plano de Texeira se llama Cava Alta de San Francisco. Su comienzo, en el que da un brusco giro de 90 grados, se llamó plaza de la Berenjena, ya que por allí había un berenjenal, que formó parte del huerto del Hospital de la Latina y en el que ignoro si se metería alguien antes de que desapareciera para dar espacio al convento de la Concepción Francisca.


15.5.15

Casto Plasencia (Calle de)


Casto Plasencia. Dibujo de Alfredo Perea (1890). Grabado por Arturo Carretero.

Entre las calles del Marqués de Santa Ana y de las Minas. Distrito 1 (Centro). Barrio de la Universidad.

El anterior nombre de esta calle fue el de callejón de las Minas, aunque también se denominó de la Cruz de la Zarza, según el plano de Espinosa. Para la explicación del antiguo nombre, remito al lector al artículo dedicado a la calle de las Minas –que llegará.

Desde el 3 de octubre de 1890 está dedicada al pintor Casto Plasencia, nacido en la localidad de Cañizar (Guadalajara) el 17 de julio de 1846 y muerto en Madrid el 18 de mayo de 1890, que entre otras cosas participó en la decoración del Palacio de Linares y también en la de San Francisco el Grande, donde pintó la alegoría de la orden de Carlos III en la capilla de la Virgen del Olvido o de Carlos III y colaboró en la decoración de los plementos de la cúpula.