5.7.19

Encarnación (Plaza de la)

El Real Monasterio de la Encarnación
(Foto CC BY-SA 3.0 Luis García)

Entre las calles de la Encarnación, de la Bola, de Arrieta y de San Quintín. Distrito 1 (Centro). Barrio de Palacio. 

Como está dicho en el artículo anterior, el nombre de nuestra plaza se debe al convento de la Encarnación, uno de los más bellos e importantes de la villa de Madrid, cuya fachada se abre a ella. Según Répide, la ocasión que propició la fundación del convento fue la expulsión de los moriscos por Felipe III; su esposa, la reina Margarita de Austria fue quien ideó la creación del monasterio para conmemorar tal hecho. Se puso su primera piedra en 1611 y tardó cinco años en terminarse. No hay certeza absoluta, pero se supone que su traza, herreriana, se debe a Juan Gómez de Mora, aunque es probable que su ejecutor fuese fray Alberto de la Madre de Dios. El rey no reparó en gastos para adornar la fundación de su esposa, que murió al poco de iniciadas las obras, y fueron grandes los fastos en el momento de su inauguración, el 2 de julio de 1616; lo ocuparon monjas agustinas descalzas, que aún hoy son sus moradoras. Entre 1755 y 1767 la iglesia sufrió una reforma a cuyo cargo estuvo Ventura Rodríguez.

Cúpula de la iglesia del Monasterio, con los frescos de Bayeu
(Foto CC BY-SA 3.0  Håkan Svensson)

Fue el de la Encarnación uno de los conventos afectados por la desamortización de Mendizábal en 1836. Desocupado por las monjas, se empezó a demoler, pero en 1844 se decidió que no desapareciera; el mismo arquitecto que se estaba encargando de su derribo, Narciso Pascual y Colomer, fue quien proyectó su recuperación. Se reedificó la parte destruida y en 1847 regresaron las religiosas. Entre 1984 y 1986 sufrió una nueva restauración. 

Quizá este convento no sea tan conocido como debiera (lo cual no sé si es tara o virtud en estos tiempos de sobreexplotación turística), pero es una de las visitas obligadas para cualquiera que venga a Madrid, ya que alberga un espléndido museo que fue abierto al público en 1965. Incluye pinturas y esculturas de Lucas Jordán, Pedro de Mena o Gregorio Hernández. Destaca en especial su impresionante relicario, entre cuyas piezas se halla la sangre de San Pantaleón, que se licua todos los años cada 27 de julio. También los frescos de la iglesia, firmados por Bayeu.

21.6.19

Encarnación (Calle de la)

Foto CC BY-SA Asqueladd

Entre la calle de la Bola y la plaza de la Marina Española. Distrito 1 (Centro). Barrio de Palacio.

Lleva esta calle su nombre por el convento del que hablaremos en el próximo artículo, el dedicado a la plaza, que es uno de los monumentos más bellos y espectaculares de Madrid. Hasta llegar (o volver, como ahora veremos) a esta situación ha pasado por varias etapas, es decir, a tener diversos nombres. No lo lleva en planos de referencia, como el de Texeira, y Peñasco y Cambronero nos dicen que, según la tradición, en tiempos se llamó del marqués de las Pozas, pues allí tenía este personaje sus casas. Répide lo llama “marqués de Poza” y nos recuerda que Schiller hace de él un protagonista de su tragedia Don Carlos (es el “Posa” de la ópera de Verdi). Felipe III compró estas casas y allí fundó el convento de la Encarnación; ahí tenemos el primer cambio de nombre. 

El 4 de agosto de 1933 hubo otro; pasó a llamarse calle de Amadeo Vives. Poco duró esta situación, pues tras el final de la guerra civil, el 26 de abril de 1940, volvió al original. Pero no había de acabar ahí el trasiego; al año siguiente fue dedicada a dos personajes del régimen franquista de cuyo nombre no quiero acordarme y así fue hasta que el 25 de enero de 1980 recuperó definitivamente (esperemos) la denominación actual, calle de la Encarnación.

14.6.19

Emperador Carlos V (Glorieta del)


Grabado del siglo XIX que muestra la puerta de Atocha y la fuente de la Alcachofa

Entre los paseos del Prado y de la Infanta Isabel, la calle de Claudio Moyano, la avenida de la Ciudad de Barcelona, la calle de Méndez Álvaro, los paseos de las Delicias y de Santa María de la Cabeza, la Ronda de Atocha y las calles de Santa Isabel y de Atocha. Distritos 1 (Centro), 2 (Arganzuela) y 3 (Retiro). Barrios de Embajadores, Cortes, Palos de Moguer, Atocha y Jerónimos. 

Nos hallamos en uno de los cruces de caminos más importantes de la villa de Madrid, que en tiempos fue uno de sus confines. Aquí estuvo la puerta de Atocha, cuyo emplazamiento primitivo fue la plaza de Antón Martín. Desapareció incluso antes que la cerca que constreñía la villa y a decir de los cronistas la pérdida no fue de lamentar, dado su escaso valor artístico. Así que de Atocha se llamo primero esta glorieta, hasta que el 27 de junio de 1941 el ayuntamiento decidió dedicársela al emperador, aunque el decir popular sigue conservando el otro nombre. 

Antes del derribo de la puerta de Atocha estuvo frente a ella la fuente de la Alcachofa, parte del plan original de Ventura Rodríguez para todo el Salón del Prado. Allí se colocó en 1782; en 1880 fue trasladada al Retiro, donde aún sigue. Más adelante volveremos sobre ella. No muy lejos de su emplazamiento se puso en 1899 la estatua de Claudio Moyano que ya mencionamos en la entrada dedicada a la calle que lleva su nombre


Así era nuestra glorieta hace cien años, más o menos

En las fotos antiguas se puede ver el espacio anchuroso y despejado de la glorieta, surcado por las líneas de tranvía que venían del Prado y se dirigían hacia el paseo de la Infanta Isabel y hacia Pacífico, con una primitiva salida de la estación del metro en su centro. En los años sesenta del siglo pasado alguien tuvo la feliz idea de colocar una maraña de puentes situados a diferentes niveles con la pretensión de mejorar el tráfico. Fue el célebre “escalextric”, que, por supuesto, no mejoró el tráfico y afeó terriblemente la glorieta desde el mismo día de su inauguración, el 16 de mayo de 1968. Diecisiete años después se inició su desmontado, que culminó en 1987 con la colocación de una réplica en bronce de la fuente de la Alcachofa en el centro de la nueva glorieta. En la zona del paseo del Prado más cercana a nuestra glorieta hay unos troncos de columna que alguien señaló como una suerte de recuerdo del nefasto complejo de pasos elevados.


El “escalextric”, de infausta memoria.

Aquí se situó el primer “embarcadero” ferroviario de Madrid, cabecera de la línea que iba a Aranjuez. Aunque los trenes empezaron sus viajes en 1851 no fue hasta 1858 cuando se abrió tal edificio, que era bastante modesto. Su cubierta de madera se quemó en 1863, año en el que se empezó a planear una nueva estación. Sin embargo, lo que en realidad ocurrió es que se puso una nueva cubierta, esta vez metálica, que subsistió hasta 1891, cuando se derribó el “embarcadero” para dar paso al edificio que hoy conocemos, obra del arquitecto Alberto del Palacio Elissague. Además del primitivo apeadero, en este proyecto de ampliación desaparecieron varios edificios administrativos de la compañía MZA, entonces propietaria de las instalaciones, salvo uno, que fue desmontado y reconstruido en el número 4 de la avenida de la Ciudad de Barcelona, donde aún sigue. 


La antigua estación de Atocha, hoy sede de un jardín tropical
(Foto CC BY Felipe Gabaldón)

Con la llegada del AVE, el edificio de la vieja estación de Atocha perdió su uso ferroviario; los trenes se trasladaron a la nueva y moderna terminal llamada “Puerta de Atocha” y aquí se creó una suerte de jardín tropical. Cada cual que opine según sus gustos. 

Y bien, ya sabemos que el ayuntamiento, para evitar tantas “atochas” en el callejero madrileño homenajeó aquí a Carlos I de España y V de Alemania, rey de Castilla, Navarra y Aragón y emperador del Sacro Imperio, además de otros muchos títulos. Nacido en Gante el 24 de febrero de 1500, era hijo de Juana, futura reina de Castilla, y nieto de los Reyes Católicos, quienes con una hábil política matrimonial hicieron que la herencia de Carlos fuese fabulosa. Muerto Fernando el Católico, Carlos vino a España a tomar posesión del reino, aunque se encontró con la oposición de los nobles castellanos, que deseaban respetar la dignidad de doña Juana I, la legítima reina. Además, venía sin hablar apenas castellano y rodeado de numerosos consejeros extranjeros. Varios años le costó ser reconocido por todos los reinos peninsulares; en el entretanto y tras la muerte de Maximiliano I fue proclamado emperador del Sacro Imperio en junio de 1519. 


Carlos V, por Juan Pantoja de la Cruz (1605)
(Museo del Prado, Madrid)

Desde entonces empezó una incesante sucesión de conflictos como las guerras de las Comunidades en Castilla y de las Germanías en Valencia, la interminable rivalidad con Francia, la represión del naciente protestantismo en el Imperio, la lucha con los otomanos en expansión por el este de Europa… Como compensación, la conquista de América, que convirtió el español en el imperio más grande de la época. Cansado y avejentado, en 1556 Carlos abdicó en su hijo Felipe II (España y las Indias) y su hermano Fernando (el Sacro Imperio) y se retiró al monasterio de Yuste. Allí murió de paludismo el 21 de septiembre de 1558.

7.6.19

Emilio Castelar (Glorieta de)


Monumento a Emilio Castelar, en la glorieta de su nombre
(Foto: Luis García)

Entre los paseos de la Castellana y del general Martínez Campos y la calle del general Oráa. Distritos 4 (Salamanca) y 7 (Chamberí). Barrios de Castellana y Almagro. 

Hallábase por estos pagos la Fuente Castellana que dio nombre primero a un arroyo y luego a la calle más elegante de nuestra villa. Con la formación del paseo, se creó aquí una glorieta en cuyo centro se colocó un obelisco como coronación de una fuente monumental, todo para conmemorar el nacimiento de quien se acabaría convirtiendo en Isabel II. Corría el año 1833 y fue su autor Francisco Javier de Mariategui, el mismo al que se deben las “pirámides” de la glorieta de ese nombre. De ese modo, el nombre primitivo de este cruce de caminos fue el de Glorieta del Obelisco. Allí permaneció nuestra fuente monumental hasta que en julio de 1908 fue inaugurada en su sustitución una estatua dedicada a Emilio Castelar, obra de Mariano Benlliure y que aún preside la glorieta. El obelisco fue trasladado primero a la plaza de Manuel Becerra y luego al parque de la Arganzuela, donde aún sigue.

Curiosamente, no se impuso su nombre actual a la glorieta hasta el 13 de diciembre de 1940, cuando pasó a llamarse de Emilio Castelar, para honrar al homenajeado en el monumento sito en su centro. Emilio Castelar y Ripoll, nacido en Cádiz el 7 de septiembre de 1832, periodista y político, fue, a decir de los testigos, uno de los más prodigiosos oradores que dio la tribuna española. Siempre opuesto a la monarquía isabelina, lo cual le supuso una condena a muerte y un exilio, también se situó frente al gobierno revolucionario surgido de la Gloriosa y a la nueva monarquía, la de Amadeo I. Llegada la República en febrero de 1873, fue ministro de Estado y presidente del Congreso antes de hacerse con el mando del Poder Ejecutivo el 7 de septiembre de ese año. Fue el último que lo hizo. Republicano unitario, se opuso a la mayoría federal de la cámara, que le presentó una moción de censura. En el transcurso de las votaciones se produjo la célebre entrada de Pavía en la cámara que acabó con la República propiamente dicha el 3 de enero de 1874 (lo de Serrano, que vino después, sería otra cosa). Tras la Restauración alfonsina se volvió a exiliar, pero no tardó en regresar y continuó participando en la política, ahora en las filas del Partido Demócrata, que dirigió. En 1893 se retiró de la política; murió en San Pedro del Pinatar el 25 de mayo de 1899. Su cuerpo fue trasladado a Madrid, donde tuvo un sepelio multitudinario.

24.5.19

Emilio Carrere (Calle de)

Emilio Carrere
(Caricatura de Manuel Tovar)

Entre las calles de Vallehermoso y de Galileo. Distrito 7 (Chamberí). Barrio de los Arapiles. 

Hasta los años 30 del siglo pasado no se formó esta calle, sita en una zona del Ensanche Norte a la que le costó arrancar, quién sabe si por causa de la cercanía de los cementerios que por allí hubo y que ahí seguían, bien que clausurados, cuando llegaba la mitad del XX. 

Antes denominada Pasaje de Vallehermoso, el 29 de abril de 1949 decidió el Ayuntamiento dedicársela a Emilio Carrere, escritor madrileño nacido el 18 de diciembre de 1881. Aunque trabajó en el Tribunal de Cuentas, pronto se despertó en él la vocación literaria. Fue poeta, periodista y frecuentador de la bohemia vida nocturna madrileña. Se decantó por el bando franquista durante la guerra y al acabar esta escribió en el diario Madrid. En 1943 fue nombrado cronista de la villa. Murió, también en Madrid, el 30 de abril de 1947. De su producción literaria cabe mencionar la novela La torre de los siete jorobados, en la que se basó Edgar Neville para su película homónima, obra maestra del “expresionismo castizo”.

17.5.19

Embajadores (Glorieta de)

(Foto CC BY-SA 3.0 Luis García)

Entre las calles de los Embajadores y Miguel Servet, la Ronda de Valencia, el paseo de las Acacias y la Ronda de Toledo. Distritos 1 (Centro) y 2 (Arganzuela). Barrios de los Embajadores, Acacias y Palos de Moguer. 

Aquí se hallaba el Portillo de Embajadores, una de las entradas (o salidas) secundarias de la Cerca de Felipe IV. Desaparecida la tapia en 1869, tuvo esta plaza una formación lenta; hubo de colmatarse el arroyo de Embajadores e ir haciendo desaparecer las casas que se interponían en su trazado elíptico. Aún en época de Répide faltaba para llegar a su estado actual. 

Cabe citar, como curiosidad, que en esta glorieta están unos de los pocos baños públicos que quedan en Madrid.

10.5.19

Embajadores (Calle de los)

(Foto CC-BY-SA 3.0 Luis García)

Entre la plaza de Cascorro y la carretera de Villaverde a Vallecas. Distritos 1 (Centro), 2 (Arganzuela) y 13 (Puente de Vallecas). Barrios de los Embajadores, Acacias, Chopera, Legazpi, Delicias, Palos de Moguer y Entrevías. 

Nos encontramos con una de las calles más tradicionales de nuestra villa, que por mor de las diferentes prolongaciones ha devenido asimismo en una de las más largas. Relegada en origen al tramo que llega hasta la glorieta del mismo nombre, en tiempos Portillo de Embajadores, ya en la época de Peñasco y Cambronero se le había añadido el llamado Paseo de Embajadores, más tarde el que aún Répide llama el Paseo Blanco, luego parte del paseo del Molino hasta alcanzar la vía del tren (la que hoy utiliza la línea C-5 de Cercanías) y al final más y más hasta llegar a la antigua carretera de Villaverde a Vallecas. 

Le viene el nombre por haber sido abierta en unos terrenos que en su día se llamaron el Campo de los Embajadores. Según la tradición, habiendo recibido el rey de Castilla Juan II embajada de Túnez, Aragón, Francia y Navarra empezó la peste a asolar la villa. El monarca se marchó a Illescas y los embajadores ocuparon diferentes fincas situadas en esta zona, que entonces eran campos sitos a las afueras de Madrid. Se formó una suerte de colonia internacional aislada para evitar el contagio antes de que los diplomáticos volvieran a sus países. 

Iglesia de San Millán y San Cayetano
(Foto CC-BY-SA 3.0 Luis García)

Hay varios edificios interesantes en nuestra calle. Comencemos con la parroquia de San Millán y San Cayetano, cuyo segundo santo es quien da pie a una de las verbenas más castizas de la ciudad. Este templo fue fundado por los frailes teatinos en el siglo XVII. Las obras comenzaron hacia 1678, con un proyecto que casi seguro fue obra del arquitecto Marcos López. Sin embargo fueron las dos figuras más importantes del barroco madrileño, José de Churriguera y Pedro de Ribera, quienes dieron su forma final a la iglesia. Las obras concluyeron en 1761. En 1869, tras el derribo de la iglesia de San Millán, se trasladó aquí su parroquia. 

La iglesia fue incendiada en julio de 1936 y se perdieron todos los tesoros artísticos que albergaba; durante la guerra se apuntaló para evitar su desplome, bajo la dirección de un joven arquitecto que respondía al nombre de Fernando Chueca Goitia. Más adelante fue restaurada y en 1962 se reabrió al culto. En esta iglesia está enterrado Pedro de Ribera. 

El Centro Cultural Tabacalera
(Foto CC BY-SA 2.0 Fred Romero)

Al final de lo que Répide llama “parte histórica y tradicional” de la calle hay otros dos edificios dignos de mención que hoy tienen una función muy distinta de aquella para la que fueron ideados. El más antiguo es el actual centro cultural Tabacalera, que ocupa el edificio construido a finales del siglo XVIII por orden de Carlos III como sede del estanco de aguardiente y naipes. En 1809 abandonó la elaboración de licores para dedicarse al tabaco. Fue, por tanto, propiedad de la empresa estatal de fabricación de tabacos; cuando esta se privatizó, el edificio fue desocupado y posteriormente abandonado. En 2003 se hizo cargo de él el Ministerio de Cultura y en él conviven en la actualidad un espacio público de promoción del arte con el “Centro Social Autogestionado” cedido en 2010 por el Ministerio a un grupo de artistas y vecinos de la zona que trabajan en su mantenimiento. 

El I.E.S. Cervantes
(Foto CC-BY-SA 3.0 Luis García)

Justo enfrente nos encontramos con el Instituto de Enseñanza Secundaria “Cervantes”, que se halla en lo que en su día fue Escuela de Veterinaria. El edificio, obra de Francisco Jareño, se levantó entre 1878 y 1881 en terrenos que pertenecieron al Casino de la Reina y que por entonces eran parte de los jardines del Museo Arqueológico Nacional. Tal museo estuvo, desde 1871 en unos edificios del mencionado Casino de la Reina, hasta que en 1893 se trasladó a su sede actual. En cuanto a la Escuela de Veterinaria, fue fundada en 1793 en un edificio que se hallaba al final del paseo de Recoletos, justo donde hoy están la Biblioteca Nacional y el Museo Arqueológico. A mediados del siglo XIX fue demolido y la Escuela se trasladó primero a la carrera de San Francisco y luego a esta ubicación, donde permaneció hasta 1958, cuando se convirtió en lo que es hoy, un instituto de enseñanza media.

26.4.19

Eloy Gonzalo (Calle de)


El hospital homeopático de San José
(Foto CC BY-SA 4.0 Loreto Carmona)

Entre las glorietas de Quevedo y del pintor Sorolla. Distrito 7 (Chamberí). Barrio de Trafalgar. 

El 1 de marzo de 1899, consumado el Desastre, decidió el Ayuntamiento de Madrid borrar de su callejero todos los nombres que recordasen las colonias recién perdidas en la guerra con los Estados Unidos y cambiarlos por los de héroes destacados o muertos en ella. Tal fue el caso de nuestra calle, que hasta entonces se denominaba de La Habana y pasó a recordar a Eloy Gonzalo, el héroe de Cascorro. Gonzalo, nacido a finales de 1868 en un lugar no determinado y criado en la Inclusa madrileña, fue a morir a la isla antillana en junio de 1897. En el artículo dedicado a la plaza de Cascorro nos detuvimos en contar la acción que lo convirtió en héroe popular y le dio los méritos para la dedicatoria de esta calle y de la estatua que preside aquella plaza. 

Cabe destacar uno de los edificios de esta calle, el Hospital Homeopático de San José, que es uno de los más peculiares de Madrid. Fue su arquitecto José Segundo de Lerma y sus obras finalizaron en 1874. Allí se practicó la homeopatía, hoy considerada con razón una pseudociencia, pues pretende curar por medio de diluciones imposibles de sustancias, de modo que lo suministrado a los enfermos no es más que agua con azúcar. Pero no es objeto de estas líneas entrar en polémicas científicas, así que mejor volvamos a la historia. El centro funcionó como hospital hasta la guerra civil; finalizada la contienda y tras un paréntesis con otros usos volvió a serlo a la vez que el edificio se iba deteriorando de forma inexorable. Al final tuvo que ser abandonado; fue declarado Bien de Interés Cultural en 1997 y restaurado por la Comunidad de Madrid a partir del año siguiente. Casi vacío hoy en día, hay un litigio por su propiedad entre los herederos del marqués de Núñez, fundador del Hospital. Ya veremos qué depara el futuro a este codiciado palacete sito en el corazón de Chamberí.

12.4.19

Eguílaz (Calle de)


Entre las calles de Sagasta y Luchana. Distrito 7 (Chamberí). Barrio de Trafalgar.

Antes de hablar del personaje a quien homenajea esta calle, hay que decir que en ella está uno de los pocos ejemplos de arquitectura modernista que hay en Madrid. Se trata del edificio que hace esquina con la calle de Luchana, construido en 1907 por Ricardo Marcos y Bausá para Pilar Polero y García. (Aquí podéis ver una imagen)

Desde el 21 de julio de 1880 lleva el nombre de Luis Egílaz, que fue un dramaturgo nacido en Sanlúcar de Barrameda el 20 de agosto de 1830. Aunque marchó a Madrid a estudiar Derecho, se hizo aquí conocido por sus escritos, primero como crítico literario y luego por sus comedias y dramas. De ellas, la más exitosa fue La cruz del matrimonio (1860). Murió en Madrid el 22 de julio de 1874.

29.3.19

Eduardo Dato (Paseo de)

La fuente del Cisne en el paseo de la Castellana
(Foto de Alfonso Begué, 1864)

Entre la plaza de Chamberí y el paseo de la Castellana. Distrito 7 (Chamberí). Barrio de Almagro. 

La apertura de esta calle coincidió con la expansión de la villa hacia el norte a partir de la segunda mitad del siglo XIX. Su primitivo nombre fue el de paseo y luego calle del Cisne, a causa de una fuente que había en el paseo de la Castellana en el punto en que desembocaba. Algunos cronistas indican que tal cisne, obra del escultor cordobés José Tomás y colocado allí hacia 1839, provenía del convento de San Felipe el Real, demolido el año anterior. Poco duró en tal emplazamiento; hacia 1868 fue trasladado a la plaza de Santa Ana, donde perduró hasta mediados del siglo pasado, cuando fue retirado en una de las varias reformas que sufrió la plaza. Sin embargo, su nombre se mantuvo en nuestra calle hasta 1939, cuando se le dio el actual. 


Iglesia de San Fermín de los Navarros
(Foto: J. L. de Diego)

Contiene varios edificios de interés. En el número 2 está el colegio Blanca de Castilla, levantado entre 1906 y 1909 según proyecto de Vicente Lampérez, una buena muestra del estilo neomudéjar tan utilizado en la época. A su lado, en el número 4, otro colegio, en este caso el de San Diego y San Vicente, otra obra maestra a decir de los expertos que levantó el arquitecto Juan Bautista Lázaro en 1903-06. No hemos de cambiar de acera para llegar a una de las iglesias más conocidas de Madrid, la de San Fermín de los Navarros (1886-90), obra de Eugenio Jiménez Corera y Carlos Velasco; aquí se trasladó desde el Prado la congregación de los Navarros, que siguen teniendo esta iglesia como punto de reunión en especial cuando se celebran las fiestas del patrón de Pamplona.


Eduardo Dato
(Foto de Kaulak, hacia 1910)

Se recuerda hoy en día en esta calle al político Eduardo Dato e Iradier, que nació en La Coruña el 12 de agosto de 1856. Figura relevante del partido Conservador, fue diputado desde 1884, ocupó varias carteras ministeriales y también presidió el Gobierno tres veces (1913-15, 1917 y 1920-21). Durante sus mandatos se constituyó la Mancomunidad de Cataluña, mantuvo neutral a España en la Gran Guerra, tuvo lugar la Huelga General Revolucionaria de agosto de 1917 y se creó el Ministerio de Trabajo. Dato murió asesinado siendo presidente del Gobierno: el 8 de marzo de 1921 tres anarquistas lo acribillaron a balazos mientras viajaba en coche por la plaza de la Independencia.

22.3.19

Eduardo Benot (Calle de)


Eduardo Benot en una foto de 1907

Entre el paseo del Rey y la calle de Irún. Distrito 9 (Moncloa). Barrio de Argüelles. 

Nuestra breve calle, sita en las faldas de la montaña del Príncipe Pío, está dedicada desde el 23 de junio de 1911 a uno de esos hombres del Renacimiento redivivos que en el siglo XIX se dedicaron a la política, cuando esa noble arte no era, como ahora, una disputa para descubrir quién es el más mediocre. Eduardo Benot, nacido en Cádiz el 26 de noviembre de 1822, fue lingüista, filólogo, matemático, literato y lexicógrafo y, además, un conspicuo republicano federalista. Ministro de Fomento en el primer gobierno republicano de 1873, durante su mandato creó el Instituto Geográfico y Estadístico, del cual derivaron, con el tiempo, el Instituto Geográfico Nacional y el Instituto Nacional de Estadística. Benot sucedió a Pi y Margall a la cabeza del Partido Republicano Federal. Murió en Madrid el 27 de junio de 1907.

15.3.19

Eduardo Adaro (Calle de)


Entre las calles de Alejandro Fernández y de La Rábida. Distrito 6 (Tetuán). Barrio de Bellas Vistas.

Esta breve calle no debe de conservar hoy en día el aspecto que mostraba en época de Répide, el cual nos informa que antes de llevar el nombre actual se llamó del Peral. Desde el 1 de enero de 1898 está dedicada a Eduardo Adaro, arquitecto nacido en Gijón el 6 de febrero de 1848. Formado en Madrid, se le deben obras importantes como el edificio del Banco de España en Cibeles o la sede del antiguo Banco Hispano Americano, en la plaza de Canalejas, hoy en día convertida en centro comercial. Murió en Madrid el 27 de febrero de 1906.

1.3.19

Edison (Calle de)


Thomas Alva Edison con el segundo modelo de su fonógrafo
(Abril de 1878)

Entre la calle de Pedro de Valdivia y la glorieta de López de Hoyos. Distrito 5 (Chamartín). Barrio de El Viso. 

Poca historia tiene esta breve calle, que no se formó hasta bien entrado el siglo XX como tronco común creado por la convergencia en su extremo de las calles de Núñez de Balboa y de Castelló. Sí que la tiene, y mucha, el gran visionario a quien está dedicada desde el 30 de noviembre de 1931. Thomas Alva Edison, nacido el 11 de febrero de 1847 en la localidad de Milan (Ohio), fue tal vez el más importante inventor de los muchos que han surgido en los Estados Unidos de América. Apodado el “mago de Menlo Park”, a él se deben, entre otros muchos, los inventos del fonógrafo, de varios relacionados con el cine (pugnó con Eastman por la patente de la película de celuloide y con los hermanos Lumière por la del cinematógrafo) y la bombilla incandescente. Cuando murió, el 18 de octubre de 1931, había registrado cerca de 1100 patentes.

22.2.19

Écija (Calle de)


La iglesia de la Santa Cruz, en Écija
(Foto CC BY-SA Varpaijos)

Entre la calle de Ferraz y el paseo del Pintor Rosales. Distrito 9 (Moncloa). Barrio de Argüelles. 

En la actualidad esta calle tiene solo la mitad de su longitud original, pues antes llegaba hasta la desaparecida plaza de la Justicia, que se hallaba a las espaldas de la antigua Cárcel Modelo. Precisamente ese trozo que hoy no existe aún no estaba bien formado en época de Répide. Peñasco y Cambronero aún no recogen la calle en su obra, que, recordemos, es de 1889, pero a finales del siglo XIX ya llevaba este nombre, que es el de una de las localidades más importantes de la provincia de Sevilla. La antigua Astigi turdetana, Colonia Augusta Firmi en tiempo de los romanos, Asichcha en los musulmanes, tenía 40.087 habitantes el 1 de enero de 2017, según el padrón municipal. Esta ciudad, de la que destacan sus numerosas torres, es a veces conocida como “la sartén de Andalucía” por las elevadas temperaturas que se dan en lo más riguroso del verano.

15.2.19

Echegaray (Calle de)


Billete de mil pesetas con la efigie de José Echegaray

Entre la Carrera de San Jerónimo y la calle de las Huertas. Distrito 1 (Centro). Barrio de las Cortes.

El nombre tradicional de esta vía era el de calle del Lobo y va ligado a una de esas leyendas madrileñas tan piadosas. Se cuenta que cuando esto eran las afueras de la pequeña villa había por aquí una casa de un cazador que hacía ostentación de su oficio con numerosos trofeos, uno de ellos una piel de lobo rellena de paja. Cierto día un niño que vivía cerca rompió la piel de modo que quedó fláccida y toda su paja por el suelo. El cazador, que debía de ser más bestia que aquellas a las que perseguía, no tuvo mejor idea que dar una cuchillada al muchacho, al que dejó por muerto. Su madre –a la que Répide convierte en una menesterosa que se ocupaba en buscar leña mientras ocurrían los hechos– tomó a su hijo en sus brazos y lo llevó a una casa cercana, donde residía un escultor que tenía una imagen de la virgen conocida como de las Maravillas (véase la calle de Arlabán). Por supuesto, se obró el prodigio, el chico sanó milagrosamente y la imagen fue trasladada al convento de las Carmelitas, donde hubo otro hecho sobrenatural, la aparición de una paloma que dio su apelativo final a la imagen, que no es otra que la de la Virgen de la Paloma. 

El 18 de enero de 1888 el Ayuntamiento decidió dedicársela a José Echegaray y Eizaguirre, ilustre hijo de nuestra villa, en la que nació el 19 de abril de 1832. Hombre polifacético, fue matemático, ingeniero, economista, político y escritor. Los que peinamos unas cuantas canas sin duda recordaremos su efigie en cierta serie de billetes de mil pesetas, lo cual no ha de extrañar a nadie, ya que don José fue el creador del Banco de España. Fue profesor universitario y miembro de la Real Academia de Ciencias Exactas; se le puede considerar como el introductor del cálculo diferencial en España. También intervino en política y fue ministro de Fomento y de Hacienda; en el segundo de estos cargos estableció el monopolio del Banco de España en la emisión de dinero. 

Su vocación literaria fue tardía. Fue sobre todo dramaturgo; la primera de sus obras que se estrenó fue El libro talonario, en 1874. De sus otras 66 piezas quizá la que más pueda sonarnos sea El gran galeoto (1881), pero su teatro, hijo de su tiempo, está en gran parte olvidado hoy en día. Sin embargo, sus contemporáneos lo consideraron uno de los primeros escritores de España, lo cual llevó a que se le concediese el premio Nobel de literatura en 1904, compartido con Frédéric Mistral. Este hecho provocó una oleada de protestas entre los literatos más jóvenes, que hoy en día parece más que justificada. Murió, también en Madrid, el 14 de septiembre de 1916. 

No es que la vieja calle del Lobo contenga edificios dignos de mención, pero no me resisto a citar una anécdota que cuenta Répide sobre don Benito Pérez Galdós, relacionada con el Teatro Español. Sus accesorias traseras daban a esta calle y el propio Répide se presenta como testigo para decirnos que Galdós, cuando era director de ese teatro, gustaba de salir por allí mientras decía a sus acompañantes “vamos a bajar por la escalera de Moratín”. 

Según nos indican Peñasco y Cambronero, esta calle fue una de las primeras donde se instaló, a título de experimento, el alumbrado de gas en el año 1847. 

Y un apunte más, recogido asimismo por Peñasco y Cambronero como confidencia del gran músico Francisco Asenjo Barbieri. En la esquina con la calle de las Huertas hubo una taberna perteneciente a un tal Juan Lepre que es citada por Francisco de Quevedo en su jácara titulada Desafío de dos jaques. Así empieza: 

A la orilla de un pellejo, 
en la taberna de Lepre, 
sobre si bebe un poquito 
y sobre si sobrebebe, 
Mascaraque el de Sevilla, 
Zamborondón el de Yepes 
se dijeron mesurados 
lo de sendos remoquetes.

8.2.19

Duque de Sesto (Calle del)


El futuro Alfonso XII con quien era su tutor, el duque de Sesto

Entre las calles de Antonio Acuña y del Doctor Esquerdo. Distrito 4 (Salamanca). Barrio de Goya.

El primitivo nombre de esta calle, abierta dentro del Ensanche Este, fue calle de la Elipa, ya que su dirección apunta a lo que era el caserío de La Elipa o La Lipa, antigua casa rural aislada que hoy designa todo un barrio de Madrid. Durante mucho tiempo la única construcción que tuvo la calle fue el gran edificio de las cocheras pertenecientes al duque de Sesto, a quien está dedicada la calle desde el 14 de agosto de 1896. José Osorio y Silva nació en 1826 en el palacio de su familia, cuyo solar hoy en día está ocupado por el Banco de España, institución que compró la magnífica vivienda por algo más de tres millones de pesetas de finales del siglo XIX, bonita cantidad que el duque hubo de invertir en saldar sus numerosas deudas. 

El duque de Sesto fue alcalde de Madrid entre 1857 y 1864, y fue el suyo un mandato muy fructífero para la villa, ya que en esos años se llevó a cabo la reforma de la Puerta del Sol, se consiguió al fin la traída de aguas del Lozoya a la capital, se construyó el alcantarillado y se fundaron las Casas de Socorro, entre otras cosas. También en su época como alcalde se instalaron en Madrid algunos urinarios públicos, a la vez que se castigó con multa el hacer aguas menores en la calle, y como a muchos pareciese excesiva la sanción por aliviar las necesidades fisiológicas, rápidamente surgió la escatológica copla (disculpas anticipadas por las posibles palabras malsonantes):

¡Ocho reales por mear! 
Señores, qué caro es esto. 
¿Qué llevará por cagar 
el señor duque de Sesto? 

Independientemente de estos chascarrillos y de su importante labor como alcalde, el duque de Sesto fue tutor del rey Alfonso XII y también una persona que llevó una vida intensa en la que incluso llegó a tener devaneos con Eugenia de Montijo, futura emperatriz de los franceses. Murió en su palacio del paseo de Recoletos el 30 de diciembre de 1909.

26.1.19

Duque de Rivas (Calle del)


Ángel Saavedra, III duque de Rivas, por Gabriel Maureta
(Museo del Prado, Madrid)

Entre las calles de la Concepción Jerónima y de la Colegiata. Distrito 1 (Centro). Barrio de los Embajadores. 

Hasta el año 1890, cuando se derribó el convento de la Concepción Jerónima, no era nuestra calle sino un pequeño entrante que se conocía como plaza de la Concepción Jerónima. Desaparecido el convento y abierta la vía, el 26 de junio de 1895 decidió el Ayuntamiento dedicársela al duque de Rivas. Como no podía ser de otra manera y a pesar de los méritos del personaje, el motivo no fue otro que la presencia aquí del palacio que fue de su propiedad y luego del marqués de Viana, por lo cual se conoce como palacio de Viana. Ya hablamos de él en el artículo correspondiente a la calle de la Concepción Jerónima y ahí remitimos

Ángel Saavedra y Ramírez de Baquedano, tercer duque de Rivas, nació en Córdoba el 10 de marzo de 1791. Participó en la guerra de la Independencia y, una vez abandonado el ejército, entró en política. Liberal en principio, apoyó el pronunciamiento de Riego y, por tanto, hubo de exiliarse tras la intervención francesa de 1823. Muerto Fernando VII, regresó a España y empezó a defender posturas más conservadoras. Fue varias veces ministro, fugaz presidente del Consejo, embajador en Nápoles y París y director de la Real Academia Española. Como literato es reconocido como uno de los adalides del Romanticismo, en especial por su obra teatral en verso y prosa Don Álvaro o la fuerza del sino (1835), que inspiró a Giuseppe Verdi su ópera La forza del destino. Murió en Madrid el 22 de junio de 1865.

18.1.19

Duque de Osuna (Calle del)


Hasta la plaza de los Cubos llegaba antaño nuestra calle
(Foto: CC BY-SA Tamorlan)

Entre la calle de la Princesa y la plaza de Cristino Martos. Distrito 1 (Centro). Barrio de la Universidad. 

La que hoy se conoce así fue en su día parte de la calle de Leganitos, que, antes de regularizarse los terrenos hoy correspondientes a la plaza de España y la calle de la Princesa, llegaba hasta aquí. La antigua calle del duque de Osuna era el primer tramo de la actual calle de la Princesa, más o menos hasta la escalinata que salva el desnivel que hay hasta la plaza de Cristino Martos

Y, para no variar, el nombre proviene de que aquí estuvo uno de los palacios que la casa ducal de Osuna tuvo en nuestra villa. A principios del siglo XIX los duques se trasladaron al que se acababan de construir en las Vistillas y el caserón que dejaron aquí se utilizó para diversos fines hasta que lo ocuparon los misioneros de San Vicente de Paúl, para quienes Isabel II compró la casa. Allí estuvieron hasta que en 1868 fueron obligados a abandonarla. Cuatro años después fueron las Adoratrices, la fundación de la vizcondesa de Jorbalán, quienes vinieron aquí desde la casa que tenían en la calle de Atocha. A finales del siglo XIX se derribó este edificio y se construyó uno nuevo, que siguieron habitando las monjas hasta que en los años 70 del siglo XX desapareció para dar paso a la celebérrima “plaza de los Cubos”.

14.12.18

Duque de Nájera (Calle del)


El palacio de Cañete. A la izquierda, nuestra calle.
(Foto CC BY-SA Luis García)

Entre las calles Mayor y del Sacramento. Distrito 1 (Centro). Barrio del Palacio. 

Estrecha calle peatonal encajada entre la Casa de la Villa, antigua sede del Ayuntamiento, y el palacio de Cañete o de Camarasa. Como cabe deducir de algunos de los artículos anteriores, debe su nombre a que allí estuvieron las casas de los duques de Nájera, título que data de la época de los Reyes Católicos.

30.11.18

Duque de Medinaceli (Calle del)


Retrato de Francisco de Sandoval y Rojas (Rubens)

Entre las plazas de las Cortes y de Jesús. Distrito 1 (Centro). Barrio de las Cortes.

Francisco de Sandoval y Rojas, primer duque de Lerma, mandó construir por esta zona un suntuoso palacio a principios del siglo XVII, una auténtica villa dentro de la villa que era casi autosuficiente. Más adelante fue heredado por la casa de Medinaceli, de donde le viene el nombre a nuestra calle. La ocupación francesa hizo estragos en el palacio y el Ayuntamiento fue, desde mediados del siglo XIX, haciendo uso de su solar para prolongar las calles de Lope de Vega y Cervantes hasta el paseo del Prado. Lo propio hizo con la calle de Jesús, aunque en este caso a su prolongación hasta la plaza de las Cortes se le dio el nombre del duque de Medinaceli. Los restos del palacio ducal desaparecieron en 1910 para que su sitio lo ocupara el hotel Palace.

16.11.18

Duque de Liria (Calle del)


El palacio de Liria
(Foto CC BY-SA 3.0 Luis García)

Entre la plaza de Cristino Martos y la calle de la Princesa. Distrito 1 (Centro). Barrio de la Universidad. 

Esta es la segunda calle que se denomina así, pues antes se llamó de esta forma la que ahora conocemos como de la Princesa, aunque su trazado no era el mismo que el actual. En ambos casos el origen del apelativo está claro, pues pasa por delante del palacio de Liria, actual sede de la casa de Alba. 

Fue el tercer duque de Liria, Jacobo Fitz-James Stuart, quien encargó al arquitecto francés A. Guilbert la construcción de su palacio; insatisfecho con este primer proyecto, encomendó uno nuevo a Ventura Rodríguez, que contó con la colaboración de Francisco Sabatini. El edificio, que tiene ecos de La Granja y el Palacio Real, fue levantado entre 1762 y 1783. En 1773 se realizó una permuta de terrenos con el Ayuntamiento para construir el jardín delantero. Dañado durante la guerra civil, fue reconstruido en 1940 y desde 1972 es monumento nacional. Al contener el legado de la casa de Alba (título que pasó en 1802 al duque de Berwick y Liria al morir sin descendencia su tía, la duquesa de Alba que retrató Goya), alberga una importantísima pinacoteca.

5.10.18

Duque de Fernán Núñez (Paseo del)


Entre las calles de Alfonso XII y de Alcalá. Distrito 3 (Retiro). Barrio de los Jerónimos. 

El célebre Paseo de Coches, como es más conocido, que cruza en un curioso recorrido casi todo el parque del Retiro, nació como un despropósito que ya en su día causó polémica. Varias veces se había intentado abrir una vía para carruajes en el gran parque de Madrid y siempre se había rechazado tal idea, hasta que las 55.000 pesetas que aportó el duque de Fernán Núñez convencieron al Ayuntamiento de 1874 para destruir los muchos árboles que ocupaban en parte el trazado del antiguo canal que salía del estanque y se conocía como del Mallo. El 23 de octubre de ese año de 1874 se abrió al tráfico y así siguió durante más de un siglo. Quien esto escribe aún atravesó varias veces el Retiro en automóvil por esta vía y no olvida ese semáforo colgante que regulaba el tráfico en su desembocadura con la calle de Alcalá.

28.9.18

Duque de Fernán Nuñez (Calle del)


Manuel Falcó y d'Adda, duque de Fernán Núñez

Entre las calles de Atocha y de Santa Isabel. Distrito 1 (Centro). Barrio de los Embajadores.

El nombre primitivo de esta calle fue del Tinte, según dice la tradición porque en ella hubo un establecimiento de tintorería cuyo propietario era el teniente corregidor Carlos Gutiérrez de la Peña. Tal vez por la cercanía del palacio que fue de su propiedad (en el que estuvo el Museo del Ferrocarril hasta que se trasladó a la estación de Delicias y del que hablaremos más cuando lleguemos a la calle de Santa Isabel) el Ayuntamiento decidió dedicársela el 29 de noviembre de 1901 al duque consorte de Fernán Núñez, Manuel Falcó y d’Adda, nacido en Milán el 26 de febrero de 1828. Criado en Italia, al venir a España participó en política, primero como concejal del Ayuntamiento de Madrid y luego como senador, cargo que ocupó desde 1871 hasta su muerte, acaecida en Madrid el 24 de mayo de 1892. También fue diplomático; Peñasco y Cambronero mencionan que a finales de 1881 entregó sus cartas credenciales como embajador al presidente de la República Francesa. En octubre de 1852 se había casado con María del Pilar Osorio y González de los Ríos, duquesa de Fernán Nuñez, por cuyo título es más conocido aunque el que él ostentaba en realidad era el de marqués de Almonacid de los Oteros.

14.9.18

Duque de Alba (Calle y plaza del)


El Gran Duque de Alba, por Antonio Moro

Entre la calle de los Estudios y la plaza de Tirso de Molina. Distrito 1 (Centro). Barrio de los Embajadores. 

No sorprenderá a nadie que esta calle, que ya lleva el mismo nombre en el plano de Texeira, se llame así porque en ella tuvo su palacio el duque de Alba. Fue el III duque, Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel (el “Gran Duque de Alba”), quien mandó levantarlo durante el reinado de Carlos V. Además de servir como su residencia y la de sus descendientes, tuvo ilustres huéspedes, como Santa Teresa de Jesús o San Luis Gonzaga y también otros algo menos “luminosos”, como Tadeo Calomarde, figura destacada de la “década ominosa”, esto es, los últimos diez años de reinado de Fernando VII. En la década de 1860 el edificio sufrió una reforma tan profunda que casi lo hizo desaparecer para convertirlo en un armonioso palacio clasicista; ha llegado hasta nuestros días, pero dividido en pisos y con su planta baja llena de locales comerciales. 


La entrada más mínistérica de Madrid
(Plaza del Duque de Alba)

La plaza, de la que no se indican sus linderos porque no es más que un ensanchamiento sito en la acera de los pares de la calle, se ha hecho muy famosa en los últimos tiempos por el edificio cuya entrada principal da a ella. Llamado la Casa de las Temporalidades por nuestros cronistas de cabecera, fue en principio una dependencia del Colegio Imperial de los Jesuitas, fundado por la emperatriz María de Austria (Répide dice que durante un tiempo la calle del duque de Alba fue llamada de la Emperatriz por esta causa). Más adelante, a finales del siglo XVIII, fue habitado por Godoy y su esposa, María Teresa de Borbón y Vallabriga, condesa de Chinchón y duquesa de Sueca (protagonista de un célebre retrato de Goya), por lo cual hoy en día se conoce como palacio de la duquesa de Sueca. En la época de Peñasco y Cambronero (1889) estaba ocupado por un cuartel de la Guardia Civil y en nuestros días, este edificio, propiedad del Ayuntamiento de Madrid tras una tormentosa expropiación, se está restaurando. La fama le ha llegado porque fue elegido por los creadores de la célebre y magnífica serie El Ministerio del Tiempo como sede de ese organismo. Qué mejor que la vetusta puerta de un palacio abandonado para dar acceso a un ministerio secreto que se ocupa de mantener la Historia tal cual sucedió frente a quienes quieren alterarla…

7.9.18

Dulcinea (Calle de)


Representación de Aldonza Lorenzo, esto es, Dulcinea del Toboso
en el monumento a Cervantes de la Plaza de España.
Escultura de Federico Collaut-Valera
(Foto: Luis García. Dominio Público)

Entre la calle de Raimundo Fernández Villaverde y la avenida del general Perón. Distrito 6 (Tetuán). Barrio de Cuatro Caminos. 

No ha mucho tiempo que hablamos por estos pagos de una calle de Don Quijote y su Dulcinea no podía andar muy lejos; tan cerca que ambas son, más o menos, paralelas. Sin más historia, aunque cabe suponer que, como en el caso del caballero enamorado platónicamente de ella, fuesen los vecinos quienes empezaran a llamarla así y luego el Ayuntamiento diese su visto bueno.