22.11.19

España (Plaza de)


Entre las calles de la Princesa, de los Reyes, Gran Vía, Leganitos, Cuesta de San Vicente, Ferraz, Juan Álvarez Mendizábal, Martín de los Heros y la plaza de Emilio Jiménez Millas. Distritos 1 (Centro) y 9 (Moncloa). Barrios del Palacio, de la Universidad y de Argüelles.

Cuando esto eran las afueras de la villa aquí se encontraban las conocidas como Huertas de Leganitos. Huertas y prados a los que solían acercarse los habitantes de Madrid a tomar el fresco y a disfrutar de las aguas de su célebre fuente, citada en el Quijote. Parece mentira que quien estropease la hermosura de este Prado Nuevo fuese Carlos III, un rey al que siempre relacionamos con mejoras y embellecimientos de la villa de Madrid. Fue él quien mandó construir justo aquí un convento para los religiosos de San Gil. Poco después, con el convento aún vacío, empezó a conocerse este paraje como plaza de San Marcial, en conmemoración de la batalla que tuvo lugar el 31 de agosto de 1813 durante la guerra de la Independencia, apelativo que el Ayuntamiento hizo oficial en 1835. El caso es que los frailes no llegaron a ocupar el edificio, que se convirtió en cuartel en tiempos de José Bonaparte. Era el célebre cuartel de artillería de San Gil, donde tuvo lugar la algarada revolucionaria del 22 de junio de 1866. En aquella memorable jornada, los sargentos del cuerpo salieron del cuartel y recorrieron las calles de Madrid con diversas piezas de artillería. Sin embargo, las tropas leales al Gobierno los fueron rechazando hasta que, recluidos de nuevo en el cuartel sito en nuestra plaza, fueron derrotados por completo al día siguiente. La represión fue feroz y el movimiento fracasó, pero ya se había sembrado la semilla de la revolución que un par de años más tarde daría lugar al derrocamiento de Isabel II. Casi medio siglo después de esta algarada, en 1910, fue demolido para formar la que hoy conocemos como plaza de España.

Detalle del monumento a Cervantes

El solar estuvo mucho tiempo sin urbanizar y se aprovechó para celebrar en él la verbena de Santiago; hay que indicar que esta explanación se llevó por delante la calle de José Cañizares (dedicada a un escritor madrileño de comienzos del siglo XVIII, antes llamada de San Gil). Sin embargo, muy pronto se planteó la instalación en el centro de la futura plaza un monumento dedicado a Miguel de Cervantes. Se convocó a tal fin un concurso nacional y el proyecto ganador, que data de 1915, estaba firmado por el arquitecto Rafael Martínez Zapatero y el escultor Lorenzo Collaut Valera. Catorce años se tardó en empezar la obra, que estuvo dirigida por Pedro Muguruza y concluyó en 1930. En el reciente proyecto de reforma de la plaza, se previó que el monumento cambiase de posición y pasase a mirar hacia el Edificio España, decisión que causó no poca polémica y se zanjó al declarar la Comunidad de Madrid Bien de Interés Patrimonial al conjunto, lo que hacía imposible moverlo. Así que don Miguel y sus criaturas más inmortales, don Quijote y Sancho Panza, seguirán dando la espalda al magno edificio del que pronto hablaremos.



En la esquina con la calle de Bailén se alza el elegante edificio de la Real Compañía Asturiana de Minas, de estilo muy francés. Fue construido entre 1896 y 1899 según un proyecto firmado en 1891 por Manuel Martínez Ángel. Una de las placas en forma de rombo del Ayuntamiento nos recuerda que allí residió el célebre historiador Elías Tormo, pues además de la sede de la compañía citada el edificio albergaba algunas viviendas.



En la plaza de España se sitúan los dos primeros rascacielos que tuvo Madrid (si excluimos el edificio de Telefónica en la Gran Vía). Cronológicamente hablando, el primero es el Edificio España, que fue levantado entre 1947 y 1953. Fueron sus autores Joaquín y Julián Otamendi; aunque en su concepción se tuvieron en cuenta modelos norteamericanos, se quiso dejar una impronta local mediante el uso de elementos barroquizantes en la entrada principal. Ha estado muchos años vacío y abandonado y hace muy poco estuvo a punto de ser objeto de una muy polémica reforma que lo puso al borde de la demolición (nada más que se quería dejar en pie la fachada en un proceso harto complicado de realizar). Solventados los problemas, ha renacido como hotel y sigue siendo uno de los referentes de nuestra villa.



Como lo es su vecina, la Torre de Madrid, que se alzó allí, a su lado, entre 1954 y 1957. Se encargó de ello la misma empresa, la Compañía Inmobiliaria Metropolitana, y los arquitectos fueron los mismos que los del Edificio España. Sin embargo aquí utilizan un lenguaje mucho más cosmopolita. En uno de sus últimos pisos, en los que se supone una inmejorable vista de Madrid, vivió el historiador Fernando Díaz-Plaja.

Actualmente está en proceso una reforma a la que hemos aludido de pasada unas líneas atrás, que supondrá más espacio para los peatones, la plantación de más árboles y la mejora y acondicionamiento de los subterráneos comerciales anejos al aparcamiento que hay bajo la plaza. Unas obras que se están topando con sorpresas como la aparición en la calle de Bailén de restos que se creyeron de las caballerizas de Felipe II pero que en realidad corresponden a algunas estancias del palacio que disfrutó Godoy en aquellos pagos.

Entre mis recuerdos de niñez están los numerosos carteles indicadores que había adheridos a una farola en la esquina con la Gran Vía, que señalaban el camino que había que seguir para llegar a numerosas capitales españolas.

(Ay España, nuestra Españita, tan querida, tan odiada, mucho más maja -y mucho menos- de lo que te pintan y de lo que te hacen, de lo que te hacemos... Cuántas veces se ha usado tu nombre en vano, sobre todo por esos que pretenden quererte tanto... A veces madre y siempre madrastra, como dijo el uno, el país más fuerte del mundo ya que llevas siglos intentando autodestruirte y no lo consigues, como dijo el otro...)

15.11.19

Espalter (Calle de)


Entre la plaza de Murillo y la calle de Alfonso XII. Distrito 3 (Retiro). Barrio de los Jerónimos.

Estamos en la más meridional de las calles del elegante barrio de los Jerónimos, que nace al abrigo del Museo del Prado y el Jardín Botánico y va a morir frente al Retiro. Desde el año 1887 está dedicada al pintor catalán Joaquín Espalter y Rull, que nació en Sitges el 30 de septiembre de 1809. Aunque destinado al comercio, acabó estudiando pintura en Francia. Luego vivió en Italia, donde formó parte de un grupo de pintores catalanes que recibió la influencia de los “nazarenos” alemanes. Establecido en Madrid en 1842, llegó a ser pintor de cámara de Isabel II y el retratista preferido de la alta sociedad de la villa y corte. También realizó pinturas murales, como las bóvedas del Congreso de los Diputados o del antiguo Paraninfo de la Universidad Central. Desde 1843 fue académico de San Fernando. Murió en Madrid el 16 de enero de 1880.

8.11.19

Espada (Calle de la)

Escuela Infantíl Rosalía Rendú
(Foto CC BY-SA Asqueladd)

Entre la plaza de Tirso de Molina y la calle de la Esgrima. Distrito 1 (Centro). Barrio de los Embajadores. 

Tampoco es muy difícil deducir que el nombre de esta calle estará muy relacionado con la anterior, a la cual va a morir. Resulta que el primer emplazamiento de la escuela de esgrima estuvo aquí y su dueño utilizó como reclamo una espada. Peñasco y Cambronero, con su contenida ironía, indican que la gran cantidad de detalles que se dan de ella (que si perteneció a un Par de Francia, que si luego fue de un duque de Alba), “en lugar de garantía, sirve para hacer dudar de su verosimilitud”. 

Répide menciona que en la esquina con la calle de Soler y González estuvo el primer consultorio para lactantes de la villa, en el mismo edificio de estilo modernista que hoy ocupa la escuela infantil municipal Rosalía Rendú.

25.10.19

Esgrima (Calle de la)


Entre las calles de Jesús y María y del Mesón de Paredes. Distrito 1 (Centro). Barrio de los Embajadores. 

Ya no es esta calle un lugar de lenocinio, como parecía ser hace casi cien años, en la época en la que Répide la describió. Esas casas “con farolillo” que mostraban que eran “techos propicios a todo lo cobijable” han dejado paso a bazares, tiendas de ropa y espacios de ocio que muestran en sus carteles plurilingües la torre de Babel en que se han convertido estos barrios. 

No es difícil deducir de dónde le viene el nombre. En tiempos hubo aquí un corralón en donde un maestro de esgrima daba sus clases. Célebre debió de ser y tumultuoso, pues su entrada, al principio pública, hubo de ser limitada a los alumnos a causa de los escándalos. Répide se limita a incluir entre sus alumnos a los pajes del duque de Lerma, pero Peñasco y Cambronero van más allá y sitúan aquí el lugar donde aprendió a manejar la espada nada menos que Lope de Vega.

18.10.19

Escuadra (Calle de la)

(Foto CC BY-SA Malopez21)

Entre las calles de la Torrecilla del Leal y de la Primavera. Distrito 1 (Centro). Distrito 1 (Centro). Barrio de los Embajadores. 

Cual Evangelios sinópticos repiten Peñasco-Cambronero y Répide su explicación para el nombre de esta calle. Lo más seguro es que se deba a su trazado quebrado, pero siempre hay lugar para la tradición, ya sea que en ella vivieran un par de capitanes que tomaron parte en la desdichada expedición de la malintencionadamente llamada Armada Invencible o que allí se exhibió un cosmorama con escenas de la trágica expedición de la Grande y Felicísima Armada que asombró durante bastante tiempo al vecindario.

11.10.19

Escosura (Calle de)


Empieza en la calle de Fernando el Católico y termina como callejón sin salida después de cruzar la de Donoso Cortés. Distrito 7 (Chamberí). Barrio de los Arapiles. 

Azarosa vida la de esta calle, si atendemos a la localización que dan nuestros cronistas de cabecera. En la época de Peñasco y Cambronero comenzaba en la desaparecida calle de San Rafael, paralela a la de Rodríguez San Pedro e iba al campo. O más bien a los camposantos, pues en su trazado se cruzaban los ya clausurados por entonces cementerios Sacramental de San Ginés y San Luis y de la Patriarcal. Treinta y tantos años después Répide nos indica como su inicio la calle de Alberto Aguilera y como obstáculo añadido las cocheras de tranvías que allí hubo hasta la segunda mitad del siglo pasado. Una vez desaparecidos cementerios y cocheras, la calle no recuperó lo proyectado, pues en la que hubo de ser su primera parte hoy tenemos la plaza del conde de Valle Súchil y acabó interceptada por el enorme edificio del Parque Móvil del Estado, cuando tenía que haber llegado hasta el paseo de Ronda… 

No menos azarosa fue la vida del personaje a quien está dedicada desde el 21 de julio de 1880. Patricio de la Escosura Marrogh, nacido en Madrid el 5 de noviembre de 1807, fue militar, político, periodista y escritor. Como militar del arma de Artillería participó en la primera guerra carlista, donde sirvió al lado del general Fernández de Córdova y dejó la milicia a la par que su jefe. La política le sirvió para sufrir exilios y gozar del poder. Formó parte de la conspiración llamada de “los Numantinos”, junto a Espronceda, y tras su fracaso hubo de marchar a Francia y luego a Inglaterra. Más adelante, llegaría a ser ministro de la Gobernación con Narváez y Espartero. Prácticamente se retiró de la política tras la Revolución de 1868. Como periodista y escritor es una de las figuras del Romanticismo español. Entró en la Real Academia en 1847 y escribió numerosas obras dramáticas, poéticas y narrativas. Quizá de todas ellas la más conocida sea la novela Ni rey ni Roque. Sin embargo, la que más gracia me hace a mí (meramente por su título) es el poema narrativo El bulto que viste negro capuz. Como periodista, dirigió diarios como El Universal y El Progreso. Murió en nuestra villa el 22 de enero de 1878.

27.9.19

Escorial (Calle de El)


Entre la Corredera Baja de San Pablo y la calle de Jesús del Valle. Distrito 1 (Centro). Barrio de la Universidad. 

En tiempos en que la villa terminaba aquí se abrió esta calle. Se dice que fue al poco de acabarse el Monasterio de San Lorenzo del Escorial y que desde la primera casa que se edificó aquí se podía ver esa octava maravilla del mundo. Tal casa pertenecía al célebre Mateo Vázquez de Leca (célebre por la epístola que le escribió Miguel de Cervantes y que se convirtió en objeto de vivas controversias literarias a cuenta de su autenticidad), secretario de Felipe II. 

Nos cuenta asimismo Répide que en esta calle vivía en 1808 María Beano, a quien contamos entre las madrileñas muertas heroicamente en la jornada del Dos de Mayo. Amante de Velarde, acudió al Parque de Monteleón cuando empezó la refriega y fue muerta en el camino por una bala francesa.

20.9.19

Escalinata del Fotógrafo Alfonso

Gente de Madrid refugiada en el metro durante los bombardeos franquistas (1937)
Una de las fotos más famosas de Alfonso

Entre las calles Mayor y de Segovia. Distrito 1 (Centro). Barrio de Palacio. 

Esta empinada escalera, que salva el gran desnivel existente entre el palacio de los Consejos y la base del Viaducto, fue abierta dentro de la reforma que sufrió el tramo de la calle Segovia en el que se encuentran sus últimas edificaciones. El 29 de noviembre de 1991 se dedicó a Alfonso Sánchez Portela, Alfonso, fotógrafo que llenó gran parte del siglo XX madrileño con sus imágenes. Nació en Madrid el 16 de noviembre de 1902, y era hijo de otro gran fotógrafo, primero de los que fue conocido simplemente por Alfonso, el manchego Alfonso Sánchez García (1880-1953). Fotógrafo por vocación, Alfonsito, con dieciséis años ya trabajaba como reportero gráfico para varios periódicos y fue el corresponsal más joven que fue a la guerra de Marruecos, donde consiguió retratar a Abd-el-Krim y a sus prisioneros españoles, reportaje que causó una gran conmoción en la opinión pública española. Pero su vida profesional está íntimamente ligada a la villa que lo vio nacer y famosas fueron sus fotografías del desastre del teatro Novedades o de la hazaña del torero Fortuna, que estoqueó en plena Gran Vía un toro que había huido. Amigo de Ramón Gómez de la Serna, colaboró con él ilustrando los artículos que en la sección Ángulos de Madrid del periódico Luz escribía el genial Ramón. El haber sido nombrado Caballero de la Orden de la República en 1935, y su obra durante el sitio de Madrid en la guerra fueron causa de su apartamiento de la profesión periodística, y desde 1939 se dedicó a la fotografía de estudio. Pero no fue este último un periodo estéril, ya que se dedicó a dar conferencias, realizó exposiciones de su obra, participó en tertulias y creó un museo fotográfico. Le fue concedida la Medalla de Oro de la Villa de Madrid en 1984 y en 1989 fue elegido miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Falleció en Madrid el 11 de marzo de 1990.

13.9.19

Escalinata (Calle de la)

(Foto CC BY-SA Luis García)

Entre la calle del Mesón de Paños y la plaza de Isabel II. Distrito 1 (Centro). Barrio del Palacio. 

El nombre primitivo de esta calle fue de los Tintes (aunque en el plano de Texeira se denomina de Tintoreros). Desde hacía mucho tiempo había un fuerte desnivel con la calle del Arenal, que en principio se aseguró con una empalizada. Con el tiempo, se construyó una escalinata que permitiera la unión de ambas calles y de ahí vino el nombre actual. Hoy en día una rampa permite (o, mejor dicho, permitía) el tráfico rodado. 



Como curiosidad, indicaremos que en la acera de los impares, a la altura del número 13 más o menos, donde hay una entrada de garaje, se puede ver un edificio que se construyó siguiendo la forma de uno de los cubos de la antigua muralla de la villa.

6.9.19

Escalerilla de Piedra

Foto: CC BY Concepción Amat Orta

Entre la plaza Mayor y la calle de Cuchilleros. Distrito 1 (Centro). Barrio del Palacio. 

Más que calle y como su nombre indica, esto no es más que la escalera que, por dentro del arco de Cuchilleros, comunica la calle de este nombre con la plaza Mayor. Un espacio bastante pequeño pero con alguna cosa que contar, a decir de nuestros cronistas de cabecera. Aquí empezó el terrible incendio que casi destrozó por completo la plaza el 16 de agosto de 1790 y aquí estuvo la célebre taberna del “Pulpitillo”, que abrió en el último tercio del siglo XVIII y aún existía en época de Répide. Hoy está en su lugar un no menos célebre restaurante cuyo portero recibe a los clientes en atuendo de bandolero, remedando a los compinches del Luis Candelas que le da nombre. 

Gran importancia tienen estos pagos en la obra de Galdós. Hace el gran escritor que uno de sus personajes más característicos, el usurero y tacaño Torquermada, protagonizase una travesura juvenil en esta escalera, cuyos pasos untó de jabón para ver resbalar a la gente. “Bajaban como balas, y algunos iban disparados hasta la calle de Cuchilleros… Este se rompía una pierna, aquel se descalabraba, y mujer hubo que rodó con las enaguas envueltas en la cabeza. En mi vida me he reído más…” (Torquemada y San Pedro, III, cap. VIII).

30.8.19

Ercilla (Calle de)

Alonso de Ercilla, por El Greco
(Museo del Hermitage, San Petersburgo)

Entre los paseos de las Acacias y de Santa María de la Cabeza. Distrito 2 (Arganzuela). Barrio de las Acacias. 

A mediados del siglo XIX se abrió y se rotuló esta calle en la incipiente zona industrial de las Peñuelas, dedicada a un eminente literato y hombre de acción madrileño. Alonso de Ercilla y Zúñiga nació en nuestra villa el 7 de agosto de 1533. Al servicio del futuro rey Felipe II desde niño, viajó por Europa siguiéndolo. En Londres se encontraba cuando conoció a Jerónimo de Alderete, a quien acababan de nombrar adelantado de Chile. Allí marchó con él en 1556 y en los seis años que duró su estancia en las Indias participó en numerosos hechos de armas y expediciones de exploración, durante los cuales se fue empapando de la historia tanto de la conquista como de los hechos pretéritos de aquellas tierras. Fruto de ese trabajo fue su poema épico La Araucana, en realidad la única obra que escribió y que publicó en tres partes entre 1569 y 1590. A la vez siguió sirviendo a su rey en diferentes misiones diplomáticas. Murió en Madrid el 29 de noviembre de 1594 y sus restos fueron trasladados al convento de San José de Ocaña, donde está enterrado.

23.8.19

Encomienda (Calle de la)


Entre las calles del Mesón de Paredes y de los Embajadores. Distrito 1 (Centro). Barrio de los Embajadores. La travesía va de las calles de Juanelo a la de la Encomienda. Iguales distrito y barrio que la calle.

Cuando no había llegado aún la villa a estos pagos, hubo por aquí una casa de campo que perteneció a Pedro Núñez, maestre de la Orden de Santiago. A su muerte, la donó a una de las encomiendas de la Orden. Sin embargo, el condestable Álvaro de Luna se hizo con finca y casa de campo y, cuando cayó en desgracia, fue desposeído de ellas. La casa, abandonada, se arruinó, aunque se conservó su puerta, con el escudo de Santiago sobre ella. Más tarde los hermanos Abad (véase la calle de los Abades) compraron el terreno, aunque conservaron la heráldica fachada. Cuando mucho tiempo después el terreno se parceló para ser urbanizado, la calle que se abrió aquí recibió el nombre con el que la conocemos, que ya aparece en el plano de Texeira.

Répide nos señala que en esta calle estuvo uno de los primeros cines de la villa de Madrid, a comienzos del siglo XX. Quizá ya no es una «de las más animadas e importantes» de la zona, pero conserva el encanto que le da su cercanía al Rastro. Quien esto escribe recuerda además casa Cayetano, que allí estaba, donde se consumían las cervezas según calificación: «notable», «sobresaliente» y «matrícula de honor», en función de la capacidad de la jarra. Borriquerías de jóvenes…

Sobre la travesía dicen Peñasco y Cambronero que en tiempos se llamó del Sacramento, sin que den más explicaciones sobre ello salvo que así está rotulada en el plano de Espinosa.

5.7.19

Encarnación (Plaza de la)

El Real Monasterio de la Encarnación
(Foto CC BY-SA 3.0 Luis García)

Entre las calles de la Encarnación, de la Bola, de Arrieta y de San Quintín. Distrito 1 (Centro). Barrio de Palacio. 

Como está dicho en el artículo anterior, el nombre de nuestra plaza se debe al convento de la Encarnación, uno de los más bellos e importantes de la villa de Madrid, cuya fachada se abre a ella. Según Répide, la ocasión que propició la fundación del convento fue la expulsión de los moriscos por Felipe III; su esposa, la reina Margarita de Austria fue quien ideó la creación del monasterio para conmemorar tal hecho. Se puso su primera piedra en 1611 y tardó cinco años en terminarse. No hay certeza absoluta, pero se supone que su traza, herreriana, se debe a Juan Gómez de Mora, aunque es probable que su ejecutor fuese fray Alberto de la Madre de Dios. El rey no reparó en gastos para adornar la fundación de su esposa, que murió al poco de iniciadas las obras, y fueron grandes los fastos en el momento de su inauguración, el 2 de julio de 1616; lo ocuparon monjas agustinas descalzas, que aún hoy son sus moradoras. Entre 1755 y 1767 la iglesia sufrió una reforma a cuyo cargo estuvo Ventura Rodríguez.

Cúpula de la iglesia del Monasterio, con los frescos de Bayeu
(Foto CC BY-SA 3.0  Håkan Svensson)

Fue el de la Encarnación uno de los conventos afectados por la desamortización de Mendizábal en 1836. Desocupado por las monjas, se empezó a demoler, pero en 1844 se decidió que no desapareciera; el mismo arquitecto que se estaba encargando de su derribo, Narciso Pascual y Colomer, fue quien proyectó su recuperación. Se reedificó la parte destruida y en 1847 regresaron las religiosas. Entre 1984 y 1986 sufrió una nueva restauración. 

Quizá este convento no sea tan conocido como debiera (lo cual no sé si es tara o virtud en estos tiempos de sobreexplotación turística), pero es una de las visitas obligadas para cualquiera que venga a Madrid, ya que alberga un espléndido museo que fue abierto al público en 1965. Incluye pinturas y esculturas de Lucas Jordán, Pedro de Mena o Gregorio Hernández. Destaca en especial su impresionante relicario, entre cuyas piezas se halla la sangre de San Pantaleón, que se licua todos los años cada 27 de julio. También los frescos de la iglesia, firmados por Bayeu.

21.6.19

Encarnación (Calle de la)

Foto CC BY-SA Asqueladd

Entre la calle de la Bola y la plaza de la Marina Española. Distrito 1 (Centro). Barrio de Palacio.

Lleva esta calle su nombre por el convento del que hablaremos en el próximo artículo, el dedicado a la plaza, que es uno de los monumentos más bellos y espectaculares de Madrid. Hasta llegar (o volver, como ahora veremos) a esta situación ha pasado por varias etapas, es decir, a tener diversos nombres. No lo lleva en planos de referencia, como el de Texeira, y Peñasco y Cambronero nos dicen que, según la tradición, en tiempos se llamó del marqués de las Pozas, pues allí tenía este personaje sus casas. Répide lo llama “marqués de Poza” y nos recuerda que Schiller hace de él un protagonista de su tragedia Don Carlos (es el “Posa” de la ópera de Verdi). Felipe III compró estas casas y allí fundó el convento de la Encarnación; ahí tenemos el primer cambio de nombre. 

El 4 de agosto de 1933 hubo otro; pasó a llamarse calle de Amadeo Vives. Poco duró esta situación, pues tras el final de la guerra civil, el 26 de abril de 1940, volvió al original. Pero no había de acabar ahí el trasiego; al año siguiente fue dedicada a dos personajes del régimen franquista de cuyo nombre no quiero acordarme y así fue hasta que el 25 de enero de 1980 recuperó definitivamente (esperemos) la denominación actual, calle de la Encarnación.

14.6.19

Emperador Carlos V (Glorieta del)


Grabado del siglo XIX que muestra la puerta de Atocha y la fuente de la Alcachofa

Entre los paseos del Prado y de la Infanta Isabel, la calle de Claudio Moyano, la avenida de la Ciudad de Barcelona, la calle de Méndez Álvaro, los paseos de las Delicias y de Santa María de la Cabeza, la Ronda de Atocha y las calles de Santa Isabel y de Atocha. Distritos 1 (Centro), 2 (Arganzuela) y 3 (Retiro). Barrios de Embajadores, Cortes, Palos de Moguer, Atocha y Jerónimos. 

Nos hallamos en uno de los cruces de caminos más importantes de la villa de Madrid, que en tiempos fue uno de sus confines. Aquí estuvo la puerta de Atocha, cuyo emplazamiento primitivo fue la plaza de Antón Martín. Desapareció incluso antes que la cerca que constreñía la villa y a decir de los cronistas la pérdida no fue de lamentar, dado su escaso valor artístico. Así que de Atocha se llamo primero esta glorieta, hasta que el 27 de junio de 1941 el ayuntamiento decidió dedicársela al emperador, aunque el decir popular sigue conservando el otro nombre. 

Antes del derribo de la puerta de Atocha estuvo frente a ella la fuente de la Alcachofa, parte del plan original de Ventura Rodríguez para todo el Salón del Prado. Allí se colocó en 1782; en 1880 fue trasladada al Retiro, donde aún sigue. Más adelante volveremos sobre ella. No muy lejos de su emplazamiento se puso en 1899 la estatua de Claudio Moyano que ya mencionamos en la entrada dedicada a la calle que lleva su nombre


Así era nuestra glorieta hace cien años, más o menos

En las fotos antiguas se puede ver el espacio anchuroso y despejado de la glorieta, surcado por las líneas de tranvía que venían del Prado y se dirigían hacia el paseo de la Infanta Isabel y hacia Pacífico, con una primitiva salida de la estación del metro en su centro. En los años sesenta del siglo pasado alguien tuvo la feliz idea de colocar una maraña de puentes situados a diferentes niveles con la pretensión de mejorar el tráfico. Fue el célebre “escalextric”, que, por supuesto, no mejoró el tráfico y afeó terriblemente la glorieta desde el mismo día de su inauguración, el 16 de mayo de 1968. Diecisiete años después se inició su desmontado, que culminó en 1987 con la colocación de una réplica en bronce de la fuente de la Alcachofa en el centro de la nueva glorieta. En la zona del paseo del Prado más cercana a nuestra glorieta hay unos troncos de columna que alguien señaló como una suerte de recuerdo del nefasto complejo de pasos elevados.


El “escalextric”, de infausta memoria.

Aquí se situó el primer “embarcadero” ferroviario de Madrid, cabecera de la línea que iba a Aranjuez. Aunque los trenes empezaron sus viajes en 1851 no fue hasta 1858 cuando se abrió tal edificio, que era bastante modesto. Su cubierta de madera se quemó en 1863, año en el que se empezó a planear una nueva estación. Sin embargo, lo que en realidad ocurrió es que se puso una nueva cubierta, esta vez metálica, que subsistió hasta 1891, cuando se derribó el “embarcadero” para dar paso al edificio que hoy conocemos, obra del arquitecto Alberto del Palacio Elissague. Además del primitivo apeadero, en este proyecto de ampliación desaparecieron varios edificios administrativos de la compañía MZA, entonces propietaria de las instalaciones, salvo uno, que fue desmontado y reconstruido en el número 4 de la avenida de la Ciudad de Barcelona, donde aún sigue. 


La antigua estación de Atocha, hoy sede de un jardín tropical
(Foto CC BY Felipe Gabaldón)

Con la llegada del AVE, el edificio de la vieja estación de Atocha perdió su uso ferroviario; los trenes se trasladaron a la nueva y moderna terminal llamada “Puerta de Atocha” y aquí se creó una suerte de jardín tropical. Cada cual que opine según sus gustos. 

Y bien, ya sabemos que el ayuntamiento, para evitar tantas “atochas” en el callejero madrileño homenajeó aquí a Carlos I de España y V de Alemania, rey de Castilla, Navarra y Aragón y emperador del Sacro Imperio, además de otros muchos títulos. Nacido en Gante el 24 de febrero de 1500, era hijo de Juana, futura reina de Castilla, y nieto de los Reyes Católicos, quienes con una hábil política matrimonial hicieron que la herencia de Carlos fuese fabulosa. Muerto Fernando el Católico, Carlos vino a España a tomar posesión del reino, aunque se encontró con la oposición de los nobles castellanos, que deseaban respetar la dignidad de doña Juana I, la legítima reina. Además, venía sin hablar apenas castellano y rodeado de numerosos consejeros extranjeros. Varios años le costó ser reconocido por todos los reinos peninsulares; en el entretanto y tras la muerte de Maximiliano I fue proclamado emperador del Sacro Imperio en junio de 1519. 


Carlos V, por Juan Pantoja de la Cruz (1605)
(Museo del Prado, Madrid)

Desde entonces empezó una incesante sucesión de conflictos como las guerras de las Comunidades en Castilla y de las Germanías en Valencia, la interminable rivalidad con Francia, la represión del naciente protestantismo en el Imperio, la lucha con los otomanos en expansión por el este de Europa… Como compensación, la conquista de América, que convirtió el español en el imperio más grande de la época. Cansado y avejentado, en 1556 Carlos abdicó en su hijo Felipe II (España y las Indias) y su hermano Fernando (el Sacro Imperio) y se retiró al monasterio de Yuste. Allí murió de paludismo el 21 de septiembre de 1558.

7.6.19

Emilio Castelar (Glorieta de)


Monumento a Emilio Castelar, en la glorieta de su nombre
(Foto: Luis García)

Entre los paseos de la Castellana y del general Martínez Campos y la calle del general Oráa. Distritos 4 (Salamanca) y 7 (Chamberí). Barrios de Castellana y Almagro. 

Hallábase por estos pagos la Fuente Castellana que dio nombre primero a un arroyo y luego a la calle más elegante de nuestra villa. Con la formación del paseo, se creó aquí una glorieta en cuyo centro se colocó un obelisco como coronación de una fuente monumental, todo para conmemorar el nacimiento de quien se acabaría convirtiendo en Isabel II. Corría el año 1833 y fue su autor Francisco Javier de Mariategui, el mismo al que se deben las “pirámides” de la glorieta de ese nombre. De ese modo, el nombre primitivo de este cruce de caminos fue el de Glorieta del Obelisco. Allí permaneció nuestra fuente monumental hasta que en julio de 1908 fue inaugurada en su sustitución una estatua dedicada a Emilio Castelar, obra de Mariano Benlliure y que aún preside la glorieta. El obelisco fue trasladado primero a la plaza de Manuel Becerra y luego al parque de la Arganzuela, donde aún sigue.

Curiosamente, no se impuso su nombre actual a la glorieta hasta el 13 de diciembre de 1940, cuando pasó a llamarse de Emilio Castelar, para honrar al homenajeado en el monumento sito en su centro. Emilio Castelar y Ripoll, nacido en Cádiz el 7 de septiembre de 1832, periodista y político, fue, a decir de los testigos, uno de los más prodigiosos oradores que dio la tribuna española. Siempre opuesto a la monarquía isabelina, lo cual le supuso una condena a muerte y un exilio, también se situó frente al gobierno revolucionario surgido de la Gloriosa y a la nueva monarquía, la de Amadeo I. Llegada la República en febrero de 1873, fue ministro de Estado y presidente del Congreso antes de hacerse con el mando del Poder Ejecutivo el 7 de septiembre de ese año. Fue el último que lo hizo. Republicano unitario, se opuso a la mayoría federal de la cámara, que le presentó una moción de censura. En el transcurso de las votaciones se produjo la célebre entrada de Pavía en la cámara que acabó con la República propiamente dicha el 3 de enero de 1874 (lo de Serrano, que vino después, sería otra cosa). Tras la Restauración alfonsina se volvió a exiliar, pero no tardó en regresar y continuó participando en la política, ahora en las filas del Partido Demócrata, que dirigió. En 1893 se retiró de la política; murió en San Pedro del Pinatar el 25 de mayo de 1899. Su cuerpo fue trasladado a Madrid, donde tuvo un sepelio multitudinario.

24.5.19

Emilio Carrere (Calle de)

Emilio Carrere
(Caricatura de Manuel Tovar)

Entre las calles de Vallehermoso y de Galileo. Distrito 7 (Chamberí). Barrio de los Arapiles. 

Hasta los años 30 del siglo pasado no se formó esta calle, sita en una zona del Ensanche Norte a la que le costó arrancar, quién sabe si por causa de la cercanía de los cementerios que por allí hubo y que ahí seguían, bien que clausurados, cuando llegaba la mitad del XX. 

Antes denominada Pasaje de Vallehermoso, el 29 de abril de 1949 decidió el Ayuntamiento dedicársela a Emilio Carrere, escritor madrileño nacido el 18 de diciembre de 1881. Aunque trabajó en el Tribunal de Cuentas, pronto se despertó en él la vocación literaria. Fue poeta, periodista y frecuentador de la bohemia vida nocturna madrileña. Se decantó por el bando franquista durante la guerra y al acabar esta escribió en el diario Madrid. En 1943 fue nombrado cronista de la villa. Murió, también en Madrid, el 30 de abril de 1947. De su producción literaria cabe mencionar la novela La torre de los siete jorobados, en la que se basó Edgar Neville para su película homónima, obra maestra del “expresionismo castizo”.

17.5.19

Embajadores (Glorieta de)

(Foto CC BY-SA 3.0 Luis García)

Entre las calles de los Embajadores y Miguel Servet, la Ronda de Valencia, el paseo de las Acacias y la Ronda de Toledo. Distritos 1 (Centro) y 2 (Arganzuela). Barrios de los Embajadores, Acacias y Palos de Moguer. 

Aquí se hallaba el Portillo de Embajadores, una de las entradas (o salidas) secundarias de la Cerca de Felipe IV. Desaparecida la tapia en 1869, tuvo esta plaza una formación lenta; hubo de colmatarse el arroyo de Embajadores e ir haciendo desaparecer las casas que se interponían en su trazado elíptico. Aún en época de Répide faltaba para llegar a su estado actual. 

Cabe citar, como curiosidad, que en esta glorieta están unos de los pocos baños públicos que quedan en Madrid.

10.5.19

Embajadores (Calle de los)

(Foto CC-BY-SA 3.0 Luis García)

Entre la plaza de Cascorro y la carretera de Villaverde a Vallecas. Distritos 1 (Centro), 2 (Arganzuela) y 13 (Puente de Vallecas). Barrios de los Embajadores, Acacias, Chopera, Legazpi, Delicias, Palos de Moguer y Entrevías. 

Nos encontramos con una de las calles más tradicionales de nuestra villa, que por mor de las diferentes prolongaciones ha devenido asimismo en una de las más largas. Relegada en origen al tramo que llega hasta la glorieta del mismo nombre, en tiempos Portillo de Embajadores, ya en la época de Peñasco y Cambronero se le había añadido el llamado Paseo de Embajadores, más tarde el que aún Répide llama el Paseo Blanco, luego parte del paseo del Molino hasta alcanzar la vía del tren (la que hoy utiliza la línea C-5 de Cercanías) y al final más y más hasta llegar a la antigua carretera de Villaverde a Vallecas. 

Le viene el nombre por haber sido abierta en unos terrenos que en su día se llamaron el Campo de los Embajadores. Según la tradición, habiendo recibido el rey de Castilla Juan II embajada de Túnez, Aragón, Francia y Navarra empezó la peste a asolar la villa. El monarca se marchó a Illescas y los embajadores ocuparon diferentes fincas situadas en esta zona, que entonces eran campos sitos a las afueras de Madrid. Se formó una suerte de colonia internacional aislada para evitar el contagio antes de que los diplomáticos volvieran a sus países. 

Iglesia de San Millán y San Cayetano
(Foto CC-BY-SA 3.0 Luis García)

Hay varios edificios interesantes en nuestra calle. Comencemos con la parroquia de San Millán y San Cayetano, cuyo segundo santo es quien da pie a una de las verbenas más castizas de la ciudad. Este templo fue fundado por los frailes teatinos en el siglo XVII. Las obras comenzaron hacia 1678, con un proyecto que casi seguro fue obra del arquitecto Marcos López. Sin embargo fueron las dos figuras más importantes del barroco madrileño, José de Churriguera y Pedro de Ribera, quienes dieron su forma final a la iglesia. Las obras concluyeron en 1761. En 1869, tras el derribo de la iglesia de San Millán, se trasladó aquí su parroquia. 

La iglesia fue incendiada en julio de 1936 y se perdieron todos los tesoros artísticos que albergaba; durante la guerra se apuntaló para evitar su desplome, bajo la dirección de un joven arquitecto que respondía al nombre de Fernando Chueca Goitia. Más adelante fue restaurada y en 1962 se reabrió al culto. En esta iglesia está enterrado Pedro de Ribera. 

El Centro Cultural Tabacalera
(Foto CC BY-SA 2.0 Fred Romero)

Al final de lo que Répide llama “parte histórica y tradicional” de la calle hay otros dos edificios dignos de mención que hoy tienen una función muy distinta de aquella para la que fueron ideados. El más antiguo es el actual centro cultural Tabacalera, que ocupa el edificio construido a finales del siglo XVIII por orden de Carlos III como sede del estanco de aguardiente y naipes. En 1809 abandonó la elaboración de licores para dedicarse al tabaco. Fue, por tanto, propiedad de la empresa estatal de fabricación de tabacos; cuando esta se privatizó, el edificio fue desocupado y posteriormente abandonado. En 2003 se hizo cargo de él el Ministerio de Cultura y en él conviven en la actualidad un espacio público de promoción del arte con el “Centro Social Autogestionado” cedido en 2010 por el Ministerio a un grupo de artistas y vecinos de la zona que trabajan en su mantenimiento. 

El I.E.S. Cervantes
(Foto CC-BY-SA 3.0 Luis García)

Justo enfrente nos encontramos con el Instituto de Enseñanza Secundaria “Cervantes”, que se halla en lo que en su día fue Escuela de Veterinaria. El edificio, obra de Francisco Jareño, se levantó entre 1878 y 1881 en terrenos que pertenecieron al Casino de la Reina y que por entonces eran parte de los jardines del Museo Arqueológico Nacional. Tal museo estuvo, desde 1871 en unos edificios del mencionado Casino de la Reina, hasta que en 1893 se trasladó a su sede actual. En cuanto a la Escuela de Veterinaria, fue fundada en 1793 en un edificio que se hallaba al final del paseo de Recoletos, justo donde hoy están la Biblioteca Nacional y el Museo Arqueológico. A mediados del siglo XIX fue demolido y la Escuela se trasladó primero a la carrera de San Francisco y luego a esta ubicación, donde permaneció hasta 1958, cuando se convirtió en lo que es hoy, un instituto de enseñanza media.

26.4.19

Eloy Gonzalo (Calle de)


El hospital homeopático de San José
(Foto CC BY-SA 4.0 Loreto Carmona)

Entre las glorietas de Quevedo y del pintor Sorolla. Distrito 7 (Chamberí). Barrio de Trafalgar. 

El 1 de marzo de 1899, consumado el Desastre, decidió el Ayuntamiento de Madrid borrar de su callejero todos los nombres que recordasen las colonias recién perdidas en la guerra con los Estados Unidos y cambiarlos por los de héroes destacados o muertos en ella. Tal fue el caso de nuestra calle, que hasta entonces se denominaba de La Habana y pasó a recordar a Eloy Gonzalo, el héroe de Cascorro. Gonzalo, nacido a finales de 1868 en un lugar no determinado y criado en la Inclusa madrileña, fue a morir a la isla antillana en junio de 1897. En el artículo dedicado a la plaza de Cascorro nos detuvimos en contar la acción que lo convirtió en héroe popular y le dio los méritos para la dedicatoria de esta calle y de la estatua que preside aquella plaza. 

Cabe destacar uno de los edificios de esta calle, el Hospital Homeopático de San José, que es uno de los más peculiares de Madrid. Fue su arquitecto José Segundo de Lerma y sus obras finalizaron en 1874. Allí se practicó la homeopatía, hoy considerada con razón una pseudociencia, pues pretende curar por medio de diluciones imposibles de sustancias, de modo que lo suministrado a los enfermos no es más que agua con azúcar. Pero no es objeto de estas líneas entrar en polémicas científicas, así que mejor volvamos a la historia. El centro funcionó como hospital hasta la guerra civil; finalizada la contienda y tras un paréntesis con otros usos volvió a serlo a la vez que el edificio se iba deteriorando de forma inexorable. Al final tuvo que ser abandonado; fue declarado Bien de Interés Cultural en 1997 y restaurado por la Comunidad de Madrid a partir del año siguiente. Casi vacío hoy en día, hay un litigio por su propiedad entre los herederos del marqués de Núñez, fundador del Hospital. Ya veremos qué depara el futuro a este codiciado palacete sito en el corazón de Chamberí.

12.4.19

Eguílaz (Calle de)


Entre las calles de Sagasta y Luchana. Distrito 7 (Chamberí). Barrio de Trafalgar.

Antes de hablar del personaje a quien homenajea esta calle, hay que decir que en ella está uno de los pocos ejemplos de arquitectura modernista que hay en Madrid. Se trata del edificio que hace esquina con la calle de Luchana, construido en 1907 por Ricardo Marcos y Bausá para Pilar Polero y García. (Aquí podéis ver una imagen)

Desde el 21 de julio de 1880 lleva el nombre de Luis Egílaz, que fue un dramaturgo nacido en Sanlúcar de Barrameda el 20 de agosto de 1830. Aunque marchó a Madrid a estudiar Derecho, se hizo aquí conocido por sus escritos, primero como crítico literario y luego por sus comedias y dramas. De ellas, la más exitosa fue La cruz del matrimonio (1860). Murió en Madrid el 22 de julio de 1874.

29.3.19

Eduardo Dato (Paseo de)

La fuente del Cisne en el paseo de la Castellana
(Foto de Alfonso Begué, 1864)

Entre la plaza de Chamberí y el paseo de la Castellana. Distrito 7 (Chamberí). Barrio de Almagro. 

La apertura de esta calle coincidió con la expansión de la villa hacia el norte a partir de la segunda mitad del siglo XIX. Su primitivo nombre fue el de paseo y luego calle del Cisne, a causa de una fuente que había en el paseo de la Castellana en el punto en que desembocaba. Algunos cronistas indican que tal cisne, obra del escultor cordobés José Tomás y colocado allí hacia 1839, provenía del convento de San Felipe el Real, demolido el año anterior. Poco duró en tal emplazamiento; hacia 1868 fue trasladado a la plaza de Santa Ana, donde perduró hasta mediados del siglo pasado, cuando fue retirado en una de las varias reformas que sufrió la plaza. Sin embargo, su nombre se mantuvo en nuestra calle hasta 1939, cuando se le dio el actual. 


Iglesia de San Fermín de los Navarros
(Foto: J. L. de Diego)

Contiene varios edificios de interés. En el número 2 está el colegio Blanca de Castilla, levantado entre 1906 y 1909 según proyecto de Vicente Lampérez, una buena muestra del estilo neomudéjar tan utilizado en la época. A su lado, en el número 4, otro colegio, en este caso el de San Diego y San Vicente, otra obra maestra a decir de los expertos que levantó el arquitecto Juan Bautista Lázaro en 1903-06. No hemos de cambiar de acera para llegar a una de las iglesias más conocidas de Madrid, la de San Fermín de los Navarros (1886-90), obra de Eugenio Jiménez Corera y Carlos Velasco; aquí se trasladó desde el Prado la congregación de los Navarros, que siguen teniendo esta iglesia como punto de reunión en especial cuando se celebran las fiestas del patrón de Pamplona.


Eduardo Dato
(Foto de Kaulak, hacia 1910)

Se recuerda hoy en día en esta calle al político Eduardo Dato e Iradier, que nació en La Coruña el 12 de agosto de 1856. Figura relevante del partido Conservador, fue diputado desde 1884, ocupó varias carteras ministeriales y también presidió el Gobierno tres veces (1913-15, 1917 y 1920-21). Durante sus mandatos se constituyó la Mancomunidad de Cataluña, mantuvo neutral a España en la Gran Guerra, tuvo lugar la Huelga General Revolucionaria de agosto de 1917 y se creó el Ministerio de Trabajo. Dato murió asesinado siendo presidente del Gobierno: el 8 de marzo de 1921 tres anarquistas lo acribillaron a balazos mientras viajaba en coche por la plaza de la Independencia.

22.3.19

Eduardo Benot (Calle de)


Eduardo Benot en una foto de 1907

Entre el paseo del Rey y la calle de Irún. Distrito 9 (Moncloa). Barrio de Argüelles. 

Nuestra breve calle, sita en las faldas de la montaña del Príncipe Pío, está dedicada desde el 23 de junio de 1911 a uno de esos hombres del Renacimiento redivivos que en el siglo XIX se dedicaron a la política, cuando esa noble arte no era, como ahora, una disputa para descubrir quién es el más mediocre. Eduardo Benot, nacido en Cádiz el 26 de noviembre de 1822, fue lingüista, filólogo, matemático, literato y lexicógrafo y, además, un conspicuo republicano federalista. Ministro de Fomento en el primer gobierno republicano de 1873, durante su mandato creó el Instituto Geográfico y Estadístico, del cual derivaron, con el tiempo, el Instituto Geográfico Nacional y el Instituto Nacional de Estadística. Benot sucedió a Pi y Margall a la cabeza del Partido Republicano Federal. Murió en Madrid el 27 de junio de 1907.

15.3.19

Eduardo Adaro (Calle de)


Entre las calles de Alejandro Fernández y de La Rábida. Distrito 6 (Tetuán). Barrio de Bellas Vistas.

Esta breve calle no debe de conservar hoy en día el aspecto que mostraba en época de Répide, el cual nos informa que antes de llevar el nombre actual se llamó del Peral. Desde el 1 de enero de 1898 está dedicada a Eduardo Adaro, arquitecto nacido en Gijón el 6 de febrero de 1848. Formado en Madrid, se le deben obras importantes como el edificio del Banco de España en Cibeles o la sede del antiguo Banco Hispano Americano, en la plaza de Canalejas, hoy en día convertida en centro comercial. Murió en Madrid el 27 de febrero de 1906.

1.3.19

Edison (Calle de)


Thomas Alva Edison con el segundo modelo de su fonógrafo
(Abril de 1878)

Entre la calle de Pedro de Valdivia y la glorieta de López de Hoyos. Distrito 5 (Chamartín). Barrio de El Viso. 

Poca historia tiene esta breve calle, que no se formó hasta bien entrado el siglo XX como tronco común creado por la convergencia en su extremo de las calles de Núñez de Balboa y de Castelló. Sí que la tiene, y mucha, el gran visionario a quien está dedicada desde el 30 de noviembre de 1931. Thomas Alva Edison, nacido el 11 de febrero de 1847 en la localidad de Milan (Ohio), fue tal vez el más importante inventor de los muchos que han surgido en los Estados Unidos de América. Apodado el “mago de Menlo Park”, a él se deben, entre otros muchos, los inventos del fonógrafo, de varios relacionados con el cine (pugnó con Eastman por la patente de la película de celuloide y con los hermanos Lumière por la del cinematógrafo) y la bombilla incandescente. Cuando murió, el 18 de octubre de 1931, había registrado cerca de 1100 patentes.