15.6.18

Doña Urraca (Calle de)


Entre las calles de Saavedra Fajardo y de Santa Úrsula. Distrito 10 (Latina). Barrio de la Puerta del Ángel. 

Paralela a la anterior, en tiempos se llamó de Mendizábal porque el célebre político decimonónico tuvo aquí una casa de campo, cercana a la de Goya. 

Y también recuerda a una importante dama del Medievo, primera reina de León. Doña Urraca de León nació en esa ciudad el 24 de junio de 1081; era hija de Alfonso VI y de Constanza de Borgoña. Casó en 1095 con Raimundo de Borgoña y ese mismo año su padre le concedió el reino de Galicia. Muerto en 1108 su hermano Sancho, único varón entre los hijos de Alfonso VI, su padre decidió que fuese ella quien lo sucediera, algo casi impensable en la época. Urraca, viuda desde el año anterior, se encontró de pronto con numerosos pretendientes, de los cuales el que al final la desposó fue Alfonso I el Batallador, rey de Aragón. Numerosas facciones se alzaron contra el matrimonio, que también sufrió serias desavenencias conyugales; ya sabemos que en esa época eso implicaba guerras continuas. En estas aparece como figura prominente la del obispo de Compostela Diego Gelmírez. Ni siquiera el que fuese repudiada por Alfonso en 1114 terminó con los conflictos, que se prolongaron hasta su muerte, acaecida en el castillo de Saldaña el 8 de marzo de 1126.

1.6.18

Doña Berenguela (Calle de)


Entre las calles de Saavedra Fajardo y de Santa Úrsula. Distrito 10 (Latina). Barrio de la Puerta del Ángel.

Otra de las calles que se trazó, en el siglo XIX, muy cerca de donde tuvo Francisco de Goya su quinta, en cuyas paredes estuvieron las célebres Pinturas Negras.

Doña Berenguela de Castilla, nacida en Segovia en 1179 o 1180, era hija de Alfonso VIII y Leonor Plantagenet. Se casó en 1197 con Alfonso IX de León en la época en la que ambos reinos volvían a estar separados tras el reparto de 1157. Ella se encargó de reunificarlos en la persona de su hijo, Fernando III. Proclamada reina de Castilla en 1217 tras la muerte de su hermano Enrique I –de quien había actuado como regente-, renunció en favor de Fernando. Y cuando en 1230 murió Alfonso IX, consiguió que las hijas que este había tenido con Teresa de Portugal –el matrimonio de Alfonso y Berenguela había sido anulado en 1204 por el papa Inocencio III a causa de su parentesco- renunciasen al trono leonés. Así se reunificaron León y Castilla. Pero no quedó ahí su gran labor como política y diplomática, pues fue un puntal importante en el reinado de su hijo y en especial de sus campañas de conquista por Andalucía. Murió en Burgos el 8 de noviembre de 1246.

25.5.18

Donoso Cortés (Calle de)


Entre las calles de Bravo Murillo y de Isaac Peral. Distrito 7 (Chamberí). Barrios de Gaztambide y Arapiles. 

Esta zona noroeste del Ensanche fue de las que más tiempo tardó en formarse. Así, el comienzo de nuestra calle estuvo durante mucho tiempo ocupado por los restos del cementerio de la Patriarcal, que allí se mantuvieron todo el primer tercio del siglo XX. También en su final se veía interceptada por la finca que perteneció al duque de Granada e incluso después de su desaparición, hasta que se formó la calle de Isaac Peral. 

La calle lleva el nombre de Juan Donoso Cortés, filósofo y político nacido en la localidad pacense de Valle de la Serena el 6 de mayo de 1809. Estudio leyes en Salamanca y Sevilla y en 1832 se instaló en Madrid, donde, tras ejercer de periodista, empezó su actividad política en 1833. Diputado en 1837 y partidario de la reina regente María Cristina, marchó con ella a Francia cuando fue depuesta y no regresó hasta que Espartero abandonó la regencia, en 1843. Aunque siempre había sido conservador en lo político, tras su estancia en el país se acentuó aún más su giro hacia posturas tradicionalistas, llegando a hacer apología de un gobierno autoritario en escritos como Discurso sobre la Dictadura (1848), aunque la obra en la que despliega sus ideas filosóficas es el Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo (1851). También fue diplomático y durante su estancia en París como embajador murió, el 3 de mayo de 1853.

18.5.18

Donados (Calle de los)


(Foto: CC BY-SA 4.0 Discasto)

De la calle del Arenal a la plaza de Santa Catalina de los Donados. Distrito 1 (Centro). Barrio de Sol.

Esta minúscula cuestecilla, al igual que la plaza en la que acaba, debe su nombre a una fundación llamada de Santa Catalina de los Donados que tiene una historia curiosa. Por aquí andaban, a mediados del siglo XV, las casas de Pedro Fernández de Lorca, que fue tesorero de Juan II y Enrique IV. Este caballero decidió en 1460 que en ellas se diese albergue a “doce hombres honrados a quienes la demasiada edad quitó la fuerza para ganar el sustento”, en palabras de Mesonero Romanos. Dice el mismo don Ramón que el apelativo de “donados” les vino por el curioso atuendo que debían vestir: becas o caperuzas de paño pardo. Desaparecida la fundación, subsistió, aunque reedificada, la capilla, que hoy se llama del Santo Niño del Remedio. Cuando lleguemos a la plaza hablaremos algo más sobre el albergue y su historia.

4.5.18

Don Ramón de la Cruz (Calle de)


Busto de Ramón de la Cruz Cano y Olmedilla, en el monumento 
a los saineteros madrileños (C/ Luchana), obra de Lorenzo Collaut Valera.
(Foto:  CC BY-SA 3.0 Basilio)

Entre la calle de Serrano y la plaza de Manuel Becerra. Distrito 4 (Salamanca). Barrios de Recoletos, Goya, Lista y Castellana. 

Es nuestra calle una de las más largas del Ensanche por la zona del barrio de Salamanca, ya que es de las que está más al sur, en concreto la que llega al vértice que la actual plaza de Manuel Becerra suponía para el Foso del Ensanche. Allí quebraba y de estar en sentido noroeste-sureste pasaba a tomar el norte-sur. Durante mucho tiempo, desde que se desplegó el plan Castro, estuvo sin urbanizar, lindando en su primera parte con la quinta de Finat, una gran finca que abarcaba el espacio que hay entre las calles de Lagasca y Velázquez y llegaba hasta la de Alcalá. 

Ningún vestigio queda de esta finca, ni tampoco de los hotelitos y palacetes que menciona Répide: el de la marquesa de Monasterio, que hacía esquina con Conde de Peñalver o el que fue la última morada de la gran actriz Balbina Valverde, que allí murió en febrero de 1910. 

Ramón de la Cruz Cano y Olmedilla, el dramaturgo madrileño a quien con gran merecimiento se honra en esta vía, nació en nuestra villa el 28 de marzo de 1731. Aunque provenía de una familia acomodada, siempre se movió en ambientes aristocráticos y empezó su carrera imitando los modelos de Racine o Voltaire, pasó a la historia de la literatura española por sus sainetes, obras de carácter popular en los que retrataba a las clases más bajas de la villa y de los que escribió varios centenares. El Prado por la noche, Las castañeras picadas, La pradera de San Isidro o Las tertulias de Madrid son los títulos de algunos. Tuvo una enorme fama en su tiempo y gran influencia en los gustos teatrales de la Corte, pues en su mejor época era él quien decidía qué se representaba en los escenarios del Príncipe y de la Cruz. Una pulmonía contraída en 1793 acabó llevándolo a la tumba tras varias recaídas el 5 de marzo de 1794. Murió en su casa, que estaba en la calle de Alcalá; Répide nos cuenta que en el centenario de su fallecimiento se colocó una lápida en el edificio que había allí por entonces, pero en la fachada que daba a la calle de Cedaceros. Esto es un error porque la vivienda de D. Ramón daba solo a la calle de Alcalá y no hacía esquina; más adelante se derribó la casa contigua para ensanchar la calle de Cedaceros. Con el tiempo desapareció la lápida aludida por Répide; en 1991 el Ayuntamiento puso una de sus placas en forma de rombo persistiendo en el error, pues está en el número 3 de la calle de Cedaceros

27.4.18

Don Quijote (Calle de)


Litografía de Cyprián Majerník (1909-1945)


Entre las calles de Raimundo Fernández Villaverde y de la Reina Mercedes. Distrito 6 (Tetuán). Barrio de Cuatro Caminos.

Poca historia tiene esta calle, dedicada a uno de los personajes de ficción más conocidos de todos los tiempos. No anda muy lejos su amada Dulcinea. La única mención que hacen nuestros cronistas se debe a Répide, que nos aclara que en sus tiempos la designación no era oficial. Así que, como en otros muchos casos, lo que hicieron los vecinos por su cuenta luego lo bendijo el Ayuntamiento. Aunque seguro que el bueno de don Alonso Quijano se merecía mejor homenaje.

13.4.18

Don Pedro (Calle de)


Pedro de Toledo Osorio, V marqués de Villafranca, por Gian Paolo Bianchi
¿Es él a quien recuerda esta calle?

Entre la plaza de los Carros y la calle de San Buenaventura. Distrito 1 (Centro). Barrio del Palacio.

Cuenta Don Ramón de Mesonero Romanos que en su día de aquí salía el foso o alcantarilla que discurría hacia la Puerta de Moros y por eso, cuando se formó la calle fue llamada de la Alcantarilla. Sin embargo, ya en el plano de Texeira aparece con el nombre actual, debido un don Pedro cuyo palacio andaba por allí cerca. Digo lo de “un don Pedro” porque nuestros cronistas de cabecera no se ponen de acuerdo en sus apellidos. Para Mesonero, es don Pedro Laso de Castilla; para Peñasco-Cambronero, don Pedro Hurtado de Mendoza y Toledo y para Répide, Pedro Álvarez de Toledo. Todos le otorgan el título de Villafranca, unos de marqués y otros de príncipe. Parece Répide el que está más cerca de lo cierto y, aunque con cierta reserva, tal vez se pueda afirmar que se trate de Pedro Álvarez de Toledo Osorio, quinto marqués de Villafranca, nacido en Nápoles el 5 de septiembre de 1546 y muerto en nuestra villa el 17 de julio de 1627. Fuese él o no, la villa de Madrid le vendió bastantes de los terrenos que había por esta zona –y que, según Répide, se propusieron cuando eran un despoblado como emplazamiento para una ermita de San Roque que al final no se levantó– y allí construyó un primer palacio que no debía de ser muy grande, pues cuando lo renovó quedó en el recuerdo como la “casa chica de D. Pedro”. 

También levantaron aquí, ya en el siglo XVIII, un caserón los duques del Infantado, el que hoy ocupa el número 1 de la calle y cuya espalda da a la Carrera de San Francisco. Tal y como indica la guía del COAM, en el interior de su portalón conserva una puerta de estilo renacentista que perteneció al castillo granadino de La Calahorra. Y en el número 14 continúa el Colegio del Sagrado Corazón, que ya mencionan Peñasco y Cambronero.

6.4.18

Don Felipe (Calle de)


(Foto: CC BY 3.0 Asqueladd)

Entre la plaza de San Ildefonso y la calle de la Madera. Distrito 1 (Centro). Barrio de la Universidad.

Anteriormente se denominaba calle del Rosario, y de esa manera aparece en el plano de Texeira. Según Répide, el nombre de Don Felipe fue la versión popular que al final prevaleció sobre la oficial, como tantas otras veces ha ocurrido. 

Don Felipe de Acuña, que vivió en esta calle, fue alcalde de Corte y Rastro, como nuestro ya conocido Francisco Chinchilla, pero Don Felipe no fue tan denostado, ni tan famoso por su tremendo celo a la hora de hacer cumplir la ley. Al contrario, la memoria popular recuerda a este magistrado como un individuo bondadoso, modesto, caritativo e incluso clemente, aunque también tuviese como cualidad el ser bastante severo en su profesión. Es célebre la ocurrencia que tuvo al hacer testamento. Cuando el notario, sin duda instigado por los propios interesados, inquirió a Don Felipe si entre tanta limosna dada a los necesitados dejaría algo para sus criados, contestó “el perdón por todo lo que me han robado”.

16.3.18

Don Álvaro de Bazán (Calle de)


Es una bocacalle de la calle de Alenza, sin salida. Distrito 7 (Chamberí). Barrio de Ríos Rosas.

Menguada y particular calle (hay una barrera que impide la entrada a no residentes) dedicada a una figura inmensa de la historia naval española. Álvaro de Bazán y Guzmán nació en Granada el 12 de diciembre de 1526. Miembro de una linajuda familia, desde niño se acostumbró a viajar en los buques que mandaba su padre, general de las galeras del reino desde el año del nacimiento de nuestro protagonista. Tal entrenamiento permitió que en 1554 fuese nombrado capital general de la armada. Al frente de los buques de Nápoles, tomó parte en la batalla de Lepanto, a cuyo fin victorioso contribuyó decisivamente. También fue muy importante su participación en las acciones que llevaron a Felipe II a ocupar el trono de Portugal en 1580. Precisamente en la capital de Portugal murió el 9 de febrero de 1588. Se recuerda a don Álvaro, además, por ser el principal impulsor del uso de la infantería de marina, creada por Carlos I en 1537 y también por ser un importante mecenas, lo que le valió la dedicatoria de obras por parte de Lope de Vega, Góngora o Cervantes. En Madrid es recordado, además, con una estatua de Mariano Benlliure que se puede ver en la plaza de la Villa.

9.3.18

Doctor Velasco (Calle del)


Busto del doctor Velasco
(Foto: CC BY 3.0 Tamorlán)

Entre el paseo de la Infanta Isabel y la calle de Alfonso XII. Distrito 3 (Retiro). Barrio de los Jerónimos. 

Hasta 1904 se llamó calle del Parque, por su proximidad al del Retiro, y desde esa fecha, también por proximidad, en este caso al Museo Nacional de Antropología, está dedicada a su fundador, Pedro González de Velasco. Nació el doctor Velasco en la localidad segoviana de Valseca el 23 de octubre de 1815. De origen humilde, estudió el Bachillerato en la capital de su provincia y luego se trasladó a Madrid, donde se licenció y doctoró en Medicina a la par que trabajaba para costearse los estudios. Catedrático de la Universidad Central y médico en el Hospital de San Carlos, en 1873 hizo construir el edificio neoclásico que alberga el museo de su fundación y del que hablaremos cuando lleguemos al paseo de la Infanta Isabel. No me resisto, sin embargo, a citar la leyenda según la cual cuando murió su hija la desenterró, la embalsamó y estuvo conviviendo con ella para repulsión y horror de su esposa y su entorno. Ardua tarea fue convencerlo de que volviera a dar sepultura al cadáver. Sin embargo, hay quien opina que no lo hizo y al final la momia de la pobre muchacha (murió con quince años) apareció mucho después y vaya usted a saber cómo en la Facultad de Medicina. En fin, una leyenda madrileña más… El doctor Velasco murió en nuestra villa el 21 de octubre de 1882.

2.3.18

Doctor Vallejo-Nájera (Paseo del)


Entrada a la estación de La Alhóndiga; el edificio que se ve estaba 
en el cruce de nuestra calle con el Paseo de la Esperanza.
(Foto de Ramón Cifuentes publicada en Blanco y Negro el 1 de agosto de 1908)


Entre la glorieta de Santa María de la Cabeza y la plaza de Francisco Morano. Distrito 2 (Arganzuela). Barrios Imperial y de las Acacias. 

El nombre de la calle que nos ocupa es un tanto problemático. Muchos opinan (entre ellos, Isabel Gea, una de nuestras fuentes de cabecera) que está dedicada a Juan Antonio Vallejo-Nájera, psiquiatra y humanista prematuramente fallecido en 1990. Sin embargo, cuando en fechas recientes se ha revisado el callejero de Madrid en busca de nombres relacionados con el régimen franquista para que se cumpla la Ley de Memoria Histórica, parece ser que se ha descubierto que en realidad a quien recuerda es a su padre, Antonio Vallejo-Nájera (1889-1960), psiquiatra también, con unas ideas bastante peculiares e infectas sobre la inferioridad mental de las mujeres y sobre quienes tenían ciertas ideologías –opuestas a la suya, claro está. Los expertos, pues, han recomendado que del padre pase al hijo, un gran médico, novelista (ganador del premio Planeta en 1985 con Yo, el rey), divulgador y ampliamente reconocido y recordado por la entereza con la que afrontó la mortal enfermedad que padeció y acabó con su vida. 

Así que mejor nos olvidamos y nos centramos en el origen de esta calle, que es el eje del llamado “Pasillo Verde Ferroviario”, una zona urbanizada que se creó sobre el antiguo Ferrocarril de Cintura, ahora subterráneo. Unía y une dicho ferrocarril las estaciones de Príncipe Pío y Delicias. En su día había a sus orillas dos importantes estaciones de mercancías, la Imperial y la de las Peñuelas. Quienes tengan mi edad sin duda habrán podido ver aún los vagones estacionados cuando cruzaban el Puente de Praga en coche camino del centro de Madrid, así como la calle del Ferrocarril con el enorme zanjón por el que se observaba la circulación de los trenes. Subterránea hoy en día la línea, dejó de partir en dos el barrio de las Peñuelas y también de transportar mercancías, pues en la actualidad la recorren trenes de cercanías de varias líneas.

23.2.18

Doctor Santero (Calle del)



Entre las calles de Bravo Murillo y Castillo Piñeiro. Distrito 6 (Tetuán). Barrio de Bellas Vistas.

Poca historia tiene esta calle, aparte de haberse llamado en tiempos de Canuto González por el simple hecho de ser aquel señor el dueño de un merendero célebre en su época. Ya no tiene, desde luego, ese “especial aspecto pintoresco” que pudo ver Répide en tiempos cuando esta era una especie de zona de recreo de las clases populares amén de punto de reunión de trajineros. Durante una época discurrieron por ella los raíles de maniobras de las cocheras de tranvías que hubo allí, con entrada principal por la calle de Bravo Murillo.

Desde 1902 recuerda a Tomás Santero y Moreno, médico nacido en Madrid el 7 de marzo de 1817. De talante bastante conservador, poco amigo de innovaciones, fue catedrático de la Universidad Central y miembro y director de la Real Academia de Medicina. Dejó escritas numerosas obras de carácter científico y dirigió varias revistas especializadas. Murió el 21 de febrero de 1888.

16.2.18

Doctor Piga (Calle del)



Entre las calles del Salitre y de Argumosa. Distrito 1 (Centro). Barrio de los Embajadores.

Todavía en tiempos de Répide llevaba esta calle el nombre de Travesía de San Lorenzo, sin otra explicación que su cercanía a la iglesia parroquial del mismo nombre, cuya fachada principal da a la calle del Salitre. Hoy en día, por su proximidad al antiguo Hospital General, recuerda a Antonio Piga y Pascual, nacido en Madrid el 6 de enero de 1879. Especialista en Medicina Legal, fue catedrático de esa disciplina en Valladolid, Cádiz y Madrid. Miembro de numerosas sociedades médicas españolas y extranjeras, ingresó en la Real Academia de Medicina en 1941. Creó el primer gabinete radiológico que hubo en Madrid y fue presidente de la Sociedad Española de Radiología Médica entre 1935 y 1936. Murió el 23 de agosto de 1952.

9.2.18

Doctor Mata (Calle del)


Entre las calles de Atocha y de Santa Isabel. Distrito 1 (Centro). Barrio de los Embajadores.

Aparece rotulada nuestra calle con el nombre de Jasas o algo semejante en el plano de Texeira, lo cual daría que pensar si en tiempos se llamó de Jesús, pero ninguno de nuestros cronistas de cabecera se refieren a ella de tal modo y solo consideran como tal la calle que aún lleva ese nombre y de la que hablaremos en su momento.

El caso es que ya en 1898 llevaba el nombre de un médico, como muchas otras de las calles de esa zona de las que ya hemos hablado. Algo lógico por su cercanía al Hospital General y al Real Colegio de San Carlos. Pedro Mata y Fontanet, el homenajeado aquí, fue uno de esos galenos cuyos intereses excedieron con mucho su vocación, pues además fue periodista, escritor y político. Nació en Reus el 14 de junio de 1811. Hijo de médico, realizó sus estudios en su tierra natal. Desde muy joven compaginó medicina y política y ya en 1837 hubo de exiliarse por sus ideas progresistas. Vuelto a España, tras nuevas peripecias políticas que llegaron a dar con él en la cárcel, fue alcalde de Barcelona y diputado. Poco después decidió abandonar la política por un tiempo y sentó las bases de la medicina forense en España. El resto de su vida fue un constante ir y venir entre la política, la literatura, el pensamiento y la medicina, en una actividad incansable que solo la enfermedad pudo atenuar. Murió en Madrid el 27 de mayo de 1877.

2.2.18

Doctor Marañón (Plaza del)


Entre el paseo de la Castellana y las calles de María de Molina, Salas y José Abascal. Distritos 4 (Salamanca), 5 (Chamartín) y 7 (Chamberí). Barrios de Castellana, El Viso, Almagro y Ríos Rosas.

Carecía de nombre este cruce de calles (en un principio ni siquiera llegaba aquí la de María de Molina) hasta que, a la muerte del personaje que es homenajeado en ella –quien vivía en la esquina de la Castellana con José Abascal- el Ayuntamiento decidió ponerle su nombre. Es muy difícil resumir en un espacio como este la vida y, sobre todo, la obra de una figura como la de Gregorio Marañón y Posadillo, uno de los intelectuales más importantes de la España del siglo XX. Nacido en Madrid el 19 de mayo de 1887, se licenció en Medicina en 1908 y alcanzó el grado de doctor en 1910. Fue médico de Alfonso XIII, a quien acompañó en su célebre viaje a Las Hurdes en 1922. Represaliado por la dictadura de Primo de Rivera, formó junto a José Ortega y Gasset y Ramón Pérez de Ayala la “Agrupación al Servicio de la República” que contribuyó al cambio de régimen el 14 de abril de 1931. Salió de España al poco de estallar la guerra civil, momento en que cambia por completo su actitud hacia los gobiernos republicanos. Se le concedió permiso para volver en 1942; ejerció su profesión en principio de forma liberal, aunque en 1944 volvió a ocupar un puesto en el Hospital Provincial de Madrid, del que había sido desposeído por los franquistas en 1939. Desde entonces no hizo más que seguir acumulando honores y nombramientos, como le había sucedido antes de la guerra, algo de lo que se aprovechó el régimen de Franco con fines propagandísticos. Murió en Madrid 27 de marzo de 1960.

Marañón no solo destacó como galeno, especializado en endocrinología, rama de la medicina a cuyo desarrollo en España contribuyó decisivamente, sino también como historiador (su biografía de Antonio Pérez, aparecida en 1947, es aún considerada canónica) y como pensador. Fue miembro de cinco de las Reales Academias (Lengua, Historia, Bellas Artes, Medicina y Ciencias Exactas).

En el centro de la plaza se encuentra la estatua ecuestre dedicada al marqués del Duero (personaje del que se hablará más al llegar a la calle que lleva su nombre). Fue allí erigida en el año 1885 y es obra de Andres Aleu; los relieves del pedestal se deben a su alumno Pablo Gibert. Como suele ser habitual en estos casos, su bronce procede de cañones que fueron fundidos en Sevilla para darle forma.

26.1.18

Doctor Letamendi (Calle del)


Entre la plaza del Cordón y la calle de Segovia. Distrito 1 (Centro). Barrio del Palacio.

Varios nombres ha ostentando a lo largo de su historia esta breve y empinada calle. Primero se llamó de Tentetieso, seguro que por esa gran pendiente. Más adelante se conoció como costanilla de San Justo, por la cercanía a la calle del mismo nombre de la que se hablará en su momento.

Aquí se encontraba la casa solariega de Juan de Vargas (al que, sigo ignorando el porqué, todo el mundo llama “Iván”. Bueno, no lo ignoro, pero es tan absurdo que no merece la pena ni comentarlo). Ya en tiempos de Répide se podía ver una placa que así lo recordaba; los entonces propietarios del edificio tenían algún vínculo con quien luego dio nombre a la calle. Hoy en día alberga la biblioteca pública municipal que se llama así, “Iván de Vargas”.

Haciendo esquina con la calle de Segovia se puede ver la historiada decoración de la fachada del Dispensario Azúa, especializado en enfermedades venéreas, que allí lleva desde 1924 aunque ahora es el Centro de Salud Segovia.

Como antes se ha mencionado, quienes eran propietarios de la casa solariega de los Vargas en la época de Répide eran parientes del doctor Letamendi y parece ser que lograron que se pusiera el nombre de su deudo a la vía, lo cual hizo comentar al gran cronista que sus méritos bien le habrían valido una “más amplia… en la parte moderna de la villa”. José de Letamendi y Manjarrés nació en Barcelona el 11 de marzo de 1828. Doctor en Medicina en 1853, en 1857 se convirtió en catedrático de Anatomía de la Universidad de Barcelona. En 1872 pasó a la Universidad Central de Madrid como catedrático de Patología General, una disciplina que hasta entonces estaba muy verde y que Letamendi consiguió llenar de contenido y prestigio. En 1881 fue elegido miembro de la Real Academia de Medicina. Sus inquietudes no se pararon en su trabajo como galeno, sino que además fue músico (con alguna obra estrenada), poeta, pintor, escritor y también político. Murió en Madrid el 6 de julio de 1897.

19.1.18

Doctor Jiménez Díaz (Calle del)


La Fundación Jiménez Díaz
(Foto: J. L. de Diego)

Entre la plaza de Cristo Rey y la calle de Manuel Bartolomé Cossio. Distrito 9 (Moncloa). Barrio de la Ciudad Universitaria. 

Debe su nombre esta calle al fundador de la clínica de la que hace de espalda. Carlos Jiménez Díaz nació en Madrid el 9 de febrero de 1898. Se doctoró en medicina en 1920, tras de lo cual optó a numerosas cátedras por oposición, sin gran éxito. Marchó a Alemania para completar sus estudios y por fin a la vuelta, en 1922, consiguió una cátedra en Sevilla. Dos años después volvió a Madrid tras superar una nueva oposición y ya ejercería siempre en nuestra villa su profesión. Creó en 1935 un Instituto de Ciencias Médicas cuyo funcionamiento se vio truncado por la guerra civil. Puesto en marcha de nuevo tras la contienda, en 1955 pasó a ocupar el edificio que hoy conocemos, levantado sobre las ruinas del Instituto Rubio. Por cierto, lo de “clínica de la Concepción” viene del nombre de la esposa del fundador. Jiménez Díaz fue miembro de la Academia de Medicina, recibió numerosos honores en España y en el extranjero y escribió varios libros muy reconocidos en su campo. Murió el 18 de mayo de 1967.

12.1.18

Doctor Fourquet (Calle del)


Entre las calles de Santa Isabel y de Valencia. Distrito 1 (Centro). Barrio de los Embajadores. 

Nuestra calle tiene dos partes. Una, la más antigua, la que bordea el convento de Santa Isabel, fue conocida en tiempos como calle de la Yedra. Esto era así, según una tradición recogida por Peñasco y Cambronero y citada por Répide, por las que allí había, pertenecientes a la finca de Gaspar de Quiroga, arzobispo de Toledo entre 1577 y 1594. Parece ser que el cardenal gustaba de tomarse un respiro en aquel lugar, rodeado de sus capellanes, a quienes decía: “Sentémonos aquí, como el profeta Jonás, a la sombra de la yedra”. Felipe II, al que llegó a desesperar la longevidad de Quiroga, pues deseaba conceder el trono arzobispal a otra persona, dispuso de la finca tras la muerte del prelado y, junto con la que fue de Antonio Pérez, que también anduvo por aquí, fueron utilizadas como solar para el Hospital General y el susodicho convento de Santa Isabel. 

El caso es que en 1871 se abrió una calle que iba desde la de la Valencia a la de Argumosa, que fue dedicada al doctor Fourquet y que absorbió la antigua calle de la Yedra. Como muy bien dice Répide, “en realidad se podía haber dado el nombre de Fourquet a la vía nuevamente abierta… y dejar a la anterior su denominación tradicional”. Está claro que las decisiones extrañas de los ayuntamientos no son solo fruto de nuestra época. 

Y eso no quita que el personaje al que se dedicó la calle tuviera méritos suficientes, además de lógica espacial al encontrarse tan cerca del Hospital General y del antiguo Colegio de San Carlos. Juan Fourquet y Muñoz nació en Madrid en 1807 y se doctoró en el Colegio antes citado en 1846. Catedrático de la flamante Facultad de Medicina en 1847, fue un médico eminente, de labor callada, pionero en el uso de la microscopía e inventor de utensilios como la “bocina de cordón”, una especie de estetoscopio. Su obra, ingente, procuró ser original y no una mera traducción de tratados extranjeros. Su muerte prematura le impidió ver publicados sus abundantes escritos, tarea de la que se encargaron sus discípulos, sobre todo Juan Calleja, que sacó a la luz un Tratado de Anatomía basado en ellos entre 1869 y 1877. Una tuberculosis se llevó al doctor Fourquet el 12 de julio de 1865.

22.12.17

Doctor Esquerdo (Calle del)


José María Esquerdo y Zaragoza

Entre la plaza de Manuel Becerra y la avenida de la Ciudad de Barcelona. Distritos 3 (Retiro) y 4 (Salamanca). Barrios de Pacífico, Adelfas, Estrella, Ibiza, Niño Jesús, Goya y Fuente del Berro.

Nos encontramos con uno de los fragmentos del Paseo de Ronda, que en tiempos marcaban los límites de la villa una vez se emprendió la aventura del Ensanche. Durante muchos años no fue más que un foso en medio del campo, pero a medida que fue pasando el tiempo las edificaciones se fueron multiplicando y ya en tiempos de Répide, en sus propias palabras, el denominar de alguna manera particular la vía era una “distinción que ya se hace necesaria por el aumento de edificaciones en aquella enorme vía”.

En efecto, una avenida amplia y recta, salvo en su tramo final, que quiebra hacia el oeste, es la calle del Doctor Esquerdo. Volvemos a Répide para hacer notar, como indica el gran cronista, que en esta calle se agrupaban varias instituciones sanitarias y benéficas (como, por otra parte, fue habitual desde que se empezó a formar el Ensanche), algunas de las cuales aún hoy subsisten. Una de ellas es el antiguo Colegio de la Paz, en el número 44, hoy convertido en residencia de mayores. Diseñado por un arquitecto desconocido y construido entre 1900 y 1910, destaca en él, dando esquina a la calle de O’Donnell, la iglesia neogótica de Nuestra Señora de la Paz. Enfrente, ocupando el número 49, está el Asilo de las Hermanitas de los Pobres, un edificio de características semejantes, con el típico ladrillo visto, levantado más o menos por las mismas fechas. Justo a su lado, hacia Manuel Becerra, existe un edificio de viviendas que es obra de Secundino Zuazo, en el que destaca una pequeña y curiosísima tienda de apicultura.


El Asilo de las Hermanitas de los Pobres
(Foto CC BY-SA 3.0 Balbo)

El solar que hoy ocupa el Hospital Gregorio Marañón lo fue en su día del Hospital de San Juan de Dios, fundado por Antón Martín en la plazuela que lleva su nombre en 1552. A finales de la década de 1960 el viejo hospital fue demolido y en su lugar se alzó el que hoy conocemos, que se ha llamado de diversas maneras –alguna de las cuales no quiero recordar- hasta adoptar el nombre actual. Aun otro hospital podemos contar en nuestra calle, el de la Beata María Ana, que se halla en el número 83; se había fundado en 1888 en la calle de Atocha y tras varios traslados acabó aquí en el año 1928.

José María Esquerdo y Zaragoza, titular de la calle, fue un médico y político –parece que esta combinación era habitual en el siglo XIX- que nació en Villajoyosa el 2 de febrero de 1842. Inició sus estudios médicos en Valencia y los culminó en Madrid, donde se doctoró y se especializó en enfermedades mentales. En 1877 fundó el sanatorio psiquiátrico que lleva su nombre y aún existe en Carabanchel. En política, militó en el Partido Republicano Progresista, de su amigo Ruiz Zorrilla, y fue concejal y diputado por Madrid. En 1895, a la muerte de Ruiz Zorrilla, lo sucedió al frente del partido, aunque renunció al cargo en 1901. En 1910 fue de nuevo elegido diputado por Madrid en la candidatura republicano-socialista que incluía también a Pablo Iglesias y a Benito Pérez Galdós. Murió en Madrid el 30 de enero de 1912.

(Aprovecho esta última entrada de 2017 para desearos una muy feliz Navidad y un extraordinario año nuevo)

15.12.17

Doctor Drumen (Calle del)


Entre las calles de Atocha y Santa Isabel. Distrito 1 (centro). Barrio de los Embajadores.

Nuestra calle está en las cercanías de la antigua Facultad de Medicina de la Universidad Central, antes Real Colegio de San Carlos, y también de lo que fue el Hospital General, hoy Museo de Arte Reina Sofía. Por tanto, forma parte de las que dedicaron a médicos célebres, como es el caso de Juan Drumen y Millet, nacido en Barcelona en 1798. Doctor en Cirugía en 1821, se distinguió en diferentes epidemias que asolaron Galicia y Cataluña por aquellas fechas, lo cual le valió el reconocimiento con un nombramiento como Oficial del Ministerio de la Gobernación y más tarde médico de la Real Cámara. Catedrático de Patología Médica en Madrid, su carácter afable y su calidad docente dejaron huella en sus alumnos y en sus colegas. Fue autor de un célebre tratado de Patología Médica (1850). Miembro de la Real Academia de Medicina, fue nombrado presidente en diciembre de 1862, muy poco antes de su fallecimiento, acaecido en Madrid el 6 de febrero de 1863.

1.12.17

Doctor Cortezo (Calle del)



Entre las plazas de Jacinto Benavente y de Tirso de Molina, Distrito 1 (Centro). Barrio de los Embajadores.

En 1897 fue derribado el Convento de la Trinidad, del que ya se dio cumplida cuenta cuando hablamos de la calle de Atocha, y en el solar que formó su desaparición se previó la formación de una calle que unos cuantos años después aún no era tal, como se puede apreciar en el plano de Nuñez Granés (1910), pero que recibió el nombre de calle Nueva de la Trinidad por razones obvias. Al terminar la década de 1920 fue dedicada a un eminente médico y político madrileño, Carlos María Cortezo y Prieto de Orche, que nació en nuestra villa el 1 de agosto de 1850. Estudió la carrera de Medicina en el Real Colegio de San Carlos y ejerció en el Hospital de la Princesa, del que llegó a ser médico decano. También fue miembro de la Real Academia de Medicina (1891), de la que fue nombrado director en 1929, y ganó una cátedra de Fisiología en Granada que no llegó a ocupar. También se dedicó a la política: fue diputado y senador en numerosas ocasiones desde 1891 y ocupó los cargos de Director General de Sanidad (1899, 1902-04) y Ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes (1905). Murió en Madrid el 24 de agosto de 1933.

24.11.17

Doctor Castelo (Calle del)



Entre la avenida de Menéndez Pelayo y la calle del Doctor Esquerdo. Distrito 3 (Retiro). Barrio de Ibiza.

Paralelas a nuestra calle están las de Menorca e Ibiza, por lo cual parecería lógico que esta se hubiese llamado de Mallorca. Pues en efecto, así fue, hasta que a principios del siglo XX se trasladó la mayor de las Baleares a las cercanías de Atocha y, aprovechando que esta calle linda por el norte con el Gregorio Marañon, antiguo Hospital de San Juan de Dios, se dedicó desde 1908 a Eusebio Castelo y Serra, célebre médico nacido en Segovia el 5 de mayo de 1825. Tras cursar el Bachillerato en su ciudad natal, estudió Medicina en el Real Colegio de San Carlos de Madrid y se doctoró en la Universidad Central en 1852. Curiosamente, su primer trabajo fue de profesor de Retórica y Poética, dadas sus dotes literarias, que cultivaría a lo largo de toda su vida. En 1857 obtuvo una plaza en el Hospital de San Juan de Dios, a cuyo desarrollo contribuyó decisivamente y del que acabaría siendo director. Asimismo fue uno de los fundadores del Museo de Anatomía Patológica. Se especializó primero en enfermedades venéreas, para luego ampliar su campo a la dermatología; su fama traspasó nuestras fronteras y tanto fue así que hasta el emperador de Alemania lo llamó para que lo tratase de sus males. En 1854 fue nombrado miembro de la Real Academia de Medicina, que llegó a presidir en 1890. Murió en Madrid el 27 de enero de 1892.

17.11.17

Doctor Carracido (Calle del)


José Rodríguez Carracido
(Retrato por Kaulak)

Entre la calle de Leganitos y la Gran Vía. Distrito 1 (Centro). Barrio de Palacio. 

Esta pequeña calle se abrió como consecuencia de los derribos llevados a cabo para la construcción del tercer tramo de la Gran Vía. Ya aparece trazada en el proyecto de Octavio y Sallaberry, entregado en 1904 (véase calle del General Mitre). Pero hasta más de veinte años después no se materializó. Fue dedicada a José Rodríguez Carracido, nacido en Santiago de Compostela el 21 de mayo de 1856 y fallecido en Madrid el 3 de enero de 1928. Licenciado en Farmacia, fue farmacéutico militar entre 1874 y 1880. Catedrático de Química Orgánica en la Universidad Central el año 1881, llegó a ser rector de la misma en 1926. En 1898 pasó a ocupar la primera cátedra de Bioquímica en España. También fue escritor y tuvo fama de buen orador a pesar de haber padecido tartamudez en su infancia. Fue miembro de las Reales Academias de Ciencias Exactas, de Medicina y de Farmacia y también de la Real Academia Española, en la que ocupó la silla Z. Entre sus obras más notables están un Tratado de Química Orgánica y un Tratado de Química Biológica.

27.10.17

Divino Valles (Calle del)



Entre el paseo de las Delicias y la calle de Fernando Poo. Distrito 2 (Arganzuela). Barrios de Delicias y Chopera.

Recuerda esta calle a uno de los mejores médicos de la historia de España. Francisco Valles fue bautizado en la localidad burgalesa de Covarrubias el 4 de octubre de 1524. Estudió en la Universidad de Alcalá de Henares, donde obtuvo licenciaturas en Artes, Filosofía y Medicina. Fue catedrático de medicina en esa misma universidad desde 1557 hasta 1572, año en que se convirtió en médico personal del rey Felipe II, el responsable de su apodo de “divino”, que le otorgó tras aliviarle una crisis de gota. Estableció el examen de “protomedicato” para cualquier médico que quisiera ejercer en Madrid, fue el iniciador de la anatomía patológica al ser el primero en dar clases prácticas con cadáveres y también se dedicó a la destilación de sustancias medicamentosas en la botica del Monasterio del Escorial. Además, fue humanista, como no podía ser menos en su época, y como tal tradujo y comentó a Aristóteles. Murió en Burgos, donde había ido acompañando al rey, el 20 de septiembre de 1592.

22.9.17

Divino Pastor (Calle del)


El Buen Pastor, por Murillo
(Museo del Prado, Madrid)

Entre las calles de Fuencarral y de San Bernardo. Distrito 1 (Centro). Barrio de la Universidad.

Recibe su nombre nuestra calle de una quinta que hubo por estos pagos, propiedad de un tal Luis Carrillo, personaje principal de la corte de Felipe III. Debió de ser una finca magnífica, con jardines, fuentes y estatuas, en cuya entrada había una imagen de Jesús con un corderillo al hombro, iluminada siempre por dos farolillos, de ahí que se conociese como “Quinta del Divino Pastor”. 

Existe una célebre leyenda relacionada con la Quinta; es del todo inverosímil, pues la protagoniza una hija del pintor Gregorio Ferro, que nació más de cien años después de que los enemigos de Luis Carrillo redujesen a cenizas su finca. Sea como sea, narrémosla. Una de las hijas del pintor fue seducida por un malintencionado galán y abandonó su casa. Ferro, atribulado, fue a buscar consuelo en el convento de la Encarnación, cuya priora le dijo que encontraría a su hija en la senda del Divino Pastor. La joven, que no encontró al pérfido amante, se extravió y vino a dar con la Quinta del Divino Pastor. Oyó el ruido que hacía la noria y decidió arrojarse al pozo. Sin embargo, los farolillos que iluminaban la imagen llamaron su atención y, postrada ante Jesús, se arrepintió de su descabellada idea y decidió reencontrarse con su padre, que la recibió con los brazos abiertos. 

Tras la destrucción de la finca, hubo por aquí unos corrales que se siguieron conociendo como del Divino Pastor, nombre que pasó a la calle cuando se abrió.