3.7.15

Cebada (Calle y Plaza de la)


Antiguo mercado de la Plaza de la Cebada

Entre la plaza de la Cebada y la calle del Humilladero. Se encuentra la plaza entre las calles de Toledo, Cebada y Humilladero y las plazas del Humilladero y de la Puerta de Moros. Distrito 1 (Centro). Barrio de Palacio.

En pleno corazón del Madrid más castizo, lugar es éste eminentemente comercial desde sus más remotos orígenes. En principio terreno de la orden de Calatrava, la plaza recibe el nombre al menos desde finales del siglo XVI. Sitio de venta de productos alimenticios, el apelativo le vino, según Répide, porque aquí se separaba la cebada destinada a los caballos del rey de la que iba a manos de diversos párrocos de la zona en concepto de diezmo y también servía en parte para recompensar al sacristán de San Pedro porque era el encargado de tocar a nublado.

Pero además para otros menesteres sirvió el paraje. León Pinelo, cuyos Anales son citados por Peñasco y Cambronero y también por Répide, aunque éste no indica la fuente, dice que en la plaza de la Cebada se instaló un gran jardín con un retrato de San Isidro el 19 de junio de 1622, con motivo de la canonización del patrón de nuestra villa. Y durante el siglo XVIII fue el punto en que se celebraban las ferias de Madrid. También fue elegida para otros asuntos más trágicos, pues desde principios del siglo XIX sucedió a la Plaza Mayor como lugar de las ejecuciones públicas, y aquí, entre otros, fueron ajusticiados Rafael de Riego y Luis Candelas (con éste último hay discrepancias, como se contará en el artículo referido a la glorieta de la Puerta de Toledo). Fue además escenario de la lucha de barricadas en la revolución de 1854 y después de otra revolución, la de 1868, mudó por poco tiempo su ancestral nombre por el de Riego y aunque rápidamente las cosas se pusieron en su sitio, no hubo agravio para el paladín constitucional, que recibió una calle en compensación.


La plaza de la Cebada en el siglo XIX. En el centro, la iglesia de Nuestra Señora de Gracia

Dos edificios significativos han desparecido en esta plaza. La iglesia de Nuestra Señora de Gracia, levantada en el siglo XVII sobre un antiguo humilladero que allí había, fue demolida en 1903 dentro de la gran reforma que sufrió la zona a principios del siglo XX. En esta iglesia era donde se guardaban varios de los pasos de Semana Santa que recorrían Madrid en procesión.

Y el caso de Mariano Calvo Pereira es uno de verdadera mala suerte. Dos magníficas obras de la construcción en hierro levantó este arquitecto en Madrid y las dos han desaparecido. Eran los mercados de los Mostenses y de la Cebada. El primero fue engullido por el tercer tramo de la Gran Vía y el de la Cebada pereció víctima de la codicia especuladora de un Ayuntamiento sin escrúpulos. Calvo Pereira se inspiró nada menos que en el mercado de Les Halles de París para levantar esta magnífica obra entre 1870 y 1875. En 1953 el Ayuntamiento firmó su sentencia alegando que estaba en ruinas, lo cual no era cierto, y sí que esperaba embolsarse una buena cantidad aprovechando el solar para construir viviendas y otras cosas y levantar un mercado más pequeño (ya en los años veinte Répide se quejaba de que su tamaño no era suficiente para Madrid y estaba desbordado). Y dicho y hecho, en 1956 fue derribado y en su lugar se levantó algo de lo que solo me atrevo a decir que más feo imposible y ni siquiera oso hacer comparaciones con su antecesor. En cualquier caso, tiene sus días contados; ya desde hace tiempo se decidió realizar una importante reforma de la zona. Aunque estaba paralizada desde el año 2006 (solo habían desaparecido las piscinas municipales que había entre el mercado y la calle de Toledo), el 20 de junio de 2014 la Comunidad de Madrid decidió dar vía libre a un proyecto que cambiará radicalmente la fisonomía del lugar. Ya veremos si se lleva a efecto.

26.6.15

Cea Bermúdez (Calle de)


Entre la calle de Bravo Murillo y la plaza de Cristo Rey. Distrito 5 (Chamberí). Barrios de Gaztambide, Arapiles y Vallehermoso.

Estos parajes del Ensanche Norte de la villa estaban aún sin urbanizar bien entrado el siglo XX y no es de extrañar, ya que casi hasta entonces (y aún después de la guerra civil) estaban dominados por los cementerios que mandó construir extramuros José Bonaparte más los que se añadieron en la primera mitad del siglo XIX. Al norte del trazado de la calle se hallaba el Sacramental de San Martín, San Ildefonso y San Marcos y al sur estaban los de la Patriarcal, el Sacramental de San Ginés y San Luis y algo más abajo el General del Norte. Si bien en 1884 se clausuraron todos estos camposantos, siguió habiendo enterramientos hasta décadas después y sus ruinas perduraron en algunos casos hasta los años 50 del siglo XX. Yerra Répide cuando dice que el cementerio de la Patriarcal interceptaba esta calle, la realmente afectada era la de Donoso Cortés y allí hablaremos algo más del asunto.

Hoy en día es nuestra calle una vía principal, una importante arteria en dirección este-oeste para el tráfico que llega desde la zona de Moncloa y se dirige hacia la Castellana.

Francisco Cea Bermúdez, político y diplomático, nació en Málaga el 28 de octubre de 1779. Inició su carrera en 1810, con un destino en Rusia, y sirvió tanto al más absolutista Fernando VII como a los liberales en su breve gobierno de los “tres mal llamados años”. En 1824 fue llamado por Fernando VII para ser secretario de Estado (el precedente del presidente del Gobierno), cargo que ocupó durante poco más de un año antes de volver a la diplomacia en Sajonia e Inglaterra. Nuevamente secretario de Estado en 1832, tomó una serie de medidas que favorecieron a los liberales, como la reapertura de diversas universidades, amnistías, depuración del ejército… Tras la muerte de Fernando VII, en septiembre de 1833, fue confirmado en el cargo e intentó emprender un camino de gobierno que equidistase tanto de los absolutistas, cuya bandera habían enarbolado ahora los carlistas, como de los liberales, pero no pudo ser y en 1834 abandonó el cargo. Esta postura fue interpretada por Peñasco y Cambronero como un intento de implantar el “despotismo ilustrado”, algo que Répide recoge y que le lleva a preguntarse si el hecho de dedicarle una calle en Madrid no sería “una confusión municipal y a quien se quiso dar el nombre de una vía fue al verdaderamente ilustre [Juan Agustín] Ceán Bermúdez” (un pintor, crítico e historiador del arte casi contemporáneo del personaje del que aquí hablamos).

Tras abandonar el gobierno, Cea Bermúdez emigró a Francia y en París murió el 6 de julio de 1850. Hay que recordar que fue durante su segunda etapa al frente del Gobierno, en 1833, cuando se realizó la actual división provincial de España, obra de su secretario de Estado de Fomento, Javier de Burgos.

16.6.15

"El cerro de Garabitas": novela madrileña


Madrid vista desde la Casa de Campo
By Untipografico from Madrid (Spain). (Flickr) [CC BY 2.0], via Wikimedia Commons

¿Qué tienen en común la Puerta del Sol, la Plaza Mayor, la Plaza de Oriente, la plaza de Ramales, la calle de la Cruzada, la plaza del Biombo, la plaza de la Prosperidad, el Puente de Vallecas, el barrio de Zarzaquemada, el barrio de Santa Eugenia, Getafe, la calle de Francos Rodríguez, el cementerio de San Isidro o el paseo del Pintor Rosales? ¿Que son lugares de Madrid y alrededores? Claro que sí, pero hay otra cosa: todos esos parajes salen en mi novela El cerro de Garabitas. Porque sí, hoy voy a romper la secuencia alfabética de las calles de nuestra villa y, como dijo Francisco Umbral, "vengo a hablar de mi libro".

Pues sí, he escrito una novela así titulada, El cerro de Garabitas, y la editorial Libros.com ha tenido a bien aceptarla para su posible publicación. Y digo "posible publicación" porque para lograrlo se ha de culminar con éxito una campaña de "crowdfunding" o micromecenazgo en la que, en el plazo de 30 días, he de reunir 100 apoyos individuales.

Cada persona que apoye este proyecto ha de aportar una pequeña cantidad de dinero, que va desde los 6 euros en adelante y siempre implica una recompensa. Quien lo haga, independientemente de la suma, verá su nombre en una de las páginas de cortesía del libro como uno de los mecenas que lo ha hecho posible, además de recibir, cuando se edite, el propio libro, bien en formato electrónico, bien en papel, bien en ambos formatos, según la cantidad donada... Incluso se puede obtener un ejemplar firmado y dedicado por el autor, o sea, servidor de ustedes.

Si queréis colaborar en esta empresa, entrad en esta dirección: http://libros.com/crowdfunding/el-cerro-de-garabitas/ Allí tendréis la oportunidad de ver un vídeo en el que doy más explicaciones sobre el libro y sobre su trama, además de leer sus primeros párrafos.

Os doy las gracias anticipadas.

Pero no me voy a limitar a hacer propaganda aprovechando este medio. Unas palabritas sobre el título y el lugar al que se refiere. Un amigo me ha aconsejado cambiarlo, porque dice que parece el de una "novela costumbrista". Eso es lo que él ha pensado al leerlo, pero ¿qué más cosas nos podría sugerir un libro titulado El cerro de Garabitas?

Este cerro es el más alto de la Casa de Campo y es conocido por los corredores ya que en sus inmediaciones hay un circuito que frecuentan. Pero también lo es por otras cosas que nos podrían venir a la mente al citar su nombre. Por ejemplo, la guerra civil, ya que por su altura fue uno de los más importantes emplazamientos elegidos por la artillería franquista que machacó la villa durante su largo asedio. También puede que haya alguien que recuerde una vieja película de 1960, titulada El cerro de los locos, en la que un grupo de jóvenes con veleidades artísticas se reunían aquí para mostrar sus destrezas y acaso esperar que algún agente los descubriese. (Hay un "Cerro de los Locos", sin relación con este, en la Dehesa de la Villa, que tuvo su importancia precisamente en la guerra civil y donde se hallan todavía muchos restos de la contienda). Pero hay aún otra cosa, que es precisamente la que más relación tiene con mi novela, y es una bonita tradición madrileña según la cual este cerro es el lugar donde se reúnen las almas de los madrileños antes de subir juntas al cielo. Dado el apego que tenemos por la villa que nos vio nacer, nos cuesta marcharnos y, por el camino, estas almas abren un hueco en las nubes para volver a contemplar Madrid antes de la partida definitiva. De ahí el dicho: "De Madrid al cielo, y un agujerito para verlo". 

12.6.15

Cavanilles (Calle de)


Estatua de Cavanilles en el Jardín Botánico de Madrid
CC BY Marc Ryckaert (MJJR)

Entre la plaza de Mariano de Cavia y la calle del Doctor Esquerdo. Distrito 3 (Retiro). Barrio del Pacífico.

Esta amplia cuesta abajo que en su día acabó en el campo y se conoció como Cabanilles (así lo reflejan Peñasco-Cambronero y Répide) está dedicada al botánico e ilustrado valenciano Antonio José Cavanilles y Palop, nacido en la ciudad del Turia el 16 de enero de 1745. Estudió Filosofía y Teología y se ordenó sacerdote. En 1777 se trasladó a París y allí fue donde conoció la ciencia botánica. A su vuelta a España, en 1789, empezó a estudiar lo que habían traído las célebres expediciones botánicas a América realizadas unos años antes y también viajó por la Península para analizar la flora autóctona; en estas investigaciones empleó, por primera vez en nuestro país, las ideas taxonómicas de Linneo. En 1801 fue nombrado director del Real Jardín Botánico de Madrid en sustitución de quien fue su primer director, Casimiro Gómez Ortega. Cavanilles murió en Madrid el 5 de mayo de 1804.

En el número 56 tiene sus oficinas centrales la Compañía del Metropolitano de Madrid, muy cerca de la antigua Nave de Motores de Pacífico, de la que hablaremos al llegar a la calle de Valderribas, ya que por allí tiene su entrada.

5.6.15

Cava de San Miguel


La Cava de San Miguel

Entre las calles Mayor y de Cuchilleros. Distrito 1 (centro). Barrios de Palacio y Sol.

Nuestra calle era otro foso, prolongación de los anteriores, y seguía la muralla entre las puertas de Guadalajara y Cerrada. El nombre de San Miguel le viene de la cercanía a la antigua iglesia de San Miguel de los Octoes, cabecera de una de las parroquias primitivas de la villa, que fue una de las derribadas por orden de José Bonaparte en 1810; en su lugar se abrió la actual plaza de San Miguel.

Calle de mesones es esta, frecuentados por quien esto escribe en su época universitaria. Algunos han cambiado de nombre, pero allí están todavía. Otros, como el de la Tortilla, siguen tal cual.




29.5.15

Cava Baja


«Calle de la Cava Baja (Madrid)1» CC BY-SA  Pedro Reina 

Entre las plazas de Puerta Cerrada y del Humilladero. Iguales distrito y barrio que la anterior.

Vale para la explicación del nombre lo dicho en la calle anterior; añadamos que también se llamó Cava Baja de San Francisco. Los cronistas coinciden en dar un valor especial a la Cava Baja, de la que Peñasco y Cambronero indican que es “la calle Mayor de un pueblo de Castilla la Nueva”. Y es que en su época abundaban las posadas donde se alojaban gentes venidas de cualquier punto de España para participar en mercados y ferias de ganado y a realizar todo tipo de transacciones comerciales, formando un batiburrillo en el que se veían –según dicen los mismos autores- “confundidos diariamente desde la barretina catalana al zagalejo de Burgos, desde la boina de Guipúzcoa a la mantilla de Salamanca”. Répide, aunque recoge la misma idea, añade que nuestra calle “es, sin embargo, tan madrileña que, si faltara, no les parecería que habían llegado a Madrid” a las muchas personas que por allí pasaban, porque además de tener posadas y paradores fue durante mucho tiempo el punto de partida y llegada de las diligencias y otros carruajes que iban y venían de localidades como San Martín de Valdeiglesias, Illescas, Segovia o Villaviciosa de Odón. Eso en los tiempos de Peñasco y Cambronero (1889), en los de Répide, más de 30 años después, aún seguía siendo así; lo que había cambiado era la fuerza motriz: de las mulas o caballos al motor de explosión.


La Posada del Dragón 

De las muchas posadas que citan nuestros cronistas (del León de Oro, de la Villa, del Dragón, del Galgo, de la Merced, de San Isidro, de San Pedro o mesón del Segoviano, de las Ánimas, del Pavo Real, de Vulcano, del Portugués…) subsisten, al menos nominalmente, las tres primeras, en los números 12, 13 y 14, respectivamente. La de la Villa ostenta una placa en su fachada que reza “Casa fundada en 1642” y la del Dragón ocupa un edificio que fue levantado por el marqués de Cubas en 1868; el dragón de esta última posada se dice que se inspiraba en el que hubo esculpido en la Puerta Cerrada y que sirvió para que algunos afirmasen que Madrid había sido fundada por los griegos, que, como todo el mundo sabe, llevaban dragones en sus estandartes... En el número 30, donde se hallaba el Parador de la Merced, hoy tiene el célebre Lucio una taberna (su restaurante, que ocupa el antiguo lugar del mesón del Segoviano, está en el número 35).

22.5.15

Cava Alta


By Photographer, Pedro Reina (Placas de calles en Madrid)
[CC BY-SA 3.0], via Wikimedia Commons

Entre la calle de Toledo y la plaza del Humilladero. Distrito 1 (Centro). Barrio del Palacio.

Una cava es el foso que rodea a una muralla. Y eso es lo que aquí hubo en tiempos. La línea de la muralla pasaba por aquí, como ya vimos al tratar de la calle del Almendro. Cuando la fortificación perdió su sentido, se terraplenó la cava para favorecer el crecimiento urbano y surgió esta calle, que en el plano de Texeira se llama Cava Alta de San Francisco. Su comienzo, en el que da un brusco giro de 90 grados, se llamó plaza de la Berenjena, ya que por allí había un berenjenal, que formó parte del huerto del Hospital de la Latina y en el que ignoro si se metería alguien antes de que desapareciera para dar espacio al convento de la Concepción Francisca.


15.5.15

Casto Plasencia (Calle de)


Casto Plasencia. Dibujo de Alfredo Perea (1890). Grabado por Arturo Carretero.

Entre las calles del Marqués de Santa Ana y de las Minas. Distrito 1 (Centro). Barrio de la Universidad.

El anterior nombre de esta calle fue el de callejón de las Minas, aunque también se denominó de la Cruz de la Zarza, según el plano de Espinosa. Para la explicación del antiguo nombre, remito al lector al artículo dedicado a la calle de las Minas –que llegará.

Desde el 3 de octubre de 1890 está dedicada al pintor Casto Plasencia, nacido en la localidad de Cañizar (Guadalajara) el 17 de julio de 1846 y muerto en Madrid el 18 de mayo de 1890, que entre otras cosas participó en la decoración del Palacio de Linares y también en la de San Francisco el Grande, donde pintó la alegoría de la orden de Carlos III en la capilla de la Virgen del Olvido o de Carlos III y colaboró en la decoración de los plementos de la cúpula.

8.5.15

Castillo Piñeiro (Calle de)


Fachada principal del Hospital de San José y Santa Adela

Entre la avenida de la Reina Victoria y la calle de Aranjuez. Distrito 6 (Tetuán). Barrio de Bellas Vistas.


Esta estrecha y algo quebrada calle lleva el nombre (o más bien los apellidos) del doctor Eduardo del Castillo Piñeiro, organizador que fue del Hospital de San José y Santa Adela que precisamente se encuentra en la esquina de esta rúa con la avenida de la Reina Victoria. El doctor Castillo Piñeiro fue el albacea del testamento de la fundadora, doña Adela Balboa (también tiene una calle en esta zona, que precisamente arranca de la que estamos tratando), que dispuso que a su muerte (acaecida en 1890) su legado fuese destinado a “crear una casa de salud” para “los criados y criadas de servir en esta corte”. Desde 1918 el hospital está ligado a la Cruz Roja.

1.5.15

Castillo (Calle del)


Castillo templario de Ponferrada (León)
Foto: CC-BY-SA Jaccroube

Entre las calles de Raimundo Lulio y de Eloy Gonzalo. Distrito 7 (Chamberí). Barrio de Trafalgar.

Calle relativamente reciente del barrio de Chamberí. Hay discrepancia entre dos de nuestras principales fuentes a la hora de explicar su nombre. Peñasco y Cambronero creen que está dedicada a Gregorio del Castillo, cabecilla de los comuneros en Madrid, y se dedican a dar una detallada explicación de sus actos en aquellos días de sublevación. Répide, sin embargo, cree otra cosa y es de la que me voy a hacer eco ya que le da un toque más misterioso y romántico. Conjetura D. Pedro que, dado que estos terrenos pertenecieron en su día a la Orden del Temple, aquí, por tanto, tuvieron su castillo los templarios. El castillo desapareció, pero sus ruinas se debieron de mantener el tiempo suficiente antes de su total desaparición como para que las gentes de la villa conociesen como “el Castillo” este paraje y de ahí vino el nombre de la vía.

20.4.15

Castillejos (Calle de)


El general Prim en la guerra de África,
según un cuadro de Francesc Sans i Cabot

Entre las calles de Jerónima Llorente y de Wad-Ras. Distrito 6 (Tetuán). Barrio de Bellas Vistas.

Fnideq o Castillejos es una localidad de Marruecos muy cercana a la verja de Ceuta. Lleva su nombre esta calle a causa de la batalla que allí tuvo lugar el 1 de enero de 1860, durante la primera guerra de África, entre las tropas españolas, al mando de O’Donnell, y las marroquíes de Muley el-Abbas. Fue una gran victoria en la que se destacó especialmente el general Prim, que obtuvo en recompensa el marquesado de los Castillejos con grandeza de España.

27.3.15

Castelló (Calle de)


Busto de Pedro Castelló en Barcelona
By Pere López (Own work) [CC BY-SA 3.0], via Wikimedia Commons

Entre la calle de Alcalá y la de Pedro de Valdivia. Distritos 4 (Salamanca) y 5 (Chamartín). Barrios de Recoletos, Castellana y El Viso.

Rectilínea calle del Ensanche, en la zona del Barrio de Salamanca y en dirección sur-norte. Por tanto, es una vía moderna en la que cabe destacar la presencia, en el número 56, del célebre Colegio del Pilar. Ocupa un gran edificio de estilo neogótico que fue construido entre 1910 y 1916 por el arquitecto Manuel Aníbal Álvarez Amorós. La idea original es que fuese un colegio para niñas pobres, donde se formarían como institutrices; la impulsora fue la condesa de la Vega del Pozo y duquesa de Sevillano, que murió en 1915 sin haber dejado testamento, con lo cual la idea quedó en nada. Los marianistas, que en 1907 habían fundado el Colegio del Pilar, compraron el edificio en 1921, con la ayuda económica de sus hermanos estadounidenses, para instalarse definitivamente tras diversas mudanzas. En esas aulas se han formado muchas personas que ocuparon y ocupan numerosos puestos de responsabilidad en la política y en la sociedad: Juan Abelló, Luis María Anson, José María Aznar, Juan Luis Cebrián, Antonio Garrigues Walker, Jaime Lissavetzky, Alfredo Pérez Rubalcaba, Fernando Sánchez-Dragó, Javier Solana… Por citar una fémina, ya que ahora el colegio es mixto, nombremos a la actriz Adriana Ugarte y, como curiosidad, indiquemos que José María Jarabo, que se hizo tristemente célebre por los asesinatos que cometió en el verano de 1958, también pasó por este colegio.

Pedro Castelló Ginestá nació en la localidad leridana de Guisona el 4 de marzo de 1770. Estudió Filosofía en Cervera y Medicina en Barcelona y en 1796 se convirtió en médico militar. Fue profesor de Medicina en Santiago y Barcelona antes de obtener un nombramiento en el Colegio de San Carlos de Madrid en 1801. Durante la guerra de la Independencia Murat intentó reclutarle para el ocupante francés; se negó y por tanto hubo de huir y refugiarse en las Baleares. En 1814 le fueron restituidos todos sus cargos, pero en 1824 volvió a caer en desgracia por sus ideas liberales. Sin embargo el rey Fernando VII le tenía mucho aprecio y confianza, lo cual le sirvió para volver a su servicio y para interceder por muchos colegas que también habían sido represaliados. Asimismo obtuvo del rey que se construyese, en 1831, la que durante muchos años fue la Facultad de Medicina y hoy es el Colegio de Médicos de Madrid, en la calle de Atocha. Castelló falleció en Madrid el 1 de julio de 1850.


20.3.15

Castellana (Paseo de la)


«Vista de Madrid - Salamanca 01» de Enrique Dans. Disponible bajo la licencia CC BY 2.0 vía Wikimedia Commons  http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Vista_de_Madrid_-_Salamanca_01.jpg#/media/File:Vista_de_Madrid_-_Salamanca_01.jpg

Entre la plaza de Colón y el nudo de Manoteras. Distritos 4 (Salamanca), 5 (Chamartín), 6 (Tetuán) 7 (Chamberí) y 9 (Fuencarral-El Pardo). Barrios de Recoletos, Castellana, El Viso, Hispanoamérica, Nueva España, Castilla, Cuatro Caminos, Castillejos, Almenara, Almagro, Ríos Rosas y La Paz.

El Paseo de la Castellana… La más amplia y hermosa avenida de Madrid, símbolo de la clase alta, de la representación, la calle donde todas las grandes empresas querrían tener su sede, donde antaño la nobleza y la alta burguesía se construyeron sus palacetes…

Y sin embargo, con el consenso de varios cronistas, en el primer tercio del siglo XIX estos parajes no eran sino un inmundo arroyo, inmundo porque la gente ya tenía la fea costumbre de arrojar los desperdicios donde no se debe. Por el cauce del arroyo corrían las aguas que venían de una fuente situada aproximadamente donde hoy está la plaza de Emilio Castelar; era la Fuente Castellana y de ahí vino el nombre al paseo, si bien ha ostentado otros, como los de Delicias de la Princesa, en honor de la hija de Fernando VII, que luego subió al trono como Isabel II y también dio su nombre a la calle durante un tiempo. Sin embargo, fue la denominación de Paseo de la Castellana la que prevaleció, aunque hay que decir que durante bastantes años, a comienzos del siglo XX, se consideró –sin perder su nombre- parte de una “Gran Avenida de la Libertad” que empezaba en Atocha y acababa en el Hipódromo que durante varios lustros constituyó el final y tapón de nuestro paseo.

Pero antes se hubo de encauzar el arroyo mediante una alcantarilla, algo de lo que se ocupó Domingo María de Barrafón en su época de corregidor de la villa (1830-34). Posteriormente se igualó el paseo y empezó la construcción de casas. La primera de ellas fue la conocida como Casa de Bruguera, que se irguió hacia 1844 en la esquina de nuestro paseo con la calle de Goya. Esta casa, propiedad del banquero Narciso Bruguera, tenía la peculiaridad de que en su fachada se habían aprovechado unas columnas que pertenecieron a la derribada iglesia del Buen Suceso, sita en la Puerta del Sol antes de la gran reforma de mediados del siglo XIX. Perduró hasta el último cuarto del siglo XX, cuando dejó paso al edificio de un banco que no ocupó en absoluto toda la manzana, que quedó extrañamente despejada. Este espacio, que durante muchos años no tuvo nombre, está, desde el 14 de septiembre de 2014, dedicado a Margaret Thatcher, primera ministra que fue del Reino Unido, en un homenaje no exento de polémica, en primer lugar por las connotaciones políticas del personaje, que aquí no vamos a tratar, y en segundo porque fue una decisión municipal no unánime –solo apoyada por el partido del gobierno, el PP-, tomada en abril de 2013, en el mismo mes que falleció la señora Thatcher. La excusa de los grupos de oposición fue el nulo vínculo de la política británica con Madrid, algo que sin duda es cierto, pero es difícil que fuese el único motivo real.

Empezar desde este punto un paseo por la Castellana era, en tiempos pasados, recorrer un catálogo de palacios y palacetes del que da cumplida cuenta Répide en su obra sobre las calles de Madrid que, recordemos, data de los años 20 del siglo pasado. Hoy en día se pueden contar con los dedos de una mano (y nos sobrarán) los que subsisten. De los palacios de Arión, de Anglada –que tenía un patio interior réplica del de los Leones de la Alhambra-, de San Bernardo, de Indo, de Aliaga, ya solo queda el recuerdo y algunas fotos antiguas…


El palacio de Indo, derribado en 1904

Mas no nos hemos de ir muy lejos para ver uno de estos pocos especímenes. No hay sino que cambiar de acera para encontrarnos con el antiguo Palacio de Villamejor, levantado entre 1887 y 1890 para los marqueses de tal título. Fue vendido al Estado en 1914 para que se instalase en él la Presidencia del Gobierno. Fue su sede hasta que en 1976 Adolfo Suárez, en uno de sus primeros actos como presidente, la trasladó al Palacio de la Moncloa. Actualmente está ocupado por la Secretaría General de Coordinación Autonómica y Local, dependiente del Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas.

En esta misma acera de los impares hay otros dos supervivientes de aquella primera época. Uno se sitúa en el número 29 y es un palacete levantado a principios del siglo XX por el arquitecto Lorenzo Álvarez Capra, que -¡cosa rara!- fue respetado por el banco que allí edificó su sede entre 1973 y 1976. Algo más allá, en el número 45, se halla el que fue magnífico palacete de don Eduardo Adcoch, levantado entre 1905 y 1906 según proyecto de José López Sallaberry, hoy sede de la Fundación Rafael del Pino.


Palacete de Eduardo Adcoch. Foto: Luis García (Zaqarbal)


Y poco más queda. Pero antes de ir más allá, en esta primera porción del paseo se encuentran una serie de edificios y monumentos públicos que también hay que mencionar. Algunos, como el de Emilio Castelar o el del Marqués del Duero, serán tratados en las plazas que presiden. Otros sí que se han de citar aquí, como el de Isabel la Católica, que en su día se hallaba frente a la puerta principal del Hipódromo, en una plaza, situada a la altura de la actual de San Juan de la Cruz, que se llamaba precisamente de Isabel la Católica. Hoy lo podemos ver al pie del talud que ocupan los jardinillos delanteros del antiguo Palacio Nacional de las Artes y la Industria, del que hablaremos dentro de poco. El grupo escultórico, que presenta a la reina escoltada por el cardenal Mendoza y el Gran Capitán, es obra del artista barcelonés Manuel Ons y Canet y fue inaugurado por Alfonso XII el 30 de noviembre de 1883. Compartiendo el mismo jardín está desde 1979 el monumento a la Constitución de 1978, de geométrico aspecto, tanto que no es sino la sombra tridimensional de un cubo de cuatro dimensiones, ocurrencia del arquitecto Miguel Ángel Ruiz-Larrea que tal vez tenga que ver con la complejidad de la elaboración de ese texto tan cuestionado hoy en día.


Monumento a Isabel la Católica. Foto: Luis García (Zaqarbal)

Enfrente, en la acera de los impares, hay un gran edificio rojiblanco con una historia un tanto trompicada. Se proyectó inicialmente en 1881 según unos planos de Carlos Velasco como centro universitario femenino de la Institución Libre de Enseñanza. Sin embargo, hubo problemas con el Ayuntamiento, ya que el proyecto unía dos manzanas y suprimía un trozo de la calle de Espronceda. Se paralizaron, por tanto, las obras, que habían empezado en 1882. Seis años después se volvió a trabajar sobre el terreno, esta vez con la idea de levantar una Escuela Nacional de Sordomudos y Ciegos, con un proyecto de Ricardo Velázquez Bosco que aprovechó los cimientos del anterior. Ahora el problema estuvo en que se empezó a construir sin licencia, con lo cual las obras se pararon de inmediato. No se reanudaron hasta 1895 y por fin hubo edificio en 1898. Hoy en día está ocupado por el CESEDEN, el Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional.

Acabamos de mencionar el antiguo Palacio Nacional de las Artes y la Industria, que se construyó entre 1881 y 1887 según un proyecto de Fernando de la Torriente; al morir este arquitecto en 1886 se hizo cargo de las obras Emilio Boix Merino. La idea era que fuese un palacio de exposiciones y, de hecho, fue con una de pintura con la que se inauguró el 21 de mayo de 1887. Algunas más hubo, pero con el tiempo se dejó de usar como tal y se aprovechó para otros menesteres, como cuartel de la Guardia Civil, por ejemplo, hasta que allí se instalaron el Museo de Ciencias Naturales y la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de la Universidad Politécnica de Madrid. A decir de la Guía de Madrid del Colegio de Arquitectos, esto “mutiló torpemente su arquitectura”, tanto en su exterior como en su interior y así se estropeó lo que en esa Guía se considera uno de los mejores ejemplos de la arquitectura de exposiciones madrileña.

Aquí acabó durante muchos años el Paseo de la Castellana. El Hipódromo era su punto final pero se sabía que esa circunstancia sería temporal, ya que lo natural era la expansión hacia el norte de la ciudad y de su eje principal. Desde principios del siglo XX ya hubo propuestas de ordenación urbanística relacionadas con nuestro paseo, pero el primer proyecto serio no se materializó hasta 1925, diez años después del que el Ayuntamiento aprobase oficialmente la prolongación del paseo de la Castellana hasta que confluyese con la Carretera de Francia en lo que hoy es la Plaza de Castilla. Cuatro años después se convocó un concurso internacional para un Plan General de la villa; quedó desierto, pero hubo un proyecto que recibió una mención especial: fue el presentado por el arquitecto bilbaíno Secundino Zuazo y por el alemán Hermann Jansen. En él se plantea una prolongación de la Castellana que fue, en esencia, la que en las décadas posteriores se llevó a cabo.

Lo primero fue, como ya hemos visto anteriormente, la desaparición del Hipódromo (véase la calle de Agustín de Bethancourt). En gran parte de su solar se empezaron a edificar los Nuevos Ministerios, precisamente según un proyecto de Zuazo, impulsado por su amigo Indalecio Prieto, ministro de Obras Públicas; Zuazo se ocupó de él hasta que el estallido de la guerra civil le llevó al exilio. Aunque volvió a España, fue depurado políticamente y no volvió a ser el que era. Las obras de esta mole escurialense fueron concluidas en 1942.

La primera idea fue que la prolongación de la Castellana se llamase Avenida de Europa, ya que sería la puerta de entrada a la capital de la “nueva España” y, por lo tanto, tendría un carácter representativo. Sin embargo, según un decreto de febrero de 1947, el gobierno decidió que la vía, desde el cruce con el antiguo Paseo de Ronda, se llamase Avenida del Generalísimo. Y así fue hasta que con la llegada de los primeros ayuntamientos democráticos, en 1980, toda esta porción pasó a ser también paseo de la Castellana.

A partir de aquí todo lo que nos encontramos son, pues, edificios modernos, que fueron sustituyendo a las huertas, alfares y fincas de recreo que anteriormente ocupaban estos parajes.


"AZCA (Madrid) 01" by Luis García. Licensed under CC BY-SA 3.0 via Wikimedia Commons - http://commons.wikimedia.org/wiki/File:AZCA_(Madrid)_01.jpg#/media/File:AZCA_(Madrid)_01.jpg

La primera gran manzana que hay en el lado de la izquierda es la del complejo Azca, que se empezó a levantar a finales de los años 60 del siglo pasado según un plan de Antonio Perpiñá aprobado en 1964  pero que se había presentado diez años antes. Cabe citar dos curiosidades: la primera, el nombre. Azca es un acrónimo que significa “Asociación Zona Comercial A”. La segunda, que en el proyecto original estaba previsto que en el centro no hubiese una plaza, sino un teatro de ópera, del que Madrid estaba huérfana desde el cierre y abandono del Real en los años 20.

De sus edificios cabe destacar el último que se construyó, la Torre Picasso, que durante mucho tiempo fue, con sus 156,4 metros, el edificio más alto de la capital –si exceptuamos el “Pirulí”, que en realidad es una antena… Asimismo fue, hasta 2002, el más alto de España. El arquitecto fue el japonés Minoru Yamasaki, el mismo que proyectó las malhadadas Torres Gemelas de Nueva York, y se concluyó en 1989.

Desde 1950 tiene en la Castellana su estadio el Real Madrid, el Santiago Bernabéu, antes conocido como estadio de Chamartín. Se empezó a construir en 1944 y ha sufrido diversas reformas para ampliarlo y modernizarlo. La última, que está por llegar, es polémica y está en los tribunales aunque, como se sabe, siempre que hay ladrillo por medio se salen con la suya los mismos.

Justo enfrente del estadio (incluso durante unos meses, en el año 1982, estuvieron unidos por una pasarela mientras se celebró el mundial de fútbol) está el Palacio de Congresos y Exposiciones que se levantó entre 1964 y 1970 y que sobre todo destaca por el mural de Joan Miró que desde 1980 adorna su fachada.

Seguimos hacia el norte y nos topamos con la amplia y espaciosa plaza de Castilla, donde nuestro paseo se encontraba con la antigua carretera de Francia –la calle de Bravo Murillo- en un paraje que fue conocido como el Hotel del Negro. Destacan en esta plaza las dos torres inclinadas que en conjunto se denominan “Puerta de Europa”, lo cual cuadra perfectamente con la primitiva denominación que iba a tener esta parte de la vía. Las torres, polémicas en su origen por oscuros tejemanejes financieros, fueron promovidas por la empresa Kuwait Investments Office, de ahí que durante mucho tiempo fuesen conocidas como “Torres KIO”. Tienen 116 metros de altura y fueron inauguradas en 1996. Fueron los autores de su proyecto los arquitectos estadounidenses John Burgee y Philip Johnson.


"Madrid Cuatro Torres Business Area-2" by Madrid_Cuatro_Torres_Business_Area.jpg: Xauxa Håkan Svenssonderivative work: Escarlati (talk) - Madrid_Cuatro_Torres_Business_Area.jpg. Licensed under CC BY-SA 3.0 via Wikimedia Commons - http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Madrid_Cuatro_Torres_Business_Area-2.jpg#/media/File:Madrid_Cuatro_Torres_Business_Area-2.jpg

Como ya se está haciendo un poco largo este paseo, va siendo hora de concluir. Y lo haremos con cuatro edificios muy recientes pero que ya han dejado una impronta muy importante en Madrid y se han hecho parte de su silueta. Se trata de las torres que se han levantado ya al final de nuestra calle, en los terrenos que fueron durante mucho tiempo la ciudad deportiva del Real Madrid, y que se pueden contemplar desde muchos kilómetros a la redonda de la villa. La primera se conoce como Torre Foster –por su arquitecto, el británico Norman Foster- tras haber ostentado otras denominaciones como “Torre Caja Madrid” o “Torre Repsol”; es el edificio más alto de Madrid y de España con sus 45 pisos y 250 metros; se inauguró en 2009. La segunda es la Torre PwC, antes conocida como Sacyr-Vallehermoso, de 52 plantas y 236 metros de alta, construida entre 2004 y 2008 según proyecto de Carlos Rubio Carvajal y Enrique Álvarez-Sala Walther. La tercera es la Torre de Cristal, que sigue de cerca a la Foster en altura con 249 metros distribuidos en 52 plantas; se levantó entre 2004 y 2009 y fue su arquitecto el argentino César Pelli. Por último, tenemos la Torre Espacio, la más “pequeñita” con sus 230 metros y 57 plantas; fue la primera que se terminó, en marzo de 2007; desde noviembre de 2006 se había convertido en el edificio más alto de España, superando al Hotel Bali de Benidorm –que, a su vez, había desbancado cuatro años antes a la Torre Picasso-, pero el título le duró poco; unos días después de su inauguración fue rebasada por su vecina la Torre de Cristal. Fue su diseñador el estadounidense Henry N. Cobb.

27.2.15

Casino (Calle del)



Entre la calle de los Embajadores y la Ribera de Curtidores. Distrito 1 (Centro). Barrio de los Embajadores.

Cuando se lee la palabra “casino” lo primero que viene a la mente es ruleta, máquinas tragaperras, naipes… Pero si recurrimos al Diccionario, veremos que hay otra acepción, si bien ya en desuso, que la define como “casa de recreo, situada por lo común fuera de poblado”. Y es que eso es lo que había aquí, una finca que llegó a ser conocida en el siglo XIX como Casino de la Reina. En tiempos mucho más remotos tuvo dueños diversos, entre ellos los hermanos Abad de los que hablamos muy al principio de estas páginas, que la cedieron a los frailes teatinos para que levantasen en ella un convento. Se conocía entonces como Huerta del Bayo y en manos de los religiosos siguió hasta que el Concejo se apropió de ella para darle otros usos o, mejor dicho, uso, ya que en 1817 se la regaló a la reina Isabel de Braganza, segunda esposa de Fernando VII, no sin antes convertirla en una agradable posesión con un palacete de dos plantas y con jardines, rodeada de una valla de reja de la que aún se conserva bastante trozo; su puerta fue trasladada al Retiro, es la que se puede ver si se accede al parque desde la plaza de la Independencia y se conoce precisamente así, como “puerta de la Independencia”.

De ahí le vino el nombre a nuestra calle, que previamente había sido parte de la de Tribulete y más adelante, ya en el siglo XVIII, se había denominado calle del Sol. El Casino de la Reina pasó después a poder del Estado y el palacio desapareció, aunque quedan los jardines y alguno de los edificios levantados allí posteriormente es interesante –en concreto lo que hoy es el Instituto de Enseñanza Secundaria “Cervantes”-, pero al tener su entrada por otra calle (la de los Embajadores) allí se hablará de él.

13.2.15

Cascorro (Plaza de)



«Estatua de Cascorro Madrid (España) 1» por Pablo Alberto Salguero Quiles - Trabajo propio. Disponible bajo la licencia CC BY-SA 3.0 vía Wikimedia Commons.

Entre la Ribera de Curtidores y las calles de los Embajadores, Juanelo, Duque de Alba, San Millán, Maldonadas, Ruda y Amazonas. Distrito 1 (Centro). Barrio de los Embajadores.

En la cabecera del Rastro nos encontramos, en una plaza alargada e irregular en cuya parte norte se alzó en tiempos el llamado “tapón del Rastro”, una manzana de casas que entorpecía la entrada al tradicional mercado y que en 1905 fue derribada, llevándose consigo las calles de San Dámaso, del Cuervo y la travesía del Rastro, que la bordeaban. Conocida durante mucho tiempo como plaza del Rastro, dedicada desde el 16 de agosto de 1913 a Nicolás Salmerón, se erigió en su parte meridional una estatua dedicada a Eloy Gonzalo, héroe de Cascorro, inaugurada por Alfonso XIII el 5 de junio de 1902. Se trata de una obra de Aniceto Marinas, dispuesta sobre un pedestal de José López Sallaberry, que muestra al héroe madrileño, fusil al hombro, con su lata de petróleo a cuestas. Por esto empezó a conocerse popularmente como plaza de Cascorro, hasta que en 1941 el Ayuntamiento oficializó tal nomenclatura desterrando al ilustre e incómodo –para la fecha- prócer republicano.

El nombre de Cascorro es el de una aldea de la provincia cubana de Camagüey, donde en septiembre de 1896 quedó cercado por los insurrectos el Regimiento de Infantería María Cristina nº 63. Eloy Gonzalo, niño expósito de Madrid, criado en la Inclusa, consiguió lanzar una lata de petróleo en llamas a un chamizo desde el que el enemigo estaba hostigando tremendamente a las tropas españolas, con una cuerda atada a la cintura para que recuperasen su cuerpo en caso de morir en el intento. Fue solo una de las varias actuaciones heroicas –hay que citar también al valenciano Carlos Climent, que salvó, con grave riesgo de su vida, a numerosos compañeros heridos- que tuvieron lugar en aquella acción hasta que poco después las fuerzas del general Jiménez Castellanos levantaron el cerco. Gonzalo murió de enfermedad en la isla, en junio de 1897.

30.1.15

Casado del Alisal (Calle de)

Entre las calles de Juan de Mena y Alfonso XII. Distrito 3 (Retiro). Barrio de los Jerónimos.

Quiere la casualidad que esta apacible calle del señorial barrio de los Jerónimos, que nace a espaldas del Museo del Prado, esté precisamente dedicada a un pintor y no solo eso, sino que fue uno que trató habitualmente asuntos históricos en sus obras, entre ellos la leyenda del emplazamiento de Fernando IV a la que nos hemos referido en la calle anterior.

Nació José Casado del Alisal en la localidad palentina de Villada en 1830. Estudió en la capital de su provincia y luego en Madrid, donde tuvo a Madrazo como maestro. Estuvo becado en Roma y París y, como se acaba de indicar, se especializó en pintura histórica y también retratos; entre los que pintó están los de Isabel II, Espartero, Alfonso XII o Emilio Castelar. De las obras históricas cabe destacar la célebre Batalla de Bailén (1864), que se encuentra en el Prado, o La campana de Huesca (1880), que se halla en el ayuntamiento de esa ciudad. Murió en Madrid el 8 de octubre de 1886.

En el número 8 de esta calle se encuentra la delegación de la Xunta de Galicia en Madrid.


La rendición de Bailén


16.1.15

Carvajales (Calle de los)


José Casado del Alisal: Últimos momentos de Fernando IV el Emplazado (Palacio del Senado, Madrid)
Wikimedia Commons

Entre la calle de Ercilla y el paseo de la Esperanza. Distrito 2 (Arganzuela). Barrio de la Chopera.

Nuestra calle, hecha de edificios modernos, recuerda a unos personajes a los que debe su apodo el rey Fernando IV el Emplazado, que ocupó el trono de Castilla entre 1295 y 1312. Los hermanos Carvajal a los que se recuerda, Pedro y Juan, fueron ejecutados por orden del rey, que les acusaba de haber asesinado en Palencia a un caballero llamado Juan Alonso de Benavides cuando salía de la casa en la que se hallaba hospedado el monarca. Los hermanos proclamaron su inocencia y emplazaron al rey a comparecer ante Dios para ser juzgado por el desafuero cometido a los treinta días de su ejecución, cosa que se cumplió y alimentó la leyenda, a la vez que hacía pasar a la historia al monarca con el mote ya citado.


2.1.15

Cartagena (Calle de)


Foto: Alejandra Diego Eguren
(Wikipedia)

Entre las calles de Francisco Silvela y del Príncipe de Vergara. Distritos 4 (Salamanca) y 5 (Chamartín). Barrios de la Guindalera, la Prosperidad y Ciudad Jardín.

Nuestra larga y sinuosa calle ya no está “formada de hotelitos”, como en tiempos de Répide, ni siquiera el que fue propiedad de José López Silva, autor del texto de La revoltosa, que se hallaba en la esquina con la calle de Luis Cabrera. Tampoco existe ya la iglesia del Pilar, un edificio de ladrillo que se construyó a finales del siglo XIX, cuando apenas empezaba a formarse la calle (Peñasco y Cambronero no la citan en su obra, que data de 1889) y que apenas sobrevivió medio siglo, ya que fue incendiada durante la guerra civil y quedó en un estado ruinoso del que no llegó a salir.

Durante muchos años terminó esta calle en la de López de Hoyos. No hace demasiado tiempo, se decidió que engullese la parte de la calle de Gómez Ortega que había al lado derecho de Príncipe de Vergara tras la prolongación de esta calle, en los años 60 del siglo XX, desde Francisco Silvela, donde concluía, hasta enlazar con la futura avenida de Pío XII, en las cercanías de la también futura estación de Chamartín. Con el tiempo, careció de sentido que dos fragmentos de calle que ya no parecían tener nada que ver siguiesen llamándose igual y así creció la calle de Cartagena.

Lleva la calle el nombre de una ciudad portuaria, la Cartago Nova romana, fundada como Qart Hadasht por el caudillo cartaginés Asdrúbal en el año 227 a. de C. Magnífico puerto natural, base naval de primer orden, con unas procesiones de Semana Santa que nada tienen que envidiar a las célebres de Sevilla, cuenta con 217.641 habitantes según el dato que da el INE para el 1 de enero de 2013. Quien esto escribe tiene importantes lazos familiares con esta ciudad por lo cual, a pesar de haberla visitado solo en una ocasión, siente mucho cariño por ella.

26.12.14

Carros (Plaza de los)


Fachada sur de la Capilla de San Isidro
Foto: E. Csonka, tomada de Wikimedia Commons

Entre la plaza de la Puerta de Moros, la plaza de San Andrés, la costanilla de San Andrés y la calle de Don Pedro. Distrito 1 (Centro). Barrio del Palacio.

El espacio cuadrangular de esta plaza, presidido por la fachada sur de la majestuosa capilla de San Isidro de la iglesia de San Andrés, no existía en el plano de Texeira, con lo cual su apertura data, como muy pronto, de finales del siglo XVII. Debe su nombre no a una leyenda ni sucedido, sino a que allí es donde paraban los carros que se alquilaban para transportes y lo debieron de seguir haciendo hasta al menos finales del siglo XIX, época en la que Peñasco y Cambronero escribieron su obra sobre nuestras calles, ya que a este hecho se refieren en presente los grandes cronistas.

Nos cuenta Répide que, poco antes de la época en la que escribió sus artículos sobre las calles de Madrid, intentó el Ayuntamiento entregar parte del terreno de esta plaza para ampliar el espacio que ocupaba una casa particular entonces en construcción, algo que no solo la estrecharía sino que además impediría la visión de la monumental capilla. Fue gracias a sus protestas por lo que no se cometió el desafuero.

Durante algún tiempo, a mediados del siglo pasado, esta plaza de llamó de Julio Romero de Torres.

22.12.14

Bernardo López García (Calle de)

(Cuelo aquí "de rondón" y fuera del orden alfabético esta calle, ya que en su momento se me pasó. La excusa es que su nombre antiguo comienza por "P" y por eso aparece mucho más adelante en los libros de los cronistas que son mi fuente principal.)


Monumento a Bernardo López García en Jaén
Foto: Kordas

Entre la travesía del Conde-Duque y la calle de Amaniel. Distrito 1 (Centro). Barrio de la Universidad.

Durante muchos años esta fue la calle del Portillo, sin más leyenda o tradición que ser el camino que conducía al portillo del Conde-Duque. Desde 1925 está dedicada al poeta Bernardo López García, que nació en Jaén el 11 de diciembre de 1838 y falleció en el número 9 de esta calle el 15 de noviembre de 1870. Una placa recuerda al escritor, que tuvo la desgracia de hacerse enormemente famoso por un solo poema, su Oda al Dos de Mayo (1866), cuyos celebérrimos cuatro primeros versos son:

Oigo, patria, tu aflicción
y escucho el triste concierto
que forman, tocando a muerto,
la campana y el cañón.

Pareciera que no hubiese escrito nada más, pero sí que compuso muchas otras poesías y además fue periodista, oficio que ejerció en El eco del país, diario en el que publicó su Oda. Murió, casi en la miseria, pocos días antes de cumplir 32 años.


19.12.14

Carretas (Calle de las)


Foto: Basilio

Entre la Puerta del Sol y la plaza de Jacinto Benavente. Distrito 1 (Centro). Barrio de Sol.

La calle de las Carretas es la salida natural por el sur de la Puerta del Sol y, como tal, en tiempos fue una vía de primer orden para el tráfico, rodado o no, de la villa. Los diferentes cronistas consultados están de acuerdo en decir que el nombre le viene de una barricada hecha con carretas por los comuneros para hacer frente a las tropas de Carlos V, barricada que se hizo por esta zona cuando aún era extramuros. Capmani y Répide incluso se detienen a dar una descripción bastante detallada del hecho de armas, que incluyó el bárbaro acto, por parte de los defensores, de colocar sobre las carretas a los enfermos del cercano hospital de San Ricardo para que los atacantes se avinieran a un acuerdo, como finalmente sucedió. Peñasco y Cambronero, que también se hacen eco de esto, lo sitúan en el mundo de las tradiciones ya que, según ellos, los documentos que pudieron consultar solo permitían hablar de una resistencia comunera en el Alcázar y no en otros puntos de Madrid.

Sea como fuere, hubiese o no carretas en aquella sublevación, el nombre quedó así desde que empezaron a construirse casas. No se caracteriza la calle por albergar en sus aceras –por cierto, las primeras que hubo en Madrid, junto con las de la calle de la Montera, construidas por los propios vecinos por orden del alcalde marqués viudo de Pontejos en cumplimiento de añejas normas a las que nadie había hecho caso hasta entonces y que, como todas las novedades, levantó las correspondientes protestas de los madrileños- grandes edificios históricos ni monumentos deslumbrantes, pero algo hay digno de mención. Por ejemplo, que aquí estuvo, concretamente en el número 4, el célebre café del Pombo, donde mantuvo su tertulia Ramón Gómez de la Serna, y que no pudo sobrevivir ni a la posguerra ni a la ausencia de su asiduo más famoso, exiliado allende el océano. En el número 10 hay un edificio que es el único mencionado en la Guía de Arquitectura y Urbanismo de  Madrid del Colegio Oficial de Arquitectos (al menos en la edición que yo poseo, que ya tiene unos años). Un edificio que se hizo recientemente famoso. Se trata del antiguo Hotel Residencia Madrid, una obra de corte neoclásico proyectada hacia 1930 por Ramón Lucini Calleja; llevaba un tiempo abandonado cuando fue ocupado el 15 de octubre de 2011 por grupos próximos al movimiento 15-M, que indicaron que iban a utilizarlo para realojar a familias desahuciadas. La aventura acabó apenas dos meses después, cuando el 5 de diciembre fueron expulsados por la policía y las puertas del hotel tapiadas, como siguen en la actualidad.



Isabel Gea destaca en su obra sobre los nombres de nuestras calles que esta podría ser llamada “calle de las ortopedias”, por el gran número de ellas que había, al menos hace unos 20 años, cuando fue escrito ese libro. Hoy en día ya no sería tanto, puesto que solo quedan dos, bastante añejas por cierto, al menos en su aspecto, y lo que más abunda en la calle de las Carretas son las tiendas de ropa. Y, hablando de tiendas de ropa, no se puede dejar de mencionar a las desaparecidas Sederías Carretas, cuya publicidad tanto pude escuchar en la radio durante mi infancia, fundada en el número 6 por Pepín Fernández y su primo César Rodríguez en septiembre de 1934. Esta tienda fue el germen de lo que unos años después, en 1943, fue Galerías Preciados, el primer gran almacén por departamentos español. Sederías Carretas, a pesar de pertenecer al grupo, mantuvo su nombre hasta después de la muerte de su fundador, en 1982. 13 años después, Galerías Preciados, en suspensión de pagos y abocada a la liquidación, fue absorbida por su principal competidor, El Corte Inglés, que había sido creado por… César Rodríguez.

12.12.14

Carranza (Calle de)


Entre las glorietas de Bilbao y de Ruiz Jiménez. Distritos 1 (Centro) y 7 (Chamberí). Barrios de Universidad y Trafalgar.

No es muy antigua la apertura de esta calle, pues fue consecuencia del derribo de la cerca en 1868. Primeramente no fue sino un trozo más de la ronda que rodeó Madrid tras ser liberada de la tapia de Felipe IV. Aunque recibió diferentes nombres como Paseo de Entrepuertas o Ronda de Bilbao, su actual denominación data de la época posterior a la Revolución. Ángel Fernández de los Ríos sugirió al Ayuntamiento revolucionario dar el nombre del arzobispo Carranza, víctima inocente de la Inquisición, a una calle que, según él (Peñasco y Cambronero no se lo creen mucho, pero Répide parece convencido) está muy cerca del lugar donde se hallaba el quemadero inquisitorial, junto a la actual glorieta de Ruiz Jiménez. Y el nombre de Carranza fue el que perduró. Bartolomé de Carranza, nacido en la localidad navarra de Miranda de Arga en 1503 y muerto en Roma el 2 de mayo de 1576, fue fraile dominico. Participó en las dos primeras fases del Concilio de Trento. Arzobispo de Toledo en 1558, ese mismo año publicó unos Comentarios al Catecismo Cristiano por los que fue acusado de herejía, aunque tras tal acusación estaba el resentimiento de varios prelados que fueron criticados por él, entre ellos el inquisidor general Fernando de Valdés. El proceso se inició en 1559 y acabó el mismo año de la muerte de Carranza, con un fallo adverso a pesar de que unos años antes el propio Concilio de Trento no había visto herejías en el libro. 


5.12.14

Carolinas (Calle de las)


Puesta de sol en Colonia (isla de Yap)

Entre las calles de Bravo Murillo y de Olite. Distrito 6 (Tetuán). Barrio de Bellas Vistas.

Paralela y solo tres manzanas más allá de la anterior se encuentra esta calle, de traza muy semejante aunque algo más quebrada. Lleva el nombre de un archipiélago del Pacífico, formado por casi mil islas, que en su día fue posesión española. Descubiertas por los exploradores Salazar y Saavedra en 1526, hasta 1686 no se empezaron a conocer las islas por este nombre, al poner pie en ellas Francisco de Lezcano y llamarlas así en honor a Carlos II. Largo tiempo abandonadas, a mediados del siglo XIX volvió el interés español sobre ellas, especialmente cuando ingleses y alemanes, sobre todo estos últimos, empezaron a codiciarlas. Llegó a producirse un conflicto con los teutones que fue arbitrado por el papa León XIII en favor de España (véase la calle del Amor de Dios). Después de la guerra de 1898 decidimos deshacernos del archipiélago, que fue vendido al año siguiente a Alemania por 25 millones de pesetas. Tras la primera guerra mundial, Japón, ocupante desde 1914, las recibió como mandato de la Sociedad de Naciones y tras la segunda pasaron a poder de los Estados Unidos. Hoy en día están divididas entre dos estados independientes, los Estados Federados de Micronesia y la República de Palaos.

28.11.14

Carnicer (Calle de)


Entre las calles de Bravo Murillo y Tenerife. Distrito 6 (Tetuán). Barrio de Bellas Vistas.

Estrecha y rectilínea calle de ese barrio que ya hemos visitado varias veces, el que queda a la izquierda de la antigua carretera de Francia, esto es, la calle de Bravo Murillo. Calle la nuestra que aún conserva algún edificio bajo de ladrillo visto y en la que encontramos otros de aspecto más burgués, especialmente el que hace esquina con Bravo Murillo y cuyos bajos están ocupados por una enorme sucursal bancaria.

Está dedicada al músico Ramón Carnicer y Batlle, que nació en la localidad leridana de Tárrega el 24 de octubre de 1789. Empezó sus estudios musicales en su ciudad natal y los prosiguió en la Seo de Urgel y en Barcelona. En aquella ciudad llegó a ser director del Teatro de la Santa Cruz. Viajó a Italia, donde se impregnó del estilo operístico entonces en boga, el rossiniano, que fue el que él mismo adoptó para sus composiciones. Se exilió tras el final del Trienio Constitucional y a su vuelta, en 1827, se estableció en Madrid. Aquí asumió la dirección de los teatros de la corte, siguió componiendo óperas y, cuando se creó el Conservatorio, ocupó desde el primer momento la cátedra de composición y, más adelante, su dirección. Murió en nuestra villa el 17 de marzo de 1855. Como curiosidad, hay que indicar que es el autor del himno nacional de Chile, siendo el único americano compuesto por un músico que jamás pisó el Nuevo Mundo.

22.11.14

Carnero (Calle del)


Foto: Basilio

Entre la Ribera de Curtidores y la calle de la Arganzuela. Distrito 1 (Centro). Barrio de Embajadores.

Ya aparece, aunque sin nombre, nuestra calle en el plano de Texeira, aunque su configuración no era igual a la que hoy tiene. Se llamó calle Nueva antes de ser denominada tal y como en la actualidad la conocemos. Hay dos leyendas explicativas del nombre de la calle. Una dice que era aquí donde los aforadores de la villa rifaban un carnero cuando llegaba la festividad de San Lorenzo. Los aforadores eran los funcionarios que se encargaban de tasar las mercancías para calcular lo que se debía tributar por ellas.

Una segunda tradición enlaza directamente con la narrada al hablar de la calle de la Cabeza. Se dice que tras el horrible suceso acaecido en esa calle, la gente no quería comprar más carneros en el Rastro, y los comerciantes allí establecidos pidieron permiso para trasladar sus carnicerías a nuestra calle, con lo que quedó con el nombre de todos conocido.