29.4.16

Concepción Arenal (Calle de)



Entre la Gran Vía y la calle de la Luna. Distrito 1 (Centro). Barrio de Universidad.

En el plano de Texeira recibe esta calle el nombre de Hornos de la Mata y antes de referirnos a la ilustre señora a la que hoy está dedicada, vamos a intentar explicar el origen de la antigua denominación.

Todos estamos de acuerdo en que aquí hubo un horno de pan, pero hay diversas teorías relacionadas con su origen y propiedad. Hace siglos, sólo los llamados hornos de Villanueva surtían a Madrid de pan, y llegó un momento en el que no dieron abasto en tan importante cometido. Aunque durante un tiempo se consumió pan cocido por los obradores de Vallecas, poco después se estableció un segundo horno en la villa, que es el que nos ocupa. Unos dicen que su propietario se llamaba Juan Mateo de la Mata y era el último superviviente de los nacidos en la desaparecida aldea de Valnegral. Otros dicen que el horno se levantó cuando aún estos terrenos pertenecían a las eras del monasterio de San Martín y junto a él quedó mucho tiempo una mata de flores. Y aún hay otra teoría, que sitúa el horno en las propiedades del doctor Pedro de la Mata.

Las obras del segundo tramo de la Gran Vía segaron la primera parte de la calle y, además, mudaron su denominación. Desde entonces lleva el nombre de la escritora y socióloga Concepción Arenal. Nació en El Ferrol el 31 de enero de 1820, y como la época que le tocó vivir no fue muy propicia para que se diese a las mujeres una formación adecuada, todo lo aprendió por sí misma. Dedicó su vida a defender las reformas sociales y los derechos de las mujeres, y también a mejorar la condición de los presos. Fue la primera mujer que ocupó un cargo público en la Administración, el de visitadora general de prisiones de mujeres, creado especialmente para ella durante el reinado de Amadeo I. Entre sus obras más destacadas se encuentran La beneficiencia, La filantropía y la caridad, Manual del visitador del pobre, Las colonias penales de Australia, La mujer del porvenir, La condición de la mujer en España, Cartas a un obrero, Cartas a un señor, Ensayo sobre el derecho de gentes o La instrucción del pueblo. Falleció en Vigo el 4 de febrero de 1893.

22.4.16

Comercio (Pasaje del)



Entre las calles de la Montera y de las Tres Cruces. Distrito 1 (Centro). Barrio de Sol.

Este pasaje del Comercio, o de Murga (así llamado por ser este el apellido del propietario de las casas en que se abrió) es el único que queda en Madrid, junto con el de Matheu, de los varios que, imitando a París, se instalaron en la villa. Fue construido en 1846 según un proyecto de Juan Esteban Puerta; ya Répide habla de que tiene “un curioso y doloroso aspecto de vejez” y en los años 80 del siglo pasado indicaba el Colegio de Arquitectos de Madrid que sufría bastante deterioro y había perdido su fisonomía al habérsele añadido varias plantas.

Mucho, muchísimo dolor habrían sentido nuestro gran cronista y nuestros arquitectos al ver lo que se perpetró en este pasaje cuando, con la excusa de unas obras de rehabilitación, a finales de 2013, se eliminó gran parte de su decoración original. Solo la denuncia de diversas asociaciones ciudadanas impidió que la pérdida fuese total, aunque por desgracia el daño está hecho y aunque se restaure el aspecto anterior a la fechoría estaremos ante una reproducción y no ante el original.

15.4.16

Comendadoras (Plaza de las)


Convento de las Comendadoras
Foto: CC BY-SA Tamorlan

Entre las calles de Quiñones y Amaniel. Distrito 1 (Centro). Barrio de la Universidad. 

Este “apacible rincón de Madrid”, como dice la célebre romanza zarzuelera, lleva su nombre por el convento que lo preside, el de las Comendadoras de Santiago el Mayor. Fueron el presidente del Consejo de Órdenes, don Íñigo Zapata de Cárdenas, y su esposa, doña Isabel de Avellaneda, quienes dispusieron en 1584 la fundación de este convento, pero tuvieron que pasar varias décadas hasta que Felipe IV ordenase su construcción en 1650 y aun más para que la obra empezase efectivamente, cosa que ocurrió en 1667, con el monarca ya difunto. Fueron los encargados de realizarlo los artífices Manuel y José del Olmo y las obras se prolongaron diez años, aunque en 1675 la iglesia estaba prácticamente terminada. La sacristía se labró tiempo después, entre 1746 y 1753, según proyecto debido a Francisco de Moradillo. Un nuevo y célebre alarife se ha de sumar a la lista, ya que en 1753 Francisco Sabatini se encargó de restaurar y reorganizar el convento. 

La iglesia es una de las más interesantes de Madrid. No sufrió saqueos ni incendios en la última guerra civil, por lo cual no hay que lamentar la pérdida de sus obras de arte, como el Santiago de Lucas Jordán que preside el altar mayor. En la sacristía se pueden admirar estatuas de los reyes de España desde Carlos I hasta Fernando VI.

8.4.16

Comandante Las Morenas (Plaza del)

El comandante Las Morenas 
(Foto publicada en Blanco y negro el 20 de mayo de 1899)

Entre las calles Mayor y del Bonetillo, la Costanilla de Santiago y la plaza de Herradores. Distrito 1 (Centro). Barrios de Palacio y Sol. 

Lo que actualmente se considera plaza fue en tiempos una callejuela estrecha conocida como de las Aguas. Posteriormente pasó a ser llamada de la Caza, ya que antiguamente allí hubo una red en la que se vendían productos de ese tipo. En 1876 se derribó la manzana 417 y la callejuela se convirtió en plaza. Un cuarto de siglo después, el 11 de enero de 1901, el ayuntamiento decidió dedicársela a Enrique de las Morenas y Fossi, militar español nacido en Chiclana de la Frontera el 23 de mayo de 1855. Tras destacarse en la tercera guerra carlista, en 1876 marchó a Filipinas, donde en 1898 fue nombrado gobernador civil y militar del Distrito del Príncipe, cuya capital era Baler. Allí comenzó, el 30 de junio 1898, un sitio que se prolongaría durante casi un año, muchos meses después de que la guerra con los estadounidenses hubiese terminado y que dio lugar al mito de los “últimos de Filipinas”. El capitán Las Morenas murió de beriberi el 22 de noviembre de 1898. Fue ascendido a comandante a título póstumo en septiembre de 1899. Baler capituló finalmente el 2 de junio de 1899.

1.4.16

Comandante Fortea (Paseo del)



Entre las calles de San Pol de Mar y de la Bahía. Distrito 9 (Moncloa-Aravaca). Barrio de la Casa de Campo. 

Años ha, en el hueco que existe entre el paseo del Marqués de Monistrol (hoy parte de la M-30) y el río Manzanares existían unos espacios verdes conocidos como Pradera de la Fuente de la Teja y Pradera del Corregidor. A alguna de las preclaras mentes que suelen regir los municipios le debía de estorbar tanto verdor, así que desde principios del siglo XX se empezó a dejar edificar en la zona; estas casas –que ya se muestran muy claras en el plano de Núñez Granés (1910)- fueron apareciendo en una calle paralela tanto al río como a la antes mencionada del Marqués de Monistrol, que no es otra que la que nos ocupa. Unos años después, entre 1928 y 1930 se edificó, en la zona de la Fuente de la Teja, la Colonia Manzanares, anteriormente conocida como Colonia de los Infantes, pensada para funcionarios del Estado. La Pradera del Corregidor tardó algo más en desaparecer y en su lugar se halla, desde 1955, la Colonia San Antonio.

Nuestra calle se conoció en principio como paseo del Kilómetro y ya en la época de Répide (a comienzos de los años 20 del siglo pasado) estaba dedicada al comandante Julián Fortea Selví, nacido en la localidad turolense de Camarena de la Sierra el 8 de marzo de 1845. Ingresó en el ejército en 1869 y pronto fue destinado a Filipinas; como sargento segundo volvió a España para luego participar en las acciones militares llevadas a cabo en el norte de África, en las que fue ascendido a teniente por méritos de guerra. Vuelto a Filipinas al ser nombrado gobernador militar de las islas Batanes, murió allí a manos de los de los insurrectos el 18 de septiembre de 1898; resistió hasta el último momento, encerrado en la sede del gobierno militar él solo con su esposa, sus cinco hijos y dos sobrinas. Sus restos fueron repatriados en 1910.

Comadre (Travesía de la)



Entre las calles del Amparo y de Jesús y María. Distrito 1 (Centro). Barrio de los Embajadores.

Cuando hablamos de la calle del Amparo ya dijimos que hasta el año 1878 llevó el nombre de calle de la comadre de Granada y allí remitimos para la explicación del nombre de nuestra travesía, a la que le quedó el apelativo después de que a su hermana mayor se le mudase el suyo. Anteriormente, se había llamado calle de la Esperancilla y así aparece en el plano de Texeira.

18.3.16

Columela (Calle de)


Estatua de Columela en Cádiz.

Entre las calles de Serrano y de Lagasca. Distrito 3 (Salamanca). Barrio de Recoletos.

Corta y señorial calle de la zona más antigua del barrio de Salamanca. De sus edificios cabe destacar la casa parroquial de la iglesia de San Manuel y San Benito, en el número 12. Las espaldas de esta iglesia, de la que hablamos en la calle de Alcalá, dan a la nuestra.

Lucio Junio Moderato Columela fue un agrónomo romano oriundo de la Bética, donde nació el año 4. Fue amigo de Séneca, paisano suyo, y tras servir en el ejército se estableció en la península Itálica. Allí escribió los tratados por los que es recordado, De re rustica (c. 42) y De arboribus. Murió en Tarento hacia el año 70.

Coloreros (Calle de los)


Foto CC BY-NC-SA Madrid de los Austrias


Entre la calle Mayor y la plaza de San Ginés. Distrito 1 (Centro). Barrio de Sol.

Minúscula y peatonal calle de rancio nombre gremial, aunque antes se llamó, según Peñasco y Cambronero de los Zapateros de San Ginés. En el plano de Texeira consta la vía, pero no se rotula. Ya en el de Espinosa se nombra como hoy. Y la denominación es clara: Aquí estaban los establecimientos donde se podían adquirir colorantes que mudasen el color de las telas, aunque los cronistas señalan que especialmente se sometían a tal tratamiento las medias de seda.

11.3.16

Colón (Plaza de)


Monumento a Colón
(CC BY-SA 3.0  Σπάρτακος)


Entre las calles de Jorge Juan, Goya y Génova y los paseos de Recoletos y la Castellana. Distritos 1 (Centro), 4 (Salamanca) y 7 (Chamberí). Barrios de Justicia, Recoletos y Almagro.

Se llama así esta plaza por la efigie del descubridor de América que la preside. Es un monumento de veinte metros de altura; el pedestal contiene relieves obra de Arturo Mélida que representan la supuesta venta de las joyas de Isabel la Católica, hecha para sufragar los gastos del viaje, y al Almirante exponiendo su proyecto a fray Diego de Deza. Contiene la inscripción Reinando Alfonso XII se erigió este monumento por iniciativa de los títulos del reino, además de los nombres de las tres embarcaciones y todos sus tripulantes. La estatua de Colón es de Jerónimo Suñol y tiene tres metros de altura. El monumento se levantó entre 1881 y 1885 y se sufragó de forma curiosa, parte por suscripción de todos los títulos nobiliarios del reino, parte por una colecta hecha por el almirante Lobo para levantar una estatua de Colón, y parte con otra suscripción realizada en 1843 para erigir un monumento a las glorias españolas de la guerra de la Independencia que no se llegó a hacer. Se colocó la estatua en el centro de la plaza, y no tuvo inauguración oficial. En los años setenta del siglo XX, dentro de la gran reforma que sufrió la plaza, fue variado su emplazamiento. Esta reforma, llevada a cabo siendo alcalde de Madrid Juan de Arespacochaga, fue muy polémica, no sólo por el cambio de lugar de la estatua de Colón, expulsada de su “sitio de toda la vida”, sino también por la erección de los Jardines del Descubrimiento. Pero nada es eterno, y tras su exilio, la estatua volvió a centro de la plaza tras una nueva reforma, y esta vez sí que fue oficialmente inaugurada el 21 de diciembre de 2009, siendo alcalde Alberto Ruiz-Gallardón.


La antigua Casa de la Moneda

Donde actualmente están ubicados los Jardines, se hallaba la casa de la moneda. En 1467 trasladó Enrique IV la ceca desde Segovia hasta Madrid, y su primer emplazamiento fue, curiosamente, en unas casas en la calle de Segovia, donde estuvo hasta 1861. Desde 1661 hasta 1664 tuvo también estas funciones un edificio de los que formaban el complejo del Real Pósito, y que ocupaba el solar del actual palacio de Linares. De 1861 en adelante fue la casa de la plaza de Colón, obra de los arquitectos Nicomedes Mendívil y Francisco de Jareño y Alarcón, la única dedicada a los menesteres de acuñación de moneda y posteriormente de sellos, papel moneda, pólizas del Estado, en definitiva, se convirtió en la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre. Ocupaba ésta un edificio construido en piedra y ladrillo que tenía dos grandes pabellones idénticos, situados a lo largo de las calles de Goya y Jorge Juan y que popularmente eran conocidos como las Jareñas. Fue durante muchos años el lugar en el que se realizaba el tradicional sorteo de lotería de Navidad, hasta que la actual Sociedad Estatal Loterías y Apuestas del Estado se trasladó a la calle de Guzmán el Bueno.

Pero empezó a estorbar el edificio. Ya hubo de suprimirse su escalinata central porque molestaba al paso del tranvía. Y en los años veinte del siglo pasado se proyectó el edificio de la calle del Doctor Esquerdo, de forma que el de la plaza de Colón empezó a caer en el abandono, que se acentuó cuando en 1964 definitivamente la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre pasó a su nuevo emplazamiento. Hubo quien sugirió conservar las Jareñas y destinar el resto del terreno a parque, pero fue inútil y en 1973 el edificio fue derribado. En su lugar hoy en día están los antes nombrados Jardines del Descubrimiento, inaugurados en 1977, parque en el que se colocaron unas esculturas de Joaquín Vaquero Turcios, de apariencia megalítica y repletas de inscripciones alusivas al Descubrimiento de América. De ellas me limito a repetir una opinión ajena, perteneciente a Germán Lopezarias: “Obras de artistas, sin duda, pero de ingrata apariencia.” El nuevo parque consta de una amplia calle que lo cruza en diagonal, otra que lo bordea por la parte de la calle de Jorge Juan y que se encuentra con la primera justo donde estuvo colocada la estatua de Colón. Hay otra calle en forma de arco de circunferencia cuyo centro parecía ser la tan mencionada estatua. Las famosas esculturas se hallan junto a la calle de Serrano.

Debajo de este jardín se construyó el Centro Cultural de la Villa de Madrid, de titularidad municipal, que hoy incluye el Centro de Arte y el Teatro Fernán Gómez y donde se realizan numerosas e interesantes exposiciones y se puede asistir a bastantes representaciones de la hoy casi olvidada zarzuela, constituyéndose el teatro de este Centro Cultural prácticamente en un último reducto de un género que sufre muchos altibajos a pesar de que fuera de España es siempre un éxito.

Una espectacular y ruidosa fuente, que se hallaba junto a la plaza propiamente dicha, levantaba un tabique de agua que encerraba una galería la cual servía de acceso al Centro Cultural, y donde se podía admirar un gran relieve que era un croquis del viaje de Colón con las vicisitudes que sufrió. Todo desapareció con la reforma de la plaza en 2009.

También desaparecieron del centro de la plaza dos pilones semicirculares que contenían, cada uno de ellos, tres fuentes con tres surtidores que representaban a las carabelas, cada una de ellas con tres velas. Hoy rodea a Colón un simple parterre ovalado.

La puerta de Recoletos, segunda de las de este nombre, ya que entre 1626 y 1756 había un humilde portillo un poco más hacia abajo, fue levantada en lo que hoy es la plaza de Colón reinando Fernando VI, y su autor fue Francisco Moradillo. Su mal estado aconsejó derribarla en 1859 y sus piedras se aprovecharon para otras construcciones. Peñasco y Cambronero afirman haber descansado, en la antigua Pradera del Corregidor, sobre “una piedra blanca que contiene la siguiente inscripción:

D.O.M.- Ferdinando VI regnante viae, et aquaeductus ampliati, et pulchriorem et commodiorem formam redacti”,

piedra que perteneció a la puerta de Recoletos, la mejor que hubo en Madrid hasta la construcción de las de San Vicente, en 1775 y Alcalá, en 1778.


Las torres de Colón
(Foto del autor)

Donde hoy se encuentran las torres de Colón estuvieron los Edificios Gemelos, proyectados por Lorenzo Ávarez Capra y levantados en 1881. En ellos vivió y escribió algunas de sus obras más importantes Benito Pérez Galdós. Por cierto, las torres, que desde el inicio de sus obras ya se hicieron famosas en Madrid al ser construidas desde el tejado hacia abajo, pertenecieron al pintoresco empresario jerezano José María Ruiz-Mateos hasta la expropiación de todas sus empresas en febrero de 1983. Después fueron vendidas a un grupo papelero británico que las coronó con una espantosa caperuza de color verde que es una ignominia para el perfil de la villa.

7.3.16

Colón (Calle de)


Cristóbal Colón con los indios.
Biblioteca del Congreso, Washington.


Entre la calle de Fuencarral y la plaza de San Ildefonso. Distrito 1 (Centro). Barrio de Universidad.

Esta calle, hoy dedicada al descubridor de América, antes se llamó de Santa Catalina la Vieja porque en una de sus casas había una efigie de la santa, en forma de mosaico. En 1835 adquirió su actual nombre.

Hacia 1451 nació Cristóbal Colón, sin que se pueda decir exactamente dónde. Genovés, portugués, gallego, catalán o mallorquín, el caso es que desde muy joven se despertó en él una gran afición por el arte de navegar. Vivió en Portugal, donde se casó y se dedicó a la cartografía. Como consecuencia de sus estudios en ese campo le surgió la idea de alcanzar las Indias por occidente, proyecto que fue rechazado por Juan II de Portugal. Pasó a Castilla, donde con la inestimable ayuda de fray Juan Pérez de Marchena, del convento de la Rábida, fue al fin la expedición aprobada por la reina Isabel, que mediante las Capitulaciones de Santa Fe concedía a Colón los títulos de Almirante de la Mar Oceana, Virrey de las nuevas tierras que se descubrieran, y la décima parte de las ganancias que se obtuviesen. Salió Colón de Palos de la Frontera el 3 de agosto de 1492, con la nao Santa María y las carabelas Pinta y Niña y arribó a la isla de Guanahaní el 12 de octubre de 1492. Vuelto a España, comunicó en Barcelona a los reyes los descubrimientos efectuados. Tres viajes más realizó por el Caribe, en el transcurso de los cuales llegó a las Pequeñas Antillas, Puerto Rico, Jamaica, y tocó tierra firme en las bocas del Orinoco y América Central. Pocos años después de su último viaje, murió Colón en Valladolid, el 20 de mayo de 1506, convencido de que las tierras descubiertas pertenecían a Asia.

Colmenares (Calle de)

Entre las calles de las Infantas y de San Marcos. Distrito 1 (Centro). Barrio de la Justicia.

Debe su nombre esta calle a que se abrió en 1881 en unos terrenos que eran propiedad de Segundo Colmenares, que también era el dueño del llamado Teatro del Circo; incendiado éste en 1876, ocupó su solar el Circo Price, que desde 1856 se hallaba en la esquina de la Castellana con la calle de Bárbara de Braganza. Una de sus puertas daba precisamente a nuestra calle.

26.2.16

Colegiata (Calle de la)


La antigua catedral de San Isidro
(Foto del autor)

Entre la plaza de Tirso de Molina y la calle de Toledo. Distrito 1 (Centro). Barrio de los Embajadores.

Varios nombres ha ostentado esta calle a lo largo de la historia. Texeira la rotula como de la Compañía, ya que allí estuvo el Colegio Imperial de la Compañía de Jesús; Espinosa, como de la Merced, por su cercanía al convento del mismo nombre, que ocupaba el espacio de la actual plaza de Tirso de Molina. A mediados del siglo XIX se llamaba del Burro y así figura en la edición de 1846 del mapa de Tomás López. Dan los cronistas varias explicaciones para este apelativo un tanto vulgar. Una dice que vino de unos azulejos que hacían de anuncio de las burras de leche que había en un corralón propiedad del convento de la Concepción Jerónima. Otra versión habla de un espantapájaros hecho con la piel de un borrico, colocado en esos corrales que, además de albergar a las mencionadas burras, servía de almacén de maderas y de montones de estiércol dispuesto para su venta, que los pájaros desperdigaban.

También llevó durante un tiempo el nombre de Padilla antes de recibir el actual, criticado por Capmani al no haber sido nunca una colegiata la iglesia de San Isidro, ya que desde su fundación su título había sido el de capilla real. También albergó nuestra calle, aunque de forma fugaz, un teatro llamado Romea, que se construyó como emplazamiento provisional y desapareció en un incendio pocos años antes de que Peñasco y Cambronero escribiesen su obra, en 1889.

Codo (Calle del)


Foto: CC Luis García


Entre la plaza de la Villa y la plaza del conde de Miranda. Distrito 1 (Centro). Barrio del Palacio.

Poca historia podemos contar aquí: la calle forma un codo en torno a la Torre de los Lujanes y de ahí le vino el nombre, dado por el marqués de Grafal, a la sazón corregidor de la villa en el año 1747.

19.2.16

Clavel (Calle del)


Margarita de Austria-Estiria, retrato de Bartolomé González y Serrano

Entre las calles del Caballero de Gracia y de las Infantas. Distrito 1 (Centro). Barrios de las Cortes, de la Justicia y Sol.

Cruza nuestra calle, que hoy contiene modernos edificios en toda su longitud, la Gran Vía, cuya construcción cambió completamente su fisonomía. Y es que en su momento fue una calle estrecha y romántica, dominada por tapias de jardines y huertas conventuales –quienes tengan la oportunidad de leer el artículo que le dedica Répide disfrutarán del estallido poético del cronista al idealizar esta vía. Le viene el nombre de la curiosa forma de resolver una disputa entre próceres que tuvo la reina Margarita de Austria, esposa de Felipe III. En aquella época vivían en nuestra calle unas monjas concepcionistas descalzas en un modesto beaterio que había fundado en 1594 Jacopo Grattis, nuestro conocido Caballero de Gracia, en unos terrenos de su propiedad. Vivían pobres, aunque felices, pero acertó a pasar por allí la pareja real y Felipe III se interesó por los propietarios de las casas contiguas, seguramente con la idea de ampliar el convento y dar mejor asiento a las religiosas. De inmediato surgió una disputa entre varios personajes principales para ser ellos quienes diesen gusto al rey: el propio Caballero de Gracia, el duque de Lerma, el arzobispo de Santa Fe Bernardino de Almansa y el alcalde de corte Francisco de Solórzano. La reina, para arreglar la discusión, arrancó unos claveles de una hermosa mata que había en aquellos jardines y le entregó uno a cada caballero, indicando así la intención de que todos colaborasen en la empresa. Así fue, y en 1603 se erigió el convento que oficialmente se llamó de San José, pero al que todo el mundo conocía como el del Caballero de Gracia. Perduró hasta la desamortización; tras su derribo las monjas se trasladaron al convento de la Concepción Francisca. Desde 1829 vivió en él la célebre Sor Patrocinio, la “monja de las llagas”, que tan nefasta influencia tuvo más adelante en la vida política española.

12.2.16

Claudio Moyano (Calle de)


Monumento a Claudio Moyano, al comienzo de la calle de su nombre.

Entre el paseo del Prado y la calle de Alfonso XII. Distrito 3 (Retiro). Barrio de los Jerónimos.

La cuesta de Moyano, que así es como la conoce todo el mundo, es lugar ineludible de cita de todos los amantes de los libros de nuestra villa, ya que, pegadas a la verja del Jardín Botánico, se encuentran las casetas de libreros que desde 1925 nos muestran, en los 15 metros cuadrados que ocupa cada una de ellas, sus tesoros. Se discutió mucho sobre su emplazamiento, antes y después de la fecha indicada, pero finalmente han quedado allí y, a pesar de reformas, obras y otras vicisitudes, allí siguen.

Pero no siempre fue así. La calle se abrió a finales del siglo XIX y en la época de Répide, un cuarto de siglo después, era un paraje poblado por un “mundo equívoco”, en palabras del propio cronista, que hacía no muy recomendable el paso por la zona a según qué horas del día –o, más bien, de la noche- y que había despojado a la estatua del prócer que le da nombre de su verja y de los bronces del pedestal.

Se trata, claro está, de la estatua de Claudio Moyano que allí se puso en 1899, fue más adelante trasladada y restituida a su lugar original en marzo de 1982, siendo alcalde Enrique Tierno Galván. Moyano nació en 1809 bien en Fuentelapeña o bien en Bóveda del Toro (municipios vecinos de la actual provincia de Zamora). Estudio Derecho, Latín y Filosofía, fue catedrático y rector de las universidades de Valladolid y Madrid. También participó en política, siendo diputado y ministro de Fomento. Se le recuerda especialmente por la llamada “Ley Moyano”, que supuso una importante reforma del sistema educativo español. Se promulgó en 1857 y fue la base de nuestra instrucción pública hasta la aprobación en 1970 de la Ley General de Educación. Claudio Moyano murió en Madrid el 7 de marzo de 1890.

Desde el 19 de abril de 2007, fecha en la que se reabrieron las casetas tras una importante obra que supuso, entre otras cosas, la peatonalización de la calle, preside su entrada desde la calle de Alfonso XII una estatua de Pío Baroja –entusiasta, por cierto, de las casetas de nuestra cuesta- que anteriormente se hallaba en el Retiro.

5.2.16

Claudio Coello (Calle de)

Entre las calles de Alcalá y de María de Molina. Distrito 4 (Salamanca). Barrios de Recoletos y Castellana.

Fue nuestra calle la segunda que se formó en el Ensanche por esta zona; en sus comienzos aún subsisten dos de las primitivas manzanas, que se pensaron con un jardín en su interior y que concretamente son las que dan a nuestra calle, a la paralela de Serrano y a las de Villanueva, Jorge Juan y Goya. Ya Répide se lamenta de que no se siguiera este modelo en las siguientes que se construyeron.


Sede de la Fundación Carlos de Amberes
Foto CC BY-SA 3.0 Luis García

Varios edificios singulares son dignos de mención aquí, todos de carácter religioso. Yendo por orden, hemos de empezar por la antigua iglesia de San Andrés de los Flamencos, que ocupa el número 99 y actualmente es la sede de la Fundación Carlos de Amberes. Fue este caballero, oriundo de aquella ciudad flamenca, el que fundó la institución del Hospital de San Andrés en 1591 para atender a sus paisanos necesitados y enfermos, primero sin sede; finalmente la obtuvo en la calle de San Marcos, en el año 1606, dos después de la muerte del fundador. Subsistió allí hasta 1884, cuando se abrió un nuevo hospital en nuestra calle, en un edificio proyectado por Agustín Ortiz de Villajos en estilo ecléctico. Las obras duraron de 1877 a 1884; fue la primera iglesia que se construyó en el Ensanche. Con el paso del tiempo, la obra que hacía la institución debió de perder su sentido y el edificio quedó en desuso; a mediados de los años 80 del siglo pasado, la Guía del Colegio de Arquitectos de Madrid nos dice que la institución “se encuentra cerrada y abandonada, siendo incierto su futuro”. Sin embargo, en 1988 el Hospital de San Andrés de los Flamencos solicitó convertirse de organismo asistencial y de caridad a fundación privada cultural sin ánimo de lucro y así nació la institución que sigue ocupando este edificio, cuya restauración acabó en 1992. En noviembre de 2014 se inauguró el Museo Carlos de Amberes, dedicado sobre todo a exposiciones temporales con obras prestadas, ya que la Fundación en sí no posee tesoros de ese tipo, excepción hecha de un excelente Martirio de San Andrés de Rubens. (El museo cerró de forma indefinida en agosto de 2015).

En el número 112 se halla un edificio de ladrillo visto en el que encontramos el ancestral convento de Santo Domingo el Real. El original fue fundado en 1212 por Santo Domingo de Guzmán en la cuesta del mismo nombre y perduró hasta 1868; tras su demolición, las monjas se trasladaron primero a una casa de la calle del Mesón de Paredes y luego a esta, que fue construida por el arquitecto Vicente Carrasco en 1879. En el viejo convento habían recibido sepultura numerosos personajes de la realeza, entre ellos el rey Pedro I, cuya estatua orante se encuentra ahora en el Museo Arqueológico Nacional. La pila bautismal, que sí continúa en el “nuevo” convento del barrio de Salamanca, es la que ha sido utilizada para cristianar a todos los miembros de la familia real desde la época de Felipe IV.

Cabe citar un tercer edificio, pero no por sí mismo sino por lo que junto a él ocurrió el 20 de diciembre de 1973. Se trata de las espaldas de la Casa Madre de los jesuitas en Madrid; el día citado estalló una bomba de ETA en el subsuelo de nuestra calle al paso del coche del entonces presidente del Gobierno, el almirante Luis Carrero Blanco. La explosión fue tan fuerte que el vehículo saltó por los aires y fue a parar al patio del edificio. Murieron Carrero Blanco, el conductor del coche y un policía de escolta. Precisamente salía el almirante de oír misa en la iglesia de San Francisco de Borja, que pertenece al complejo. Este hecho supuso el principio del fin de la dictadura franquista.


Claudio Coello: El triunfo de San Agustín (1664)
(Museo del Prado, Madrid)

Claudio Coello fue un pintor madrileño, de origen portugués, nacido en 1642. Estudió con su padre y con Francisco Rizi, antes de marchar a Italia. Dejó su obra en lugares de nuestra villa como el convento de San Plácido o la Casa de la Panadería, y también en el monasterio de El Escorial, en otras localidades de Madrid y también en Zaragoza, Toledo, Salamanca o Santiago. Asimismo se dedicó al retrato, entre ellos muchos de la familia real, ya que en 1686 fue nombrado pintor de cámara. Murió en Madrid el 20 de abril de 1693.

En el actual número 25 de la calle murió, el 22 de diciembre de 1870, el gran poeta sevillano Gustavo Adolfo Bécquer.

29.1.16

Ciudad Rodrigo (Calle de)


Plaza Mayor de Ciudad Rodrigo
(Foto CC BY 2.0 del autor de esta bitácora)

Entre la plaza Mayor y la calle Mayor. Distrito 1 (Centro). Barrio de Sol. 

Cualquier observador atento que mire el mapa de Madrid verá que esta calle es prolongación de las de Atocha y Gerona, interrumpida la línea por el limpio cuadrilátero de la plaza Mayor. Esto es así porque desde tiempos ancestrales formaba parte del camino que, bifurcándose desde el de Alcalá, partía hacia Atocha y Vallecas frente a la puerta de Guadalajara. A lo largo de este camino se fue formando en el siglo XIV el arrabal de Santa Cruz que, cuando se unió al resto de la villa, ya bien entrado el siglo siguiente, creó una gran explanada que se dio en llamar plaza del Arrabal, donde tiempo después se edificó la susodicha plaza Mayor. Quedó entonces nuestra callecita como una breve salida hacia la calle Mayor, conocida como calle Nueva, que así es como se llama en el plano de Texeira. En 1834 se le dio el nombre de la ciudad salmantina que ahora ostenta, no para honrar a la población en sí, sino para conmemorar un hecho de armas que tuvo lugar durante la guerra de la independencia. Uno de los varios –de los muchos- que protagonizó Ciudad Rodrigo, que por su proximidad a la raya de Portugal siempre ha sido lugar estratégico. El 19 de enero de 1812, tras diez días de sitio, el general Wellesley, entonces vizconde de Wellington, al frente de un ejército angloportugués tomó la ciudad a los franceses, que la ocupaban desde 1810. Esto le valió un nuevo honor, el ducado de Ciudad Rodrigo, que aún ostentan sus descendientes. 

Habla ya Répide de las “buñolerías” que se cobijaban en las características arcadas de esta calle; muchos años después se hicieron famosos locales de aspecto un tanto tugurial pero que producían largas colas de jóvenes con poco dinero y mucha gana de diversión –uno de ellos pudo ser perfectamente quien esto escribe- que buscaban obtener algunos de sus míticos y exquisitos bocadillos de calamares para llenar algo el estómago antes –o después- de la fiesta.

22.1.16

Ciudad Real (Calle de)


Plaza Mayor de Ciudad Real
Foto: CC BY 2.0 kyezitri


Empieza en el paseo de las Delicias y acaba como calle sin salida. Distrito 3 (Arganzuela). Barrio de Palos de Moguer.

Poca historia tiene esta calle, que en su día terminaba en la actual glorieta de Santa María de la Cabeza y que está dedicada a esta capital manchega, la cual, el 1 de enero de 2015, contaba con 74.427 habitantes. Fue fundada en 1255 por Alfonso X el Sabio y de ella se puede decir que en su momento estuvo ligada a nuestra villa, ya que en 1382 fue dada en señorío, junto con Madrid y Andújar, a León V de Armenia por Juan I de Castilla. Las tres plazas volvieron a ser parte de Castilla en 1391 y a la Villa Real se le dio el título de ciudad en 1420, reinando Juan II, con lo cual es desde entonces conocida como Ciudad Real.

15.1.16

Ciudad de Plasencia (Paseo de la)


Vista de Plasencia

Entre la cuesta de la Vega y el paseo de la Virgen del Puerto. Distrito 1 (Centro). Barrio del Palacio.

No es nuestra calle sino una especie de límite entre el Campo del Moro y el Parque de Atenas. Primero se consideró parte de la cuesta de la Vega y así aparece en el plano de Núñez Granés (1910); luego, durante mucho tiempo llevó el nombre de paseo de la Infanta María Teresa, pero desde los años 70 del siglo pasado lleva el nombre de la ciudad de Plasencia, situada en la provincia de Cáceres, fundada a finales del siglo XII por Alfonso VIII de Castilla y que según el padrón tiene 40.755 habitantes con fecha 1 de enero de 2015.

22.12.15

Ciudad de Barcelona (Avenida de la)


Fuente Lámina de agua en el antiguo cuartel de Daoíz y Velarde
Foto: CC BY-SA 3.0 Luis García

Entre el paseo de la Infanta Isabel y la avenida de la Paz. Distrito 3 (Retiro). Barrios del Pacífico y las Adelfas. 

Antes de ser calle, fue la nuestra camino de Vallecas y carretera de Valencia, que bordeaba el ancestral olivar de Atocha antes de dejar atrás la villa en dirección este. Y no dejó de ser camino hasta que se construyó la estación de Atocha, ya que en sus inmediaciones se crearon unos docks, esto es, “muelles”, seguramente pensados para desde allí distribuir las mercancías que llegasen en el novedoso medio de transporte, el “ferro-carril”. Pero la cosa no fue bien y las instalaciones acabaron en manos del Estado, que las destinó a cuartel, primero conocido, obviamente, como Cuarteles de los Docks y, más adelante, como de Daoíz y Velarde.

Precisamente fue frente a estos cuarteles en donde empezaron a construirse las primeras viviendas de la zona, casas baratas “para dar ensanche á la población por aquel punto, proporcionando cómodo y económico albergue á las clases que cuentan con escasos recursos” (Peñasco y Cambronero). Toda la zona quedaba dentro del plan Castro, que había previsto aquí, en principio, parques y zonas deportivas como prolongación del Retiro, pero en 1863 se solicitó un cambio de uso y ya al año siguiente José Luis Retortillo (1830-95), entonces presidente de la Diputación, promovió las viviendas que hoy abarcan los portales 47 a 53 de nuestra calle que, por cierto, recibió en 1865 el nombre de calle del Pacífico, en conmemoración de las extrañas e insensatas acciones navales españolas en aquel océano, de las que ya nos hemos hecho eco alguna que otra vez en estas páginas.


Antigua sede de la compañía MZA (década de 1920)

Pero nos hemos adelantado un poco; si queremos hablar de algunos de los sitios singulares de nuestra calle hemos de volver a su comienzo. En la acera de los pares nos encontramos con cuatro grandes edificios que hoy están ocupados por oficinas de Renfe y ADIF, pero que en su día pertenecieron a la compañía MZA, la que construyó la estación de Atocha y fue su primera propietaria. Se trata de imponentes construcciones de influencia francesa, levantadas entre 1885 y 1890, todas salvo el edificio más pequeño, el que ocupa el número 4, que tiene una historia peculiar. El primer emplazamiento de los edificios administrativos de la MZA estaba donde más o menos hoy se encuentra la antigua estación, allí se construyeron entre 1858 y 1862; cuando se amplió esta, se decidió su demolición, con la excepción del que tratamos, que fue desmontado y vuelto a montar en el lugar que hoy ocupa. Los cuatro edificios están unidos por pasarelas elevadas metálicas. Como curiosidad, mencionemos que el último es el número 8 de la avenida, pero el siguiente portal, en lugar de ser el 10, como correspondería, es el… ¡108!

Si no cambiamos de acera y nos damos una pequeña caminata, llegaremos al lugar donde estuvo el antes mencionado Cuartel de Daoíz y Velarde, cuya puerta, ahora aislada y exenta, sigue ostentando sobre su dintel el título de “Maestranza y parque de artillería”. Ya sabemos que primero tuvo carácter comercial y que en 1880 se convirtió en cuartel de artillería e infantería, al que en 1916 se dio el carácter de maestranza, es decir, no solo de acuartelamiento sino también de taller en el que se construían y montaban las piezas de artillería. En 1981, ya en desuso, pasó a ser propiedad del Ayuntamiento, que en 1988 dota de protección especial a sus edificios. En estos terrenos se instaló la Junta Municipal de Retiro y se estaba construyendo un polideportivo cuando el 11 de marzo de 2004 el terrible y criminal atentado terrorista que mató a 192 personas en varios trenes de cercanías lo convirtió en improvisado centro de emergencias. Hoy una placa recuerda aquel tremendo acontecimiento y reconoce la labor de quienes ayudaron y atendieron a los heridos.

Cambiamos otra vez de acera y avanzamos un poco hacia el Puente de Vallecas para encontrarnos con otro edificio singular, una magnífica obra en ladrillo visto cuyo jardinillo delantero está delimitado por una vistosa verja, hoy ocupado por una residencia de ancianos. En su día fue un asilo para ciegos fundado por Catalina Suárez, marquesa de Vallejo, que tiene dedicada una de las calles que lo bordean. La construcción data de 1907 y fue su arquitecto Eugenio Jiménez Corera.

A mediados del siglo XX, el Ayuntamiento decidió dedicar la antigua calle del Pacífico a la ciudad de Barcelona, la segunda más grande de España, capital de Cataluña, puerto de primer orden, lugar cosmopolita y dinámico como pocos. Según el padrón, el 1 de enero de 2013 vivían allí 1.611.822 personas.

11.12.15

Ciegos (Cuesta de los)


Fuente de la Cuesta de los Ciegos
Foto: CC BY-SA 3.0 Tamorlan

Entre las calles de Segovia y de la Morería. Distrito 1 (Centro). Barrio del Palacio.

Hay discrepancia entre nuestros cronistas a la hora de explicar el nombre de esta empinada cuesta que sube por la antigua ladera del arroyo que un día fue la calle de Segovia. Peñasco y Cabronero, que nos recuerdan que en el plano de Texeira allí no hay calle ni cuesta sino un cerro pelado, dicen que por aquí en el siglo XVIII se hallaban unas casuchas donde vivían varios ciegos que se dedicaban a pedir limosna. Répide, no sin cierta retranca, reprocha la parquedad de la explicación de sus antecesores, relata una “tradición bellísima” en la que San Francisco de Asís devuelve milagrosamente la vista a dos ciegos que por allí andaban limosneando cuando la zona era el límite de un bosque de madroños y duda de que haya que esperar al plano de Espinosa para buscar el nombre, puesto que la cuesta de los Ciegos es citada ya por Quevedo.

Una curiosidad de esta calle está en la fuente que tiene muy cerca de la calle de Segovia. Es, junto a la que ya mencionamos al hablar de la calle de Cabestreros, la única que queda en Madrid con el escudo de la villa ornado con la corona mural republicana, ya que data de 1932.

4.12.15

Cid (Calle del)


Estatua del Cid en Burgos
Foto: CC BY-SA 2.0 ElCaminodeSantiago092006

Entre las calles de Recoletos y de Villanueva. Distrito 3 (Salamanca). Barrio de Recoletos.

En 1862 se creó esta calle, en terrenos que hasta poco antes formaban parte de la huerta de la Escuela de Veterinaria. De la calle que Répide califica simplemente de “corta y sombría” hoy se podría decir que es tranquila y señorial.

Rodrigo Díaz de Vivar nació en una fecha no determinada, entre 1045 y 1050, en un lugar tampoco determinado, aunque la tradición dice que fue en Vivar, muy cerca de Burgos. Acaso perteneció a la pequeña nobleza y muy joven entró al servicio de la corte de Fernando I, en concreto al del infante don Sancho, que al subir al trono como Sancho II otorgó su favor al burgalés. En las guerras que mantuvo Sancho con sus hermanos Alfonso VI de León y García de Galicia es donde pudo obtener Rodrigo su apodo de “el Campeador”.

Finalmente Alfonso sucedió a Sancho y en los primeros tiempos de su reinado tuvo una buena relación con Rodrigo, al que buscó un buen casamiento con una dama noble, biznieta del rey Alfonso V, Jimena Díaz. Los problemas comenzaron cuando el Campeador hizo una incursión en la taifa de Toledo, cuyo rey era un protegido de Alfonso. Ello le supuso un primer destierro, hacia 1080. Primero ofreció sus servicios a los condes de Barcelona; al ser rechazado hizo lo propio con el rey de la taifa de Zaragoza, donde permaneció hasta 1086.

La invasión almorávide hizo que Rodrigo tuviese que abandonar Zaragoza y, tras reconciliarse, volvió al servicio del rey de Castilla y León. Pero no duró mucho la cosa: en 1088 hubo un nuevo destierro, esta vez con expropiación de sus bienes, algo que solo se hacía en casos de traición. Desde ese momento actuó como caudillo independiente. Sus correrías se extendieron por todo el Levante peninsular, región de la que se convirtió en el personaje más poderoso. En 1094 conquistó Valencia y se proclamó su “príncipe”, de lo cual posiblemente derive el apodo de “Cid”, del árabe “sidi”, señor. Allí murió entre mayo y julio de 1099. Su esposa Jimena consiguió mantenerse en la ciudad hasta 1102.

El Cid ha dado lugar a innumerables leyendas, cantares, romances, historias, novelas, óperas y películas. Sin duda lo más importante de todo es el Cantar de Mío Cid, escrito alrededor de 1200 y que es la primera gran obra narrativa que se escribió en lengua castellana.

13.11.15

Cibeles (Plaza de)


Fuente de Cibeles
Foto: CC-BY-SA Carlos Delgado

Entre la calle de Alcalá y los paseos de Recoletos y del Prado. Distritos 1 (Centro), 3 (Retiro) y 4 (Salamanca). Barrios de Cortes, Justicia, Jerónimos y Recoletos.

¿Plaza de Cibeles o plaza de la Cibeles? ¿Lo correcto o lo castizo? En Madrid, Cibeles es la Cibeles, y por eso he tenido tentaciones de encabezar este artículo con un flamante Cibeles (Plaza de la). Hace ya unos cuantos años, fue portada de un diario un cartel que se instaló a su entrada y en el que se leía Plaza de la Cibeles, motivo para una crítica no exenta de sarcasmo al Ayuntamiento, cuyo signo político no coincidía con el del prestigioso diario.

Yendo al grano, la plaza que nos ocupa era una parte del camino de Alcalá de Henares y el caserío de Madrid no lo alcanzó hasta el siglo XVI. No había nada aquí, éste era el extremo del Prado Viejo y el inicio del Prado de Recoletos. Pero en la época de Carlos III se instaló la fuente que representa a la diosa Cibeles en un carro tirado por dos leones, obra de Ventura Rodríguez que en principio estaba destinada para los jardines de La Granja. Su primitivo emplazamiento estaba en una esquina de la actual plaza, junto a la verja del jardín del Palacio de Buenavista; la diosa miraba entonces hacia Atocha, cruzando la vista con su vecino Neptuno.

Y una encrucijada de cuatro calles era el paraje hasta que en 1895 se reforma, se hace más o menos circular, y se coloca la estatua donde hoy en día está. Como la plaza formada no tenía nombre, se designó como Plaza de Madrid y, posteriormente, Plaza de Castelar, aunque al final su nombre terminó siendo el que todos los madrileños le daban, Cibeles.

Cuatro esquinas ocupadas por edificios públicos. En una, el Palacio de Cibeles, hasta 2011 Palacio de Telecomunicaciones, obra de Antonio Palacios que ocupa el hueco de los Jardines del Buen Retiro, lugar de recreo preferido de los madrileños hasta su desaparición en 1905; es la actual sede del Ayuntamiento de Madrid. Se construyó entre 1905 y 1917 y se inauguró oficialmente el 14 de marzo de 1919; el pueblo de Madrid, siempre dado a lo chocarrero, de inmediato empezó a llamarlo, por su aspecto catedralicio, “Nuestra Señora de las Comunicaciones”.


Palacio de Cibeles, sede del Ayuntamiento de Madrid
Foto: CC-BY-SA Carlos Delgado.

Durante casi cien años fue el centro neurálgico del servicio postal en Madrid. Muy característicos son los buzones postales que aún aparecen en la fachada que da al Paseo del Prado. Y muy características eran también las colas que los aficionados a la filatelia hacían el día que salía una nueva emisión de sellos para conseguirlos y si era posible sacarlos con el matasellos del primer día de circulación, aún mejor.

Pero como sabemos el correo postal ha ido decayendo imparablemente desplazado por la tecnología. Por tanto, un edificio tan grande ya no tenía mucho sentido para acoger un servicio que, por desgracia, se iba haciendo residual. Ya desde 2003 empezaron a trasladarse algunas dependencias municipales al Palacio de Telecomunicaciones, que en 2011 se convirtió definitivamente en sede de la Alcaldía y del pleno del Ayuntamiento. El traslado no estuvo exento de polémica por su elevado coste, pero eso es otra historia a la que no quiero dar cabida aquí.

En otra esquina, el Palacio de Murga o de Linares, actual sede de la Casa de América y de azarosa existencia. Proyectado hacia 1863, probablemente se trate de un diseño de origen francés que llevó a la práctica Carlos Colubí, entonces arquitecto municipal. Las obras comenzaron en 1873 y no acabaron hasta 1900, aunque sus dueños, los marqueses de Linares, lo ocuparon desde 1884.


El Palacio de Linares
Foto: J. L. de Diego

Con el tiempo pasó a ser propiedad y sede de la Compañía Transmediterránea y de la Confederación de Cajas de Ahorros; estuvo largo tiempo abandonado y solo la declaración como monumento histórico-artístico en 1976 lo libró del derribo. Finalmente, fue comprado por el Estado para el fin con el que actualmente se utiliza.

Al tiempo de tal adquisición se hizo famoso por sus supuestos moradores de ultratumba, no se sabe si reales o creados por determinada señora que quería vender muchos libros sobre la pobre Raimunda (que así se llamaba una de las almas en pena).

La siguiente esquina la ocupan los jardines del Palacio de Buenavista, que por estar su entrada por la calle de Prim, allí se hablará de él. En la cuarta y última nos encontramos con el edificio del Banco de España.


Sede del Banco de España
Foto CC-BY-SA Luis García

Cuando en 1880 se decidió que fuese el Banco de España el único que emitiese billetes en todo el país, se tuvo claro que había que cambiar su sede, que en aquel momento se encontraba en la Casa de los Cinco Gremios, en la calle de Atocha. Por tanto, el Estado compró una serie de solares y edificios con el fin de situar el Banco en el corazón de la villa. Desaparecieron, pues, el palacio de Alcañices, la antigua iglesia de San Fermín de los Navarros, además de algunos trozos de jardín, para dar paso a la majestuosa sede, obra de Eduardo Adaro y Severino Sáinz de la Lastra. Comenzaron las obras en 1882 y se inauguró el 3 de marzo de 1891.

Desde entonces ha sufrido varias ampliaciones a costa de los inmuebles contiguos: primero a lo largo de la calle de Alcalá, en 1927-30 y después por las del marqués de Cubas y los Madrazo, entre 1969 y 1975. Si bien la primera ampliación, firmada por José Yarnoz Larrosa, se hizo de modo que fuese indistinguible lo antiguo de lo moderno, no fue así con la segunda, obra de Javier Yarnoz Orcoyen –hijo del anterior-, que guarda poca relación con el resto del edificio.

En los últimos tiempos es Cibeles un lugar de celebración de victorias futbolísticas, baño incluido, pero durante el Mundial de fútbol de Estados Unidos, en 1994, la celebración consistió en amputar la mano izquierda de la diosa y hacer desaparecer dicha extremidad, que luego dos cívicos ciudadanos devolvieron en comisaría, aunque no entera. Desde entonces, cada vez que el Real Madrid o la selección española ganan un partido importante u obtienen títulos, la pobre diosa necesita protección policial. Lo que no pasó en la guerra civil gracias a su búnker, sucedió en una noche de fútbol.

6.11.15

Churruca (Calle de)


La muerte de Churruca, por Eugenio Álvarez Dumont
(Museo del Prado, Madrid)

Entre las calles de Barceló y Sagasta. Distrito 1 (Centro). Barrio de la Justicia.

Al hablar de las calles de Apodaca y de Barceló ya se comentó que esta zona se urbanizó poco después del derribo de la Cerca y que tres de sus calles están dedicadas a grandes marinos españoles. El tercero, por orden alfabético, que no por gloria, es Cosme Damián Churruca y Elorza, que nació en Motrico el 27 de septiembre de 1761. Aunque en principio pensó dedicarse a la Iglesia, pronto surgió en él la vocación marinera, la cual le llevó a Cádiz como guardiamarina en 1776. No tardaría mucho en entrar en combate, donde siempre mostró impresionantes arrojo y valentía. En 1783 empezó a estudiar matemáticas en la Academia de Ferrol dando así principio a su carrera científica. Se embarcó en varias expediciones científicas a América y desde 1789 estuvo agregado al Observatorio de la Marina en San Fernando. La participación en esas expediciones no impidió que siguiese participando en hechos de armas, de igual modo que cuando desde 1798 recibió el mando de diversos buques ello no fue óbice para que siguiese desarrollando sus actividades científicas, que incluso despertaron la admiración del Primer Cónsul de Francia, Napoleón Bonaparte. Su último mando fue el del navío San Juan Nepomuceno, en el que sucumbió heroica y gloriosamente en la batalla de Trafalgar, el 21 de octubre de 1805.

26.10.15

Chueca (Plaza de)


Entre las calles de San Gregorio, Gravina y Barbieri. Distrito 1 (Centro). Barrio de la Justicia.

Hasta la década de 1860 no existía esta plaza, que estaba ocupada por una manzana, concretamente la número 318, que al ser derribada dejó un espacio que desde entonces pasó a conocerse como plaza de San Gregorio, aunque no recibió numeración propia, de modo que Répide ni siquiera la considera independiente de la calle que le dio nombre –cuya explicación, por tanto se dará cuando lleguemos a la calle de San Gregorio.

Desde 1943 recuerda al compositor madrileño Federico Chueca y Robres, nacido en plena plaza de la Villa, en la Torre de Lujanes, el 5 de mayo de 1846. A pesar de empezar a familiarizarse con la música desde niño, sus padres le obligaron a estudiar Medicina, carrera que de todos modos acabó dejando por la musical aconsejado por Barbieri. Se le recuerda sobre todo por las numerosas zarzuelas que nos dejó, entre las que destacan La Gran Vía (1886), El año pasado por agua (1889), El chaleco blanco (1890), Agua, azucarillos y aguardiente (1897), La alegría de la huerta (1900) y El bateo (1901). Falleció en Madrid el 20 de junio de 1908.

La plaza de Chueca ha dado nombre a todo un barrio, el cual se ha convertido en una especie de símbolo de la tolerancia hacia todo aquel que lleve su vida de una manera diferente, de que lo distinto no es malo sino que enriquece y, sobre todo, de la libertad para amar a quien cada cual quiera.