19.2.13

Cánovas del Castillo (Plaza de)


Entre el paseo del Prado, las calles de Felipe IV y Cervantes y la carrera de San Jerónimo. Distritos 1 (Centro) y 3 (Retiro). Barrios de las Cortes y los Jerónimos.

Esta plaza forma parte de un grupo de parajes madrileños que casi nunca es nombrado por su denominación oficial. La plaza de la Independencia, la glorieta del Emperador Carlos V, la propia calle de Alcalá desde la plaza de toros son más veces llamadas Puerta de Alcalá, Atocha o carretera de Aragón. Pues bien, la plaza de Cánovas del Castillo que, así dicha, realmente no dice nada, si se nombra como Neptuno, será otra cosa, para todos los madrileños, pero acaso con más significado para los seguidores del Atlético de Madrid.

¿Y por qué el nombre popular? Por la estatua del dios Neptuno, diseñada por Ventura Rodríguez, que preside esta plaza. De ella se hablará con más detalle cuando nos detengamos en el Prado, pero no se ha dejar de nombrar aquí al majestuoso dios, en su carro de paletas tirado por dos hipocampos. Estatua que hoy dirige su mirada hacia la carrera de San Jerónimo, pero que hasta 1895 cruzaba miradas con su vecina y, contemporánea y futbolísticamente eterna rival Cibeles.

Durante muchos años fue esta zona un extremo de la villa, un límite archiconocido por toda la sociedad madrileña, un punto de encuentro donde ver y dejarse ver. Formó parte sin fisuras de este Prado que para el poeta debería ser pacido por muchos de los que era pisado, esa agradable arboleda que separaba el caserío de Madrid del palacio del Buen Retiro. Donde hoy está nuestra plaza se hallaba la subida de entrada al palacio; a su orilla, había una pequeña torre que claramente aparece en el plano de Texeira, y muy cerca, la fuente del Caño Dorado, tan nombrada por los autores de los siglos de oro.

La urbanización del barrio de los Jerónimos, esto es, el espacio que había entre los actuales paseo del Prado y calle de Alfonso XII, fue lo que formó esta plaza. Viejas fotos de finales del XIX y principios del XX nos muestran el pavimento adoquinado del paseo, la enorme taza de la fuente de Neptuno abarrotada de paisanos que se deleitaban con el rumor y la frescura de las aguas o que simplemente se tomaban un pequeño reposo en el duro transcurrir de la jornada.

Si bien hoy en día el edificio que domina esta plaza es el del Hotel Palace, antaño a ella daban las espaldas de uno de los más suntuosos palacios que hubo en la Corte, el del duque de Lerma, levantado en el siglo XVII y destruido poco a poco en la segunda mitad del siglo XIX. Su enorme solar empezó a ser horadado por nuevas calles, principiando con la de Lope de Vega, a la que se dio salida al Prado en 1857, y después con las prolongaciones o creación de las calles de Cervantes, duque de Medinaceli y maestro Tellería. Parte de este solar fue, como antes se mencionó, ocupada por uno de los más lujosos hoteles madrileños, el Palace, propiedad en principio de la cadena belga del mismo nombre. El proyecto, firmado en 1910 por el arquitecto Eduardo Ferrés y Puig, fue modificado antes de ponerse en práctica por los belgas Leon Monnoyer, Max Sinola y Léopold Gheunde. Las obras terminaron en 1913, y al año siguiente el Ayuntamiento lo premió como el edificio mejor construido. Entre 1925 y 1926 sufrió una reforma que dirigió Martín Domínguez, y muy recientemente ha sufrido nuevas obras, algunas de las cuales fueron buenos modos de poner a prueba la paciencia de los conductores y los propietarios de los locales comerciales ubicados en los bajos del hotel.

Antonio Cánovas del Castillo, el titular oficial de la plaza, se mudó aquí en 1895 desde el anterior emplazamiento que se le había otorgado, nada grato por cierto en aquella época, pues la primitiva plaza de Cánovas del Castillo que hubo, hoy plaza de la Moncloa, no era sino el frente de la antigua prisión Modelo. El Ayuntamiento, en un gesto adulador según Répide, homenajeó al político malagueño trasladándole aquí.



El político que marcó toda una época en España, cuya influencia se prolongó varias décadas tras su muerte, nació en la localidad de Coín el 8 de febrero de 1828. Su primera ocupación fue la Historia, y llegó a convertirse, con sólo treinta y dos años, en académico. Entró en política en la Unión Liberal de O'Donnell, y fue ministro de la Gobernación en 1864 y de Ultramar entre 1865 y 1866. Durante el Sexenio se puso a la cabeza de los partidarios de la restauración borbónica, que se llevó a cabo tras el pronunciamiento de Sagunto, bien denostado por cierto por nuestro protagonista. Desde la entronización de Alfonso XII Cánovas se convirtió en el motor del régimen, en el inspirador de la ley fundamental que lo rigió, la Constitución de 1876, que consagraba una monarquía liberal sobre el papel, pero que era poco homologable a lo que hoy se entiende por democracia. Esto parece ser desconocido por muchos políticos de hoy en día, que, al faltar referentes válidos, rápidamente se declaran herederos o depositarios de legados como el de Cánovas. Junto a Sagasta, se inventó un sistema de alternancia pacífica de dos partidos, un verdadero simulacro democrático controlado por las oligarquías y los caciques, que trajo estabilidad social durante algunos años. Presidió el Gobierno entre 1875 y 1881, excepto durante algunos meses de los años 1875 y 1879, y luego otra vez en 1884-85, 1890-92 y 1895-97. En plena preparación del conflicto ultramarino que causó el desastre de 1898, Cánovas fue asesinado en el balneario de Santa Águeda, en Guipúzcoa, por el anarquista italiano Angiolillo. Era el 8 de agosto de 1897.

2 comentarios:

Cigarra dijo...

Te felicito por tu perseverancia en el mantenimiento de tus varios blogs. Yo no tengo mas que uno y lo descuido bastante. Intentaré seguir tus buenos ejemplos (en esto, como en otras cosas) Saluditos

Paco López Hernández dijo...

Uf... Pues no te creas, últimamente los tengo muy abandonados. Lo que ocurre es que me ha dado cosa y me he obligado a ponerlos un poco al día, a ver cuánto soy capaz de perseverar...