12.2.16

Claudio Moyano (Calle de)


Monumento a Claudio Moyano, al comienzo de la calle de su nombre.

Entre el paseo del Prado y la calle de Alfonso XII. Distrito 3 (Retiro). Barrio de los Jerónimos.

La cuesta de Moyano, que así es como la conoce todo el mundo, es lugar ineludible de cita de todos los amantes de los libros de nuestra villa, ya que, pegadas a la verja del Jardín Botánico, se encuentran las casetas de libreros que desde 1925 nos muestran, en los 15 metros cuadrados que ocupa cada una de ellas, sus tesoros. Se discutió mucho sobre su emplazamiento, antes y después de la fecha indicada, pero finalmente han quedado allí y, a pesar de reformas, obras y otras vicisitudes, allí siguen.

Pero no siempre fue así. La calle se abrió a finales del siglo XIX y en la época de Répide, un cuarto de siglo después, era un paraje poblado por un “mundo equívoco”, en palabras del propio cronista, que hacía no muy recomendable el paso por la zona a según qué horas del día –o, más bien, de la noche- y que había despojado a la estatua del prócer que le da nombre de su verja y de los bronces del pedestal.

Se trata, claro está, de la estatua de Claudio Moyano que allí se puso en 1899, fue más adelante trasladada y restituida a su lugar original en marzo de 1982, siendo alcalde Enrique Tierno Galván. Moyano nació en 1809 bien en Fuentelapeña o bien en Bóveda del Toro (municipios vecinos de la actual provincia de Zamora). Estudio Derecho, Latín y Filosofía, fue catedrático y rector de las universidades de Valladolid y Madrid. También participó en política, siendo diputado y ministro de Fomento. Se le recuerda especialmente por la llamada “Ley Moyano”, que supuso una importante reforma del sistema educativo español. Se promulgó en 1857 y fue la base de nuestra instrucción pública hasta la aprobación en 1970 de la Ley General de Educación. Claudio Moyano murió en Madrid el 7 de marzo de 1890.

Desde el 19 de abril de 2007, fecha en la que se reabrieron las casetas tras una importante obra que supuso, entre otras cosas, la peatonalización de la calle, preside su entrada desde la calle de Alfonso XII una estatua de Pío Baroja –entusiasta, por cierto, de las casetas de nuestra cuesta- que anteriormente se hallaba en el Retiro.