3.11.06

Abada (Calle de la)

¿Serán hembras estos rinocerontes?
Entre la plaza del Carmen y la Gran Vía. Dis­trito 1 (Centro). Barrio de Sol.

Una abada es un rinoceronte hembra. Palabra ya aceptada por la Real Academia, su origen es portugués. Y con portugueses, de una u otra forma, están relacionadas las diversas tradiciones que pretenden explicar el origen del nombre de esta calle.

En la época de Felipe II la zona era prácticamente descampa­do, perteneciente al antiquísimo Monasterio de San Martín. En sus eras, más o menos donde hoy está nuestra calle, había un corralón en el que se expuso a la curiosidad de los madrileños una abada. Pero, ¿de dónde salió el anima­lito? Según unos, fue un regalo del goberna­dor portugués de Java al Rey Felipe II, recién ceñida por él la corona de Portugal. El problema es que, con la distancia que hay de las Islas de la Sonda hasta España, o bien la abada tenía una resistencia tre­menda o el barco que la trajo era una maravilla de velocidad y nave­gación. Más verosímil puede ser la segunda tradición, que dice que unos saltimban­quis portugueses trajeron el bicho como atrac­ción. Pero un día mató a un mozo de los cercanos hornos de la Mata, que quiso hacer una gracia a costa del rinoceronte y se encontró hecho trizas por él (o ella). Además, se escapó, y acabó con otras veinte personas antes de poder ser capturado en las eras de Vicálvaro. El fin de la abada tiene otra versión, y es que, sabiendo determinados magnates madrile­ños que el cuerno del rinoceronte presuntamente potenciaba la libido, alguno de ellos hizo envenenar al animal y le substrajo el preciado apéndice piloso. Durante mu­cho tiempo, tras este suceso, se vendie­ron, no sólo en Madrid, sino en toda España y parte de Europa, los polvos mágicos y también miles de anillos hechos del cuerno, que, por lo tanto, debió de ser excepcionalmente aprove­chado.

Quizá lo más verosímil sea que el prior de San Martín, máxi­ma autoridad en la zona, harto de los escándalos que formaría el pueblo al ver la extraña atracción, expulsase de sus terrenos a los titiriteros, y eso sí, si es que alguna vez trajeron una abada a Madrid en el siglo XVI.

3 comentarios:

Odd Librarian dijo...

Dos cosas al respecto de la presencia de una rinoceronta en Madrid y el origen del nombre de la calle de la Abada:

"A El Escorial llegaron en 1575 los huesos de una ballena, justamente el mismo año en que Felipe II hacía ingresar en este edificio, procedentes de la Catedral de Toledo, unas "quijadas del pece", y años más tarde (1582-1583) aparecieron un elefante y un rinoceronte; entre las cosas curiosas de la donación regia al Monasterio de 1587 aparece un "pellejo de animal que llaman armadillo, cubierto todo de conchas, que dizen ser animal de mar y tierra y que los ay en el Pirú".

Osea que rinoceronta hubo en Madrid, y elefante o elefanta, también, camino de El Escorial. Venían de las posesiones portuguesas en Goa (India), a la sazón bajo la corona de nuestro Rey Gotoso.

Pero no está claro que la tal calle se llame así por la tal rinoceronta, sino que cabe que venga el nombre de un alguacil que hubo entonces en Madrid y que andaba en amores nocturnos y saltamuros con la abadesa de un convento vecino a esta calle. Acabado el romance en drama al enterarse el Rey, hizo levantar las tapias del convento varios pies y encerrar más fuertes sus rejas, de modo que el alguacil no pudo más que aguantarse, buscar nueva amante, y cambiar el nombre de la calle por "Abada", que no se sabe si es abadesa o es amada.

Mixolidius dijo...

Muchas gracias por el comentario, que completa espléndidamente lo ya escrito.

Espero asiduas visitas, amigo, y que con mensajes como estos podamos poner esta bitácora como ejemplo del "Web 2.0"

Cigarra dijo...

Según dice la tradición, o al menos, así me lo contó mi madre, la broma que causó la muerte del mozo de la tahona es que le dió un panecillo recién salido del horno, por lo cual la abada se quemó las fauces, y lógicamente molesta, arremetió contra la jaula, que era menos sólida de lo deseable, y se cargó al muchacho, que por otra parte, se lo había buscado.